Final

El sol irradiaba toda su energía, el calor era sofocante pero gracias a las sutiles ráfagas de viento se hacía más soportable el caminar por el parque. Serena aguardaba en uno de los puentes con un atuendo casual y veraniego. Sumida en sus pensamientos mientras analizaba los pétalos de cerezo que caían delicadamente sobre el recién cortado césped. No estaba de ánimos para ninguna clase de encuentros sociales, pero sus amigas habían insistido en que debía salir a distraerse, y más aún en intentar conocer un poco más al joven que estaba perdidamente enamorado de ella. Suspiró un tanto contrariada. No se sentía bien al estar en una especie de cita con el primo de una de sus mejores amigas, mientras Darien estaba en prisión y Michiru debatiéndose entre la vida y la muerte. Se detuvo unos instantes perdiéndose en el vuelo de un pétalo.

-Ojalá todo se solucione – dijo dejándose llevar por sus pensamientos.

-Verás que así será. - contestó la voz varonil de su cita. Ella volteó a verlo un tanto ruborizada. - Por lo menos ésta tarde, distráete, haz de cuenta que no hay nada en tu mente, que nadie más existe excepto tú. - Serena sonrió al ver al platinado de pie frente a ella. - Perdona la demora preciosa. -
Ella respondió con un gesto de negación de su cabeza.

-No te preocupes. Estaba entretenida viendo la vida pasar... - El sonrió, con sus manos en los bolsillos volvió la vista hacia el panorama que mantenía absorta a su compañera.

-Debes dejar de culparte por lo que ha sucedido. - Una triste sonrisa se dibujó en los labios de la rubia. -

-Es más fácil decirlo que hacerlo. - respondió. - No puedo evitar sentirme mal.-

-Deberías, no hay nada que pudieras haber hecho para evitarlo. -

-Alejarme de Haruka hubiera sido una buena opción. - reflexionó. -

-El "hubiera" ya no tiene sentido. Lo que importa es el ahora y el futuro. Deja de torturarte. Michiru y Darien, cada uno a su forma se dirigió por su cuenta a la autodestrucción. Tú no tienes nada que ver. -

-Fui un desencadenante. - sus ojos se perdieron nuevamente en el celeste apacible del cielo. El joven de cabellos platinados se puso delante llamando su atención. Ella fijó su mirada en la suya mientras él tomó con suavidad una de sus manos. Diamante podía ver con claridad el dolor en los ojos tiernos de aquella jovencita. En tan poco tiempo, su mundo de caramelo se había desmoronado. Había despertado de aquel encantador cuento de hadas con un duro golpe.

-Sé que pensaste que habías encontrado a tu príncipe azul. Sé que soñabas una vida a su lado y ahora te sientes perdida sin saber exactamente a donde ir. Traicionada por la persona a la que amabas. Piensas que todo será mucho más difícil de ahora en adelante porque él no estará a tu lado. Sé que sientes que debes encontrar un nuevo sentido a todo. Pero recuerda que estas rodeada de gente que te valora y aprecia la persona que eres. Incluyéndome. - hizo una pausa - No te digo que me elijas como tu compañero. No quiero presionarte en nada, sólo deseo que cuentes conmigo, que sepas que estaré a tu lado y te esperaré el tiempo que sea necesario. Quiero ser tu apoyo. Y quiero ser la razón por la que vuelvas a sonreír. - Un rubor intenso cubrió el rostro de Serena. El platinado para evitar incomodarla decidió cambiar el tema. - Bien, ¿Qué deseas hacer? - Ella se encogió de hombros agradeciéndolo - ¿Quieres tomar un helado? - Los ojos de la rubia se iluminaron al tiempo que una sincera sonrisa se dibujó en los labios de él. - Bien, te llevaré a una tienda donde siempre íbamos con mi madre de pequeños, verás que te encantarán, son hechos por la misma familia que atiende. Caminaron un par de cuadras en silencio. Al principio ambos se sintieron extraños pero con el correr del tiempo comenzaron a tomar confianza. La tarde transcurrió entre el helado, risas, una ida al cine a la carta de Serena y un paseo en un antiguo tren histórico que recorría tan sólo tres estaciones. Durante toda la tarde, ninguno de los dos emitió comentarios acerca de Haruka, Michiru o Darien, así como tampoco de inclinaciones románticas.

