—¡Tomioooka-saaaaaan —gritó ella con todas sus fuerzas, poniendo ambas manos a los lados de su boca para proyectar aquella declaración todavía más —, daisuki desu!
¿Alguna vez te has encontrado con una historia que empieza contándote el final para luego proceder a explicarte cómo fue que las cosas terminaron ocurriendo así?
Pues bien, este no es el caso.
Porque a Tomioka Giyū le habría encantado creer que ese era el final de la historia, en el que por fin ambos protagonistas revelaban su amor el uno por el otro y podían vivir su "felices para siempre".
Pero no…
Era el día de inicio escolar, el primer día del ciclo, el primero de ese año.
Giró sobre sus pies para encarar a Shinobu, que le sonreía desde el otro lado del patio, con el rostro inclinado hacia el costado y los ojos cerrados, con las manos a la espalda, con el uniforme siendo mecido suavemente por la brisa fresca de aquella mañana de invierno, sin sakuras en flor ni algún otro cliché dulce o barato que hiciera de aquello algo más…
Y Tomioka se sorprendió a sí mismo pensando en que le habría encantado un escenario más romántico para escuchar esa declaración, pero ¿qué demonios?
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N/A: Antes de que me maten jajaja decidí dejar el Daisuki en japonés por la variedad que eso ofrece (te quiero, me gustas, me encantas) y poder tener en conflicto a Giyuu un poco más. No me odien, es por una buena causa.
1.-Hashira
Beatdroper: Gracias por tomarte el tiempo de comentar mi OS, eso hace toda la diferencia para seguir escribiendo.
Marianne E: ¿Qué te digo? Tú tienes la culpa de que se me ocurran estas cosas, yo estaba muy tranquilita con mi depresión post manga jajaja pero veamos hasta dónde llega esto.
LouiseCouffaine: Pues concedido, aparentemente. Me quedé con un par de cosas en el tintero, espero te gusten, disfruta la historia y gracias por comentar la anterior. A mí siempre me sube mucho el ánimo saber que mis ideas gustan.
Les dejo entonces para que sigan con el primer capítulo.
No tengo ni idea de cómo va a evolucionar esto, ni siquiera sé de qué se va a tratar, sólo espero que merezca al menos un review jajaja.
¡Gracias por leer!
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Shinobu suspiró por enésima vez en el día.
Caminaba hacia la cafetería, seguida de Kanao, quien la miraba con curiosidad, preguntándose si sería prudente hacer o decir algo. ¿Dónde había dejado su moneda?
Por su parte, Shinobu se preguntaba si había sido buena idea haber hecho aquello el primer día de clases. Había hablado con Kanae respecto a sus sentimientos por Tomioka Giyū y su hermana mayor le había instado a confesarse. De todos modos, no había ningún tipo de relación entre ellos, de verdad no iba a perder nada si lo intentaba…
—Ay, Kanae —murmuró la joven mirando hacia el cielo despejado de un azul precioso —, qué falta me haces en estas situaciones.
Shinobu suspiró de nuevo, sonriéndole a Kanao antes de acercarse a ella y tomarle el brazo para sonreírle dulcemente.
—Te preocupé, ¿verdad? —cuestionó suavemente mientras su hermana menor le sonreía, aliviada de verla más tranquila —Kanae va a decir que no sé cuidar de ti y me va a regañar cuando nos visite de la universidad. ¿Me vas a delatar?
Kanao sonrió ampliamente, negando con la cabeza mientras su hermana le acariciaba la cabeza antes de avanzar juntas por las callecitas hacia su hogar.
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Salvado por la campana jamás había sido tan literal como esa mañana.
Se había quedado helado al escuchar la confesión de Shinobu, no había sabido cómo reaccionar, qué hacer, qué decir, moverse…
Cuando escuchó que aquella joven lo llamaba a los gritos con su voz chillona y estridente (cómo aborrecía cuando ella estiraba así las palabras, y se lo había hecho saber, así que estaba seguro de que quería molestarlo), pensó que sería alguna otra de las tonterías de clubes escolares o algún regaño por el uniforme, o cualquier tontería…
La hermana mayor de Shinobu había sido prefecta en su último ciclo escolar, así que la mediana de las hermanas Kocho había heredado una especie de obsesión por conseguir que las cosas se hicieran bien.
¿Obsesiva?
Tal vez un poco.
Solía recordarles a los estudiantes que debían llevar el uniforme impecable, regañar a los que corrían por los pasillos, amenazar a los chicos que conseguían hacer a una jovencita llorar… y luego Kanae le había dicho que debía ser más amable o se haría de enemigos.
