-Vaya, sí que es extraño acabar con una aventura antes de la hora de comer-, dijo Jake

-¡Te digo! Cuando Bonnie nos dijo "tienen que conseguir una joya bastante extraña en el Valle de la Desesperación" pensé que habría monstruos gigantes defendiéndola, dragones escupiendo fuego, guerreros incansables y algún tipo de trampa mental o algo por el estilo-, comentó Finn, -¿De quién fue la idea de ponerle Valle de la Desesperación a un campo lleno de flores y hadas que te dan agua y comida?-

Los hermanos se encontraban caminando por las calles del Dulce Reino, acabando de salir del castillo después de terminar con un encargo de la Dulce Princesa. En realidad, su aventura no había sido tan dura como acostumbraban, pues el lugar al que habían ido sólo tenía el nombre "Desesperación" de forma metafórica. Tal vez el nombre fue puesto por algún villano que no toleraba ser bien atendido por hadas y ninfas.

-Pues yo lo disfrute mucho. Es bueno tener una aventura que no demande demasiado esfuerzo de vez en cuando y en la que además te consientan-, dijo Jake

-Lo malo es que ahora tenemos demasiado tiempo libre. No sé qué hacer-, se quejó Finn, haciendo movimientos exagerados y caminando jorobado, como si el aburrimiento fuera una gran carga en su espalda.

-Mmm… ¿qué tal si te pones a escribir algo? Un poema, un cuento…-, opinó Jake.

-¿Qué? ¿Escribir? Sólo los que se la pasan encerrados en sus casas hacen eso. ¡Eso es para tont…!-

De repente, Finn se dio a sí mismo un golpe en el rostro, impidiéndole terminar su oración.

-¿Por qué hiciste eso?-, preguntó Jake

-No tengo idea…-, contestó Finn, confundido por lo que acababa de hacer.

-¡Oye! ¡Hoy hay una feria en el Dulce Reino! ¿Qué te parece si vamos?-, exclamó con alegría Jake

-No es mala idea. Pero la feria no empieza sino hasta el atardecer y todavía falta mucho para eso-

-¡Ah! ¡Mira! ¿Qué te parece si comemos aquí y así matamos el tiempo en lo que se hace de noche?-, dijo Jake.

El perro mágico señalo hacia un negocio que ocupaba toda la esquina de una cuadra, pintado predominantemente de blanco con algunas líneas rojas y verdes en la parte superior; grandes ventanales rodeaban el negocio, permitiendo ver en sus interiores a mucha gente de dulce e incluso de otros reinos alrededor de mesas circulares bebiendo café, comiendo pastel o helados, leyendo el periódico o charlando unos con otros. En la parte superior, justo en la esquina, había un espectacular que decía: "Sorsi di Gioia Caffè".

-Sí, parece un buen lugar. Comamos algo y después iré a buscar a Flama a su casa para invitarla-

Los hermanos entraron al local, siendo saludados por algunos de los presentes. Cuando encontraron una mesa vacía, la ocuparon y tomaron los menús que se encontraban sobre ella.

-Casi todo lo que sirven aquí es café-, dijo Finn

-Por mí no hay ningún problema. Un café nunca me cae mal-, comentó Jake

-Sí, pero yo sólo tomo café en la mañana. ¡Oh, mira! En la segunda página hay más cosas-, dijo Finn al cambiar la página, -Mmm, veamos. Hay helado, pastel, jugos, sodas… ¿qué podría escoger?-

-¿Puedo ser de ayuda, cariño?-

Finn sintió como unas manos suaves se posaban sobre sus hombros, sobándolos. La voz era femenina y venía envuelta en un tono coqueto que puso nervioso al humano.

-Eh… yo… yo… quisiera ordenar algo…-, balbuceó Finn de manera nerviosa y con un profundo color rojo en su rostro.

-¡Oh! Y yo quisiera preguntarle algo al héroe más apuesto en todo Ooo-, dijo la voz femenina, pasando de sobar los hombros del humano a su cuello, pasando las manos por debajo de su gorro.

