La única preocupación de Finn en ese momento era vencer a los villanos del juego que BMO había acabado de descargar. ¿Para qué? Nada nuevo pero tampoco aburrido: rescatar a la princesa de la prisión involuntaria en la que la mantenía un malvado con hambre de poder en vistas a su beneficio. Finn nunca se cansaría de ello.

Pero justo en ese momento, Jake apareció subiendo las escaleras desde la parte baja de la casa. Su agitada respiración indicaba que había estado corriendo (algo bastante raro de ver en Jake) y su cara y sus ojos brillaban con emoción que se traducía en una gran sonrisa en su rostro.

-¡Finn! ¡Finn! ¡No sabes de lo que me he enterado!-, exclamó el perro con emoción, sosteniéndose al brazo de Finn.

-¿Que pasó Jake?-, preguntó Finn, algo impasible por estar concentrado en el juego.

-¿Te acuerdas de la Banda del Césped Negro?-.

-¿No eran los muchachos con los que peleamos en una de nuestras primeras aventuras?-, dijo Finn pausando su juego, interesado en lo que su hermano tenía por decir.

-Veo que tu memoria no falla nada-.

-¿Cómo olvidarlos? ¡Me rompieron el brazo!-, exclamó Finn con una sonrisa al recordar su primera herida grave de batalla.

-Sí. Y si recuerdo bien la Dulce Princesa te atendió ese brazo y tú estabas pero que si no cabías de felicidad. ¡Estabas todo rojo de la cara!-, dijo Jake con una sonrisa traviesa.

-¡No seas así! Eso ya no tiene el mismo efecto conmigo-.

-Precisamente por eso te vine a hablar de la Banda del Césped Negro. ¡Regresaron!-, gritó Jake, emocionado y haciendo temblar sus brazos.

-¿Qué? ¿Pero no habían prometido jamás regresar? ¡Se asustaron demasiado de que pudiera seguir peleando con el brazo roto!-.

-¡Por eso! Creen que últimamente te has vuelto más... suave-.

-¿Suave? ¿Por qué?-, preguntó Finn sin ninguna idea de que era a lo que se refería su hermano.

-Bueno, si Lady y yo nos besáramos en casi cualquier lugar a casi cualquier hora y nos pusiéramos a juguetear por ahí como niños enamorados, no habría forma de que esos rumores no se esparcieran-, dijo Jake con una sonrisa y provocando, ahora sí, que el humano se sonrojara con un poco de vergüenza, -¡Ja! ¡Ahora sí te atrapé!-.

-Bueno, ¿y eso qué? ¿Qué hay de malo en que tenga novia?-, dijo el humano con un tono molesto.

-Absolutamente nada, Finn-, dijo Jake sentándose en el sillón junto a su hermano y colocando una mano en su hombro,-No tienes nada de lo que sentirte avergonzado. Habrá gente que te dirá que eso te hace débil y "suave", pero esos son unos cerebros de popo, como la Banda del Césped Negro-.

-Tienes razón, no tienen ni idea de lo que se pierden-, contestó Finn con una sonrisa.

-¿Qué dices entonces?-

-¡Vamos a patear unos cerebros de popo!-, exclamó Finn, levantándose del sillón y alzando su brazo en el aire.

-¡Eso quería escuchar!-, gritó Jake igualmente emocionado.

-¿Y qué hicieron ahora que regresaron?-, dijo Finn mientras iba a recoger su espada de sangre de demonio.

-Creo que... secuestraron a alguien. Eso me dijeron los mercaderes. No estoy seguro a quien- respondió Jake

-Bueno, sea quien sea, necesita nuestra ayuda-, dijo Finn mientras él y Jake comenzaban a bajar la escalera.

-¡Cuídense chicos! ¡Les tendré lista la comida para cuando regresen!-, dijo BMO.

-Gracias BMO. ¡Guarda mi partida! No quiero perder todo el progreso que he hecho hoy-.

Y con esa última frase, el par de hermanos aventureros salieron para dar una lección a esa banda de criminales.

Mientras tanto BMO, que se había quedado en la casa del árbol, fue hacia el baño y se subió en el lavamanos, justo frente al espejo.

-Debiste haberle dicho-.

-¿Decirle qué?-, preguntó BMO un poco nervioso.

-Sabes a lo que me refiero. A que Finn estaba leyendo el libro que Jake nos pidió que nunca le dejáramos leer-.

-Lo sé, Fútbol-, contestó BMO, -Pero quiero hacerlo cuando Finn no esté aquí. Decírselo sólo a Jake-.

-Será mejor que no te tardes. Finn podría meterse en muchos problemas-.

