La piel me quemaba, y aunque fue hace tan solo un par de horas, el ardor no cesaba. Hoy día Kacchan fue demasiado lejos, lastimando a otro niño junto a sus colegas. No podía quedarme quieto y ver cómo lo dañaban, así que me interpuse para defenderlo. Pensé que se detendría, soy su amigo después de todo, pero parece que no le importó. No me arrepiento de mis acciones, pude salvar a alguien que necesitaba ayuda, es lo que hacen los héroes, y yo quería convertirme en uno.
Todos tienen algún tipo de poder, un quirk o peculiaridad que los vuelve especiales, útiles para la sociedad, pero yo tuve la pésima suerte de nacer sin uno. Desde que Kacchan manifestó su quirk en forma de explosiones en su palma empezó a abusar de ello. Aunque lo usaba en otros, conmigo fue peor, ya que me consideraba más inútil que el resto de mis compañeros que si tenían una peculiaridad.
No quería llegar a casa con mi ser doliéndome, por lo que decidí tomar el camino largo hasta que el dolor se calmará, o al menos disminuyera. Ya he caminado por este sendero en otras ocasiones, ya que siempre lograba meterme en algún problema en la escuela. La diferencia en este día es que quería un lugar tranquilo para llorar, no por el dolor, sino por ser yo.
Conozco lo suficiente esta área de la ciudad para saber que hay una casa deteriorada que será demolida en unos días. Un lugar tranquilo que suelo visitar para escribir en mis cuadernos de análisis de héroe, porque, a pesar de todo, aún no me he rendido en convertirme en uno.
Llego al segundo piso para encontrarme en una habitación apenas limpia, pero cuya ventana cercana servía como fuente de luz para el espacio que ocupaba. Aquí no hacía falta mis cuadernos, solo sentarme en una esquina y desahogarme.
No sé cuánto tiempo estuve sentado, pero cuando me levanté ya se estaba haciendo tarde. Me alarmé al darme cuenta de la hora, tenía que volver a casa para no preocupar a mi madre. Era lo poco que me quedaba y que me quería, no deseaba causarle ninguna preocupación. Sacudí mi ropa y me limpié el rostro tanto como podía, si ella preguntaba, solo diría que me tropecé durante el camino.
Antes de salir de la habitación, escuché múltiples pasos desde el primer piso. Al principio solo pisadas fuertes, pero fueron calmándose. Las puertas fueron abiertas con violencia. Me asomé un poco por una barandilla para ver algunas luces de linterna explorando el lugar.
–¿Los de demolición? –me pregunté– ¿Se habrán adelantado?
Antes de comenzar a salir y no verme envuelto en los asuntos de los profesionales, los disparos empezaron a sonar. El susto me hizo tropezar, tuve suerte de no gritar por el sonido repentino. Me volví a asomar, esta vez con cuidado, solo para ver a varias personas sosteniendo armas de fuego. Supe de inmediato que estaba en peligro.
Mi primer instinto fue buscar un lugar seguro. Fui directo al taller, el cual todavía contenía algunos muebles de madera viejos, siendo uno de ellos una mesa larga donde decidí esconderme. Con suerte no revisarían esta parte.
–¿Por qué están aquí? Estaban disparando, ¡¿querían matar a alguien?!
Empecé a divagar por miedo, esperando a que todo esto pasara sin que me encontraran. Solo podía escuchar los disparos que no se detenían, los gritos de dolor y golpes contra las duras superficies. Cada vez se escuchaban más fuertes, señal de que se estaban acercando.
Otro tipo de ruido diferente se sumó a la lista, como un disparo, pero podía detectar el sonido de un objeto prendiéndose fuego, tenía mucha experiencia identificándolo.
–¡¿Una peculiaridad de fuego?! –grité en lo bajo– ¡Estoy en una habitación llena de madera!
Tenía que salir de mi escondite, si seguían acercándose moriría quemado si prenden fuego el lugar. Un vistazo rápido a mi alrededor fue suficiente para agarrarme de valor de salir corriendo. Conocía suficiente la casa para saber a dónde moverme, el problema es que solo había una puerta, y como tal, una salida. Era imposible llegar ahí con la constante llegada de personas.
Mientras me movía a otra habitación con la cabeza agachada, pude ver a algunos de los hombres en las escaleras, solo para que inmediatamente estos se prendieran en fuego. Puse mis manos en la boca para no gritar. No podía decir que estaba acostumbrado, aunque pasaba parte de su tiempo viendo casos tratados por héroes profesionales y las consecuencias de los actos de los villanos. Una cosa era verlos en vídeo, otra presenciarlo en la realidad.
