¡Feliz Año Nuevo a todos! Que su 2016 este lleno de triunfos y experiencias gratificantes. Empecemos el año con un capitulo más.


Finn alcanzó a ver la explosión por el rabillo del ojo. No había fuego, sólo escombros volando por todos lados. Era el choque de algún tipo de energía sobre la pared de la casa del árbol. Esa misma energía fue la misma que lo lanzó volando a él y a sus amigos por loa aires, para después cubrirlos con los escombros de madera.

El héroe comenzó a levantarse, mareado por el súbito impacto y con un zumbido en los oídos provocado por el ruido de aquel choque de energía. Lentamente, se fue levantando. Los escombros no eran tan pesados, se trataban únicamente de unas pequeñas tablas delgadas de madera y los vidrios habían quedado lo suficientemente lejos; supuso que el resto de los ahí presentes podrían levantarse sin problemas.

Y así fue: cuando él se levantó pudo ver a los demás levantándose de entre los escombros, soltando pequeños gemidos y quejidos provocados más por él mareo que por los golpes.

-¿Qué demonios pasó aquí? ¿Qué fue eso?-, preguntó Flama mientras surgía como una llamarada de entre los escombros, sobándose un brazo

-¡Miren!-, exclamó Jake, señalando hacía afuera, al agujero que había provocado la explosión.

Cuando Finn levantó la vista, pudo observar a siete figuras con hábitos y capuchas moradas, flotando justo enfrente de la casa. Inmediatamente, una sensación eléctrica recorrió las espinas dorsales de los humanos. Un instinto formado desde hace casi mil años en sus genes despertó. El ver aquellas figuras flotantes e inmóviles les provocaba cierto temor, pero al mismo tiempo una ira que no podían explicar de dónde surgía. Sus ojos se abrieron tanto como lo hicieron sus pupilas y sus bocas, dejando escapar un leve pero agitado respirar.

Después del jadeo de sorpresa y miedo que todos allí escucharon nacer de la boca de Bonnibel, Marceline se colocó frente a todos con sus brazos y piernas extendidos. Fue entonces que se transformó en una criatura gigantesca de gran musculatura, que parecía tener un vello corporal erizado, su boca se convirtió en un hocico con grandes y afilados dientes, mientras que sus ojos ardían en fuego, haciéndole competencia a la mismísima Princesa Flama allí presente. De su hocico provenía un gruñido que sus amigos no habían escuchado nunca antes y su mirada de furia deformaba su rostro entero.

-¡Lárguense de aquí!-, ordenó la vampiresa en un gruñido que sorprendió incluso a Finn.

-¡Humanos!-, exclamaron siete voces al mismo tiempo, -los estaremos esperando en el Bosque Negro para terminar con todo esto-

Y así, todas esas figuras se retiraron volando. Excepto por una, que se quedó viendo directamente hacia el par de humanos detrás de la vampiresa, ahora también detrás de Bonnibel, que se puso enfrente de Finn y Fionna en la misma posición que lo había hecho la vampiresa, con una mirada de determinación en su rostro. Los observó por unos segundos, antes de retirarse.

Marceline volvió a su estado normal y suspiró.

-¿Están bien chicos?-, preguntó la vampiresa, volteando hacia atrás, pero los humanos ya no estaban allí, -¿A dónde fueron?-, preguntó sorprendida.


Después de algunos problemas para quitarse la pijama, Finn pudo finalmente ponerse su ropa normal. Todavía dando brincos mientras se acomodaba un zapato, se dirigió a su mochila y la tomo junto con su espada. Estaba por salir del cuarto al que había ido a cambiarse cuando notó que su novia se encontraba en la puerta, impidiéndole salir.

-Flama, por favor, no me detengas. Tengo que hacer esto-, dijo el humano seriamente.

La chica se encendió así misma en una llamarada, quemando la ropa que usaba para dormir pero reapareciendo con su traje clásico. Se acercó hasta él, tomo uno de sus rubios mechones de cabello que se había salido del gorro y lo introdujo de nuevo. Tomándolo de las manos, lo miró directo a los ojos.

-Nadie va a detenernos-, le susurró Flama.

Finn sonrió y le dio un rápido beso en los labios, antes de salir corriendo tomado de la mano con ella.