Cuando el sol comenzaba a caer, Diamante acompañó a Serena hasta su casa.

-Ha sido un placer compartir ésta tarde contigo. - Dijo él viendo la puerta de entrada. - Espero que te hayas divertido. - Ella volteó la vista a él con una tierna sonrisa.

-Claro que sí. Muchas gracias por todo. -

-Espero me permitas invitarte nuevamente algún día. - Serena asintió tímidamente. -

-Lo haré, pero no puedo prometer que pronto. - Él sonrió y se despidió de ella con un gesto de la mano. - Gracias por todo. - dijo antes de darse la vuelta e ingresar al domicilio. Diamante la vio perderse, inocentemente se quedó en la entrada albergando la esperanza de que ella volviera a despedirse con un beso, pero momentos después se decidió a volver a su casa. Sabía que ella necesitaría tiempo y estaba dispuesto a darle todo el que necesitara para poder estar a su lado. -

Los días pasaron lenta y tortuosamente para Haruka. El estado de salud de Michiru se mantenía estable, le habían quitado el respirador, pero aún la mantenían sedada. Durante aquel tiempo las chicas se turnaban para acompañarla en la clínica y al igual que a Seiya, quien se quedaba en los breves momentos en que la corredora iba a su departamento a descansar. Serena había levantado, por consejo de sus amigos, cargos en contra de Darien por secuestro. Haruka a su vez por medio de su abogado había iniciado una demanda penal por intento de homicidio, amenazas y extorsión. Mina le había comentado a Seiya que Andrew visitaba frecuentemente a Darien mientras cumplía la prisión preventiva. Para desgracia de Haruka, él se encontraba mejor y más tranquilo. Aparentemente no se sentía culpable de nada de lo sucedido. Y estaba empezando a ser el mismo de siempre. Situación que no hacía más que elevar su resentimiento.
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Eran cerca de las 5 de la tarde, Serena y Diamante se encontraban en la cafetería de la clínica.
- Ten por seguro que Michiru se pondrá bien – la animó con una sincera sonrisa. -

- No puedo dejar de sentirme culpable, ella fue a defenderme, me lo dijo, me pidió disculpas y luego... - decía con las manos temblorosas sujetando su copa.

- Olvídate de eso, ya lo hablamos, ya cuando se mejore podrás agradecerle personalmente lo que ha hecho por ti. - tomó una de sus manos con suavidad. - No hay necesidad de que te tortures, ella se recuperará. Así que tranquila. - Serena sonrió. Aquel chico de ojos tan fríos y lejanos le provocaban una extraña pero confortable sensación.

- No puedo evitarlo – respondió cabizbaja - es mi culpa que... -

- Ya no te culpes. - la voz inconfundible de Haruka la hizo voltear sorprendida. La rubia se sentó a su lado. Su rostro denotaba cansancio. Cruzó su mirada con la de Serena y sonrió tristemente. - Ella estaba un tanto perturbada. Lo que vivió con Darien la marcó para mal – tomo aire profundamente para continuar - No intento hacerla quedar como heroína ni mucho menos. Sólo te digo la verdad cabeza de bombón, ella sufrió mucho con todo esto, tanto o más que tú. Y no quería que nadie más pasara lo mismo. Darien la torturó, la persiguió y la terminó desquiciando, ella no encontró otra salida a su remordimiento y su miedo más que la de acabar con él. - Se detuvo unos instantes para solicitar el café al camarero y prosiguió. - Simplemente ella no supo que más hacer. Y decidió cometer aquella locura y quién sabe en qué más pensaba. - Descansó su espalda en el respaldo de la silla y estiró su cuello. -

- Te ves agotada. Deberías irte al departamento y dormir un poco. - sugirió Diamante al ver el semblante pálido y ojeroso de la corredora.

