¿Recuerdan que les dije que me habían hecho una entrevista? ¡Pues ya salió! Tal vez algunos ya la vieron, pero para los que no, está en la lista de historias de Adventure Time en esta página, ¡búsquenla! Muchas gracias por su apoyo, significa el mundo para mi. Gracias a ustedes es que esa entrevista fue posible.
Bueno, ¡continuemos con nuestra historia!
Fionna corría desesperadamente. Le llevaba varios pasos de ventaja a sus compañeros. Ni siquiera se detuvo cuando su camino se cruzó con el de Marceline y Bonnibel. Ella simplemente seguía el impulso que en ese momento la dominaba. Aunque apenas se hubiera enterado de la verdad, la ira que sentía parecía ser una muy escondida desde hace quince años y que de un día para otro había estallado, impulsándola hacia delante con un único propósito. No se detuvo, no hasta que escuchó esa voz detrás de sí.
-¡Fionna!-
La humana volteó para encontrarse con el único congénere y familiar de sangre que tenía. Aunque el secreto de años apenas había sido revelado, la chica ya sentía dentro de sí un inmenso cariño por el chico con gorro de oso polar, al igual que un inconmensurable odio por aquellos que destruyeron su familia quince años atrás y que ahora amenazaban con repetir su oscura tarea.
-¡Finn!-, exclamó la humana y se dirigió hacia su hermano, quien llegaba acompañado de su novia. Lo tomó por la mano e intentó correr con él, -¡Vamos! No hay tiempo que perder. ¡Están adelante!-
-Fionna, espera…-, dijo el humano, sorprendiendo a su hermana, quien se detuvo en el instante.
-¿Que espere?-, preguntó sorprendida, -¿Cómo que espere? Finn, allá adelante están los que mataron a nuestros padres. ¿Cómo quieres que espere?-, dijo con furia.
-Porque no quiero perderte-, gritó Finn, sorprendiéndola a ella y sus demás amigos que apenas habían llegado, -Si vamos allá sin un plan y sin pensar, podríamos acabar igual que nuestros padres-, dijo con un dejo de tristeza en su voz, -No podría soportar el haberte encontrado después de tanto tiempo y perderte en la misma noche-
La heroína no tenía palabras. Y no era sólo que no las pudiera articular con su lengua, sino que ni siquiera su mente podía pensar en una expresión lingüística apropiada para responder a las palabras del humano. Así que dejó que fueran los sentimientos los que hablaran, impulsándola con brazos abiertos hacia el cuerpo de su hermano, quien respondió de igual manera, dejando que su recién descubierto familiar ahogara la ira irracional en su pecho. Después de algunos sollozos en el pecho del adolescente y unas cuantas lágrimas traviesas en los ojos del mismo, el abrazo se rompió y ambos hermanos se dedicaron una sonrisa de confianza, amor y agradecimiento.
Después, ambos humanos fueron tacleados por sus respectivos hermanos adoptivos, quienes no tuvieron miramientos a la hora de extender sus extremidades y apretarlas contra los cuerpos de los humanos hasta que estos, ya con el color morado en sus rostros, rogaron por el tan necesario oxígeno que sus pulmones ya no tenían. Al ser liberados, tuvieron que soportar el mismo tipo de tortura (si así quiere llamársele) por parte de las gobernantes que con ellos viajaban hasta que fueron soltados por las mismas razones.
-Y entonces, ¿cuál es el plan?-, preguntó la Princesa Flama
-Simple. Usaremos las habilidades especiales de cada uno en una táctica operativa inteligente que los tome desprevenidos, aprovechando sus bajas defensas. Los rodearemos y saltaremos sobre ellos como compuestos ferrosos contra superficies electromagnéticas-
-¿O sea que los vamos a emboscar?-, adivinó Finn
-¡Ay Finn! Le quitas lo emocionante-, se quejó la Dulce Princesa
-El ritual que están haciendo es muy difícil y requiere toda su concentración. No tendrán oportunidad de defenderse lo suficiente-, explicó Marceline, -Y aunque sólo acabemos con uno de ellos o con ninguno, lo importante es que no traigan de vuelta a esa bestia oscura-
-Entonces, a la de tres, nos separamos alrededor del claro que está allí adelante. Mi cuñada lanza una señal y todos nos lanzamos sobre ellos. ¿Está bien así?-, preguntó Fionna.