-Oye, ¿puedes hacer ropa con tu fuego?-, preguntó Finn algo extrañado

-Uh… te lo explicaré después-, contestó Flama


-¿A dónde se fueron?-, preguntó Bonnibel

-Estaban aquí hace un instante y ahora…-, decía Cake, pero fue interrumpida.

Dos rayos de luz azules y uno naranja pasaron a un lado suyo y salieron de la casa por el agujero de la explosión. Todos se asomaron hacia afuera para ver como los dos humanos y la chica de fuego se dirigían a toda velocidad hacia el Bosque Negro.

-¡Hey! ¡No! ¡Esperen! ¡Espe…!-, Bonnibel gruño molesta, -¡Maldita adolescencia y sus hormonas!-

-¿Alguien por favor quiero explicarnos que sucede aquí?-, demandó molesto Jake, con Cake a un lado suyo y los brazos cruzados.

Marceline, dando pesados pasos se acercó hasta ellos, acercando su rostro al de los animales mágicos, viéndolos furiosa.

-Esos eran los ¡siete nigromantes! ¡Y Finn, Fionna y Flama se dirigen hacia una trampa!-, explicó Marceline con rudeza, provocando un temor en la gata y el perro, tanto por su actitud como por la noticia.

-¡Jake! ¡Cake!-, llamó la Dulce Princesa, -necesito que vayan con ellos. Acompáñelos y protéjanlos. Marceline y yo iremos por unas cosas. Nos vemos en el Bosque Negro. ¿Entendido?-, preguntó Bonnibel, pero sin recibir respuesta, -¿Entendido?-, gritó.

-Sí, sí. Ya vamos-, respondieron los animales, saliendo de su trance.

-또한 도움을 걸릴 거 야, 아가 야. 걱정 마세요-, dijo Arcoíris

-Sé que siempre puedo contar contigo, amorcito-, dijo Jake, dándole un beso a la lluviacornio antes de irse.

-¡Rápido perro! ¡Mi niñita está en peligro!-, dijo Cake

-¡Ya lo sé! ¡Mi muchacho también!-, respondió Jake mientras se iban, convertidos en una forma gigante de sí mismos.


La noche tenía una radiante luna llena, acompañada de una corte celestial de astros brillantes. Algunas nubes, teñidas con limaduras de plata provistas por los rayos lunares, paseaban por el cielo, disfrutando de la frescura del viento nocturno para descansar del azote inmisericorde del sol.

El trío F (Finn, Fionna y Flama) llegaron hasta la orilla del Bosque Negro. Allí esperaron, mirando hacia las oscuras profundidades del infame lugar. Finn ya había entrado allí, y seguro que Fionna ya habría pasado por cientos de lugares así. Pero ahora todo era diferente. Allí adentro no les esperaba un tesoro o un monstruo cualquiera. Allí adentro les aguardaban los fantasmas del pasado y las llaves del futuro.

-¿Están seguros de esto?-

-Cuando aparecieron, supe de alguna manera quienes eran. Sentí un vacío dentro de mí y necesito llenarlo-, dijo Fionna

-¿Y creen que acabar con ellos lo llenará?-

-Ellos mataron a nuestros padres-, respondió Finn, -Al menos tenemos que intentarlo-

-Sé que esto significa mucho para ustedes. Y si no los detenemos ahora…-, dijo Flama, tomando y apretando la mano de Finn, -…no me podría perdonar el no haberles ayudado-

-¡Chicos!-, se oyeron los gritos de Cake y Jake que se acercaban.

-¡No intentes detenernos Cake!-, gritó Fionna

-No vinimos a detenerlos. Vinimos a ayudarlos-, respondió Jake

-La princesa nos dijo que los mantuviéramos ocupados hasta que ella y Marceline llegaran pero estamos seguros de que ustedes no esperaran-, dijo Cake

-Entonces que hacemos aquí. ¡Vamos!-, exclamó Finn.

Y el quinteto se adentró en la profundidad del bosque.


Siete figuras púrpuras se encontraban en un claro de aquel bosque, bastante lejos de las orillas. Estaban posicionados alrededor de un circulo blanco, que su interior tenía el dibujo de lo que parecía ser la boca de una bestia por lo afilado de sus dientes, también pintado con líneas blancas.