Finn no podía evitar sentir una sensación eléctrica recorriendo su espalda y como la piel se le ponía de gallina por el contacto de esas manos con su cuello. Pudo ver como su hermano tenía una gran sonrisa en el rostro, lo cual le pareció bastante extraño. En un momento de decisión y de fuerza de voluntad, recordó su situación. Tomó las muñecas de la chica detrás de él y las alejo de su cuello.

-Lo siento, pero yo ya tengo a alguien. Y me importa demasiado-

Las manos de la chica se posaron de nuevo sobre los hombros de Finn, sin moverse.

-¿Entonces así van a ser las cosas?-, preguntó la chica, con un tono ofendido.

-Sí. Por favor, sólo atiéndenos-, dijo Finn, con seriedad y sin mirar nunca a la chica.

-Muy bien. Entonces eso te va a costar que todo lo que pidas sea completamente gratis-

Finn se sorprendió con esas últimas palabras y decidió voltear hacia atrás para ver quién era la chica que lo había estado acariciando de esa forma, sólo para sorprenderse más cuando se dio cuenta de la identidad de esa chica.

-Bienvenidos a Sorsi di Gioia Caffè. ¿En qué puedo servirles?-, preguntó la Princesa Flama. La princesa vestía una camisa y una falda larga blancas. Llevaba también un delantal verde con el nombre del café en una esquina y un gorro del mismo color, bajo el cual se encontraba su cabello arreglado en una cola de caballo. Con todo, aun iba descalza.

-Hubieras visto tu cara, Finn. ¡Estabas tan nervioso!-, dijo Jake, con pequeñas carcajadas.

-Flama, tú… ¿trabajas aquí?-, preguntó Finn.

-Sí. Desde hace tres meses-, contestó sonriente.

-¿Qué? ¿Tres meses? ¿Por qué no me lo habías dicho?-, preguntó Finn

La Princesa Flama suspiró.

-Finn, ¿sabes por qué tomé este trabajo? Porque quería ganar dinero para comprar mis cosas, mi ropa, mi comida…-

-¡Pero yo te doy dinero del que hay en mi casa! Tengo demasiado. No es ningún problema el que te dé a ti-

-Exacto Finn, ese no es el problema-, dijo la princesa, tomando una silla y sentándose en la mesa, -Pero yo no me sentía a gusto así. Quería hacer algo para ganar mi propio dinero, para hacer algo en el día más que estar en la casa. Una vez vine al Dulce Reino y vi que este negocio acababa de abrir y que buscaban empleados. Me propuse y me aceptaron-

-Oh… ¡Eso es grandioso, Flama! Me alegra que hayas encontrado este trabajo-, dijo Finn, con sincera felicidad por su novia, poniendo sus manos sobre las de la elemental.

-Gracias, Finn. A mí también me…-

-¡Fiamma!-, se escuchó un grito desde la cocina, -¡Non ti pago per chiacchierare con ogni ragazzo garbato chi entra in questo negozio! Prende le loro ordine e ritorna a lavorare-, dijo un hombre de galleta desde una ventana en la cocina, de cuerpo robusto y cara grande, con un gran y tupido bigote negro, el mismo color de su cabello corto.

-Estoy en eso, señor Caruso-, contestó Flama, haciendo que el hombre desapareciera de la ventana.

-¿Quién era ese?-, preguntó Jake

-Es mi jefe-, respondió Flama con cierta amargura en su voz.

-¿Y entiendes su idioma?-, preguntó Finn

-Entiendo cuando está molesto conmigo-

-¡Fiamma!-

-¡Ya voy! ¡Estoy platicando con mi…!-, la princesa se detuvo al ver la expresión de sospecha que se empezaba a formar en el rostro de su jefe y pensó mejor sus palabras, -Con mi… ¡cliente! ¡Sí! Mi cliente. Es su… um… ¡cumpleaños! Hay que darle todo lo que ordene gratis-

La mirada sospechosa del señor Caruso no desapareció inmediatamente, pero después de unos segundos sus facciones se relajaron.

-Va bene. Dargli qualunque cosa che vuole-, dijo con voz resignada, -E tanti auguri, ragazzo-, dijo antes de volver a desaparecer de la ventana.

