-¡Gracias por dejarme salir temprano, señor Caruso! ¡Nos vemos el lunes!-, dijo la adolescente, saliendo del local en el que trabajaba.
-Non ce di che, Fiamma. Godi il giorno col tuo ragazzo-, gritó el dueño del café.
La princesa elevó inmediatamente el vuelo, dirigiéndose con prisa hacia la casa de su novio. No era una chica que manejara muy bien las emociones todavía (y la pubertad no era precisamente una aliada) y la llamada de Jake no había hecho otra cosa más que ponerla demasiado nerviosa.
-¿Sí? Diga-, contestó Flama al levantar el teléfono, después de que el señor Caruso le avisara que la estaban llamando.
-¡Flama! ¡Finn no está bien!-, gritó inmediatamente Jake, casi haciendo estallar el oído de la elemental. Pero cuando comprendió lo que su cuñado dijo, sintió que otra cosa estaba a punto de estallar.
-¿Qué? ¿De qué hablas? ¿Qué pasó?-, preguntó preocupada
-Está raro. Llegamos de una aventura y ahora no quiere hablar ni que nadie se le acerque. No sé qué hacer. Creo que sólo te escucharía a ti-, comentó Jake con voz preocupada.
-Ok, ok. Voy para allá tan rápido como pueda. ¿Pero estás seguro de que no es algo normal? Digo, yo a veces también quiero momentos para mí en los que nadie me moleste-
-No, es diferente. Por favor, ven cuando acabes de trabajar-
-Lo haré. Nos vemos después-
Después de hablar con el señor Caruso sobre sus tareas pendientes, Flama logró que su jefe le diera la oportunidad de salir más temprano de lo acostumbrado (aunque su jefe no sabía exactamente la razón).
-¡Glob, Jake! ¡Si es algo sin importancia juro que voy a…!-, decía la princesa en pleno aire, pero sin dejar de sentir cierta angustia.
En cuestión de minutos, la elemental llegó a la particular casa del árbol en donde vivía Finn. Descendió de los cielos y aterrizó cómodamente pero corrió hacia la puerta en cuanto sus pies tocaron el suelo. Al tocar la puerta, fue recibida por Jake.
-Jake, ¿qué pasa?-
-Ven…-, le dijo el perro, invitándola a caminar a la parte de atrás de la casa, donde Finn estaba sentado en un tronco, sin moverse y sin decir nada.
-Ha estado así desde que llegamos. Lo hace siempre pero esta vez es diferente. Lleva ahí más de lo normal. Intenté hablar con él, me acerqué a él pero no responde-, susurró Jake para asegurarse de que su hermano no lo escuchara, -Yo tengo que irme con Arcoíris así que ahí te lo encargo, ¿sí?-
-¿Qué? ¿Me vas a dejar sola? ¿No piensas ayudarlo?-, le gritó en voz baja Flama
-No me responde a mí. No tomará mucho contigo aquí. Nos vemos-, se despidió Jake
La princesa se colgó de hombros y dejó escapar un suspiro de molestia. Sólo había sido llamada para reemplazar a Jake en un trabajo que no parecía tan fácil de arreglar. Pero, después de voltear a ver su novio, exhalo un nuevo suspiro de resignación pero también de lastima. Se acercó hasta el chico y se agachó detrás de él, abrazándolo por el cuello.
-Hola guapo. ¿Por qué tan callado?-, dijo con voz suave y una sonrisa.
Sin embargo, Finn no respondió.
-Finn, ¿está todo bien?-, preguntó la princesa, preocupada.
-¿Te contó todo Jake?-
La princesa no estaba segura de sí había escuchado su conversación, pero sabía que Finn era inteligente y fácilmente podría adivinar la causa de que Flama hubiera salido antes del trabajo en pleno viernes.
-No. ¿Quieres hablar de ello?-, preguntó la princesa, sentándose junto a Finn, tomando su mano y entrelazando sus dedos con los de él.