-¿Ya entraron?-, preguntó Manes

-Siento cinco presencias. Dos de ellas son los humanos-, respondió uno de los Nigromantes.

-Esperaremos a que Sus Majestades aparezcan. No podemos permitir que nadie se interponga en nuestra tarea-, dijo otra de aquellas figuras.

-No-, respondió Manes, -la única vida perdida debe ser la de esos parásitos. Matar inocentes sólo nos haría igual a ellos. Aun así, su presencia aquí es requerida. Quizá podamos usarlas para jugar con las débiles mentes humanas-

-Esperaré entonces hasta sentir la presencia de Sus Majestades-

-Así es, Nemus-


-¿Dónde están?-, gritó Marceline mientras descendía del cielo cargando su bajo-hacha. Se detuvo a un lado de Bonnibel, quien iba vestida con un pantalón deportivo rosado y una gran chamarra púrpura que llegaba hasta la mitad de sus muslos. En su espada, cargaba una mochila cilíndrica.

-¡Les dije que los detuvieran! ¿Y qué hacen? Entrar al bosque. Por suerte Finn aún tiene ese dispositivo de rastreo que le implanté-, comentó la princesa, sacando de la gran mochila que llevaba en la espalda un dispositivo con una pantalla verde parecida a un radar.

-¿Rastreas a Finn?-, preguntó Marceline con algo de incredulidad.

-Sí, puede ser muy útil. Además, ¿quién eres tú para reclamarme? Lo espías directamente todo el tiempo-

-Sí, sí, como sea. ¿Vamos a entrar?-

-Según el radar, se encuentran a por lo menos 200 metros de aquí. Será fácil encontrarlos gracias a este aparatito-

-Y a la luz que la noviecita de Finn expulsa. Será pan comido. Aunque encontrarlos es sólo el principio-

-Lo sé, Marceline. Lo sé-, dijo la princesa, suspirando, para después entrar junto con Marceline al bosque.


-Maestro, Sus Majestades ya están aquí-

-Despierta a tus criaturas entonces, Nemus. Es hora de comenzar el ritual-

El mago llamado Nemus expuso uno de sus brazos, mostrando que se trataban de alguna especie de rama de árbol. Chasqueó sus dedos, expulsando chispas multicolor que bailaron primero a su alrededor y luego se dispersaron en diferentes direcciones.

Manes extendió sus esqueléticas manos y así lo hicieron los demás. Todos expulsaron un rayo de energía del mismo color de sus ropajes. Los siete rayos se unieron en el centro del círculo, el cual empezó a arder en un punto de su circunferencia. Lentamente, el fuego comenzó a avanzar y no se detendría hasta cubrir todo el perímetro y la figura dentro de él.


-Huele a que las chicas ya están aquí-, dijo Jake, después de olfatear el aire.

-Las esperaremos-, dijo Finn

-¿Qué?-, preguntó Fionna, -¿pero creí que…?-

-Ellas tampoco van a detenernos. Están aquí para ayudarnos-

-¡Hey, ustedes!-

-¡Aquí, Marceline!-, exclamó Flama, agitando su mano, como si su brillo natural no fuera suficiente para verla desde la distancia.

-Ni siquiera me dejaron explicarles-, reclamó de manera calmada Bonnibel mientras la vampiresa la soltaba después de llevarla flotando, -no queríamos detenerlos. Lo que queríamos era que nos esperaran. Nosotros también tenemos varias cuentas pendientes con ellos-

-¿Y cuál es el plan? ¡Escúpelo, princesita!-, exclamó Cake, alzando sus brazos.