-Muy bien, esa estuvo cerca. Será mejor que ordenen ya, chicos-, dijo la Princesa Flama, sacando una pequeña libreta de una de las bolsas de su delantal, -¿Qué van a ordenar?-

-Bueno, puesto que todo va a ser gratis: quiero té de manzanilla, Club Sándwich grande y Banana Split de postre-

-Vaya, yo pensé que ibas a pedir má…-, empezó Flama.

-Dos de cada uno-, dijo Jake

-Lo sabía-, dijo la princesa con una sonrisa, -¿Y el "cumpleañero"? ¿Qué va a querer?-

-Mmm… Una linda princesa de fuego que me acompañe esta noche a la feria del Dulce Reino-, dijo Finn, sonriente y mirando fijamente a su novia.

-¡Oh! Yo… ¡claro! Salgo a las cinco-, respondió Flama con una gran sonrisa en el rostro y un pequeño rubor.

-¿Te parece si pasó por ti a las siete a tu casa?-

-¡Perfecto! Ahora, si no te molesta, ¿podrías pedir algo de verdad antes de que el señor Caruso me despida de una vez?-

-¡Oh, cierto! Eh… Medio sándwich y… un té helado-

-Muy bien. Vuelvo en un momento con sus pedidos-, dijo Flama, retirándose rápidamente hacia la cocina.

-¿Ves? Te dije que entrando aquí encontrarías algo que hacer durante el día-, dijo Jake

-Viejo, recuérdame dejarle un montón de monedas de propina-


Si Finn ya estaba completamente enamorado de la Princesa Flama, esa barrera se rompió hacia límites más altos cuando, al recogerla en su casa, quedó sin habla por la forma en que su novia se había vestido.

Un largo vestido de una débil tonalidad de rosa, de manga corta y con un listón rojo en la cintura, después del cual el vestido se ensanchaba para formar una falda abierta de color blanco que era cubierta por remanentes de la parte superior rosa que se abrían hacia los lados. Botas rojas altas y de tacón con una parte superior también rosa. Su cabello suelto y lacio, cayendo por toda su espalda.

-¿Qué te parece, Finn? ¿Me veo bien?-

-Hermosísima…-, susurró el humano, sin poder apartar la vista de la elemental.

-¡Hey! Deja de verme así-, bromeó la princesa, con una risilla y ruborizada.

-¡Oh! ¡Lo siento! ¡Lo siento! Yo no quería… bueno, sí quería… ¡es decir! Yo…-, balbuceaba Finn, avergonzado y con la cara roja.

-Tranquilo, está bien. Eres mi novio, me he vestido así para ti. Puedes verme cuanto quieras siempre y cuando yo esté bien con ello. No hay nada de malo-

-Está bien-, dijo Finn, un poco más relajado, -Pero preferiría no hablar más del tema por un tiempo. En especial porque yo sólo me puse la ropa de siempre. Debí haber conseguido otra ropa-

-No importa Finn. Me gusta ver tus brazos y tus piernas al descubierto…-, contestó Flama, antes de darle un beso en la mejilla a Finn, provocándole un sonrojo y una risilla nerviosa, -Vámonos-

-Después de usted, mi lady-, dijo Finn de manera cortés, haciendo una reverencia al abrir la puerta de la casa de su novia.

La Princesa Flama tomó un bolso y salió, divertida por la actitud de su novio, quién cerró la puerta tras de sí.

Después de una caminata por las praderas, las luces del Dulce Reino fueron visibles para los adolescentes. Una vez dentro de las murallas, la Princesa Flama quedo hechizada por la gran concentración de luces a su alrededor. Cada lugar en el que se desarrollaban diferentes juegos era adornado con por lo menos cien focos. Sobre su cabeza había también una gran hilera de luces que iluminaba todos los caminos que se abrían entre las atracciones.

Y más al fondo, se veían las parpadeantes luces de colores de las atracciones mecánicas en donde gente de dulce y de otras especies parecían divertirse como nunca en su vida. La Rueda de la Fortuna, por su gran tamaño y la incontable cantidad de luces que tenía fue lo que más llamó la atención de la elemental. Por supuesto, los autos de choque, el carrusel y el torbellino no se quedaron atrás.

Por ambos lados del camino, había locales donde se practicaban juegos de azar, de destreza, de puntería y negocios de comida. Niños pasaban corriendo entre la pareja de adolescentes, riendo, gritando, llevando dulces y alimentos que acababan de comprar.

