Disfruten de la nueva adaptación!
Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Sinopsis
El baterista, estrella de rock, Sasuke Uchiha no tiene un problema con las drogas. Las celebridades, especialmente las que sufren de ansiedad, a veces solo necesitan un poco de ayuda para salir del borde. Después de haber tomado demasiadas pastillas, Sasuke despierta en el hospital, enfrentando una intervención. Si quiere quedarse en la banda, tendrá que desintoxicarse mientras cumple arresto domiciliario en Konoha, Alaska.
La jugadora de hockey, Sakura Haruno no puede imaginar una vida fuera de Konoha. A pesar de que tiene un montón de ofertas sobre becas en las mejores universidades, lo último que quiere es irse. ¿Quién cuidaría de su despistado abuelo? Ciertamente no su madre, quien ni siquiera puede molestarse en ir a casa después del trabajo, y mucho menos hacer frente a sus nuevos inquilinos de al lado.
Sakura no está interesada en tratar con la actitud de mierda de Sasuke, y él está demasiado ocupado escondiendo pastillas como para preocuparse. Hasta que empieza a pasar tiempo con el abuelo, y comienza a ver lo que se ha estado perdiendo. Si Sasuke quiere una oportunidad con la ardiente chica de al lado, tendrá que admitir que tiene un problema y superarlo. Lástima que una adicción es difícil de superar... y Sasuke está a punto de quedarse sin tiempo.
Capítulo 1
Sasuke.
¡Sasuke! ¡Sasuke! ¡Sasuke!
Los gritos de la multitud no se detendrán de golpetear en mi cabeza.
¡Sasuke! ¡Sasuke! ¡Sasuke!
Me tropiezo desde el coche hacia la puerta, enganchándome el pie en un escalón y estrellándome contra el costado de la casa. El mundo a mi alrededor se desdibuja. Siempre lo hace después de un show.
¡Mira, es Sasuke Uchiha de Taka!
Izquierda, derecha, e izquierda de nuevo, miro por encima del hombro a los paparazzi que siguen detrás de mí; sus voces se mezclan con los aficionados que me persiguen. ¿Qué tipo de estrella de rock no puede manejar las multitudes? Es patético. Es patética la forma en que dejo que la ansiedad casi me trague entero.
Sólo entra. Tengo que entrar, y luego todos se irán.
Saludo a mi guardia personal que se encuentra en el coche, antes de agarrar la manija, desesperado por silencio. Pero tan pronto como abro la puerta, es como si regresara al escenario y todo el mundo quiere un pedazo de mí. La gente está en todas partes, acercándose. Nadie debería estar aquí. Ella lo prometió. Karin malditamente prometió que no habría fiesta esta noche.
Me abro camino a través de las personas que se encuentran en el salón de su casa. Los gritos de la multitud durante mi solo de batería me alcanzan, borrando lo bien que me siento cuando mis palos golpean en la batería. Nadie está mirando, pero se siente como si estuvieran subiendo dentro de mi piel, carcomiéndome desde adentro.
Necesito a Karin. Dijo que tenía una sorpresa para mí, y más vale que no sea esta fiesta.
Alguien me golpea en mi lado izquierdo, y se escabulle hacia la derecha. Cada toque amplifica los gritos en mi cabeza, torciendo una soga alrededor de mi garganta. Doblo mis manos, deseando tener mis baquetas.
—¡Sasuke!
Me tapo los oídos, pero luego me doy cuenta de que me llama Karin. Salta hacia mí, una gran sonrisa idiota en su rostro.
—¡Ven conmigo! —Está gritando, pero aún así apenas puedo oírla.
Mis pies se enredan de nuevo mientras subo las escaleras y la sigo por el pasillo. Con cada paso, la presión de la soga alrededor de mi garganta es cada vez mayor, los flashes del espectáculo de esta noche se reproducen en mi cabeza.
10.000 personas.
¡Taka! ¡Sasuke! ¡Taka!
Los gritos se mezclan con la llamada telefónica del imbécil de mi padre. Él quiere más dinero, como siempre. Es la única manera de lograr que nos deje en paz.
Cierro los ojos, todo es demasiado.
Entramos en una de las habitaciones... y está tranquilo. Dichosamente tranquilo, el ruido de la fiesta es silenciado por las paredes. Me vuelvo hacia Karin, odiando la forma en que tiemblan mis manos.
—Más vale que tengas algo bueno.
Ella sostiene un frasco de pastillas y sonríe. Mi boca se seca.
—¿Qué es?