- No lo haré. Quiero estar aquí por si algo sucede. - replicó amablemente. El camarero le entregó el café y ella se dispuso a tomarlo bajo la mirada preocupada de sus dos acompañantes. - disculpen la interrupción – dijo dirigiéndose a Diamante – Sólo necesitaba tomar algo y podrán continuar con su conversación. -

- No te preocupes – la animó Serena. - en este momento lo que quiero es que estés bien y que Michiru se recupere pronto. -

- Yo deseo lo mismo. Quiero creer que mi sirena es fuerte y volveré a reflejarme nuevamente en el mar de sus ojos. - Ambos la miraron con ternura. Ella terminó con la taza de café. La colocó a un lado de la mesa y suspiró. - Gracias por la compañía chicos, pero no es necesario que vengan, se que tienen muchas cosas que hacer. -

- Para nada – la interrumpió la rubia de coletas. - Lo mínimo que podemos hacer es apoyarte. - Haruka sonrió para luego ponerse de pie y alejarse de ellos discretamente.

- Está muy mal – murmuró Serena mientras la veía alejarse. - Ella se culpa de todo. -

- En parte es su culpa, en parte no. - respondió con sinceridad el platinado. - Pero lo único que hay que esperar ahora es que Michiru se recupere.- Un leve silencio se originó entre ellos. Diamante la miraba con un esbozo de sonrisa mientras ella se dedicaba a jugar distraídamente con la cuchara y la mesa. - Serena... - empezó a decir sin poder contenerlo. - Sé que no es un buen momento, que tienes muchas cosas en tu mente y... Bueno, tu sabes que me gustas mucho... - dijo provocando que la mirada atónita de la rubia se fijara en la de él. - No es para que te sorprendas. Es la verdad. Tú me gustas... puedo decir que cada día que pasa siento que mi corazón te pertenece más.

- Diamante yo... - intento decir. -

- No te pido que me des una respuesta ahora. Lo que quiero es que sepas que puedes contar conmigo, que si necesitas a alguien aquí estaré para acompañarte, escucharte y protegerte siempre que lo necesites. - Serena sonrió tímidamente.

- Muchas gracias, se que así es, pero en éste momento no pienso en romances. La herida provocada por Darien es mucho más intensa de lo que yo pensaba. Y...

- No es necesario que te excuses, sólo te lo estoy comentando, pero es necesario que lo sepas. - el acarició su mejilla con suavidad. - Me gustaría que me dieras una oportunidad, cuando todo esto pase.- sus pálidas mejillas se cubrieron de un cálido tono carmín y sonrió tras asentir con la cabeza.

Haruka se encontraba sentada en el pasillo del hospital, Sacudió la cabeza y se apoyó en la pared. Estaba cansada, apenas había dormido en los últimos días y no había salido de allí. Tenía miedo de que algo sucediera y ella no estuviera presente. Faltaba mucho para el horario de visitas y el cansancio estaba comenzando a pesar. Observaba el blanco techo con las luces tintineantes del tubo casi caduco que alumbraba el pasillo y sentía que sus ojos comenzaban a cerrarse. Hacía fuerza arqueando las cejas para que se mantuvieran abiertos.

-Deberías ir a descansar. - la voz de Seiya la hizo girar hacia él. -

-No, no puedo. - respondió tajante.

-Hazme caso, no ganas nada estando aquí, son las cinco de la mañana, ve a descansar, te bañas, duermes un poco, comes y vuelves. -.