-¿Qué te parece?-, le preguntó Finn a la princesa.

-Es maravilloso…-, dijo asombrada, -Nunca había estado en algo así. ¡Es hermoso!-, contestó Flama.

-¿Qué quieres hacer primero? Tú eliges-

-¿En serio? ¡Gracias Finn!-, exclamó emocionada la Princesa Flama, abrazando a su novia y dándole varios besos, -¿qué te parece si vamos ahí?-, dijo la adolescente, señalando hacia un local de tiro al blanco.

-Está bien, vamos-

-¡Pasen por aquí, señoras y señores! ¡La suerte los espera! Lo único que tienen que hacer es introducir uno de estos aros en los cubos delante de los premios, ¡nada más!-, gritaba un hombre de piel blanca y roja que se confundía con las rayas de su camisa, y unas grandes gafas negras, además de un sombrero de copa baja y ala corta, -¡Tú! ¡El chico humano! ¿Crees poder ganar un premio para tu novia?-

-La pregunta ofende, señor. ¡Por supuesto que sí!-

-Si estás tan seguro… ¡Cinco aros por diez monedas!-

Finn sacó de su bolsillo diez monedas y pagó, recibiendo los cinco aros rojos prometidos. En el estante había muchos regalos: cascos de guerra, dagas, partes de armadura; todo eso le parecía muy bien a Finn, pero sabía que esos aros eran para algo más. Así que concentro sus esfuerzos en un oso de peluche que también estaba ahí. El primer tiro ni siquiera se acercó al blanco; el segundo dio en el oso pero no el cubo delante de él; los tres restantes se acercaron bastante, pero sólo rebotaron en el cubo.

-¡Grod! ¡No puede ser!-, se quejó Finn, -Lo siento, Flama-, dijo Finn avergonzado.

-No hay problema, Finn. De hecho…-, dijo sacando diez monedas de su bolso, -…dame cinco aros-

-Como guste, jovencita-, dijo el hombre de los aros, entregándole cinco aros rojos a la princesa.

La princesa arrojó cuatro aros, pero ninguno de ellos entró en el cubo del oso de peluche. Cuando Flama estaba por lanzar su último aro…

-Ups, se me cayó. Ya lo recojo-, dijo Flama, poniéndose en cuclillas para recoger el aro, -Finn, ¿me ayudas?-

Al humano se le hizo extraña la petición de su novia, pero aun así repitió la acción de la chica. Una vez allí abajo, Finn observó como la Princesa Flama no recogía su aro, sino que creaba uno diferente en su mano a partir de su propio fuego, para luego guiñarle un ojo al humano. La elemental y el humano se levantaron, aunque este último estaba preocupado por lo que su novia estaba a punto de hacer.

-¡Aquí va!-, gritó la princesa.

Flama lanzó el aro que, para sorpresa de Finn, y todavía más para el encargado de la atracción, quien se quedó con la boca y los ojos totalmente abiertos, alcanzó a entrar por muy poco en el cubo enfrente del oso de peluche.

-¡Sí! ¡Sí! ¡Lo logré!-, gritaba la princesa con emoción y sin dejar de saltar.

-Pe… pe… pero… es imposible…-, dijo el hombre de piel rayada.

-¿Qué dijo?-, preguntó Finn, extrañado.

-Eh… no, nada. Ah… aquí está tu premio niña-, dijo el hombre de manera nerviosa al entregarle el oso de peluche a la princesa, quien lo recibió de manera afectuosa con un abrazo.

Al hacerlo, el hombre notó en el piso fuera de su local que un aro rojo se encontraba tirado.

-Un momento…-, dijo antes de voltear y dirigirse al lugar donde el aro de fuego había caído, -¡este no es uno de mis…!-

Antes de que pudiera terminar su frase, la Princesa Flama tomó a Finn de la mano y salió corriendo con él, adentrándose entre la gente y perdiéndose para siempre de la vista del hombre de los aros, mientras Flama se reía sin parar.

-¡Eso fue muy divertido!-, dijo la princesa, volteando hacia atrás para decírselo a Finn.

Finn cambió su expresión de sorpresa (porque vaya que había sido sorprendido por las súbitas acciones de su novia) a una cara realmente seria.