-No podría haberlo pensado mejor-, dijo Finn.
-¡Va pues! Nadie se mete con mi hermano-, gritó Jake
-Ni nadie se atreve a mandar criaturas a lastimar a mi hermanita-, amenazó Cake.
Todos se formaron. Concentrados en sus próximos movimientos, observaron las luces que venían de unos cuantos metros más adelante. En sus cuerpos ya se sentía la energía oscura que dominaba aquel lugar, provocándoles algunas dudas, incluso algo de miedo. Pero bastaba mirar hacia los lados para darse cuenta de que no había nada que temer. Estaban todos juntos, dispuestos a acabar con la maldad. No había nada que temer. Se escuchó el "uno" en voz de Marceline; el "dos" desde la boca de Bonnibel; el "tres" sería pronunciado por los humanos.
Una explosión. La onda expansiva los mandó a todos de espaldas al suelo. Cuando se sentaron y vieron hacia donde se suponía debían estar los Nigromantes, descubrieron un gran torbellino de energía oscura levantándose desde el claro. Con movimientos violentos y algunos rayos saliendo de su estructura, se alzaba frenéticamente hasta dar la ilusión de llegar a la atmosfera del planeta.
-No, no, no, no, no, no…-, murmuraba Marceline, sacudiendo la cabeza, -No puede ser posible. No otra vez, por favor-, dijo con voz rogante, casi quebrándose.
La princesa Bonnibel tenía un rostro espantado, al igual que la vampiresa. Mientras tanto, los humanos observaban incrédulos el espectáculo desarrollándose frente a ellos. De pronto, un rugido aterrador pareció provenir de los interiores de aquel torbellino. Un instinto natural corrió por las venas humanas, erizando sus cabellos y contrayendo su piel. El instinto gritaba que era hora de correr. Pero, en contra de él, los humanos se levantaron en sus dos piernas y corrieron hasta el lugar que pensaban atacar hace tan sólo unos segundos antes.
-¡No! ¡Esperen!-, gritó Bonnibel. Al ver que no responderían, ella también se levantó y corrió hacia ellos, siendo pronto imitada por el resto de los presentes.
Al llegar al lugar donde se había realizado el ritual, el torbellino poco a poco comenzó a disiparse. Finn y Fionna prepararon sus espadas, mientras Marceline y Bonnibel se colocaron frente a ellos, portando sus respectivas armas, al igual que Jake y Cake, quienes aumentaron de tamaño sus puños. Flama se colocó a un lado de Finn, con su cabello ardiendo de forma violenta, sus ojos de color rojo y bolas de fuego en cada una de sus manos, listas para ser disparadas. Cualquier figura púrpura que se atreviera a saltar sobre ellos recibiría una no muy grata bienvenida.
Pero la visión formada ante ellos al momento en que el torbellino desapareció los dejó sorprendidos y sin habla. Frente a ellos no había nada. Sólo unas cuantas cenizas que empezaron a volar con suaves brisas que acariciaban el suelo. De la figura antes dibujada allí ya no había nada que se pudiera reconocer. Todos bajaron sus guardias, sin poder creer que todo el camino hasta ahí y sus batallas con los molestos gnomos no habían llevado a ningún resultado positivo.
Se separaron y caminaron alrededor de aquel claro, buscando cualquier cosa que les ayudara a encontrarlos o al menos a tener la seguridad de que el Caos no había regresado, aunque muy dentro de ellos sabían la respuesta y no era precisamente una que los tranquilizara.
Pero antes de que pudieran buscar más, el piso empezó a moverse como antes y cuerpos arbóreos surgieron de todas direcciones, dirigiéndose hacia los presentes en el claro. Ramas y raíces se enredaron en sus extremidades, apretando su agarre y suspendiéndolos en el aire. Todo intento que hacían por liberarse, por más fuerte que fuera, resultaba inútil. Algo captó sus oídos, el sonido de pasos acercándose, pisando el césped y las hojas caídas de los árboles.
-Vaya, vaya, vaya. No estaba en nuestros planes acabar con ustedes pero tampoco pensé que pudieran llegar hasta aquí- dijo la figura de vestimenta púrpura que salió de entre las sombras.