-Siempre me han llamado un héroe…-, empezó después de un gran suspiro, -Es por lo que vivo, es lo que hago. Y entiendo que hay veces en que no puedo ganar, hay veces en las que algo sale mal y no puedo salvar a quien me necesita. Hoy fue uno de esos días…-, dijo con voz triste, -No puedo soportar cuando fallo-
-Finn…-, dijo la princesa, tomando ambas manos del humano y obligándolo a separar su mirada del suelo, de donde no se había separado nunca desde hace un par de horas, para mirarla a ella, -Tú eres un gran héroe. Todo mundo falla alguna vez en lo que es mejor, eso es ley. Pero no significa que tengas que rendirte. Sigues adelante y no te detienes. Sí, hay veces en que alguien… no saldrá con el mejor resultado. Pero comparado con las vidas que salvas, que haces felices, haces un trabajo excelente. Has pelado con monstruos, gigantes, magos malignos… ¡venciste al Lich! ¿No es eso ser un gran héroe?-
Finn escuchó atentamente a las palabras de la chica. Podría jurar que hasta sus palabras portaban un calor especial, al igual que el resto de ella. Y pudo sentir ese calor entrar por su pecho y repartirse por todo su ser, devolviéndole la confianza y cosechando una sonrisa en su rostro. Su presencia cálida iba más allá de lo sensorial y eso lo impulsó a abrazar con ternura a la elemental, agradecido por la ayuda que le había dado.
-Jake dice que siempre vienes aquí a meditar después de una aventura. ¿Cómo lo haces? ¿Alguien te enseñó?-, preguntó Flama cuando se rompió el abrazo.
-Bueno… Bonnie nos enseñó a mí y a Jake un poco. Es como… concentrarte en algo y no dejar de pensar en ello, ¿no?-
-Algo así-, comentó Flama, no muy convencida de que Finn hubiera aprendido como se hacía correctamente, -Ven, vamos adentro. Te enseñaré-
La casa estaba vacía. En la casa, sentados sobre sus piernas cruzadas, un par de adolescentes iluminados solo por las velas que Flama había regalado a Finn en su reciente aniversario (precisamente para ayudarlo a relajarse en momentos difíciles), se preparaban para un viaje hacia su interior en busca de paz y tranquilidad. Sus respiraciones pausadas y sincronizadas eran lo único que se escuchaba.
-Muy bien, ya hemos controlado la respiración. Ahora…-
-¡Hey, Flama! ¿Cómo te fue?-, exclamó Jake, apareciendo por las escaleras.
-Jake, por favor, estamos meditando. No queremos ninguna interrupción-, se quejó la princesa.
-Entiendo, entiendo. Sólo venía por unas cosas. Continúen-, dijo el perro antes de estirarse hasta su habitación.
La princesa soltó un suspiro y trató de concentrarse de nuevo.
-Muy bien, ahora sí ya podemos...-
-¡Ah! Y también me voy a llevar algunas sodas de la cocina si no te molesta, Finn-, dijo Jake, bajando de la habitación.
-Jake, ¡por favor!-, se quejó la chica entre dientes.
-Ok. Ya me voy. Nos vemos-, dijo Jake con las latas de soda en sus brazos y bajando al nivel inferior de la casa del árbol.
Un gruñido, seguido de otro largo y profundo suspiro salieron de la boca de la princesa, buscando con ello reiniciar el estado de paz que había sido interrumpido.
-Parece que ya. Bien, Finn, ahora...-
-¡Ah! ¡Por cierto! Ya que me voy a quedar en casa de Arcoíris tú puedes quedarte a dormir aquí, Flama. Confío en que no harán nada malo aunque eso no significa que no hagan cosas divertidas-, dijo el perro mágico.
Dentro de la princesa, la furia y la desesperación formaron un remolino al que solo le bastó el martillazo de la vergüenza para romperlo y expulsar todo su poder. Un gran calor le nació y se expandió fuera de su cuerpo, haciéndola soltar una gran llamarada que convirtió su cara en la de un titán que veía con ojos no muy amistosos al hermano de su novio.
-¡Jake!-, gritó la princesa.
-¡Ok, ok! ¡Ya me voy! ¡Diviértanse!-, exclamó apresuradamente el perro saliendo lo más rápido posible de la casa.
La princesa regresó a su estado normal, mientras Finn continuaba con los ojos cerrados y en la misma posición que antes.