-Bien. Según lo que sé gracias a Marceline, este bosque guarda mucha brujería dentro de sí. Hay criaturas oscuras y malvadas por todos lados-

-Eso no será ningún problema. Mi hermanito y yo hemos enfrentado personalmente ya varias veces a esos monstruos-, dijo orgulloso Jake, abrazando con un brazo a Finn, -pero si encuentren una manzana de cristal, ¡no la toquen!-

-Pero estoy seguro que ustedes no han pasado más allá de los señalamientos vivientes, ¿verdad?-, preguntó Marceline

-Bueno… no. Porque para allá ya no hay nada. Nunca hubo necesidad de ir hasta allá-, respondió Finn

-¿Pues qué crees niño? Que ahora sí hay necesidad de ir hasta allá. El Bosque Negro es más grande y peligroso de lo que crees. Hay una parte oculta para casi cualquiera. Tienen suerte de tener a una criatura de la noche como yo junto a ustedes-

-Lo siento, Su Majestad, pero por esta noche sus servicios especiales no serán necesarios-, pronunció una voz, cuyo origen nadie podía encontrar.

-¿Quién está allí? ¿Eres uno de los Nigromantes? ¡Revélate para que pueda partirte en pedacitos!-, gritó Fionna

-En efecto, pertenezco a ese selecto grupo de hechiceros. Y esta noche ustedes son afortunados, pues los secretos de mi bosque les serán revelados. También, les daré una pista de nuestra ubicación. Estamos a casi un kilómetro de su posición, en dirección Este, justo donde la hermosa Selene se levanta. Los estamos esperando. Por cierto, mi nombre es Nemus-.

Y así, la voz que parecía provenir de todos los ángulos posibles, se disipó.

-No hagan caso, debe ser una trampa-, dijo Marceline

-No lo creo-, dijo la Dulce Princesa, -Mi radar detecta siete entidades poderosas justo en la posición y a la distancia que él nos indicó-

-¿Y no te parece eso una trampa? ¿Qué tal si en el camino nos topamos con algo?-

-Parece haber mucha actividad mágica en ese sitio, pero el radar no detecta nada más en el resto del bosque-

-¿De casualidad tu radar ese no detecta señales de televisión de hace mil años? Digo, ver algo de anime no me caería mal-, dijo Marceline con sarcasmo, -Tal vez un poco de Shingeki No Kio…-, aunque nadie entendió lo que estaba diciendo, -olvídenlo-.

-Iremos les tenderemos la trampa a ellos. Seguramente nos esperan en un ataque directo, pero los tomaremos en una emboscada-, dijo Fionna

-Esa es la actitud, hermana-, exclamó Cake, chocando su garra con el puño de su hermana.

El suelo comenzó a estremecerse, provocando que las piernas de todos los presentes temblaran, haciéndoles perder el sentido del equilibrio. Del suelo, empezaron a surgir ramas y raíces que se enredaron entre sí. El grupo de amigos saltó en direcciones distintas para evitar ser golpeados o atrapados. Los cuerpos arbóreos crearon uniones fuertes y gruesas, convirtiéndose en paredes que los rodearon.

Cuando el temblor se detuvo, Finn se levantó del suelo y le ayudo a Flama a hacer lo mismo tomándola de la mano. Sin embargo, cuando vieron a su alrededor, se dieron cuenta de que estaban ellos dos solos.

-¿Dónde están los demás?-, preguntó Finn.

-Estaban aquí hace un momento. ¡Marceline! ¡Fionna! ¡Bonnibel! ¿Dónde están?-

-¿Flama? ¿Eres tú?-, se oyó la voz de Bonnibel

-¿Finn? ¿A dónde se fueron?-, gritó Fionna, pero nadie podía verla.

-Nemus nos separó. Esto debe ser parte de su magia. A ver, yo estoy con Bonnie. ¿Con quién están ustedes?-, preguntó Marceline

-Flama y yo estamos juntos-, gritó Finn

-¡Woo! ¡Qué suertudos!-, exclamó Marceline

-¡Ay no! ¿Por qué me tenía que tocar con esta gata?-

-Yo tampoco estoy muy contenta, ¿sabes?-

-Y pensar que tengo que aguantar a estos dos-, gritó Fionna

-Bien. Estamos separados por estas paredes de ramas y raíces. Marceline y yo no estamos encerradas, hay una salida aquí. ¿Ustedes tienen una?-, preguntó Bonnibel, recibiendo una respuesta afirmativa por parte de todos.

-Esto parece ser una especie de laberinto. ¿Qué dice tu súper-radar atómico buscador de esferas mágicas, cara chiclosa?-, dijo Marceline, recibiendo un suave golpe en el brazo.