-Lo haré-, susurró BMO.


La Princesa Flama dejó caer todo su cuerpo, de manera relajada y sin miramientos, contra el sofá más grande que había en su casa de las praderas. Estaba dispuesta a descansar, se lo merecía. La suave seda y los acolchonados cojines la invitaban a hacerlo así. Si se dormía, no habría ningún problema. Ya todo estaba preparado.

La cena que había organizado con algunos de sus familiares no podría salir mal. Sólo esperaba que Finn no hiciera nada extraño ni se comportara demasiado infantil. No que a ella no le gustara, pero quizá a su familia le pareciera de mal gusto. Tampoco que eso significase que dejaría de salir con el chico sólo por lo que sus familiares pensaban (¡Ella era libre! ¡Ella podía decidir en su vida!), pero no estaría mal que diera una buena impresión.

En fin, sólo para asegurarse, repasó por una última vez todo lo que requería hacerse, antes de hundirse en una merecida siesta.

-¿Comida? Ya. ¿Invitados? Ya. ¿Arreglo de mesa? Ya-, decía con voz somnolienta, -¿Bebida? Aunque sea sólo para Finn y para...-.

Y en ese momento, se dio cuenta.

-¡Oh Bjork!-, exclamó, -¡Olvide decirle a Finn!-.

Rápidamente, la princesa se levantó del sofá, aplazando su siesta, según ella creía, unos cuantos minutos más. Se dirigió al teléfono y marcó a casa de Finn. El timbre en su auricular sonó varias veces, pero jamás se respondió.

-¿Ni siquiera BMO o NEPTR están ahí?-, preguntó algo molesta mientras marcaba una segunda vez.

En esa segunda ocasión, la llamada fue contestada.

-¿Sí? Diga-.

-¡BMO! ¿No está Finn allí?-, preguntó Flama algo nerviosa.

-No, lo siento. Él y Jake salieron en una aventura para encontrarse con... viejos amigos. ¿Quieres dejarle un recado?-, preguntó la consola.

-El tiempo ya no me alcanza...-, dijo la princesa fuera del micrófono, -No. Creo que mejor se lo digo en persona. ¿Sabes dónde puedo encontrarlo?-.

-Creo que están cerca del Pantano de las Calaveras. Podrías encontrarlo allí-.

-Muchas gracias, BMO. Nos vemos luego. Salúdame a NEPTR-, se despidió la princesa.

-Ok. Suerte-, dijo BMO antes de colgar.

-Muy bien. Los pantanos no están lejos. Puedo llegar, encontrarlo, avisarle, darle tiempo para preparase... Sí, todo saldrá bien. Aun puedo arreglar esto-, decía la elemental mientras salía de su casa y se elevaba por los aires en busca de su novio.


-¡Ayuda!-, gritaba la chica atrapada en la jaula.

Su prisión colgaba de una de las ramas más altas de un árbol al borde de un lago de lodo en medio de los pantanos. Era resguardada por tres figuras humanoides de piel verde oscura. Sus rostros eran jóvenes y eran un poco más altos que el héroe de gorro de oso. Vestidos con playeras negras y pantalones del mismo color que servían como una especie de camuflaje en el terreno actual.

-Vaya, vaya. ¿Miren quién es? El noviecito tierno-, dijo burlonamente el que parecía ser el líder de la banda pues, a diferencia de los otros 4 miembros, su cabello era gris y no negro.

El resto de los miembros de la banda comenzaron también a reírse.

Finn cerró con fuerza sus puños. Le molestaba demasiado que se burlaran de él de esa manera. Se suponía que él era un héroe, un gran peleador. La gente no debería burlarse de él. Debería ser admirado incluso por sus enemigos. ¿Le molestaba que se burlaran de él o la razón por la que se burlaban de él?

-Tranquilo, Finn-, dijo Jake, poniendo una de sus patas sobre el hombro de su hermano, -Ya te dije que no hay nada de malo con que tengas novia. Estos son sólo unos tontos llorones que te siguen teniendo el mismo miedo que hace seis años. Relájate. Haz lo que Flama te ha enseñado-.

-¡Sí, bebe! ¡Ponte a tejer como ella te enseño!-, se burló de nuevo el jefe.

-¡Hey!-, exclamó Finn, -¡Yo ya sabía tejer un poco desde antes!-.

Después de eso, Finn cerró los ojos y se concentró en sí mismo.

-¡Uy! ¿Qué va a hacer el muchachito? ¿Nos va a golpear con su bolso? ¿Va a hacer una rabieta?-.