-¿Crees que deba disculparme? Parece que lo asusté bastante-, dijo Flama, después del enésimo suspiro.
-Él estará bien. Lady se encargará de que olvide el susto-, dijo con una sonrisa.
-Actué mal. Si no pude soportar esas distracciones, ¿cómo puedo enseñarte a meditar?-
-Tranquila. Es sólo que Jake puede ser bastante desesperante y tú no estabas acostumbrada. ¿Comenzamos otra vez desde los respiros?-
-Sí, sería buena idea-, respondió Flama con una sonrisa.
Flama regresó a la rutina de suspiros, esta vez con la seguridad de que no sería molestada. Esa reacción sería suficiente para mantener alejado a Jake incluso por unos días. Cuando por fin sus latidos y respiraciones tomaron un ritmo pacifico, decidió empezar a guiar a Finn.
-Esto es simple. Sólo... mantén tu mente en blanco, en completa quietud. Que ningún pensamiento te perturbe, que nada te distraiga. No pienses en nada. Mantén tu mente tranquila-
-Ok...-, contestó Finn, concentrado en su respiración tal como Flama le había indicado anteriormente.
-Una vez que tu mente este en paz, visualiza un lugar cómodo. Un lugar en el que te sientas feliz. Ese será tu santuario, tu lugar de paz. Puede ser cualquier cosa, real o no. Lo importante es que te sientas feliz allí. ¿Lo ves?-
-Sí... lo veo-, dijo Finn con un sutil tono de alegría en su voz.
-Quédate allí. Relájate. Descansa-, dijo la princesa, viajando ella misma a su ilusión. Un enorme campo abierto donde podía girar, correr, saltar, soltar grandes llamaradas al aire, donde podía jugar y reír, donde podía ser libre, sentirse viva.
Después de unos cuantos minutos, BMO hizo sonar una alarma, indicando que el tiempo previsto para meditar había terminado.
-Vuelve a respirar y sal con calma de tu lugar de tranquilidad. Salir del trance de la meditación puede ser algo difícil al principio-, instruyó la adolescente.
Finn hizo caso a las instrucciones de su novia y, con calma, repitió sus ejercicios de respiración hasta que se sintió listo para abrir los ojos. Al hacerlo, notó el rostro de la elemental muy cerca del suyo, sonriente y con los ojos fijos en los de él.
-¿Qué... qué ocurre?-
-Lo hiciste muy bien-, dijo la chica después de besar la mejilla del humano, -¿Cómo te sientes ahora?-
-Más... relajado. Libre... ¡Feliz! ¡Gracias Flama!-, dijo Finn, abrazando a la princesa.
-De nada Finn-, dijo Flama, aceptando el abrazo del humano.
-Un momento... son menos de las cuatro. ¿No deberías estar trabajando?-
-Bueno... Jake me llamó muy preocupado por tu estado. Así que le pedí al señor Caruso que me dejara salir temprano, pero no le dije la razón. Tengo mucho tiempo libre. ¿Quieres hacer algo?-
-Ahora que lo mencionas...-, dijo Finn
-¿Eso es seguro, Finn?-, preguntó la elemental, refiriéndose a la pequeña embarcación de madera que el chico humano acababa de construir.
-Sí, ya he hecho esto antes y es totalmen... es seguro-
-¿Cuántas veces lo has hecho?-
-Eh... ¿una?-
-Adiós Finn-, dijo la princesa dándose la vuelta y con planes de retirarse de aquel lugar oscuro y lleno de escombros y basura.
-¡Espera! Es totalmente seguro. Te lo prometo. Quiero que conozcas a alguien. Es importante-
Flama se detuvo y volteó a ver a Finn. Mala elección, pues el humano ya había puesto una mirada suplicante y brillante que derretía cualquier muralla que la elemental colocara a su alrededor para no ceder a sus ruegos y derretía incluso su corazón de lava palpitante. Quiso mantener la seriedad pero no evitó que una sonrisa se le escapara.
-Está bien. Iré contigo-
-¡Genial!-
Los adolescentes abordaron la barca y emprendieron un viaje ya conocido por el humano. Aunque la chica se sentía un poco intimidada por la gran cantidad de agua que los rodeaba.
