Corazón de Hierro
Capitulo 1
Cuando el príncipe Viktor fue llamado hace un mes al despacho de su padre, nunca se imagino que terminaría viajando en barco, atravesando un buen tramo de océano y en camino a conocer a su futura esposa –esposa que era impuesta por los consejeros del reino- obviamente su primera reacción fue negarse rotundamente, aunque luego de una muy lógica –y amenazante- discusión con sus padres, termino aceptando conocer a la chica.
Una semana después, podía oler la sal en el aire, la humedad del ambiente y el picante sol que se posaba inclemente en cielo, si a eso le agregábamos el insoportable bamboleo del barco, producto de las horrendas corrientes y el hecho de que su padre se encontraba aun más insoportable que de costumbre, podría decirse que el camino para conocer a su futura reina no estaba plagado de rosas.
"la princesa es una chica muy tranquila, refinada y con una educación envidiable" dijo la voz de su madre, esta se encontraba diciéndole las cualidades de su prometida, con la esperanza de que dejara de refunfuñar por los rincones del barco.
"bastante dócil según los rumores, dulce y todas esas cosas que son las princesas" dijo de manera desdeñosa mi padre, mientras que mi madre lo fulminaba con la mirada y yo intentaba escaparme de la habitación sin que se dieran cuenta.
Por un pequeño milagro logre salir sin que mis padres me atraparan y ahora me encontraba en mis habitaciones, sosteniendo entre mis manos el retrato de la princesa; a mi parecer era bastante bonita, tenía una piel tan blanca como la nieve que cubría al palacio en el invierno, rasgos finos y una larga cabellera castaña, aunque con estos retratos uno nunca sabía que era cierto y que no; hace unos años un pintor me había hecho lucir como un troll gracias a su abstracta interpretación de mi apariencia, así que, hasta no verla no me atrevía a creer en el retrato.
Aunque si era bonita o no, o si le agradaba o no, no representaría una diferencia en la decisión de sus padres y el consejo, ella sería su esposa por decreto real y no tenia escapatoria. Solo deseaba que la chica no lo molestara ni esperara una historia de cuentos de hadas, esto era político y era su deber. Por más que el deseara escaparse de todo esto.
"¡Me niego rotundamente a casarme con él, padre!" grito Hermione mientras miraba indignada a su padre, al ver que este no parecía tomarla en cuenta miro a su madre quien parecía estar más triste de lo normal.
"¿estás de acuerdo con esto madre? ¿Dejaras que me lleven así sin más?" Hermione apelaba al lado sentimental de su madre, odiaba hacer ese tipo de cosas pero no podía dejar que la sacaran de su país, no sin pelear.
"Hermione desde el día que naciste este fue tu destino, de nada te sirve manipular a tu madre, o gritarme a mí, no luches contra algo que no vas a evitar" sentencio su padre con severidad. "tu única alternativa es aceptar esto, y tratar de llevarte lo mejor que puedas con el que será tu esposo o si no hija mía, te tocará sufrir las desdichas de un matrimonio infeliz"
Con eso Hermione salió del despacho, con mil y un pensamientos rondando su mente y las últimas palabras de su padre haciendo eco. Hermione había escuchado de las damas de la corte lo horrible que era estar casada con hombres que no las querían ni las respetaban, también escucho muchas veces que los hombres se buscaban amantes y tenían hijos fuera del matrimonio. Incluso supo de una de las primas de su madre que fue exiliada por no poder dar un hijo varón.
Trataba de meterse entre ceja y ceja que su deber era agradar a su futuro esposo, y tratar de causar el menor problema posible, pero por el señor, ella era una princesa, era orgullosa, la sangre de la ancestral familia Granger corría por sus venas, era la única heredera de su casa y no aceptaba tener que rebajarse por un hombre, futuro Rey o no.
Viktor ya se había resignado por completo con ella, no tenia escapatoria y luchar contra su destino no tenia caso alguno, solo seria amable, entregaría los presentes que hasta ahora se había enterado que su madre mando hacer en su nombre y trataría de llevar todo esto con la diplomacia requerida.