-No Flama. No fue divertido-, dijo Finn, soltando la mano de su novia y deteniéndose.

-¿Qué ocurre, Finn?-, preguntó la princesa, deteniéndose también.

-¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué hiciste trampa? Ese peluche es robado y tenemos que regresarlo-, dijo Finn, con sus nervios heroicos cosquilleando al máximo.

Flama sólo respondió con una risilla que dejo todavía más confundido al pobre héroe, en medio de su dilema moral.

-Mira, déjame explicarte-. La princesa formó otro aro en su mano, parecido al que había acabado de usar, -Este es el tipo de aro que usé. Y este…-, dijo, reduciendo la circunferencia del aro que había formado, -…es el tipo de aro que ese sujeto nos dio. El que yo usé entro muy apenas en el cubo. Ese sujeto nos estaba jugando una trampa-, explicó.

-Entonces… ¿no hicimos nada malo?-, preguntó Finn.

-Al contrario, héroe-, dijo la princesa, dándole un beso en la mejilla al chico, -Hicimos un gran acto de justicia-

Finn sonrió y, antes de que la chica se diera cuenta, sus labios eran invadidos por los del chico y, a pesar de que al principio quedó bastante sorprendida, no tardó mucho en dejarse llevar por el impulso de su novio, fundiéndose en un beso que no acabó hasta que ambos pechos rogaron por aire.

-Me encanta cuando hacemos el bien juntos-, dijo Finn

-Y a mí me va a encantar más hacerlo de ahora en adelante-, respondió Flama, ruborizada.

-¿A dónde quieres ir ahora?-, preguntó Finn

-¿Qué tal a esas cosas metálicas con luces?-

-Grandiosa elección-, dijo Finn, retomando la mano de su novia para encaminarse a los juegos mecánicos.


Después de varias vueltas en el torbellino, en la rueda de la fortuna, incluso en el carrusel (Finn no se sentía muy cómodo estando en un juego que era visto como sólo para niños, pero al ver la luz en los ojos de su novia por la diversión de estar montando un unicornio en eterno movimiento de arriba abajo, no pudo evitar contagiarse de la alegría), los jóvenes decidieron regresar a donde estaban los locales de comida.

-¡Finn! ¡Flama!-

-¡Hey, Jake, Lady!-, respondió la princesa, agitando su mano en la dirección en la que el perro se acercaba con su novia.

-¿Cómo se la están pasando?-, preguntó Jake

-Bastante bien-, respondió Finn

-¡De maravilla! ¡Todo esto es impresionante!-, exclamó Flama

-그것은 누군가가 흥분입니다 보인다-, comentó Arcoíris.

-Bueno, debe ser la primera vez que está en una feria. ¿No es así, Flama?-

-¡Sí! Y le agradezco mucho a Finn que me haya traído-, dijo para después abrazar fuertemente a su novio.

-하지만 그들은 그 부드러운!-, dijo Arcoíris conmovida, -그들은 우리가 그런 유연함, 내 사랑 할 것 들을 할 때 상상할 수 있습니까?-

-¡Arcoíris!-, exclamó Jake sorprendido, -No digas esas cosas frente a los niños-, dijo el perro entre dientes a su novia, más avergonzado que enojado.

-무엇에 게 잘못 합니까? 이해 하지 못할 수도 있지만 뭔가가 완전히 자연 스러운 우리 부끄럽게 생각 하지 해야 합니다. 당신은 이미 그녀의 핀을 보 니 설명-

-Sí… pero…-

-¿Qué pasa, Jake?-, preguntó Finn.

-Sí. ¿Qué dijo ella para que te pusieras así?-

-그들에 게 그들은 매우 부드러운-

-Em… dice que son las personas más tiernas que ha conocido-

-Eh… gracias-, dijeron los adolescentes confundidos

-¿Pero por qué eso te molesto tanto?-, preguntó Flama a Jake

-Um… cosas de adultos. ¿Nos vamos, Lady?-

-물론! 아직 우리도 오늘 밤, 집에서 할 일은 그것은 사실이 아니다?-

-Em… ¡Sí, sí! ¡Ya nos vamos! ¡Que les vaya bien, chicos! Diviértanse-, dijo Jake apresuradamente, retirándose con su novia, quien no parecía soportar más la carcajada que estaba aguantando.