-No. No, no, no... ¡No! ¡Suficiente!-
Y con ese discurso, la Princesa Flama tomó a Finn por sus axilas y lo elevó en el aire consigo, pasando por encima los dos grandes bloques de metal que se abrían y se cerraban con fuerza justo en el flujo del río que estaban navegando. Ella no iba a soportar ni un momento más de aquel loco viaje que estaban realizando y por el que Finn no se había inmutado ni en lo más mínimo. La princesa llegó a pensar que Finn se había vuelto loco, loco como una almeja.
-¡Hey! ¡Eso era lo más divertido!-
-Finn, entiendo tu sentido de aventura pero eso era demasiado peligroso. Tus amigos sí que viven en lugares extraños-
-Es algo que me gusta de ellos. Es por allá-, exclamó Finn, señalando con su dedo hacia un lugar de donde provenía una gran luz en medio de toda aquella oscuridad.
La princesa se dirigió inmediatamente en esa dirección, apareciendo pronto ante su vista lo que parecía un asentamiento donde se veían muchas personas paseando sobre grandes láminas de hierro que servían de piso o navegando en otras embarcaciones como la que la pareja había viajado. En medio de aquella pequeña ciudad, se erigía una gran torre en cuya parte más alta ardía con fuerza una gran llama, responsable de que aquel lugar estuviera tan bien iluminado en comparación con el camino antes recorrido.
-Bienvenida a Bellotopía, princesa-
La pareja descendió hasta las bases metálicas que formaban el piso de aquella pequeña isla. Finn estaba bastante sorprendido pues no recordaba haber visto pequeños niños con gorros de animales corriendo o siendo cargados por mujeres jóvenes. Flama compartía la admiración al punto de preguntar...
-Finn, ¿estos también son humanos?-
-¿Qué? No. Ellos son hiumanos. Son como yo pero... diferentes. Ellos tienen branquias y pueden nadar debajo del agua... aunque nunca los he visto hacerlo, para ser honesto-
-Pues se parecen bastante a ti. ¿Seguro que ninguno de ellos es un humano también?-
-Pues...-
Finn no pudo terminar lo que iba a decir ya que varios hiumanos comenzaron a acercarse a la princesa, atraídos por su brillo. Y es que si apenas habían visto la luz algunos años antes, ver a un ser hecho totalmente de fuego era, sin duda alguna, un evento extraordinario. Pronto, una gran multitud de hombres, mujeres y niños se acercaban a la pareja, especialmente hacia la chica.
-¿Puedes decirle a tus amigos que no me gusta nada la sensación de estar encerrada?-, comentó Flama, caminando hacia atrás y con un pequeño temblor en su voz.
-Amigos, por favor. No se acerquen tanto-, dijo el humano, intentando alejarlos, -¿Han visto a Susana?-
-¿Su... sana?-, preguntó una mujer mientras los otros se detenían, -Susana... ¡Ah! ¡Susana! ¡Hablar Susana! Decir que amigo oso estar aquí-, dijo la mujer mandando a uno de los niños a la ciudad.
-Nosotros muy felices de verte de nuevo, niño oso-, dijo un hombre de la multitud.
-Gracias. Eh, ¿podrían alejarse un poco? Están haciendo sentir incómoda a mi novia-
-¡Oh, lo siento! Perdón-, se oía entre la multitud que empezaba a abrir espacio.
-Muchas gracias-, dijo la princesa, más aliviada, -Sigo diciéndolo: tus amigos son algo raros-
-Nunca han visto el mundo, Flama. Ver a alguien como tú debió impresionarlos mucho-, dijo Finn.
-Entonces... ¿son como yo?-, preguntó la adolescente, recordando que ella también solía estar encerrada, rodeada de oscuridad, no por falta de luz, sino por falta de libertad, y no pudo evitar sentir cierta empatía con aquella gente.
-¿Finn?-, se oyó una voz femenina a lo lejos
-¡Susana!-, exclamó Finn, levantando el brazo y agitándolo.
La vieja amiga de Finn corrió a su encuentro con grandes pasos hasta que, cuando lo tuvo en alcance, lo tomó con sus enormes brazos y lo abrazó fuertemente, primero provocando una risilla por parte del humano y luego, una pequeña queja.