Y entonces se volvió temible, con esa sonrisa apacible con la que siempre interceptaba a otros estudiantes…
Demonio.
Algunos la llamaban demonio.
Pero para él, para Tomioka Giyū, esa sonrisa vacía, falsa, estudiada, se había convertido en el gesto favorito que pudiera hacer aquella joven escalofriante.
Demonio...
Oni... no, Akuma.
—Idiota —espetó Sabito mirando a Tomioka con una sonrisa radiante en la boca —, de verdad eres un idiota —enfatizó empujándolo mientras avanzaban otro paso, haciéndole dar un traspié y mirarle con el entrecejo fruncido.
Sólo recibió un gruñido a cambio, Giyū sólo emitió un gruñido gutural antes de enarcar una ceja, un gesto silente pero contundente al que Sabito ya estaba bastante acostumbrado.
El pelirrojo soltó una risa nerviosa antes de rascarse la cabeza y mirar a su amigo, contrariado por su mutismo.
—Kocho Shinobu te confesó sus sentimientos esta mañana y lo que hiciste fue retirarte en cuanto escuchaste el timbre, ¿me estás tomando el pelo?
—¿Y qué querías que hiciera?
Si aquellas fueron sus primeras palabras dichas luego de un largo rato de silencio, fueron pronunciadas con tal frialdad que a Sabito le recorrió un escalofrío por toda la espalda tras su respuesta.
—Qué pesado —murmuró el muchacho antes de sonreírle suavemente a su amigo —. Shinobu te ha gustado desde que estamos en primer grado —reprochó haciendo que Giyū volviera el rostro, tratando de ocultar el sonrojo en sus mejillas.
—¿Y qué?
—¡¿Y qué?! Le quiero pegar —murmuró para sí mismo, tratando de mantener la calma —, le voy a pegar —insistió un poco más fuerte antes de adelantar a Giyū para poder mirarlo a los ojos —Tú me tienes que estar jodiendo con una borma de muy mal gusto al decir eso. ¿A qué te refieres exactamente con "y qué"?
—Me gusta, ¿qué tiene?
—¡Te gritó que...!
—Daisuki desu —interrumpió Tomioka antes de rebasar a Sabito —, ¿y qué se supone que significa? ¿Me quiere, le gusto?
—¿Le gustas mucho? —sugirió el pelirrojo alcanzando a su amigo y sintiendo que un nuevo sentimiento reemplazaba a la frustración. La compasión.
—No tiene caso —murmuró Giyū en medio de un suspiro antes de mirar de reojo a su amigo —, ella es...
—¡Onegai shimasu!
Giyū y Sabito desviaron la mirada hacia el costado, reconociendo la voz de Rengoku Kyojuro de inmediato. Y aunque podrían haber dejado pasar el hecho de que uno de los estudiantes más entusiastas del instituto, no pudieron apartar la mirada cuando se percataron de que el muchacho estaba hablando precisamente con la joven que había sido su tema de conversación hasta ese momento.
¿Qué le estaba pidiendo?
—No gracias —ella fríamente, con esa sonrisa angelical que habría sido capaz de congelar al mismísimo infierno.
Muy bien, hablemos de contrastes.
Si había algo que igualara la frialdad en los gestos desinteresados de Shinobu (ese desierto ártico en el que el mundo se convertía cuando ella estaba determinada a zanjar un tema, ese iceberg a la deriva en el que mandaba a navegar a las personas alegremente, ese congelador en el que las personas a las que ella rechazaba podían entrar a morir), sólo podía compararse con la pasión ígnea que caracterizaba a Kyojuro.
Porque cuando una idea se le metía a la cabeza a ese muchacho, su entusiasmo ardía como un incendio incontenible, listo para abrasarlo todo.
Aclarado el punto, decir que aquello era una lucha de titanes, parecía poco en comparación, puesto que cuando Shinobu rechazó la petición de Kyojuro con tal frialdad que todos alrededor se congelaron, cuando el muchacho continuó con su argumentación, los estudiantes terminaron derritiéndose bajo la presión que ejercía aquel fuego incontenible.
—¿Por qué no quieres reinar a mi lado? —cuestionó Kyojuro con aquella sonrisa contenida, con la mandíbula apretada mientras esperaba la respuesta de Shinobu, que se hizo esperar tantos segundos tan largos que el muchacho tuvo que volver a hablar, temiendo que la joven no le hubiese entendido —, ¿por qué no quieres ser mi vicepresidenta para las elecciones del consejo estudiantil de este año?
