Una salida
El parque de Zootopia en la Rotonda de la Savana era espectacular. Riego artificial, podadores y demás trabajadores que se encargaban de mantener el lugar en condiciones, hacía que el dinero de los impuestos se sintiera perfectamente aprovechado. Por supuesto, Judy había dejado de apreciar éstas maravillas cuando ya transcurrieron más de cuarenta minutos de la hora que había acordado reunirse con Nick para pasar el día. Ella tamborileaba su pata derecha en el suelo, impaciente. Estaba vestida con un jean celeste y una camisa blanca, ropas casuales pero sobretodo, cómodas. Su buena vista le permitió divisar al zorro, quien al fin se había dignado a aparecer, caminando con paso despreocupado hacia donde se encontraba la coneja, con sus patas en los bolsillos de su pantalón, color negro. Su camisa era verde con motivos hawaianos. Ella rodó los ojos, su gusto para la moda era pésimo.
Cruzó sus brazos, dedicándole una mirada poco amistosa a su compañero, mientras seguía tamborileando su pata. Esto por supuesto, sólo hizo que el gozo del zorro se incrementara. Oh, como adoraba hacerla enfadar. Él se detuvo frente a su compañera, dedicándole una sonrisa pícara.
–Nicholas Pebius Wilde – exclamó Judy en tono de reclamo, sólo usaba su nombre completo para denotar que estaba molesta con él–, llegas tarde, ¡otra vez!
–Lo bueno siempre se hace esperar, tesoro – respondió el zorro, con tono burlón, inclinándose ligeramente para estar a la altura de la coneja.
Ella le dio un ligero codazo en el estómago, lanzando un bufido de fastidio. Nick simplemente se rio, mientras la seguía. Llegaron a una banca, donde tomaron asiento. El zorro se desperezó, recostándose y apoyando su pata en el hombro de su amiga, sonriéndole.
–¿Y bien, Zanahorias? – preguntó – ¿Cuál es el plan?
–Pues el plan es…–Judy sonrió para sus adentros, ahora sería su turno de vengarse por la espera –, pasar la tarde aquí, admirando el paisaje y la grandeza de Zootopia.
Nick la observó, intentando encontrar algún signo de que la coneja estuviera mintiendo. No encontró ninguno, Judy era básicamente un libro abierto, el animal más emotivo y sumamente transparente que había conocido, por lo que eso sólo significaba una cosa: estaba hablando en serio. ¿En verdad, Zanahorias? Pensó, rodando los ojos. Sería la última vez que le dejaría a ella la tarea de elaborar planes.
Judy sonrió, divertida. En verdad, no había tenido ningún plan concreto cuando le pidió a Nick que se juntaran en uno de los parques de Zootopia. Simplemente quería gozar de su compañía, tener una charla amena. Lo típico de ellos. Así que, técnicamente, no estaba mintiéndole.
–Bien, la próxima vez elegiré yo la actividad – comentó Nick, con desgano.
–¡Oye! – replicó Judy, llevando una de sus patas a su frente, con gesto teatral –, ¿es que el gran Nick Wilde no sabe cómo divertirse con su amiga? –llevó sus manos a su pecho, mirando hacia el infinito, hablando con un fingido tono lastimero – ¿En qué se ha convertido este mundo?
–Deja de imitarme – murmuró él, haciendo un pechero, al notar que Judy adoptaba algunas de sus poses dramáticas.
La coneja le sacó la lengua, riéndose. Nick la encontró tan adorable que no pudo evitar reírse también, pasando su pata sobre la cabeza de Judy para despeinarle el pelo entre sus orejas.
Ella gritó que no lo hiciera, entre risas, haciendo que el zorro se incitara a continuar molestándola. Oh, Judy se vengaría. Liberándose de su agarre, se lanzó sobre él, haciéndole cosquillas. Ambos estallaron en carcajadas. Nick tomó aire, cubriéndose sus axilas y parte de su estómago con las patas para evitar el cosquilleo de su amiga. La paró en seco y la miró.
–Te cuento un chiste, Zanahorias –ella lo observó con una ceja levantada, escéptica. Los chistes de Nick siempre eran pésimos –, ¿Qué es amarillo por dentro y negro por fuera?
Ella alzó sus orejas, ¿qué clase de pregunta era aquella? Lo meditó durante unos momentos, dándose por vencida.
–Un pollito ninja – respondió Nick.
Hubo un silencio durante unos breves segundos en los que ambos se miraron, volviendo a estallar en carcajadas. Oh, eso era lo que tenían los chistes de Nick. Eran tan malos que en verdad daban risa.
–¡Ay! –exclamó Judy, intentando recuperar el aire, sujetando su estómago–, éste es peor que el del limón mágico.
–Tienes que admitir que ése fue muy bueno – replicó Nick, mirando hacia los árboles, con una sonrisa.
Cuando ambos recuperaron el aliento, se quedaron callados, disfrutando del silencio. No era incómodo, así que podía decirse que se entendían muy bien. Ella, aun sonriendo, observó a una pareja de tigres que se besaban apasionadamente en otra banca ubicada a unos diez metros frente a donde estaban ellos. Deducía que posiblemente eran pareja desde hacía muy poco, por eso aquellas demostraciones tan exageradas de cariño. Se besaban como si no hubiera un mañana.
El zorro también pareció percatarse de eso, comentando con fingida indignación que no debían comer delante de los pobres. Ambos se rieron por lo bajo, sin dejar de observarlos. Estaban hechos unos voyeurs.
–A todo esto, ¿cómo se llama ésa categoría? – preguntó Judy, señalándolos discretamente.
Nick captó a qué se refería Judy. Llevando sus brazos a su nuca, se recargó sobre el banco, relajado.
–Se llama "Categoría público" – comentó, casual pero con seguridad, como si aquello fuera algo que todo el mundo debía saber.
Judy asintió, divertida. Aunque de pronto, observó a Nick. La pregunta había sido más bien casual y realmente no había esperado que supiese la respuesta a una pregunta relacionada con la pornografía. ¡Ah! ¡Mira tú a este zorro mañoso!
–¿Cómo es que sabes eso? – preguntó ella, con curiosidad y picardía.
Nick la observó de reojo y sonrió.
–Mejor no preguntes – replicó él –, así no tengo que preguntarte yo cómo es que tú – dio mucho énfasis al pronombre–…sabes de eso…
Ambos se miraron durante unos momentos, con seriedad. No pudieron contener mucho más las carcajadas, que resonaron por todo el parque.
Nota del autor: Ésta historia se inspiró en una salida con mi mejor amiga de hace unos meses, cuando estuvo de visita (vive en otra provincia). Ella misma me sugirió usarla, así que la lamparita mágica se encendió.