-Adultos…-, mencionó Finn, después de un suspiro, -¿Crees que seamos igual de raros que ellos?-

-¡Glob, no! Espero que no-, dijo Flama, para después reírse junto a Finn.

-Ven, vamos a comprar algo-

En un local de dulces, la pareja compró un par de algodones de azúcar grandes de color rosa. Sobra decir que la princesa quedó maravillada tan sólo del llamativo color y la textura del dulce. Y cuando dio la primer mordida y el dulce se deshizo en su boca, liberando el sabor, sus ojos brillaron más que en toda la noche.

-¡Hey! Mira quienes están aquí. La pareja con tanta dulzura que pueden darte un coma diabético, Bonnie-, dijo la vampiresa, acercándose con la mencionada princesa.

Marceline llevaba un vestido color gris oscuro, strapless, y que terminaba de manera dentada un poco más arriba de sus rodillas; un listón purpura rodeando su cintura. La Dulce Princesa vestía unos jeans azules ajustados y una sudadera rosa; sus manos metidas en la bolsa a la altura de su estómago.

-Marceline, déjalos pasear tranquilos. Yo sé que quisieras ser igual de tiernos que ellos pero no tienes que ventilar tu envidia-, bromeó Bonnibel.

-¿Quién está hablando de envidia?-, reclamó la vampiresa.

-Ya, ya chicas. No peleen-, dijo Flama, tratando de calmar a sus amigas, -Mejor dígannos, ¿cómo han estado?-

-Bastante bien-, respondió la Dulce Princesa con una sonrisa, -Por cierto, Finn ya te dijo que…-

-Sí. Ya sé que él sabe. Desde hace un mes-

-Finn, nunca podremos agradecerte el que te hayas comportado así con nosotras-, comentó Marceline.

-¡Ah, no fue nada! No hay nada que agradecer. ¡Son mis amigas!-, contestó Finn.

-Pero… ¿cómo es que están aquí afuera como si nada? ¿Entre la dulce gente? ¿O también…?-

-No. Pero mientras no hagamos nada demasiado grande y obvio, no sospechan nada. Todos aquí saben que hemos sido buenas amigas así que no les parece extraño. Aunque aún se asustan un poco cuando la ven-, respondió Bonnibel.

En ese momento, un gran bullicio se escuchó desde la dirección en donde se encontraban los juegos de azar. Varios locales salieron volando y los asistentes a la feria que se encontraban en esa sección empezaron a correr en todas direcciones. Cuando toda esa destrucción se acercó, una figura gigante apareció entre el humo de la tierra levantada.

Un ser musculoso, de al menos unos tres metros de altura. Por cabeza, lo que parecía ser un cráneo de vaca, del cual surgían dos cornamentas con diferentes desviaciones, como las de un ciervo. Y, en cada punta de las ramificaciones de sus cuernos, un ojo verde envuelto en llamas.

-¡Yo soy Rot, el Destructor! ¡Y he venido a destruir esta feria porque su ruido no me deja dormir!-, gritó.

-¿En serio? ¿Va a destruir toda una feria sólo por eso?-, preguntó Marceline.

-Y no estuviste aquí en los primeros tiempos del reino. Esos tontos sí que tenían razones absurdas-, comentó la Dulce Princesa.

-Bueno, creo que el deber llama-, dijo Finn, un pequeño dejo de resignación en su voz y desenfundando su espada de sangre de demonio, -Flama, ¿me das un pequeño impulso?-

-Por supuesto-

Finn le dio la espalda a su novia, recibiendo una ráfaga de fuego en la espalda que lo elevó en el aire, directo a la cara de su oponente.

Mientras Finn volaba y posteriormente empezaba a atacar al monstruo recién aparecido, la Princesa Flama se sentó en una banca y, tranquilamente, empezó a dar más mordidas a su algodón de azúcar, disfrutando su sabor. Junto a ella se sentaron la Dulce Princesa y Marceline, a observar la batalla.

-¿Por qué molestas a la gente que se está divirtiendo?-, reclamó Finn al monstruo, corriendo por los hombros del monstruo.