-Susana... mis costillas...-
-¡Oh! Sentirlo mucho. ¿Estás bien?-, preguntó Susana después de bajar a Finn
-Sí, sí. No te preocupes. Traje a alguien conmigo para que te conociera. Princesa, ella es Susana, una vieja amiga. Susana, ella es la Princesa...-
-Flor mágica...-, susurró la mujer, encantada, casi hipnotizada, por el ardor del cabello la adolescente, -Flor roja viviente...-
-Ah... sí, yo soy...-, dijo la princesa, extendiendo su mano para saludar a Susana
-¡Ah! ¡La flor me quiere quemar!-, gritó Susana, asustada.
-No, no, no. No Susana. Ella no te va a quemar. ¿Lo ves?-, dijo Finn, acariciando los hombros y los brazos de su novia.
-Oh, Finn. ¿Aquí? ¿En serio?-, susurró la chica a manera de burla, provocando que el humano se sonrojara.
-¿No... no quema?-, preguntó Susana
-No. Adelante, toma su mano-, invitó Finn, soltando a la chica y recuperándose de su rubor.
Todavía algo insegura, Susana se acercó a la chica y se agacho; extendió su gran brazo derecho hacia la chica de fuego, quien realizó el mismo movimiento para saludar como se debe a una persona a la que apenas se conoce. La gran mujer se sorprendió al sentir el calor de la mano de la elemental pero que aun así no quemaba.
-Wow...-, susurró Susana.
-Gusto en conocerte. Yo soy la Princesa Flama. Soy novia de Finn-
-¿Novia?-, preguntó Susana sorprendida y después elevó y movió su cabeza, buscando algo cerca de la pareja y detrás de ellos, -¿Y los niños?-
-¿Cuáles niños?-, preguntaron Finn y Flama al mismo tiempo.
-Los niños, los bebes. Todas las chicas que ser novias aquí tener niños de novios. Para hacer crecer Bellotopía-
-¡No, no, no, no! ¡Nosotros no tenemos niños! ¡No!-, negó la pareja inmediatamente, consumidos por el rojo en sus rostros.
-¿Por qué no?-, preguntó Susana con toda inocencia.
-Las cosas funcionan un poco diferente allá arriba, Susana. Nosotros no tenemos que repoblar un lugar-, explicó Finn.
-Oye, Finn...-, susurró la princesa, acercándose al humano, -Susana tiene un calor corporal diferente a los de los demás hiumanos. Ella tiene una temperatura más elevada-
-Bueno, verás, la verdad es que...-
En ese momento, se empezó a escuchar un ruido en las grandes tuberías que descargaban agua alrededor de la ciudad. Era como si los grandes tubos chocaran unos contra otros y contra los muros que los rodeaban. El sonido se hacía más fuerte y parecía estar acercándose hasta que se detuvo y ya no se oyó por unos segundos.
-Mucha agua corriendo por tuberías. Quizá...-, empezó Susana.
Un gran estruendo se escuchó. Una de las tuberías se había reventando, liberando un gran torrente de agua que cayó sobre la ciudad. Aunque el agua no llegaba ni siquiera a las rodillas de Finn, quien era considerablemente la persona de menor estatura ahí, la Princesa Flama se asustó y se elevó en el aire, buscando evitar que el agua tocara sus pies. Los hiumanos que estaban cerca empezaron a huir, espantados de que los Lub Glubs estuvieran regresando.
-¿Estás bien?-, gritó Finn
-Sí, pero no voy a bajar en un buen rato. ¿Te parece?-, contestó Flama
El agua caía como una cascada desde la tubería que había sido rota. Y ahí, en medio de esa corriente vertical, apareció una figura gigantesca envuelta en una silueta morada. Tanto Finn como la Princesa Flama reconocieron que clase de figura era esa, pero Susana seguía tratando de identificar quien había llegado a su ciudad con tal destrucción. Susana se sintió molesta y gritó a aquel ser.
-¿Quién eres? ¿Por qué destruir tubos?-, gritó con furia.