-No voy a dejarla sola – respondió molesta. -

-Tranquila, yo descansé adrede, me quedaré aquí despierto y apenas haya una novedad te llamo. De paso puedes traerte ropa. Por si quieres cambiarte luego. -

-No me iré, no la dejaré. - El pelinegro la tomó suavemente por los hombros y la miró a los ojos.

-Prometo no dejarla sola y cuidarla. Necesitas descansar. No puedes hacer nada por ella en éste estado. -

-Pero... -

-Haruka, hazme caso. - ella suspiró resignada, por más que le molestara, él tenía razón.

-Está bien. - se puso de pie y apoyó su mano en el hombro del cantante en gesto de agradecimiento. El asintió esbozando una leve sonrisa. Rivales desde el momento de conocerse, Haruka y Seiya se habían vuelto muy cercanos en el último tiempo. Unidos por el cariño hacia Michiru y la culpa por todo lo ocasionado. Era él, quien en aquellos momentos, lograba hacerle frente a la terquedad desesperante de la rubia. El mismo le obligó a tomarse un taxi por el riesgo que podía ser al volante en el estado en el que estaba.


Al llegar al departamento abrió la puerta desganada. Se dirigió directamente a la habitación casi arrastrando los pies, lo primero que haría sería darse un baño para poder descansar. Al ingresar al cuarto de su intimidad su pecho se oprimió, su perfume inundaba el aire, aquel aroma característico que tantas veces la había hecho delirar, aquella fragancia que ella misma le había obsequiado hacía años a la vuelta de un viaje y ella nunca más dejó de usar. Dirigió su mirada hacia la cama que compartían. Sobre ella la bata de Michiru descansaba desordenadamente. Ella se sentó a su lado y la tomó entre sus manos. La llevó hacia su rostro intentando impregnarse de ella. Odiándose a sí misma por provocar aquella situación. Lentamente sus lágrimas humedecieron la delicada tela. La extendió para observarla y la dobló con cuidado para ponerla sobre el lecho nuevamente. Caminó hacia el armario para tomar una muda de ropa y se dio una larga y reconfortante ducha. Al salir, se acomodó debajo de las sabanas y se acostó mirando hacia su lado. Observó su espacio vacío y volvió a sentirse horriblemente culpable. Era la primera vez desde lo sucedido que se recostaba en su cama.

- ¿Así que así te sentías cuando me fui Sirena? - murmuró sin darse cuenta. Intentó llenar sus pulmones de aire y lanzó un profundo suspiro. - Soy la peor de las idiotas. - sus ojos se vencieron agotados luego de breves sollozos y quedó profundamente dormida.

Despertó horas más tarde cuando el sol le dio de lleno en los ojos. Los apretó con fuerza y se estiró disfrutando de esos hermosos segundos antes de volver a la realidad. Volteó a su lado observando la bata y se sentó en la cama. Se vistió rápidamente. Y preparó un desayuno tan simple que apenas podía llamarse como tal a pesar de ser mediodía. Un café cargado y una tostada con mermelada. Lo tomó de pie en la barra de la cocina, mientras con la vista recorría el vacío departamento. ¿Siempre había sido tan grande? Parecía más amplio y espacioso de lo que lo recordaba. Quizás fuera su ausencia la que lo hacía ver así. Fijó su mirada en la pequeña mesita de centro, su violín estaba sobre ella fuera de su estuche, extraño, estaba colocado descuidadamente sobre la pieza de vidrio. Se acercó al sitio, lo tomó, y lo guardó como correspondía.

- Espérala amigo, que pronto volverá para darme celos contigo. - una triste sonrisa se dibujó en sus labios mientras lo cerraba. Tomó un abrigo y salió nuevamente hacia el hospital. Agradecida de que Seiya le había dado la idea.

Al volver el chico estaba en compañía de Amy y Serena. Los saludó interrumpiéndolos con la mejor sonrisa que pudo dibujarse en los labios.