El humano ignoró todas aquellas burlas. La única cosa a la que prestaba atención era a su respiración. Con lentitud, pero con fuerza, la calma vencía la furia que se creaba dentro de Finn ante las burlas. Pronto, todo fue paz en su interior. Su mente clara y lista para actuar de manera certera. Abrió los ojos. Delante de sí no estaba una banda de maleantes, sino una estrategia para la victoria. Era bastante simple.

Finn empuñó su espada y se dirigió caminando hacia la Banda del Césped Negro. Su cara no llevaba ninguna expresión. Era como si su cuerpo funcionara por si sólo incluso sin que el chico se diera cuenta. Los maleantes estaban sorprendidos. Cierto, sabían que provocar a Finn tendría un resultado similar al observado, pero no de esa manera. Ellos esperaban un ataque más fuerte, más... desesperado. Los metros de separación eran muchos, pero Finn los acortaba con cada paso seguro.

-Hey... hey, ¡espera! ¡Espera un momento!-, gritó uno de los miembros de la banda.

Aunque el avance de Finn era lento y parecía darle toda ventaja a la Banda del Césped Negro, había algo en eso que los asustaba. Algo no estaba bien. Pronto, se encontraron a sí mismos dando pasos hacia atrás.

-¿Que hacen? ¿Para qué tienen sus armas?-, gritó el líder, levantando su bate en el aire. Así vio como sus compinches, todavía inseguros, levantaron sus bates y sus navajas.

Pero entonces, cuando volteó, Finn ya estaba frente a frente con él. Poco más de un centímetro separaba sus rostros. El héroe pudo ver como casi inmediatamente el sudor que resbalaba por la frente del criminal, que se había quedado sin palabras y sin valor.

-Es mi turno-, susurró Finn.

En un parpadeo, los bates fueron partidos a la mitad e incluso las navajas también. Ninguno de los miembros de la BCN podía creer que la espada del humano poseyera el poder para cortar otros metales y, sobre todo, la habilidad de Finn para cortar las armas punzantes tan cortas sin lastimar las manos de sus dueños. Los maleantes, primero sorprendidos, huyeron después aterrados, incluso implorando la protección de sus madres.

-Eso pensé...-, dijo Finn con una sonrisa.

Mientras tanto, Jake estirándose hasta la altura de la jaula, utilizaba sus conocimientos de sus viejos tiempos de ladrón (sólo que esta vez con un buen propósito) formando una llave con sus dedos para abrir la jaula en la que habían encerrado a la chica. Ella saltó en la enorme mano que el perro había formado para bajarla hasta el suelo sana y salva. En cuanto sus pies estuvieron en el suelo, la chica corrió hacia Finn para darle un fuerte abrazo.

-¡Oh! ¡Gracias! ¡Gracias! Esos tontos me tuvieron horas encerrada allí dentro-.

Era una chica joven, más o menos de la edad de Finn. Su piel era azul claro y su cabello negro estaba recogido en una gran cola de caballo. Su vestido plano que llegaba más abajo de las rodillas era de color blanco.

-¡Hey! Yo fui quien abrió la jaula-, se quejó Jake.

-Tranquila, princesa. Ahora ya estás libre-, dijo Finn al separarse de la chica.

-¿Princesa? ¡Oh, no!-, dijo riéndose, -¡Yo no soy una princesa! ¿Acaso tengo una de esas tontas coronas sobre mi cabeza o parezco una niña mimada?-, preguntó la chica.

-Bueno... no todas las princesas son así-, respondió Finn con una pequeña sonrisa.

-Me llamo Itza. Soy una hechicera-.

-Gusto en conocerte, Itza. Nosotros somos...-, empezó el humano.

-Finn y Jake, los grandes héroes de Ooo. ¡Vamos! No hay nadie que no los conozca. Sobre todo a ti, Finn. El único de tu especie y además tan bien parecido-, dijo Itza con voz coqueta.

-¡Oh! Eh... yo... gracias, creo-, balbuceó Finn con una risilla nerviosa.

-Tal vez algún día tú y yo podamos salir juntos-, dijo Itza, acercándose de nuevo al humano con mirada seductora.

-Eh... yo... lo siento. Pero yo ya tengo novia-, contestó Finn, todavía nervioso.

-Oh, bueno. Avísame si surge algo, ¿sí? Me puedes encontrar en la orilla este del pantano-.

-Ok, chica. Iremos si necesitamos algún embrujo, poción o cosa parecida, ¡nada más!-, contestó Jake, dando unos cuantos pasos frente a su hermano menor.

-Lo que digas, Jake. Finn es quien tendrá la decisión final-, dijo Itza mientras se retiraba flotando, -Lo he visto-, susurro antes de desaparecer de la visa del par de héroes.

