mgmartinezvolturi : ¡Gracias!
Guest: ¡Aquí la actualización!
Angelus19: Jajaja, ¡gracias! A mí también me encantan ese tipo de historias. ¡Espero que te sigan gustando los capítulos!
Ericka Kida: Vi tu comentario en mi fic, ¡me alegra mucho que te gustara! Si gustas, puedes pasarte por la secuela de ése fic, ubicado seis meses después de finalizado El Fantasma de la Ópera. Lo encuentras en mi perfil como "Zootopia: Eclipse".
Una canción desde el sótano
Benjamín Garraza se frotó su cara en señal de cansancio. Él siempre era alguien que irradiaba un aura positiva, aunque ése día en particular se le había notado un poco decaído. Una vez al mes, se le asignaba a uno o dos oficiales que ordenaran los archivos del sótano, catalogaran o simplemente mantuvieran el orden allí. Eso lo incluía también a él, para su desgracia.
Largó un suspiro algo chillón, pasando su pata sobre su frente para secar el sudor. Desde que el dúo dinámico había ingresado oficialmente al departamento, había una gran cantidad de casos resueltos por archivar. De hecho, había estado ordenando los suficientes archivos para llenar tres cajas.
–Esos dos hacen una parejita tan linda –llevó ambas patas hacia su papada, moviendo todo su cuerpo de emoción al pensar que Nick y Judy pudieran ser pareja.
Contempló su barriga dando ligeros golpes con sus patas. Tal vez debería hacer un poco de ejercicio, aunque realmente no lo disfrutaba. Prefería comer. Eso lo hacía feliz. Eso, y Gazelle.
Pensando en ello, miró su reloj y se dio cuenta que prácticamente había terminado su labor, aunque aún debía hacer algo de tiempo. Quedaban cajas por acomodar. De pronto, una idea se le ocurrió. Comprobó que no había nadie en los alrededores y cerró los ojos un momento.
Pocos segundos le bastó para transformar con su imaginación aquél aburrido sótano lleno de archivos en una habitación de un antiguo palacio. Los dos focos blancos se habían transformado en la luna que iluminaba la estancia a través de grandes ventanales, a cuyos costados descansaban unas hermosas cortinas de color púrpura. En la lejanía, podía ver a Gazelle observarlo a él desde su balcón. Inspirado por aquella visión, Garraza comenzó a cantar con vos suave y vibrante.
¡Que nadie duerma! ¡Que nadie duerma!
También tú, oh Princesa,
En tu fría habitación
Miras las estrellas
Que tiemblan de amor y de esperanza.
Benjamín se detuvo, observando a sus alrededores nuevamente, para comprobar que nadie estuviera escuchándolo cantar. Tomó una de las cajas de archivos que debía acomodar y lo imaginó como un gran ramo de flores, al cual debía llevar hasta un lujo florero, finamente tallado con motivos orientales.
Por supuesto, no se había percatado que el fino oído de Judy lo había escuchado, quien tan silenciosamente como las algodonadas almohadillas de sus patas lo permitían, se había acercado hasta la puerta del sótano para oírlo. La melodiosa voz de Garraza había tomado más confianza al pensarse sólo, incrementando en intensidad aquella suave y envolvente melodía. A medida que la estrofa avanzaba, la voz del oficial se volvía más dulce, mientras pensaba en su estrella favorita.
Mas mi misterio está encerrado en mí,
Mi nombre nadie lo sabrá. No, no
¡Sobre tu boca lo diré!
Sólo cuando la luz brille
Cuando la luz brille
¡No, no, sobre tu boca lo diré!
Y mi beso derretirá el silencio
Que te hace mía
Judy no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas, así como sentir un fuerte impulso eléctrico que recorría cada fibra de su peludo cuerpo. ¡Oh!, suspiró en sus pensamientos, llevándose una pata al pecho.
Garraza tarareó la melodía que seguía, mientras terminaba de cargar la última caja, colocándola en el lugar que le correspondía. Con un gesto teatral, elevó su pata derecha al frente y a la izquierda la puso a la altura de su corazón, entonando las estrofas finales de aquella maravillosa aria, con voz fuerte y triunfante.
¡Disípate, oh noche!
¡Tramontad, estrellas! ¡Tramontad, estrellas!
¡Al alba, venceré!
¡Venceré!
Judy paró sus orejas, sintiendo que algo celestial estaba a punto de suceder. Garraza cantó una nota sumamente aguda, breve, pero lo suficientemente potente y hermosa como para conmover al más frío de los corazones.
¡Venceré!
Judy se alejó con los ojos humedecidos por la emoción, no quería incomodar al recepcionista. Involuntariamente, le había dado un espectáculo sublime en lo poco que quedaba para que terminara su turno. Definitivamente, había animado su día como el guepardo jamás sabría.
Subiendo las escaleras, la coneja se topó con Nick, quien le dedicaba una sonrisa pícara. Ella secó sus lágrimas y abrazó al zorro, quien fue tomado totalmente desprevenido. ¡Cuán emocionalmente impredecibles podían ser los conejos!
–¡Oh, Nick! – exclamó ella, hundiendo su cara en el pecho del zorro –, jamás creí que oiría algo tan hermoso.
–Yo también lo oí, Zanahorias –dijo, acariciándole la cabeza –, hoy hay una función para esa ópera, a las diez… se llama Turandot.
Judy se separó y contempló a Nick con sus grandes ojos violeta. El zorro le sonrió, invitándola a verla.
–Dicen que la primera vez que escuchas ópera es muy espectacular: o te encanta, o te horroriza. Si te encanta, siempre lo hará. Si no…puedes aprender a apreciarla, pero jamás te llegará al corazón – dijo, sin quitar aquella tierna y traviesa sonrisa de sus labios.
–Eso lo sacaste de Oveja Bonita – replicó Judy, llevando sus patas a su cadera, riéndose.
–¡Oh! Pero no deja de ser verdad – repuso Nick, extendiendo su brazo para que Judy lo tomara.
Judy enlazó su brazo con el de su compañero, mientras se alejaban hacia la salida.
Nombre original del aria en italiano: Nessun Dorma (cantada por Plácido Domingo, a mí me gusta ésa, pueden escucharla si gustan por cualquier otro cantante)