- ¡Haruka! - Serena la abrazó por la cintura con fuerza. - ¿Cómo estás? - Ella le sonrió acariciándole la cabeza. A diferencia de Amy que sonrió saludándola con un gesto y Seiya se puso de pie para estrechar su mano.

- ¿Mejor? -

- Así es, Gracias. ¿Alguna novedad? - El negó con la cabeza y ella suspiró. Sería otro día más esperando por verla despertar.-
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Las horas habían pasado pesadamente al igual que en el último tiempo. Se acercaba el horario de visitas y la ansiedad comenzaba a consumirla, salió unos momentos hacia la florería que estaba a la salida del hospital a comprarle el ramo de jazmines, se le dificultó convencer al doctor de ubicarlo en un sector lejano de la habitación. Pero luego de unos instantes volvió a tener la posibilidad de verla. Ingresó al cuarto inundado de olor a hospital al que contra su voluntad cada día que pasaba se familiarizaba aún más. Ella se encontraba durmiendo, intacta. Se acercó, le besó suavemente la frente, acomodó un poco su cabello, su almohada y acarició su rostro dormido con delicadeza. Volvió a besarla y ubicó su silla al lado de la cama, tomó su mano y la besó repetidas veces entre medio de anécdotas de los días que habían transcurrido.
Haruka descansaba su cabeza sobre la mano inerte de su diosa marina. Habían pasado ocho días desde el incidente. Todo aquello era tan irreal que se perdía en el espacio-tiempo. De todas las situaciones que podría haberse imaginado vivir junto a ella, ésta era la menos pensada. Suspiró y le besó cariñosamente la mano que descansaba debajo de su mejilla. La rubia sintió un leve movimiento. Se alarmó y levantó su rostro con rapidez. Observó a Michiru que se encontraba exactamente igual a como había estado los últimos días. Miró a su alrededor buscando explicación para lo sucedido pero todo estaba ó decepcionada pensando que tal vez todo había sido fruto de su imaginación. Se quedó observándola unos instantes. Volvió a acomodarse como antes y se entregó a sentir su casi inaudible respiración y la sensación imperceptible de su pulso. Mantenía la mirada fija en ella. En su apacible rostro de porcelana esperando pronto despertara, porque sabía que lo haría de un momento a otro. Sin embargo no fue hasta pasado el mediodía que un leve quejido llamó la atención de la rubia. Se levantó bruscamente de su asiento para tomar su mano. Su corazón latía con una fuerza que jamás había sentido, sus manos sudaban y sentía que las piernas le fallarían de un momento a otro. Un nudo se formó en su garganta cuando la vio quejarse luego de un pequeño movimiento. Lentamente sus ojos comenzaron a abrirse.

Las máquinas comenzaron a sonar nuevamente, pero ahora estaba tranquila. Ella se pondría bien. Aquellos ojos adormilados que la veían con cansancio, ésa débil sonrisa que se esbozó en sus pálidos labios le indicaban una pronta recuperación.

-Ha...Ruka... - susurró con la voz rasposa. Su voz, nunca antes se había sentido tan feliz de sentir su voz diciendo su nombre. -

-Aquí estoy – dijo emocionada sin poder contener las lágrimas. -

- Me duele – murmuró con dificultad llevándose la mano libre al cuello. Haruka temblaba, quería abrazarla, besarla, tomarla en sus brazos con todas sus fuerzas y no dejarla ir. Se sentía tan nerviosa que apenas podía respirar con normalidad. Fijó su mirada en aquellos ojos azules que tanto había deseado volver a ver. -

- Lo sé – dijo acariciándola con la mayor suavidad que sus torpes y nerviosas manos le permitían. - Debes quedarte tranquila, todo estará bien. - El médico de turno ingresó junto a una compañera a examinarla. Efectivamente, se encontraba mejor de lo que habían esperado. Obligaron a la rubia a dejar la sala por un momento, en el que aprovechó para llamar a Seiya para darle la noticia. Con tanta emoción lo había olvidado por completo. El cantante al enterarse prometió acercarse al lugar lo antes posible. Se puso de pie a un costado de la puerta intentando ver lo que sucedía dentro de la habitación. Luego de breves minutos que le parecieron eternos logro ingresar nuevamente al cuarto. Allí la vio, más hermosa que nunca a pesar de su palidez. Se sentó a su lado y tomó su mano.