Jake volteó hacia Finn, dándose cuenta de que el chico no quitaba la vista de la dirección en que la joven hechicera se había retirado.

-No lo estás pensando, ¿verdad?-.

-No hagas preguntas tontas, Jake-, respondió Finn con una sonrisa mientras comenzaba a caminar fuera del pantano.

Pero poco después de que el dúo heroico comenzara su camino de salida, proyectiles de lodo pesado bombardearon al humano. Era la Banda del Césped Negro en un último intento, más que por vencerlo, por humillarlo. Tan pronto la cabeza de Jake aumentó varias veces su tamaño y empezó a ladrar a los maleantes, estos huyeron de nuevo aterrorizados.

-¡Bjork! ¡Justo después de aquí iba a ir con Flama!-, se quejó Finn al ver el desastre en que se había convertido su ropa.

-¿No tienes ropa de repuesto en tu mochila?-, preguntó Jake.

-Sí. ¡Pero el lodo de este pantano apesta! Tendría que bañarme. Creo que vi algún lago pequeño cerca del lugar donde entramos-, dijo Finn


La Princesa Flama decidió caminar por el bosque cercano a los pantanos. Eso la relajaría un poco. El sonido de las aves cantando sus melodías. La suave brisa acariciando su piel y jugando con su flamante cabello. Y su vestido hacia juego con el lugar: un vestido largo de color verde claro que se extendía hasta sus rodillas, con un listón de un verde más oscuro en su cintura.

Pasó cerca de unos arbustos pequeños que se encontraban a un lado de un lago pequeño. Allí, algo llamó su atención. A la orilla del lago, estaba la mochila de Finn y también lo que parecía ser...

-¿La ropa de Finn?-, se preguntó al acercarse a los arbustos para ver mejor.

En efecto, era la ropa de Finn. ¿Pero qué hacía allí? ¿Y por qué estaba tan sucia? En ese instante, algo pareció salir del agua, algo que se confundía con el dorado reflejo de los rayos del sol sobre la superficie líquida. Pronto, se dio cuenta de que se trataba de la rubia cabeza de su novio. Finn empezó a nadar alegremente por todo el cuerpo de agua, riéndose y disfrutando de la frescura. Flama, desde su "escondite", disfrutaba verlo así.

-Por favor, hazlo. Hazlo, hazlo, hazlo...-, susurró ansiosamente la princesa.

Y sus plegarias fueron escuchadas. Finn extendió sus brazos y se dejó hundir un poco en el agua; llenó su boca y después escupió con sus dientes apretados. El hecho de que le faltaran algunos dientes hacia que saltaran múltiples chorros de agua en el aire a gran altura. Después de eso, Finn se alertó y se detuvo por un momento al escuchar una especie de chillido detrás de él. Sonaba como un grito muy agudo y callado de parte de una mujer joven.

-Debería irme, ya estoy empezando a imaginar cosas-, dijo Finn antes de empezar a nadar hacia la orilla.

La Princesa Flama, mientras tanto, se cubrió la boca y se escondió tan rápido como el sentido común se lo permitió. Aun así, estaba divertidísima de haber visto a Finn hacer esa cosa que tanto le gustaba a ella. Decidió ver otra vez hacia el lago. Mientras lo veía nadar de regreso a donde había dejado sus cosas, el corazón de la chica se aceleró y un caluroso rubor subió hasta sus mejillas cuando vio a Finn nadando de espaldas. Eso le permitía ver su pecho y su abdomen; no tenía el cuerpo enorme y musculoso que varios elementales en el Reino del Fuego presumían; era más un cuerpo regordete y con los músculos menos marcados, pero aun así le parecía especial. El humano llegó por fin cerca de la orilla y, usando sus brazos, alzó su cuerpo para salir del agua. Toda su espalda quedó a la vista de la elemental que llegó incluso a ver algunas cicatrices. Pero rápidamente volvió a taparse la boca y a esconderse antes de que los movimientos de Finn revelaran, involuntariamente, una parte bastante privada de sí.

Finn tomó algo de ropa extra que llevaba en su mochila y se vistió. Sus shorts de repuesto eran más holgados y largos y su playera era de color blanco.

-¿Sabes? Creo que no sería mala idea probar algo de ropa nueva-, se dijo a sí mismo Finn al terminar de vestirse.

Metió su ropa sucia en la mochila y se fue caminando de allí. En dirección a los arbustos.

Flama vio eso y empezó a entrar en pánico. Finn creería que lo estaba espiando. Que había invadido su privacidad. ¿Qué haría Finn? ¿Qué pensaría? Su corazón se aceleró más que antes y su respiración exigía más oxígeno; miles de ideas volaban por su mente, explotando y produciendo demasiado ruido. Finalmente, decidió convertirse en una línea de fuego y huir hasta la orilla del bosque, y allí esperar por el humano.