Estaba a punto de dar la vuelta, pero en este momento maldije mi curiosidad por los quirks de otros y querer ver qué es lo que estaba sucediendo, aunque sea por un momento para confirmar de cuántos se trataban. Lo que vi me sorprendió, queriendo no apartar mi vista de lo que presenciaba.
Un solo hombre vestido con un elegante traje, con un tipo de arma robusta que disparaba balas envueltas en llamas. La forma en que se movía era precisa, incluso yo que solo veía peleas de héroes era capaz de notarlo.
Hubo un hecho extraño en todo esto, los otros atacantes apenas usaban sus peculiaridades. En su mayoría dependían de las armas de fuego. Por mucho que me gustaran los quirks, lo cierto es que sabía que incluso una pistola podía ser igual de peligrosa y letal.
A pesar de todo, era capaz de ver algunas muestras de poder; un tipo que podía estirar sus manos, alguien que parecía soltar balas de aire por la boca o incluso uno que tenía espinas en su rostro. A pesar de ello, lo que más llamaba su atención era el tipo del saco elegante que en ningún momento parecía utilizar su peculiaridad.
Veía como en momentos el hombre del saco recibía algunos disparos, pero estos no atravesaban su piel. Al impactar solo escuchaba el choque del metal, pero sin sangre a la vista donde la bala debía perforar.
–Tal vez ese es su quirk... –murmuré.
Un quirk que permitía metalizar el torso, al ser el área más amplia del cuerpo, y con el constante movimiento, sin duda era difícil acabar con él sin un disparo preciso fuera del área más probable de impacto. Es difícil afirmar tal declaración sin poder comprobarlo por mí mismo.
Distraído en mis pensamientos, que se convirtieron en murmullos, no me percaté que el tipo del traje entró por la esquina de la puerta donde estaba observando. Esta vez, no pude contener mi grito, haciendo que me apuntará al instante con una pistola al notarme. Ante ello solo pude levantar las manos en señal de rendición y esperar a que no me disparara.
–¿Un niño? –se preguntó en voz alta.
No parecía ser japonés, su cabello casi le llegaba hasta el hombro y presentaba una ligera barba. Era capaz de ver con detenimiento el traje que llevaba dañado y con rasgaduras, no sabiendo si era por esta pelea o por alguna otra anterior antes de llegar aquí.
Otros pasos se escucharon por el mismo lugar donde entró el hombre frente a él, pero poco duró el intruso cuando recibió dos disparos consecutivos. El de traje se apresuró a recargar su arma con rapidez. Al instante se acercó a mí, temiendo lo que diría o haría.
–Escúchame, necesito que salgas de aquí. ¿Entiendes? –asentí con la cabeza– Ellos vinieron solo por mí, no te atacarán si te ven, no eres prioridad. Ve al primer piso y sal por una ventana, luego aléjate lo más rápido que puedas.
–E-e-entendido –respondí nervioso.
No entendía lo que sucedía, aparte de que el sujeto está siendo perseguido para ser asesinado. Uno pensaría que si se topara con este tipo de situación lo normal sería eliminar a los potenciales testigos involucrados, pero tal parece que no es su caso.
El hombre del saco se levantó con su arma preparada, asomando su mirada para encontrar algún otro enemigo. Una vez que verificó que no había nadie cercano, le dio la señal para que se moviera.
–¡Corre, ahora!
Sin dudarlo, salí disparado hasta llegar a las escaleras del primer piso. A pesar de que podía escuchar las balas, no parecían ser cercanas. Tal parece que el ruido era tan fuerte que incluso llamó la atención de un perro, podía escuchar sus ladridos a la distancia.
Siguiendo las instrucciones, llegué a las ventanas señaladas para escapar del lugar. Me desesperé un poco al no poder abrirlas, atascadas por el deterioro del lugar. Por suerte uno logró ceder y pude escapar. Antes de empezar a correr, volteé mi vista hacia atrás viendo como algunos vehículos se estacionaban en la entrada, saliendo más personas armadas para asesinar al hombre del saco.
Estaba seguro de que no tenía por qué quedarme, que tenía que regresar a casa y hacerle saber a mi madre que se estaba a salvo, pero por el otro lado, había un tipo dentro de aquella vieja casa que iba a ser asesinado y no podía hacer nada para evitarlo.
En este momento pensé que si la situación sería diferente si tuviera un quirk como el resto de mis compañeros. ¿Podría hacer algo al respecto? Puede que sí, pero aquello nunca sucederá, no importa cuánto lo desee.