-Así que encontraste más, ¿eh, chico?-, contestó una voz profunda que casi hacía temblar los alrededores, -Bien. El jefe estará más contento conmigo-, dijo la figura, haciendo a un lado su capucha púrpura para revelar una gran cabeza que parecía estar hecha de piedra azul, con ojos completamente negros.
-¿A qué te refieres? ¿Más qué? ¿Quién eres?-, demandó Finn, ya preparado con su espada carmesí.
-Me llaman... ¡Perrumpo!-, gritó el Nigromante, tomando un gran pedazo de metal de la tubería rota y, con suma facilidad, lanzándolo fuertemente contra el chico.
Finn apenas si tuvo tiempo de esquivar el enorme proyectil que iba increíblemente acelerado. Después de eso, Perrumpo, con pasos tan pesados que hacían temblar casi toda la ciudad, corrió hasta Finn, dispuesto a golpearlo con fuerza brutal. Pero a pocos centímetros de su objetivo fue tacleado por Susana, quien igualaba el gran tamaño del nigromante. Perrumpo, molesto, no dudo en golpear fuertemente a Susana, quien cayó en el piso inconsciente por la fuerza del ataque.
-¡No! ¡Susana!-, gritó Finn, corriendo hasta el cuerpo inmóvil de su amiga.
-¿Por qué lo hiciste?-, gritó la Princesa Flama desde el aire, con sus puños encendidos, -Se supone que ustedes no dañan a los que son...-
Flama se detuvo. La realización la golpeó. Era por eso que Susana tenía un calor corporal más elevado que el de los hiumanos. Ella no era hiumana.
Perrumpo se levantó y se acercó de nuevo a Finn, haciendo tronar sus nudillos, preparado para un sólo golpe, sencillo y certero. Pero de nuevo, a sólo centímetros de Finn, quien intentaba ver si Susana se encontraba bien, fue nuevamente bloqueado. Esta vez, por una enorme muralla de fuego que le impidió avanzar más. No fue sorpresa ver que esa muralla había sido disparada desde los puños de la princesa elemental.
Aun así, Perrumpo se dio cuenta que la muralla no tocaba el suelo, pues estaba lleno de agua de la tubería que seguía derramando agua. Perrumpo sonrió, convencido de que tenía las condiciones a su favor. Con un fuerte pisotón en el suelo, logró que una parte del metal que lo formaba se doblara y se levantara de su nivel normal, haciendo que una gran cantidad de agua saltara en el aire, justo contra la Princesa Flama, quien no pudo esquivar semejante ataque. De su boca salió un grito de dolor y empezó a caer al suelo.
-¡No! ¡No!-, gritó Finn.
El chico se separó de su amiga y corrió tan rápido como pudo para alcanzar a su novia antes de que tocara el suelo lleno de agua. Eso sería completamente mortal para ella. Tirándose al suelo sobre su estómago, logró alcanzar a la chica, pero no por eso hubo partes de su cuerpo que no tocaron el suelo. Se levantó para evitar más contacto. Tenía que llevarla hacía un lugar seguro donde se pudiera recuperar. La respuesta fue obvia. La gran flama que iluminaba Bellotopía.
Pero, cerca de la parte más baja de la torre, se encontraba Perrumpo, parado justo enfrente de la inerte Susana, con una sonrisa malévola, sobándose ya los puños. Para Finn, no parecía haber forma alguna de salir de esta batalla sin una derrota, sin una perdida, tal como la aventura que había tenido ese mismo día más temprano. Con terror y con una sensación de vacío en su interior, observó como el enorme puño de Perrumpo se dirigía contra la cabeza de Susana, la única persona como él.
Nadie habría imaginado, mucho menos Finn, que ese día, Susana levantara su brazo de manera sorpresiva, con la suficiente fuerza para detener el ataque del nigromante, incluso forzarlo hacía atrás, levantarse y, todavía (para sorpresa del mago) propinarle un golpe en la mandíbula que lo mandó al suelo.
-¡Finn! ¡Ayudar tu novia! ¡Yo encargarme de él!-, dijo Susana entre respiros. La fuerza que había usado parecía haberla agotado un poco.