Después de unos minutos, que la elemental aprovechó para calmarse, ella escuchó el silbido de su novio que se acercaba y salió detrás del árbol en el que estaba recargada.

-¡Finn!-, saludó la princesa.

Finn dejó escapar un gritillo agudo.

-¡Flama! ¿Qué haces aquí?-, preguntó Finn con una sonrisa después de su susto.

-Te estaba buscando. Quería decirte algo importante y BMO me dijo que tú y Jake estaban por aquí en una aventura. Por cierto, ¿dónde está Jake?-, preguntó Flama.

-Se fue a pasar un tiempo con Viola. Nos separamos antes de que me diera un baño allá atrás-.

-Sí, me di cuenta-, dijo la princesa

-¿Qué dijiste?-, preguntó Finn.

-Eh... ¡qué sí! Me doy cuenta porque...-, balbuceó Flama, -Jake no está contigo y tú… ¿traes puesta otra ropa?-, preguntó la princesa, olvidándose de la incomodidad del momento anterior.

-¡Sí! Bonita, ¿no? Ahora, ¿qué es lo que me querías decir?-.

-¡Cierto! Bueno, verás... organicé una cena con mi familia... con parte de mi familia, en realidad. Y me gustaría... me preguntaba si a ti te gustaría estar allí-, dijo con nerviosismo.

Finn se quedó quieto por un momento, sin decir nada. Su mirada fija en la chica frente a él, pero parecía que no estaba mirando nada en absoluto. La princesa empezó a pensar que quizá había sido una mala idea y se empezó a lamentar internamente por ello. Sin embargo, Finn respondió al final.

-¡Me encantaría!-, dijo el héroe, sonriendo.


No fue la mejor cena del mundo. Pero tampoco Finn hizo el ridículo. Se vistió incluso para la ocasión con smoking (cosa que le gustaba mucho a la Princesa Flama), comió decentemente, habló con respeto y compartió historias de batalla con su cuñado, el hermano de la princesa. Cierto, sus tíos no estaban muy contentos de que no fuera alguien de sangre azul pero no lo veían tan mal.

-Habla demasiado fuerte-, fue la única queja de su tío.

-Muchas gracias por venir, Finn-

La princesa y el humano estaban fuera de la ardiente casa de la elemental, tomados de la mano. Ya todos se habían ido y era tiempo del humano para regresar a su casa.

-No es nada. Te agradezco a ti que me hayas invitado. Qué suerte que Jake no vino. Me hubiera puesto en vergüenza con historia de cuando era niño-.

-Tal vez deberíamos invitarlo otro día-, bromeó la princesa, provocando risas en ambos.

-Hasta pronto, Flama-, dijo Finn, antes de besar tierna y largamente los labios de la adolescente.

-Nos vemos, Finn-, se despidió la princesa, degustando el sabor de los labios de Finn en los suyos, mientras se despedía agitando su mano al tiempo que su novio se alejaba de allí.


-Hicimos lo que nos pediste. ¡Arriesgamos nuestras vidas allí! ¡Ahora danos lo que prometiste!-, exclamó el líder de la Banda del Césped Negro.

Ese lugar estaría hundido en penumbras si no fuera por las pocas velas que lo iluminaban y que dejaban ver lo extraño que era: huesos y extrañas máscaras colgando de las techo, amuletos de ensueño unidos a las paredes entre indescifrables signos pintados, cabezas miniatura expuestas en una repisa.

-Debo admitirlo, lo hicieron mejor de lo que esperaba-, contestó una voz femenina, -Aquí está su recompensa-.

Un par de manos delgadas de color azul se extendieron para hacer llegar a la banda de maleantes una jarra con un líquido gris. Los miembros de la banda tomaron cada uno una copa y se sirvieron el contenido de aquella jarra.

-¡Por fuerza y vida eterna!-, brindó el jefe, levantando su copa.

-¡Sí! ¡Así se habla jefe!-, exclamaron los demás miembros de la banda.

La poción entró en sus bocas para luego pasear por sus gargantas. No pasó mucho tiempo antes de que sintieran los efectos de aquel brebaje. Debilidad, falta de aire, un ritmo en el pecho que se hacía más débil a cada segundo. Uno a uno, fueron cayendo al suelo para ya no levantarse más.

-Prefiero atar los cabos desde el principio y en cuanto me dejan de servir-, expresó la voz femenina, -El ritual se hará y ya tengo el sacrificio perfecto-