-¡Libéranos para que podamos darte tu merecido, mago de quinta!-, reclamó Finn
-¿Y por qué no se liberan ustedes mismos? Después de todo, estuvieron quebrantando mi magia por todas estas horas-
Todos compartieron la misma cara. No entendían a que se referían las palabras del oscuro ser, cuyo rostro era cubierto por las sombras de su capucha. Que ellos supieran, nadie había realizado una especie de conjuro en toda la noche.
-Acaso fue usted, Majestad-, dijo Nemus, acercándose a Marceline, -¿su conocimiento de artes oscuras le permitió interferir con la mía? Oh, cierto, usted no es tan poderosa como su servidor-, se burló
-¡Cállate, pedazo de…!-
-¿Y usted, princesa?-, dijo volteándose hacia la gobernante del Dulce Reino, -¿Acaso su amada ciencia le ayudó a usted y sus amigos a llegar hasta aquí? ¡Oh! Lo olvidaba. Su ciencia es un juego de niños comparado con mi magia-
-Voy a meterte tu magia directo por el…-
-Y no creo que estos dos animales sarnosos tengan el suficiente poder mágico para enfrentarme-
-Sarnosos tu…-
-Y ustedes…-, dijo dirigiéndose al par de humanos, -ustedes son unas criaturas patéticas, violentas e inútiles. Una completa vergüenza de la existencia. Sólo una falla del orden universal. No está en mis facultades destruirlos, no puedo mancharme de su contaminada sangre…-
Levantando sus brazos, dejo ver que se trataban de apéndices hechos de madera, con múltiples ramas entrelazadas, simulando el contenido muscular que cualquier otro ser tendría. Sus dedos índices sobresalieron de sus puños y los acercó lentamente a las frentes de los humanos; un pequeño orbe dorado en la punta de sus dedos empezaba a formarse.
-…pero al menos puedo divertirme con ustedes un momento-, pronunció, y una risa malvada salió de aquella capucha.
Pero antes de que aquellos orbes hicieran contacto con las aterradas e iracundas caras de los humanos, un dolor insoportable se esparció por todo el cuerpo del nigromante. Un dolor tan fuerte que lo hizo caer de rodillas y llevarse las manos al abdomen. Respiraba fuertemente, había algo de miedo allí. Era una sensación dolorosa y… calurosa. Volteó detrás de él, lo que le permitió ver que cierta criatura elemental estaba quemando sus ataduras.
-Te olvidaste de mí, tonto-, dijo la princesa con los dientes apretados, -Jamás… vuelvas… a burlarte… ¡de mis amigos!-
Con un movimiento fuerte de sus brazos, las enredaderas cayeron, consumiéndose hasta quedar únicamente cenizas. Mientras el oscuro mago yacía adolorido en el suelo, la chica aprovechó para liberar a sus amigos con bolas de fuego. Aun con más dolor para el mago, los demás descendieron al piso, tomaron las armas que habían caído de sus manos y rodearon al mago, preparados para atacar al debilitado ser.
-¡Basta!-, gritó Nemus.
En ese momento, se pudo observar como su cuerpo comenzaba a crecer. Sus ropajes se estiraron y comenzaron a romperse. El Nigromante empezó a crecer, sobrepasando la resistencia de su túnica. Lo que antes era una figura encapuchada, ahora, para sorpresa de todos, era un árbol gigantesco en pie. Las ramas que simulaban músculos en sus piernas y brazos se habían ensanchado, al igual que el tronco que formaba su abdomen. Por primera vez veían su rostro, que simulaba el de un viejo, pero no como el que Finn y Flama habían encontrado esa misma noche, sino como el de alguien que había vivido con odio y rencor todos los días de su vida. Sus ojos despedían un brillo púrpura que reflejaban maldad.
-¡Pagarás!-, gritó el inmenso ser, lanzando su brazo en contra de la chica de fuego que, ante la sorpresa, no tuvo tiempo de reaccionar y fue golpeada por el nigromante. Durante el golpe, afiladas espinas se formaron en la extremidad de Nemus, provocando todavía más daño.
-¡No! ¡Flama!-, gritó Finn, comenzando a correr en la dirección en la que había caído su novia.
Antes de que pudiera avanzar demasiado, otro brazo de madera lo golpeó en el pecho, raspándolo con espinas y mandando al adolescente contra un árbol. El dolor en su columna hubiera sido insoportable pero el golpe fue tan fuerte que adormeció toda su espalda y lo dejó en un pequeño estado de inconciencia.