Finn no dudó y corrió hacia la torre, subiendo escalones que los hiumanos habían colocado para facilitar la tarea de alimentar el fuego. Como si nada y seguro de lo que estaba haciendo, arrojó a la princesa a las flamas.
-Ella estará bien en un segundo. Tengo que ayudar a Susana-, se dijo, empezando a bajar las escaleras.
Mientras tanto, abajo, Susana y Perrumpo forcejeaban, con sus brazos trabados, empujándose el uno contra el otro.
-Tienes gran fuerza mujer. Pero no te va a ser suficiente-, dijo el nigromante con toda seguridad.
-No... lastimarás... ¡amigos!-, gritó Susana, soltando uno de sus brazos para golpear con toda su fuerza a Perrumpo en el pecho.
En ese momento, el nigromante cayó al suelo. Empezó a toser y quejarse de dolor. Finn llegó junto a Susana en el momento en que Perrumpo empezó a desgarrar la túnica que lo cubría a la altura del pecho, revelando así un collar con una joya roja, claramente quebrada.
-No... no puede ser...-, susurró el nigromante.
De repente, la joya en su collar empezó a brillar, hasta que explotó en millones de pequeños pedazos. Perrumpo se tiró al suelo y se quejó más que antes, como si estuviera pasando por un gran dolor. Poco a poco, aquella gran figura pétrea se fue haciendo más pequeña y delgada, hasta que en su lugar quedo sólo una figura humanoide, todavía de piel azul, pero ahora visiblemente más suave. Aquella figura se encontraba temblando y hasta parecía estar llorando.
Perrumpo, a duras penas, se levantó y, al alzar la vista, encontró justo enfrente de sí el filo de la espada de sangre de demonio de Finn.
-Adelante, hazlo. Cumple la venganza de todos aquellos que estuvieron antes de ti-, dijo el mago, con voz más suave que antes, -Cumple con tu naturaleza-
La espada de Finn se movió hacia el frente y Perrumpo cerró los ojos, esperando por el frío penetrante de aquel metal. Pero no hubo tal. Al abrir los ojos, se dio cuenta de que la espada se había deslizado cerca de su cuello, sin cortarlo. Al retirar Finn la espada, esta regreso a su dueño con otro collar, propiedad del nigromante, en su filo. De ese otro collar, colgaba una llave que luego Finn guardó en su mochila.
-Cuida bien de esas llaves si sabes lo que es mejor para ti-, dijo Perrumpo
-¿Llaves?-, susurró Finn.
En ese momento, la Princesa Flama surgió con una gran llamarada desde lo alto de la torre de Bellotopía.
-¿Dónde está? ¿Dónde está?-, gritó la princesa.
-Yo haberlo vencido, flor roja viviente. Lo hice por ti y Finn-, respondió Susana, con clara emoción.
-Vas a decirnos muchas cosas-, dijo Finn, todavía con su espada apuntando a Perrumpo.
Después de ayudar a los hiumanos a reparar la tubería con reemplazos que había en la ciudad y con la infalible soldadura de la Princesa Flama, la pareja dejó Bellotopía, prometiendo a Susana que algún día volverían.
-Espero ver sus niños-, se despidió Susana, provocando una obvia reacción en los adolescentes.
En su regreso, llevaban consigo una persona más de las habían llegado a la ciudad. Una persona que les resolvería muchas dudas. Salieron por donde entraron, por el bunker cercano al Dulce Reino. En la superficie, los colores del atardecer ya empezaban a resbalarse por las praderas, y la fresca brisa de la noche se preparaba para instalar su campamento.
El Dulce Reino sería un buen lugar para tenerlo prisionero y sacarle toda la información necesaria. Pero el plan se frustró cuando dagas voladoras se dirigieron a Finn y a Flama, obligándolos a esquivar los proyectiles y, al mismo tiempo, alejarse de Perrumpo. Otra figura púrpura apareció entre humo cerca del debilitado nigromante, sosteniendo una enorme espada que parecía estar unida a su brazo, como si extremidad y arma fueran una sola.
-Quebraste muchas reglas hoy, Perrumpo-
-Sica, por favor...-, rogó el nigromante.
-¡Hey! ¡Déjalo en paz!-, gritó Finn
-No vas a rescatar a tu amigo-, dijo Flama.