O al menos eso fue lo que se repitió una y otra vez mientras observaba el enorme castillo volverse aun mas grande conforme se acercaba a la orilla, a diferencia de Durmstrang, el palacio donde vivía, este se encontraba a pocos metros de la costa y era todo de piedra con techos oscuros pero con un aura mucho menos pesada que la de su hogar. Tenía entendido que era una familia muy rica, y según las palabras del consejero de su padre, la princesa valía su peso en oro y hasta más. No es como si a él le importara en lo absoluto.
Pero por el recibimiento que les estaban dando, Viktor estaba seguro que aquí las cosas eran muy diferentes a su tierra natal. Lo que el suponía era la corte los esperaba vestidos demasiado arreglados teniendo en cuenta su cercanía con el mar. Trajes en exceso elaborados, joyas y un viaje de estandartes con los nombres de las casas a la que pertenecía cada noble. Pero el que más destacaba sin duda era el león dorado que identificaba a la familia real.
En el centro de las personas estaban un hombre y una mujer, irónicamente eran los más elegantes y sencillos en sus vestimentas y los que estaban más acordes al contexto. El hombre era alto, fuerte, de unos cuarenta años con un sencillo traje, barba rubia, rasgos finos y ojos marrones, lo que más destacaba en el era la brillante corona dorada que se difuminaba entre el rubio de su cabello.
A su lado una mujer sumamente hermosa, pequeña, de largo cabello oscuro, que los miraba con una sonrisa triste y una mirada empañada por el dolor en sus ojos del color de la tormenta. Solo llevaba un sencillo vestido verde con pequeños detalles en dorado y una corona parecida a la de su compañero. Eran el rey y la reina, los padres de la princesa. Aunque, hablando de ella ¿Dónde demonios se suponía que estaba?
Al parecer sus padres pensaron lo mismo que él pues escucho el susurro de su padre hacia su madre con la clara pregunta de donde estaba la chica. Pregunta que fue respondida unos segundos después cuando el movimiento de la tela blanca de un vestido llamo su atención. Por un camino que apenas notaba que se encontraba ahí vio el sencillo pero elegante traje blanco de una chica, alta, de alborotado cabello rizado del color de la miel y que con enojo parecía luchar contra el viento y su peinado. La joven parecía contar con la gracia y la agilidad que solo alguien que entrenaba algún arte debía tener. Con cada uno de sus pasos hacia que cada uno de los nobles frente a ellos volteara y se fijara en ella. Incluso el no pudo despegar su mirada de ella hasta que la tuvo a tan solo unos pasos de él.
El viento no ayudaba en lo absoluto, pero cuando el cabello estuvo retirado por completo de su rostro Viktor quedo asombrado, entre otras cosas que prefería no mencionar por el momento. Su piel era pálida y ella era joven, un par de años menor que él, era hermosa, salvaje pero delicada, con una mirada fría y los mismos ojos de su madre, aunque había algo que ella tenía que era obvio que la reina no, astucia y un fuego que estaba seguro le había traído más de un problema.
Justo cuando la princesa acorto la distancia que los separaba sus padres rápidamente se pusieron detrás de ella, quizás con temor de lo que la chica pudiese hacerles. Pero lo que paso a continuación creo que nadie se lo esperaba, muchísimo menos él o sus padres.
"me tome la molestia de aprender tu idioma en menos de dos meses solo con el propósito de decirte que no estoy de acuerdo con este matrimonio. Solo es política, así que terminemos con esto lo más rápido que se pueda príncipe Viktor"
Luego de esa pequeña aclaratoria, la princesa dio una reverencia a mis padres y simplemente se giro y de la misma forma que vino, comenzó a caminar en dirección al castillo. Dejando a sus padres mirándonos apenados, sin saber que con ese pequeño acto de rebeldía la pequeña princesa se había ganado la aprobación de sus padres y la suya propia.
Con un demonio que el haría que esto fuera mucho más que política. No en todos los reinos encontrabas a una chica así, pensó Viktor con una sonrisa. Además, ese condenado retrato no le hacía justicia a la belleza de ojos fieros que era su futura esposa.
Bueno, esta historia es algo que tenía guardado y sin concretar desde hace mucho tiempo. Estoy en proceso de actualizar todas mis historias y escribiendo otras más. Pero pido paciencia y me disculpo por tardarme y desaparecerme tanto.