-¡Nadie se mete con la magia de mi bosque!-, gritó el enorme ser.
Volvió a gritar una vez más, pero esta vez de dolor. En su hombro izquierdo, se encontraba clavada la doble hacha roja que en ocasiones solía ser un instrumento y que pertenecía nada más y nada menos que a la Reina de los Vampiros. Antes de que el nigromante pudiera aplastarla con la fuerza de su gigantesca mano, la vampiresa desenterró el hacha (provocando aún más dolor en él) y voló fuera de su alcance.
Cuando intentó alcanzar a la vampiresa con sus largos dedos, una explosión en su costado lo obligó a retractarse. Volteando hacia su derecha, vio como la princesa de dulce recargaba su arma, con su dedo listo en el gatillo.
-Ni se te ocurra ponerle un dedo encima… a nadie más-, amenazó
Mientras en la mente del nigromante corría el dilema de atenerse sólo a la eliminación de los humanos o romper las sagradas reglas de su asociación eliminando también la molestia en que se habían convertido las gobernantes, dos fuertes puños gigantes lo golpearon en el rostro, haciéndolo caer hacia un costado. Esos animales también comenzaban a agotar su paciencia.
Volviéndose a levantar, un grito de guerra captó su atención. Volteando hacia su izquierda, observó a la humana emprendiendo un vuelo de ataque en su contra, con su arma lista para ser clavada en cualquier parte que se pudiera. Sin embargo, como si de una simple mosca se tratara, bastó con un fuerte manotazo (igualmente cargado de espinas) para mandar a la adolescente contra un árbol, cerca de donde había caído Finn.
-¡Gnomos! ¡Encárguense de los no-humanos!-
Al tiempo, decenas de gnomos surgieron de entre los árboles y la maleza.
-¡Ay no! ¿Otra vez?-, se quejó Jake
Las criaturas se arrojaron precisamente contra todos aquellos que no eran humanos. Aunque su punto débil era conocido, eran demasiados, incluso para todos los amigos que estaban allí. Pronto, aunque derrotaban a varios de ellos, se vieron acorralados por una gran cantidad de gnomos, sin poder avanzar demasiado.
-¡Ni se les ocurra lastimarlos!-, gritó el mago, -Sólo quiero que los distraigan mientras la humanidad es exterminada-
Con grandes pasos se acercó hasta el lugar donde había caído la humana. En el puño que había formado, comenzaban a salir grandes y afiladas espinas que derramaban un líquido negro y espeso. El golpe sería fatal. De su boca venía una risa malévola que helaba la sangre.
Finn se empezó a levantar. Había un sabor salado en su boca al que él ya estaba acostumbrado. Se sentía mareado y el esfuerzo de enderezarse pesaba en sus brazos como si estuviera cargando miles de kilos sobre su espalda. ¡Su espalda! El dolor apareció y era insoportable pero se limitó a quejarse entre dientes. La vista hacia el frente lo aterró: la Princesa Flama yacía tirada en el piso sin dar ninguna señal de conciencia. Quiso moverse hacia allá pero una risa profunda y siniestra le llamó la atención.
Hacia la derecha, y con el mismo horror, vio que su hermana yacía también tirada en el suelo, con su brazo izquierdo cubierto casi por completo de sangre. Lo peor pasó por su mente. ¿Qué había pasado mientras estaba inconsciente? Pronto, esa pregunta importó menos pues, ahora, el nigromante Nemus se acercaba a Fionna con claras intenciones malévolas. Vio cómo su gran puño era adornado por espinas aún más grandes que las de antes. Intentó levantarse más rápido pero el dolor de su espalda lo detuvo. Cuando intentó arrastrarse por el suelo, una terrible sensación en su pecho se lo impidió. Se dio cuenta de la humedad que había en su tórax; se llevó la mano hacia dicha parte y cuando la regresó hacia su vista sus dedos traían un poco de líquido rojo.
Con terror, vio que Nemus ya había llegado hasta la posición de la humana. La impotencia recorrió el cuerpo del adolescente mientras las lágrimas empezaban a brotar de sus ojos. No pudo más que estirar el brazo en aquella dirección, es lo más que podía hacer.