-Nada. No dice nada. Creo que tendremos que recorrerlo a la antigua. Seguramente la salida de este laberinto está en donde se encuentran los Nigromantes. Procuren ir todos en dirección Este, la luna los guiará. Quizá nos podamos encontrar en el camino-

-Finn, Fionna. Prométanme que no harán nada estúpido. Si se encuentran con los nigromantes no los ataquen hasta que lleguemos Bonnie y yo. ¿Entendido?-, preguntó Marceline, pero sin recibir respuesta, -¡contéstenme!-, ordenó

-Está bien. Las esperaremos-, dijo Finn, molesto

-¿Ya qué? No tengo otra opción-, dijo Fionna, con la misma molestia.

Todos empezaron a caminar en direcciones diferentes. Los novios adolescentes tuvieron la suerte de quedar juntos; Fionna tendría que soportar las peleas entre su hermana y Jake; y la reina y la princesa tendrían que ir con la mortificación de no saber que les pasaba a los humanos, ni que harían.

-¿Sabes, Marceline? Tengo una idea-

-Suéltala, Bonnie-

-Tú puedes convertirte en un murciélago, ¿no?-

-¿Los vampiros chupan sangre? Bueno, con mi excepción-

-Según sé, los murciélagos usan un tipo de radar natural. Sus chillidos son ondas sónicas que chocan contra cualquier objeto y al regresar le indican al murciélago como son sus alrededores. Podríamos usar tu radar sónico para guiarnos a través de este laberinto-

-Si tú lo dices-, respondió Marceline, no muy convencida de lo que iba a hacer.

Marceline cambio su forma, convirtiendo en un ser más pequeño. Un cuerpo regordete cubierto de cabello negro, con alas algo extrañas que parecían incompletas o rasgadas pero que aun así la mantenían volando, una nariz circular con dos grandes orificios nasales. La vampiresa pronto escuchó la risilla ahogada de la chica junto a ella.

-¿De qué te ríes?-, preguntó Marceline.

-Te ves linda y tierna como murciélago-

-¡No! ¡Cállate! ¡No soy linda! ¡Soy un demonio de la noche!-, gritó Marceline, con un rubor de vergüenza en sus mejillas

-Sí, lo que digas, lindo demonio. Ahora, usa ese sonar tuyo y ruega que los encontremos antes de que Fionna y Finn lo hagan-

-Ok. Pero después de esto me encargaré de ti, ya lo veras-, dijo Marceline comenzando a volar hacia delante, seguida por la princesa.


Llevaban ya varios minutos dentro del laberinto y parecían no llegar a ningún lado. No se habían encontrado todavía con nadie y empezaban a creer que estaban caminando en círculo. Tampoco habían escuchado la voz de nadie más desde que se separaron.

Finn no había dicho nada en todo el camino. Su mirada era seria y nunca se apartaba de lo que estaba en frente, fuera un camino libre o una pared de ramas y raíces. Un solo pensamiento inundaba su cabeza, un pensamiento que, si no era enfriado pronto, le provocaría más problemas que soluciones.

Para Flama, el recorrer el laberinto se estaba empezando a convertir en un suplicio parecido a ir a un calabozo. Finn, por fuera, tenía una actitud totalmente calmada, sin ninguna emoción o pasión. Y eso desesperaba a la princesa del Reino del Fuego. Incluso pensó en que hubiera sido mejor si se hubiera quedado con Marceline.

-Finn, esto es muy aburrido-, dijo la princesa después de un gruñido de aburrimiento, -yo puedo volar. ¿Por qué simplemente no nos saltamos todo esto?-

-No, ¡espera!-

Finn intentó detener a su novia, pero esta ya había empezado a volar. Sin embargo, casi en el momento mismo en que se elevó, un pedazo de aquella pared se elevó y como si de un brazo se tratase, tomo a la chica por el tobillo, impidiéndole el vuelo y regresándola bruscamente al suelo.

-¡Flama! ¿Estás bien?-, preguntó Finn preocupado mientras se acercaba a ella.

-¡Voy a quemar este maldito laberinto!-, gritó ella, lanzando una llamarada contra la pared de la que había salido la rama que le impidió volar.