-¡Porque no me dejan dormir! ¡Ya cállense!-, gritó Rot, tratando de golpear al humano que corría entre sus hombros.

Finn corrió por el brazo izquierdo del monstruo y saltó al llegar a su mano para caer de nuevo en el piso.

-¡Pues esta no es forma de pedirle a la gente que guarde silencio! No puedes destruirlo todo sólo porque algo te molesta-, dijo Finn encarando a Rot.

-¡Ya cállate!-, gritó Rot, al tratar de golpear a Finn, quien saltó a tiempo para que el puño del monstruo sólo golpeara el suelo.

Pero los golpes de Rot no se detuvieron y siguieron buscando al humano, hasta que uno de ellos lo golpeó, estrellándolo contra uno de los locales que aún no eran destruidos.

-Flama, ¿no vas a ayudar a Finn?-, preguntó Marceline

-Nah. Él lo tiene todo bajo control, ¿no es cierto, Finn?-

-¡Claro!-, respondió Finn, levantándose de entre la madera del local ahora destruido, -Esto no es nada-

-Lo ven. Finn sabe lo que hace. Si necesita ayuda, ya me lo dirá-

La princesa y la reina asintieron, sabiendo que lo que decía la elemental era verdad. Finn tenía la capacidad para acabar con un monstruo así. Y además, también era bastante terco para aceptar ayuda inmediatamente.

-¿Crees que es tan fácil acabarme?-, gritó Finn, provocando a su oponente.

-¡Te dije que te callaras!-, gritó Rot, antes de lanzar una bola de fuego.

Este movimiento sorprendió a Finn y, a pesar de que no tenía la necesidad, esquivó el ataque. Pero la bola de fuego siguió rebotando en dirección a la banca donde sus amigas y su novia se encontraban. En unos segundos, el ataque de Rot golpeó el dulce que la Princesa Flama se encontraba comiendo, justo antes de que le diera otra mordida. El azúcar ardió y desapareció en chispas que se elevaron en el aire, dejando a la princesa atónita.

-No…-, susurraron Marceline y Bonnibel al mismo tiempo.

-Oh, viejo, ¿qué has hecho?-, dijo Finn

-¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué hice?-, preguntó Rot.

Flama se levantó de la banca y se dirigió hacia Rot, con la cabeza gacha. Levantó la mirada para observar al monstruo y sus ojos eran rojos. Su cabello se elevó, ardiendo violentamente y en sus puños surgieron llamaradas.

-¡Destruiste mi dulce!-, gritó la adolescente.

-Eh… yo… lo siento. ¿Te compró otro? ¡Te compró todos los que quieras!-, dijo de forma apurada y nerviosa el monstruo. Sentía miedo.

-¿Quieres dormir lejos del ruido, eh? ¿Pues por qué no vuelas lejos, donde el ruido no te moleste?-, gritó la princesa.

Y con eso, Rot fue embestido por una gran cantidad de fuego que lo lanzó varios metros en el aire hasta perderse completamente de vista.

Con calma, la Princesa Flama bajó la violencia de su fuego; su mirada furiosa perdió el brillo rojo y sus facciones se suavizaron poco a poco, volviendo a su estado normal. Se dirigió con Finn y le tomó ambas manos.

-¿Podemos comprar otro algodón?-

-Por supuesto, mi lady-

-¡Espérennos, nosotras también vamos!-, gritó Bonnibel, tomando a Marceline de la mano para levantarla de la banca.

Los cuatro amigos se dirigieron al local de comida, donde compraron más algodones de azúcar. Siguieron platicando por un par de horas e incluso subieron de nuevo a los juegos mecánicos, tan sólo por el gusto de divertirse. Además, no parecía que Flama se fuera a aburrir demasiado pronto de ellos.

Ya cerca de la medianoche, partieron caminos. Mientras la pareja de adolescentes se dirigía a la salida del Dulce Reino, la Princesa Flama se abrazó al brazo de su novio, sosteniendo el oso de peluche que, legítimamente, se había ganado. Finn podía jurar que, esa noche, su fuego brillaba con más intensidad de la normal. Y eso lo alegraba y le hacía palpitar fuertemente el corazón.

-Gracias por traerme, Finn-

-Todo por ti-, respondió el humano, besando la cabeza de su novia.