Nemus levantó su puño, listo para saborear la victoria, la consecución de cientos de años de esfuerzos. Iba a soltar toda la fuerza que tenía sobre el cuerpo inerte de aquella chica, pero una enorme bola de fuego se lo impidió. Su brazo derecho entero se vio consumido rápidamente por las llamas mientras el Nigromante soltaba fuertes alaridos de dolor y sacudía su brazo, intentando apagar el incendio. Finn observó con sorpresa como el brazo de Nemus se desprendía de su cuerpo, mientras este respiraba aceleradamente.
-¡Tú!-, gritó volteando hacia atrás y señalando con la mano que le quedaba.
Finn volteó también. De pie, con las piernas temblantes y unos delgados ríos rojos en su rostro, se encontraba la Princesa Flama. Sus brazos en posición de ataque y humo saliendo de sus dedos. La mirada fija en el enorme árbol.
-No mientras yo estoy al mando-, dijo Flama, dijo agitada
-¡Eres una amenaza!-, gritó Nemus, acercándose a la princesa, -No me importa que no seas humana, igual debes ser eliminada. Sólo destruyes, matas y quemas. ¡No sirves para nada más!-. Estando ya en frente de la adolescente, preparó el puño que le quedaba. -¡Será un gran favor para el mundo acabar con tu existenciaAAAAAAHHHH!-
El grito del mago hizo retumbar el bosque entero y obligó a todos los presentes en el claro a taparse los oídos. El Nigromante volteó hacia su espalda, de dónde provenía el dolor. De hecho, el dolor estaba más abajo, provocado por una enorme espada carmesí clavada en donde se suponía deberían estar las posaderas del oscuro ser.
-¡Ni si te ocurra!-, gritó Finn
El mago intentó golpearlo pero Finn saltó rápidamente, sacando la espada del doloroso lugar. Corrió alrededor del árbol y saltó enfrente de él hasta caer en su pecho. El humano preparó una estocada final. La espada no atravesó la dura corteza que protegía el cuerpo del nigromante. La espada vibró por la fuerza que no había sido expulsada sino que, al contrario, había sido rebotada en ella. Esto obligó a Finn a dar un salto hacia atrás, cayendo en frente de su novia.
-No volverás a tomarme por sorpresa, muchacho-, pronunció el árbol.
Las rodillas de Finn temblaron, incapaces de sostener su cuerpo por más tiempo. Su adrenalina había bajado y las fuerzas le abandonaban de nuevo. Cayó arrodillado, impedido para soportar su propio peso. Sus brazos ayudaron al héroe a no caer con el rostro al piso, rostro en el cual empezaban a resbalar gotas de agua salada. Flama, alertada se dirigió hacia él.
-¡Finn! ¿Estás bien?-, preguntó preocupada, arrodillándose a un lado de él.
-¡Perfecto! ¡Destruyamos a la destructora y al parasito! Y así evitamos que dejen una progenie peor-, dijo Nemus
Flama se levantó y se puso en frente de Finn. Las llamas de su cuerpo empezaron a danzar salvajemente mientras su mirada, fija con alfileres de ira en los ojos del mago, se teñía de rojo ardiente. Sus dientes tan apretados como sus puños. Y a pesar de toda esa furia expresada en su cuerpo, era difícil esconder el rubor que cubría sus mejillas.
-No… te burles… ¡jamás! ¡DE NUESTROS HIJOS!-, gritó mientras sus flamas explotaban y la chica aumentaba de tamaño.
Una poderosa palma abierta de fuego se dirigió a toda velocidad en contra de la cara del nigromante. El contacto hizo un fuerte sonido de impacto además de lo que parecía ser madera crujiendo en medio del fuego, consumando así la gran bofetada que la elemental había propiciado. El enorme árbol se mantuvo sin expresión en su rostro y miró de manera condescendiente a la furiosa adolescente.
-¿Crees que me puedes vencer? ¿Crees que yo, el gran Nemus, puede ser derrotado por una chiquilla? ¡Pues yo no lo creoAAAAAAHHHHHHH!-
De nuevo el mismo dolor en el mismo lugar. El mago volteó para encontrarse con la misma figura de antes en la parte baja de su espalada. ¿O no?
-¿Y si me uno y así somos dos chiquillas?-, preguntó la humana con una sonrisa.