-Estarás bien. - le dijo animándose más a si misma que a la violinista. Ella asintió levemente con una débil sonrisa dibujada en sus labios.

-Estoy feliz. - murmuró. Haruka deslizó el dorso de su mano sobre sus mejillas de alabastro.

-Y no te imaginas como estoy yo. -

-¿Qué sucedió? -

-Intenta no hablar, no es necesario. - dijo intentando evitar el tema. - Todos están bien así que no tienes de que preocuparte, más que por mejorarte. Si te pones bien pronto, podremos cambiarte a una habitación mucho más bonita que ésta.

-Haruka... -

-Lo sé. - respondió leyendo sus pensamientos sin dejar de acariciarla. - Yo también. -


Horas más tarde en el hospital.

Seiya abrió la puerta, no podía negar la felicidad que le daba el poder verla, allí estaba ella recostada, su frágil sonrisa iluminaba la totalidad de su pálido rostro. No pudo evitar sentir un leve cosquilleo en el estomago cuando sus penetrantes ojos azules se fijaron en los suyos.

-¡Buenas tardes Michi! - la saludó acercándose a ella para entregarle el ramo de lirios que traía en sus manos. Haruka los tomó en su lugar y los llevó a un costado de la habitación.

-Gracias por venir. - respondió con la voz aun rasposa extendiendo su mano para tomar la suya. - Gracias por todo. Haruka me ha contado el apoyo que has sido para ella. - el pelinegro se rasco la cabeza un tanto ruborizado.

-Es lo mínimo que podía hacer por ti. Tú sabes... -

-Si lo sé. - lo interrumpió suavemente. - ¡Hola chicas! - exclamó sorprendida al ver a Amy y Serena detrás del cantante.

-¿Cómo te sientes? - inquirió tímidamente la rubia de coletas acercándose a ella.

-Mejor gracias, me alegra saber que estas bien. - comentó con sinceridad. Serena le dirigió una mirada a Haruka que no podía ocultar su alegría.

-No podemos quedarnos mucho. - intervino Amy – las visitas siguen estando restringidas. Sólo pasábamos a dar nuestro apoyo.

-Muchas gracias. - sonrió.

-Adiós.- dijo Serena antes de salir. - Cuando te sientas mejor, podremos salir a dar un paseo. - Michiru asintió con la cabeza y volvió su vista a Haruka que la veía con ternura mientras acariciaba su cabeza. -

-A pesar de todo, te tienen gran estima. - dijo suavemente. -
-El corazón de Serena está colmado de bondad. Merecía alguien mucho mejor que aquel sujeto. - suspiró débilmente intentando acomodarse. - Gracias al cielo todo ha terminado.-

-Michiru. - ella dirigió su mirada a los ojos de la rubia. - Quiero que dejemos Tokio. Vayamos a vivir a cualquier otro lado. Un sitio donde podamos empezar de nuevo y dejemos todo esto definitivamente en el pasado. - Michiru sonrió y tomo entre sus dedos los de Haruka. -

-Tú sabes que te seguiría al fin del mundo si tú me lo pidieras. - La rubia sonrió. Luego de acariciar suavemente su cabeza, depositó un delicado beso sobre los labios dela aguamarina. -