Para su sorpresa, la pared arbórea no se vio dañada en lo más mínimo. Ni siquiera la prueba más insignificante de que el fuego la había golpeado. Si el par de adolescentes si hubiera animado a tocarla, se darían cuenta que ni siquiera el calor de ese ataque había sido transmitido.

-¿Qué le pasa a este lugar?-, preguntó Flama sorprendida y enojada.

-Estos no son simples magos. No podemos simplemente saltarnos el laberinto-

-¿Estás diciendo que soy muy simple?-, preguntó Flama, ofendida.

-¡No, no, no, no! Yo sólo digo que hay que ser más…-, Finn pensó muy detenidamente su siguiente palabra, -…inteligentes-

-¿Ahora me estás llamando tonta?-, gritó Flama, convirtiendo su cabeza en la forma que suele tener cuando es un titán.

-¡No! ¡No! No, yo… este… eemm…ah…-

Mientras Finn balbuceaba buscando alguna forma de salvar su vida (que aunque era inmune al fuego, no lo era a los golpes), el suelo comenzó a estremecerse de nuevo pero con menor intensidad. Las paredes se movieron de nuevo, cerrándoles el paso por el que habían llegado y abriéndoles otro en frente de ellos.

-Pues bien, señor inteligente, no soy tan tonta como para no ver que ese es el único camino que tenemos. Y para darte una lección, vamos a seguirlo y mientras estemos allí se hará todo cuanto yo diga-, advirtió Flama, comenzando a caminar hacia el nuevo sendero.

Finn suspiró.

-Tenía que pasar esto justo en estos días del mes-, suspiró Finn

-¿Qué dijiste?-

-¡Nada! ¡Ya voy mi amor!-


-Perros-, dijo Jake, golpeando suavemente a Cake

-Gatos-, dijo Cake, golpeando suavemente a Jake

-Perros-

-Gatos-

-Perros-

-Gatos-

-¡Ya basta! ¿Están haciendo eso para molestarse entre sí o para molestarme a mí?-, gritó Fionna.

-¡Él empezó!-

-¡Ella empezó!-

-¡No me importa quien empezó pero si no se callan voy a ser yo quién lo termine!-, gritó Fionna, apretando sus puños en frente de los dos animales mágicos.

Una risilla de tono macabro se escuchó a un lado de ellos, llamando inmediatamente su atención. Del otro lado se escuchó un crujir de hojas rápido, alguien estaba corriendo. Susurros de voces graves empezaron a escucharse a sus alrededores. Fuera lo que fuera que estaba allí, los estaba rodeando.

No hubo necesidad de pensarlo dos veces. Fionna desenvaino su florete dorado mientras que Jake y Cake aumentaron el tamaño de sus puños, preparados para cualquier cosa que decidiera saltarles encima. Y apenas habían pensado en eso cuando una decena de sombras oscuras se lanzaron sobre ellos, siseando.


Finn concentró toda la fuerza en su empuñadura, permitiéndole a la espada una mayor rapidez y más poder en el ataque. Sin embargo, se quedó totalmente mudo al ver que la hoja de su espada carmesí había golpeado en la pequeña cabeza de su enemigo como si de una roca se tratase. ¡Incluso una roca se rompería! Pero la criatura enfrente de él sólo se reía.

Los gnomos eran seres humanoides pequeños; de músculo ancho y una cabeza algo grande en proporción con su cuerpo. Su vestidura era una camisa blanca y unos pantalones verdes sujetados por tirantes, además de un sombrero puntiagudo. La mayoría de ellos tenían abundantes barbas, bigotes y patillas; otros solamente la barba y las patillas. Sus frentes anchas y casi no tenían cabello.

El humano retrocedió, sorprendido por su resistencia, hasta chocar con la espalda de su novia.

-Que conste que esto no es mi culpa-, dijo ella

-No te preocupes, no es culpa de nadie más que de esos magos. No había forma de saber lo que nos esperaba-

-Bueno, ¿y cuál es el plan, guapo?-, bromeó Flama, intentando aliviar un poco la tensión del momento.

-Primero, encontrar su punto débil. Segundo, aprovecharlo-

-Pues más vale que te apresures, Finnie, porque nos están rodeando. Y no me gusta para nada la sensación de estar encerrada-


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