-¡Malditos!-, gritó Nemus
Quiso golpear a Fionna, pero ella rodó por entre sus piernas hasta alcanzar el lugar en donde se encontraba Finn. Al verla, el humano se apresuró en abrazarla, sin importarle el dolor físico que sentía en aquel momento. Flama redujo su tamaño y se acercó a los humanos para asegurarse de que ambos estuvieran bien.
-¡Tontos! Sólo me hacen el trabajo más fácil si están todos juntos. Ahora, terminemos con…-, otro golpe en la espalda, ésta vez más soportable, lo detuvo. -¿Ahora qué?-, gritó furioso.
Sus ojos hicieron contacto con una vampiresa, una princesa de chicle y un par de animales mágicos. La princesa portaba un arma de cuyo cañón emanaba humo blanco.
-Si los vencimos una vez en grupos separados, ¿qué te hizo pensar que no lo haríamos otra vez todos juntos, cabeza hueca?-, preguntó Marceline con su bajo sobre su hombro.
Jake aumentó su tamaño hasta quedar a la altura del nigromante, comenzando a trabar brazos con él (bueno, uno de ellos; su otro brazo se posó sobre lo que quedaba del brazo derecho de Nemus). Jake sabía muy bien que no podría hacer demasiado contra un ser tan poderoso pero aun así lo intentaba. Intentaría distraerlo el mayor tiempo posible hasta que Finn hiciera un plan… si lo hacía.
-Flama…-, dijo Finn, mientras veía la batalla que su hermano estaba librando, -…tengo una idea-
-¿Cuál es? ¡Dímela!-
-No sé si funcionará y ni siquiera tengo idea de donde se me ocurrió pero no perdemos nada con intentarlo. Quiero que calientes mi espada y la de Fionna lo más que puedas-
-¿Y cómo podría eso ayudarnos?-, preguntó Fionna
-La única manera en como Nemus ha sido dañado es con fuego. Aunque Flama pueda herirlo bastante no será suficiente para acabar con él. Es necesario atravesar su coraza-
-Finn, no hay ningún problema si caliento tu espada pero Fionna… ella no aguantaría el calor como tú. ¡Sus manos se quemarían bastante!-, dijo Flama.
-No importa-, respondió la humana, con determinación, -si así detenemos a ese monstruo que intentó matar a nuestros padres, no importa lo que le pase a mis manos. Uno menos significa más seguridad para mi hermano-, dijo Fionna, tomando la mano de Finn, quien sonrió ante el calor de aquel gesto.
Flama suspiró resignada. Ni siquiera intentaría convencerla de hacer otra cosa pues, en su experiencia, los humanos resultaban ser una especie bastante terca y decidida. De cierta manera, le recordaban a la gente del Reino del Fuego, sólo que su determinación se encaminaba a propósitos más nobles y desinteresados.
-Muy bien, empuñen sus espadas-
Los humanos, con algo de esfuerzo, se pusieron de pie y pusieron sus armas frente a la Princesa Flama. Ella extendió los brazos y lanzó llamaradas que rodearon las espadas. Rápidamente, la espada de Finn empezó a brillar con intensidad, dado que ya no se podía poner más roja de lo que ya estaba. Por otro lado, la humana tenía problemas soportando el calor que, a pesar de la empuñadura cubierta de cuero, se transmitía hasta sus manos.
-¿Por qué me metí en esto? ¡No tengo ninguna oportunidad contra él!-, pensó Jake, mientras distraía a Nemus
-¿Por qué? ¡Te voy a decir porque!-, gritó otra voz en su interior, -Lo haces porque es tu hermano. Porque él merece toda la felicidad del mundo con su hermana verdadera y con su novia y no vamos a dejar que un tonto mago de truquitos le impida esa felicidad. ¡Por eso es que lo hacemos!-
De repente, Jake sintió el empuje de una voluntad renovada. Su agarre en los brazos de madera del mago se apretó, se apoyó más en sus pies y se sintió con la confianza de poder mandar al suelo al poderoso ser. Después de todo, el sólo tenía un brazo, no sería tan difícil. La fuerza en sus brazos empezó a crecer, intentando tirar de espaldas al enorme árbol.
Sin embargo, la confianza renovada se disipó pronto al ver que su enemigo tenía una sonrisa confidente, algo que asustó al perro mágico. En un movimiento rápido, el mago liberó su único brazo y lo dirigió en contra del rostro de Jake, quien cayó inmediatamente noqueado.