Escuché una ventana romperse desde el piso de arriba y vi como el tipo de traje descendía del cuarto piso. Cayendo sobre el borde de una camioneta estacionada para terminar tendido en el duro suelo.
Sin dudarlo, fui a comprobar si aún seguía vivo, ayudarlo de ser posible. Para mi sorpresa, se podía mover, pero con claros indicios de dolor que se reflejaban en su rostro.
–¿Puedes levantarte? –El tipo me miró sorprendido al reconocerme.
–Te dije que corrieras –comentó adolorido y regañándome.
–Solo quería ayudar –respondí con cierta vacilación.
–Te lo agradezco, pero... puedo arreglármelas –Hice que se apoyara sobre mi hombro.
No parecía estar contento con ser asistido, pero tampoco parecía querer apartarse. Sus pasos eran lentos, pero en un corto tiempo comenzó a normalizar su ritmo.
–¿Por qué te quieren muerto?
–Rompí las reglas.
–¿Las reglas?
–Prefiero no involucrarte más de lo que ya estás.
Es cierto que ya es un problema que esté ayudando a un asesino, aunque no importa como lo mire, no parece ser un villano como los que se ven en las noticias. También tenía curiosidad sobre él, sobre como aprendió a luchar y moverse de esa manera, aunque tenía otra duda más importante en ese momento.
–¿Puede preguntarte algo? –Me miró con cierta confusión. Al no recibir una confirmación de su parte, pregunté– ¿Cuál es tu quirk?
No respondió al instante, parecía pensarlo un poco, tal vez no quería revelar información importante.
–Yo... no tengo uno.
–¿¡No?! –exclamé sorprendido, mirando en su rostro esperando a que dijera que era una broma– ¿Y-y cómo hiciste para que no te atravesaran las balas?
–El traje... tiene un revestimiento, por dentro y por fuera. A prueba de balas, pero se siente el dolor.
No pasó por mi cabeza que un traje elegante fuera capaz de funcionar como una armadura a prueba de balas. Es cierto que conocía a algunos héroes cuyos disfraces que parecían simples, pero que estaban hechos con materiales duraderos que ayudaban al portador en su trabajo de riesgo.
Lo que más le sorprendió fue que una persona sin un quirk fuera capaz de enfrentarse a todo un grupo de personas potenciadas y salir vencedor. De cierta manera, le brindaba esperanza en su futuro. Estaba ahorrando una pregunta que deseaba hacerle al propio All Might si algún día lo conociera, pero tenía que quitarse esa duda del pecho, y tal vez el tipo que estaba asistiendo pueda darme la respuesta que quería escuchar.
–¿Tú crees que... alguien sin un quirk... pueda ser un héroe? –Me miró, entendiendo que me refería a mí con esa pregunta.
–¿Un héroe? –Guardó silencio un momento– Sería difícil, pero no imposible. El camino es duro, todo depende si está dispuesto a atravesarlo. Yo... creo que sí se podría ser un héroe sin un quirk.
–Ya veo...
A pesar de mi respuesta córtate, lo cierto es que estaba conteniendo mis lágrimas, ya no de tristeza como hace horas, sino de felicidad al saber que existía alguien que realmente creía en mí.
El tipo se detuvo cerca de unas escaleras, tantas que era difícil contarlas a la vista.
–Desde aquí iré solo, ahora te pido que esta vez me escuches y salgas de este lugar. –Me miró un momento, esperando a decir algo– Gracias por ayudarme, por cierto.
Comenzó a subir las escaleras, pero antes de que siguiera, quería aclarar una última duda.
–¿Puedo... saber tu nombre? –Levanté un poco la voz para que me escuchara.
–John. John Wick –me respondió con una breve mirada, antes de seguir su camino.
Esta vez decidí hacerle caso y salir corriendo. No tardó demasiado antes de escuchar los disparos, señal de que otro enfrentamiento se estaba desarrollando.
Solo podía correr, nada más, pero juré que sería la última vez que huía de ayudar a alguien en peligro. Ahora tenía una razón real para seguir su camino, y quería aferrarse a ella. Tal vez sea la única vez que vea a John Wick, pero le demostrará que no se equivocó al decirle que podía convertirse un héroe.
...
Pues esto es más un concepto que otra cosa. He tenido que cambiar algunos hechos, como que el duelo se llevaría a cabo en Japón porque no se me ocurría como justificar que Izuku este en París, y también porque me daba flojera pensarlo.
Siéntase libre de usar el concepto para crear una historia, no soy dueño de ninguno de los personajes presentes.
Que tengan suerte.