Había pasado poco más de un mes de aquel horror. Michiru por fin estaba regresando a su departamento. Iba del brazo de Haruka caminando lentamente por el pasillo que conducía al departamento 16 F, allí se encontraban esperándola Serena, Amy, Lita, Seiya, Yaten y Taiki que habían preparado una recepción en su honor. Todos sonrieron al verla ingresar caminando lentamente por la puerta, Serena, se acercó a ella y le dio un fuerte abrazo que sorprendió a más de uno. Por su parte Amy sólo levantó educadamente su mano con una sonrisa. Yaten le entregó unas flores y se disculpó por haber estado ausente durante los últimos días. Taiki hizo una educada reverencia y le guiñó un ojo. Seiya por su parte la miraba apacible sin poder evitar demostrar la felicidad que sentía en aquellos momentos. Se había sentido culpable durante todo el tiempo por haberla arrastrado a todo lo que había pasado. Era su culpa. Pero todo había quedado atrás. Había aprendido, al igual que Haruka, a valorar a la fabulosa y frágil mujer que tenía en frente. Antes de que pudiera acercarse a ella Lita la tomó por el otro brazo haciendo que la violinista se soltara de Haruka por primera vez en todo el rato, y la condujo hacia la mesa de centro donde la ayudó a sentarse y le enseñó las cosas que había preparado para la ocasión. -

-Muchas gracias. - miró a su alrededor. - En verdad se los agradezco mucho. Por estar aquí, a pesar de todo. Como sabrán Haruka y yo nos iremos a vivir a Osaka, queremos empezar de nuevo en un nuevo lugar. Y que nos despidan de éste modo, las personas que son más importantes para nosotras no tiene precio. Sé que será difícil que olvidemos todo lo sucedido. Pero de a poco podremos seguir adelante con nuestras vidas. El que tiene que pagar lo hará. Tarde o temprano. Mientras tanto. -miró a Serena. - Hay muchas razones por las que salir adelante.- Todos sonrieron y se mantuvieron en silencio por unos momentos. -

-¡Bien! - exclamó Seiya – Entonces hagamos que esta despedida momentánea sea inolvidable para nuestras amigas. - se acercó al sofisticado equipo de música que tenía la violinista en la sala y lo encendió haciendo que una alegre melodía que Michiru no conocía comenzara a sonar.- En el transcurso de la tarde, todos se acercaron a brindarle sus buenos deseos a ambas. Fue cuando estaba conversando con Taiki que Serena llamó la atención de Michiru al conducirse en solitario hacia el balcón. Se disculpó con el cantante y caminó a paso lento detrás de él. Serena apoyaba sus brazos cruzados en el barandal y miraba pensativamente a la luna. -
-Serena. - llamó su atención. Ella se volteó a verla, le sonrió y volvió su mirada al cielo. - ¿Cómo estás? -

-Mucho mejor – respondió con sinceridad sin verla. - Más tranquila. -

-Que Haruka y yo nos vayamos no significa que lo que sucedió quedará en la nada, tenemos a los mejores abogados trabajando para nosotras. El pagará por todo esto y no volverá a molestarte. -

-Lo sé. - hizo una pausa. - Pero no puedo evitar sentirme mal por él. - Michiru adoptó la misma postura que ella apoyando sus codos en el barandal y mirando al cielo.-

-Será difícil que superes todo esto pero lo harás. - dijo convencida. -

-Si, lo haré. -

-Tengo entendido que aquel chico guapo, el primo de Mina, esta perdidamente enamorado de ti. - comentó

-Eso dice. Y debo admitir, es muy atento y guapo. Pero no me siento preparada para una nueva relación. - suspiró y volteó hacia la violinista. -No es necesario. No me moriré si estoy sola por un tiempo. Si me dedico a mi, a pensar en mi futuro, dejar todo esto atrás. Desde hace años solo vivía para él. Todo lo que hacía era por él. Quería ser mejor por él. Pero estaba equivocada. Realmente creo que sigo amando al antiguo Darien. Y olvidarme de él será muy difícil. No necesito que alguien ocupe su lugar para seguir adelante. Yo puedo sola. Tengo a mi familia y a mis amigas, que son quienes siempre me dan fuerza para todo. - Michiru sonrió orgullosa. -