Para desgracia de Nemus, su confianza fue igual de corta como la del perro que valientemente (o, según él, tontamente) le había hecho frente. De nuevo, la sensación de calor que tanto lo había molestado esa noche se hacía presente en su espalda, aunque esta vez no era tan caliente como las anteriores. Se volteó totalmente furioso dispuesto a no dilatarse más en acabar con esa amenaza para cualquier forma de vida.
Al voltearse, en vez de fijar su mirada sobre la elemental, la atención de su vista se posó sobre dos rayos de espectro azul y rojo que se dirigían contra el a toda velocidad. Esos dos hazes de luz llegaron hasta su pecho. Allí se dio cuenta que se trataban de los humanos quienes portaban dos espadas que brillaban al rojo vivo; Finn y Fionna levantaron sus espadas y, con fuerza, las clavaron en el pecho del Nigromante. Las espadas no se enterraron de inmediato sino que, lentamente, empezaron a penetrar la dura corteza del malvado árbol mientras el sonido de madera quebrándose se hacía presente. Las armas se clavaron en la parte media del pecho, en ángulos en los que las puntas podrían chocar dentro del cuerpo de Nemus, en donde, suponían, se encontraba su corazón.
El nigromante, ante la sorpresa, no pudo hacer nada. Nadie en cientos de años había podido darle tantos problemas, lastimarlo tanto, nadie había podido encontrar la forma de vencerlo. Por un instante más que fugaz, llego a sentir respeto y admiración por el par de seres en su pecho. De repente, un gran grito escapó de su garganta, al tiempo que su cuerpo empezaba a ser consumido por un fuego púrpura.
Finn y Fionna saltaron del pecho de Nemus antes de que ese fuego los alcanzara. Todos los presentes (incluso Jake, quien empezaba a recuperarse) observaban como el cuerpo del Nigromante se cubría con ese fuego. La silueta del enorme árbol empezaba a desvanecerse tras la ardiente muralla que, después de un tiempo, empezó a hacer lo mismo, dejando solamente un montón de cenizas en el lugar donde Nemus estaba.
Los humanos cayeron al piso, rendidos por el esfuerzo y el dolor, pero aliviados de que habían logrado vencer al enemigo. Sus amistades, alertadas, se dirigieron a auxiliarlos.
-Lo lograron Finn, ¡lo vencieron! ¿Cómo estás?-, dijo Flama en un tono mezcla de felicidad y preocupación.
-Bien, algo golpeado y unos raspones en el pecho, pero no es nada. Unas vendas y lágrimas de ciclope bastaran para estar como nuevo. Pero tú…-, dijo Finn, acariciando una de las mejillas de su novia, -…estás sangrando-
-Sí, debieron ser las espinas que usaba en su golpe. Pero tampoco te preocupes, ya sólo debe ser la sangre que salió, mis heridas debieron haber cauterizado. No es tan fácil lastimarme-
Finn limpió la sangre aun líquida dejando libre su herida, que empezó a sangrar de nuevo.
-Pues parece que para él sí lo fue. Aún estás lastimada-
La princesa tocó su herida, dándose cuenta ella misma de que lo que decía su novio era verdad. Seguía sangrando, su herida no cerraba todavía.
-No… no lo entiendo…-
-Era un ser mágico-, dijo Marceline, acercándose, -Sus espinas no eran como cualquiera. Tienes suerte de que no haya usado su veneno o la herida abierta sería el menor de tus problemas. Como sea, tampoco es algo que dure toda la vida. Te curaras eventualmente, sólo tomará un poco más de lo que estás acostumbrada-
-¡Hermanito!-, gritó Jake, abalanzándose contra Finn, quien gustoso (y algo adolorido) aceptó el gesto de cariño, -¡Que felicidad ver que estás bien!-
-Yo también me alegro, Jake. Gracias por entretenerlo y darnos tiempo para salir con un plan-, dijo mientras acariciaba la espalda del can.
-Buen trabajo, hermano-, dijo Fionna, siendo auxiliada para caminar por Cake, quien había crecido al tamaño de la humana.
-Tú tampoco lo hiciste nada mal, hermana-, respondió Finn.
El humano intentó levantarse, pero sus músculos ya no respondían positivamente. Raudo y veloz, Jake colocó su brazo en la espalda del humano, por debajo de su brazo derecho y lo ayudó a levantarse, tal como Cake lo hacía.