Kanao pasó saliva con dificultad, parada un metro más allá, pero sintiendo cómo los cuerpos de ambos muchachos irradiaban calor y frío respectivamente.
—No me lo tomes a mal, Rengoku-san, pero la vicepresidencia nunca ha sido mi objetivo, y menos cuando la ofreces así. Si me disculpas...
No añadió más antes de rebasar al muchacho y avanzar hacia la cafetería, seguida de cerca de una Kanao atemorizada.
—"Los miembros del consejo estudiantil son los pilares de la institución" —exclamó Kyojuro sin darse la vuelta, consiguiendo que Shinobu frenara en su sitio al escucharle —, todavía recuerdo tus palabras, fueron pronunciadas con la suavidad con la que una mariposa bate sus alas, pero crearon un tifón al otro lado del mundo. Los miembros del consejo estudiantil son los pilares de esta institución...
—Cuando dije esa frase no tenía intenciones de unirme a la política escolar —murmuró Shinobu, serena como un lago en quietud, y tal vez fue esa calma la que hizo que los estudiantes a su alrededor se pusieran nerviosos y se encogieran en su sitio. Mi hermana...
—Tu hermana Kanae nos había puesto a todos en nuestro sitio para cuando pronunciaste ese discurso que inspiró a muchos. Y ahora quiero proponerme como presidente estudiantil de este año, y quisiera que fueras mi vicepresidenta.
—No va a ocurrir —sentenció la chica para luego proferir un largo suspiro y darse la vuelta, mirando la espalda de Rengoku y percatándose de la presencia de Tomioka Giyū en la distancia —, no me interesa ser tu vicepresidenta.
—Hay otros puestos. Y otras maneras de servir a la escuela.
—Ofréceme una secretaría y ya veremos, no seré tu vicepresidenta.
—¡Tomioka-San, permíteme dirigirte unas palabras, onegaii shimasu!
Rengoku Kyojuro dejó a Shinobu plantada con la palabra en la boca, con los ojos abiertos por la sorpresa y con una creciente sensación de pánico en el pecho.
¿Ahora en qué se había metido?
—No, gracias —cortó Tomioka con un gesto sereno, tal vez con la misma frialdad con la que Shinobu le había hablado antes.
—Conviértete en nuestro tesorero, onegaii shimasu —exclamó con entusiasmo, haciendo que Shinobu suspirara fastidiada por aquello —, estoy formando un equipo para proponernos como comité estudiantil para ser los pilares que sostengan esta institución —exclamó fervientemente convencido de sus palabras, haciendo a Giyū enarcar una ceja con aburrimiento —, estoy buscando gente en la que confiemos seriamente y podamos hacer las cosas bien. Conviértete en nuestro tesorero, Tomioka-San —y apenas estaba el aludido por rechazar aquel ofrecimiento, cuando Kyojuro añadió con una sonrisa radiante, —Shinobu-san será la secretaria de nuestro movimiento.
—¡Un momento —espetó la chica dando un paso en su dirección —, yo en ningún momento dije que...!
—Estoy dentro —soltó fríamente Giyū, consiguiendo que Shinobu se frenara de golpe, mirándole confundida por sus palabras. ¿Dentro?
¿Cómo?
—¡Arigatto gozaimasu! Ahora buscaré a un vicepresidente.
Shinobu se quedó mirándole, confundida, mientras Sabito palmeaba el hombro de Giyū felicitándolo por aquello.
Contenderían para formar el nuevo comité estudiantil ahora que los miembros del comité anterior se habían ido a la universidad.
Si bien, los murmullos a su alrededor carecían de importancia justo ahora, Shinobu sólo pudo escuchar dos cosas que ocuparon toda su mente.
—Hashira —y fue Rengoku quien lo pronunció, refiriéndose al nombre de su comité —, seremos los pilares de la institución.
Y después...
—Es una buena excusa para entenderte —por parte de Giyū, quien girara el rostro en su dirección, conectando miradas mientras una nueva ventisca les envolvía.
Shinobu se quedó sin aliento de la misma manera en la que Giyū se había quedado esa mañana luego de escucharle gritar una confesión. Se quedó helada en su sitio mientras el pelinegro parecía estar ocultando una sonrisa suave, tenue, que terminó de derretirle el corazón, porque sabía perfectamente que aquellas palabras habían sido expresadas para que ella le escuchara.
Y fue su turno de ser salvada por la campana...