-Esto no les corresponde-, dijo Sica levantando filosas navajas desde el suelo que rodearon a los adolescentes, sin darles ningún espacio para escapar.
Fuera de la prisión de navajas, Sica se acercó a Perrumpo, haciéndolo levantar la cabeza para mirarla directa y únicamente a ella.
-Desobedeciste al jefe, saliste en plena luz del día...-
-Lo siento, por favor...-
-Y perdiste tus poderes. Sabes lo que eso significa, ¿verdad?-
-¡Por favor Sica! ¡No diré nada! ¡Desapareceré! ¡Ten piedad!-
-En que patética excusa de lo que eras te has convertido-, dijo Sica con una sonrisa, levantando su brazo-espada, que brillaba con la luz del atardecer en los húmedos ojos de Perrumpo.
Para cuando la Princesa Flama pudo derretir el acero de las navajas, ya no había mucho que recuperar. El mago de piel azul yacía en el césped sin vida y luego fue consumido por un fuego púrpura que lo redujo a polvo en pocos segundos. De Sica no había ningún rastro.
Sin nada más que hacer, la pareja se dirigió a casa de Marceline. Una vez allí, la vampiresa les abrió la puerta y los invitó a entrar.
-¿Que hay chicos? ¿Por qué la visita? ¿Quieren algunos consejos?-, dijo la vampiresa, moviendo sus cejas con la última pregunta.
-No. No es eso. Nos encontramos a Perrumpo-, dijo Finn.
Inmediatamente, el ánimo y las ganas de bromear con la pareja desaparecieron en Marceline. La sola mención de ese nombre le trajo amargos recuerdos de una batalla sin sentido que sólo sirvió de distracción para cometer un malvado plan. Sus puños se apretaron, al igual que sus dientes.
-¿Dónde está?-, preguntó Marceline, con sus ojos tornándose de color rojo.
-Tranquila. Ya... ya no hay que preocuparse por él-, dijo la Princesa Flama.
-Pero te trajimos esto-, dijo Finn, sacando la llave que le había quitado a Perrumpo. Una llave grande y antigua que la vampiresa tomó.
-¿Qué... es esto? ¿Qué significa?-
-No sé. Pensé que tú lo sabrías. Te lo traje como una especie de... premio, ya que tú lo odiabas tanto-
Marceline observó la llave, intentando buscar en sus memorias algo que le ayudara a reconocerla o a saber para que podría servir. Pero no encontró nada. Suspiro y le regresó la llave a Finn.
-Tú lo venciste. Tú consérvala-, dijo Marceline.
-¿Segura que no sabes para qué es? Él me dijo que las cuidara muy bien... se refería a otras llaves-
-¿Otras llaves?-
-Tal vez abren un tesoro o un lugar secreto. Hay que ir a los lugares donde vencimos a los otros dos para ver si encontramos más llaves. Y seguro que en la biblioteca hay algo que nos diga para que son exactamente-
-Flama tiene razón. Quizá Bonnibel también podría ayudarnos. Le preguntaré cuando la vea-
-Ok, entonces nos vemos pronto. Cuídate-, dijo Finn, empezando a retirarse, seguido de la princesa.
-Cuídense ustedes también-, dijo Marceline, -Pero uno del otro. No quiero ver niños tan pronto-, bromeó.
Algo avergonzados, la pareja salió de la casa y luego de la cueva, encontrándose ya definitivamente con la oscuridad de la noche. La luna menguante brindaba suficiente luz para iluminar su andar y caminar sin miedo de ser sorprendidos.
-Supongo que estarás cansada, te dañaron mucho hoy. Vamos a tu casa para que descanses-, le dijo Finn a su novia.
-Bueno...-, comenzó Flama, -mi casa está más lejos que la tuya y Jake dijo que podía quedarme a dormir conti... ¡en la casa! Después de toda una semana de trabajo no vendría mal jugar con BMO o ver una película contigo-, dijo la princesa, abrazándose al brazo izquierdo de Finn.
El humano sonrió y besó a la princesa a la cabeza mientras caminaban debajo de las estrellas hacia la casa del joven héroe.