-Es la primera vez que te oigo hablar con tanta sabiduría. - tomó la mano de Serena. - Como tú has dicho. Si te sientes lista, quizás más adelante puedas darle una oportunidad. Pero por mientras restaura tu corazón y vuelve a ser la chica alegre que siempre has sido. - Serena sonrió y la abrazó con fuerza. -

-Cuídate mucho. - murmuró la rubia sin cortar el abrazo. -

-Tu también. Recuerda que tienes a muchas personas que te quieren y te acompañarán siempre. Y cuando nos necesites, nosotras también estaremos para ti. - Se separaron un poco quedando frente a frente. Michiru tomó el rostro de Serena entre sus manos mirándola fijamente a los ojos. - Estarás bien. - Serena sonrió asintiendo con la cabeza.

Volvieron a integrarse a la fiesta. Michiru más tranquila. Serena mucho más animada.

Haruka se acercó a su novia y la abrazó suavemente por detrás. Ella le sonrió y acaricio la mejilla de la rubia con la suya.

-Extrañaré esto. - murmuró la violinista. -

-Lo sé. Pero podemos venir siempre que queramos. Aunque estemos lejos estaremos juntas - Michiru asintió en silencio. - Éste es el momento en que dices "no me importa donde estemos mientras estés conmigo" - susurró la corredora. Ambas rieron ante el comentario.- Estas perdiendo el romanticismo sirena. -

-Eso nunca. Tú sabes que me lo reservo para la intimidad del cuarto. -

-O de la cocina. -

-O del baño. -

-O de la estación del metro. - volvieron a reír sin dejar de observar a su círculo de amistades con un dejo de melancolía. - Estarán bien, vendremos seguido. - Nuevamente Michiru asintió y Haruka depositó un dulce beso en su cuello.

Las horas pasaron sin que se dieran cuenta. El amanecer se acercaba. Haruka y Michiru se preparaban para la partida.

-¡Cuídalo! No quiero tener quejas de la junta de vecinos por tus parrandas. - amenazó Haruka entregándole la llave del departamento a Seiya. -

-No te preocupes. Sabes que soy un chico tranquilo y responsable. - La rubia le dio un golpazo en el hombro.

-¡Cuídalo!- volvió a decir. - Y cuídala a ella. - dijo refiriéndose a Serena.- El pelinegro hizo una seña militar con su mano llevándola a su cabeza.

Volvieron a despedirse uno a uno de los invitados y abandonaron el departamento. La reunión seguiría. Pero Haruka quería llegar a Osaka pasado el mediodía, luego de sonrisas y lágrimas dejaron el departamento y se dirigieron al estacionamiento. Michiru como siempre de copiloto.

-¿Estas lista? - preguntó la rubia al subirse al coche. Michiru asintió con una sonrisa y se abrochó el cinturón. Haruka encendió el motor y salieron hacia la costanera. Aquella ruta las llevaría hacia un nuevo destino. Un nuevo comienzo donde podrían empezar desde cero. Sin importar quien existiera a su alrededor. Sin importar lo que nadie piense o sienta. Sólo ellas y una nueva oportunidad.

Al llegar al puente que llevaba a la salida de Tokio, los primeros destellos anaranjados comenzaban a adornar el cielo. Michiru apoyó su mano en la pierna de Haruka y le dedicó una sonrisa. La rubia la vio de reojo y correspondió el gesto. -

-Estoy muy feliz de haberte conocido. - dijo en voz alta antes de perderse en la velocidad del auto por la carretera.


Y así es como después de tres siglos Mariel se digna a finalizar ésta historia jajajajaja

Bueno, tarde pero seguro. Espero que les haya gustado. Había pensado dividir

Este capítulo en dos, pero mejor terminarlo de una vez.

Gracias a todos por sus reviews, de verdad les agradezco el apoyo.

Nos seguiremos leyendo en mis otras historias.

Gracias por acompañarme en éste viaje.