-Bueno, ¿y ahora que, Bubs?-, preguntó Marceline.
-Primero, ¡estoy orgullosa de ustedes dos! Lograron vencer a un nigromante en tan sólo una noche-, dijo la Dulce Princesa, dándole un beso en la frente a los dos.
-Jamás lo habríamos podido hacer sin su ayuda. Muchas gracias-, respondió Fionna.
-Sin embargo…-, continuó Bonnibel, -Aún quedan seis de ellos y no hay que confiarse para nada-
-Además, parece que hemos llegado un poco tarde, ¿no crees?-, dijo la vampiresa, señalando a las cenizas que quedaban de la silueta bestial quemada en el piso del claro.
-Sí…-, respondió Bonnibel con un suspiro amargo, -Creo que lo mejor sería que todos nos quedáramos en mi castillo esta noche. No me da mucha confianza regresar a la casa del árbol. En el reino trataremos sus heridas y hay suficientes defensas para hacerle frente a cualquier ataque… al menos por un tiempo-
-Muy bien, ¡nos vamos al reino de la chiclosa! No quiero que nada malo le pase a mi hermanita-, dijo Cake, llenando de besos la cara de la humana.
-Ya Cake, basta. Estás peor que mamá-, reclamó Fionna totalmente avergonzada.
Y así, el grupo de amigos que recién había derrotado a uno de los magos más poderosos del mundo, salían victoriosos del peligroso Bosque Negro. Mientras lo hacían, Finn no dejaba de sentir la necesidad de regresar y averiguar lo que aquel misterioso árbol guardaba como secreto. Pero eso ya sería en otra ocasión, otro día. Por ahora, había que descansar.
Al ir pensando eso, sintió un cambio en los brazos que lo sostenían. Ahora eran más cálidos y menos peludos. Inmediatamente supo quién era y, de alguna forma, eso lo molesto.
-Flama, tú estás casi tan lastimada como yo. Por favor, no…-
-La mejor pijamada de mi vida-, respondió la elemental.
Finn no comprendía las palabras de su novia, pero a medida que su cerebro (sacudido por la reciente batalla) entendió el mensaje, una sonrisa floreció en el rostro del humano.
-Entonces sólo Glob podría organizar una pijamada que llenara tus expectativas ahora-
Todos se habían ido ya. En aquel claro sólo quedaban cenizas y pedazos de madera tirados. Sin embargo, debía ser precavido, no quería ser descubierto. Unos cuantos minutos más en su escondite serían un movimiento inteligente. Cuando por fin sintió que era seguro, que los guerreros habían ya abandonado el bosque, salió de entre los arbustos. A paso lento, se dirigió hasta el montón de cenizas que solían ser el cuerpo de uno de los seres más poderosos sobre la tierra.
-Oh Nemus…-, pronunció, -Eras poderoso, sí; pero no demasiado. Era muy fácil intervenir con tu magia. Y si estabas tan ocupado como hoy, aún más fácil. Ya ves, no me costó demasiado trabajo-, dijo, siempre con un tono burlón.
Al llegar hacia las cenizas, introdujo su mano en ellas, sacándola segundos después con una cadena entre sus dedos, de la cual colgaba una llave metálica negra. Paseo la llave entre sus apéndices, casi saboreando el objeto con sus manos.
El ser se alejó del lugar, dirigiéndose a una parte menos profunda del bosque, pero bastante oculta. Llego hasta un sitio lleno de misterio, donde cientos de luciérnagas volaban y hongos luminosos brillaban; sin embargo, a cada paso que él daba, las luciérnagas caían al suelo y los hongos se apagaban y se estrechaban. Su camino siguió hasta estar enfrente del enorme árbol con un rostro formado en su tronco. Dicho rostro miraba fijamente a su nuevo invitado, aunque para él no era nuevo, pues en sus sueños esa presencia resultaba bastante familiar.
-Vengo por mis profecías-
-Supuse que, si ellos habían llegado, tú también lo harías-, dijo el árbol, -Pero tampoco creía que fuera a ser tan pronto… Su Majestad-
Gracias por leer. No olviden dejar una review, es la mejor forma de agradecer a un escritor. Den follow para no perderse ningún capitulo. Inviten a sus amigos a leer la historia. Cuídense mucho, suerte en sus escuelas, trabajos o lo que sea que hagan. ¡Nos vemos! :D