—Ven a ver. —Riendo, se aleja. Y tan pronto como camino hacia ella, me lanza la botella. Cuando saco la tapa, sacudo las pastillas dentro de mi boca y agarro la cerveza que me entrega Karin para tomarlas. Las píldoras y la cerveza se han ido en tres segundos. Atrás ha quedado la forma en que solía ser antes de que tuviera el dinero para pagarle a papá, cuando podía encontrarnos en cualquier ciudad nueva a la que nos trasladáramos para poder escapar de él. Solo las pastillas me hacen sentir mucho mejor que escapar.
Karin arrastra los dedos por mi estómago.
—¿Cuántas tomaste antes de llegar aquí?
—Un par. Yo solo tenía unas cuantas conmigo.
—Toma. —Me entrega su cerveza, y también la bebo.
No pasa mucho tiempo antes de que el borde se esfume, de que la soga, las voces, las manos agarrándome, se desvanezcan.
Suena mi celular.
Mierda.
Saco el teléfono, sabiendo que si no contesto puede que me la vea fea. La gente siempre me está comprobando.
—¿A dónde desapareciste? —pregunta Suigetsu, el cantante de mi banda— Pensé que ibas a venir.
La habitación está girando. ¿Cómo diablos es que una habitación puede girar? Caigo en la cama para ver si eso hace que se detenga. Nop. Mi cuerpo se estremece por todas partes. Es una sensación increíble. Mucho mejor que las manos que rasgan mi piel durante un espectáculo, o el canto atrapado en mi cabeza.
—¿S.U.?
Oh, cierto. Estoy al teléfono.
—Los Paparazzi no dejaban de seguirme —le digo— Tenía que deshacerme de ellos.
Es cierto. La palabra suena divertida, así que sigo repitiéndola. Cierto, cierto, cierto, cierto.
—Podrías haberte deshecho de ellos y venir. Pensé que decidimos que la banda saliera junta después del show de esta noche.
¿Lo hicimos? Pequeños fragmentos tratan de formarse en mi cerebro, pero luchar para descifrarlos toma demasiada concentración. Suigetsu está tratando de matar mi zumbido. Estaré condenado si dejo que eso suceda. El giro comienza a reducir velocidad, y estoy enojado al respecto. Estar mareado es mucho mejor que tratar con él. —No es para tanto.
Mis dientes superiores rozan algo en el labio inferior, y eso me asusta. Pero luego me doy cuenta de que es mi aro, y comienzo a reírme. No quiero parar. No recuerdo la última vez que me reí tanto, la última vez que me solté con gente que no estaba en mi cabeza.
¡Taka! ¡Taka! ¡Taka!
Es algo más que el nombre de nuestra banda cuando lo gritan así. Me hace sentir como si me estuvieran quemando vivo. Mi zumbido comienza a desaparecer…
Quiero aferrarme. Hallar algo más que tomar para asegurarme de que no se irá por el resto de la noche.
—Sasuke, debes tomarte esta mierda en serio. Solo puedo cubrirte por un tiempo, antes que…
Espera.
—¿Cubrirme? ¿Qué diablos quieres haber dicho?
—Decir.
¿Decir? ¿De qué está hablando? El giro frena hasta detenerse. Él me está dando mierda por algo que todos hacemos. Van a salir esta noche. No hay ninguna diferencia si yo voy también. Y por lo menos tengo una excusa. Ellos no sienten que van a perder su mierda en el escenario como yo. No es que se los haya dicho alguna vez.
—Sasuke —se queja Karin— me estás ignorando. No me gusta ser ignorada.
Cae sobre la cama junto a mí y pasa los dedos por mi pecho otra vez. Mi corazón se recupera. Estoy de humor para esto. No para la mierda de Suigetsu.
—¿Esa es Karin? —pregunta.
¡Sasuke Uchiha! ¡Taka, Taka, Taka!
Mi zumbido se está perdiendo.
—Tengo que irme —Cuelgo el teléfono y lo dejo caer en la cama... o en el piso. No lo sé y no me importa. La falda de Karin es corta, tan corta— ¿Qué quieres S.U.? Sé que quieres más.
¿Lo hago? Sí, eso creo. Hace apenas unos minutos me reía. Eso aleja el estrés, y así puedo ser feliz.
Creo que ella mueve sus pestañas, pero no puedo asegurarlo. Karin se levanta y se acerca a la cómoda. Una botella de vodka vuela hacia mí y casi no la atrapo. Con una leve sonrisa, ella saca dos píldoras más. El estrés desaparece de inmediato, así de fácil. Merezco estar de fiesta de vez en cuando. Me cansé de que me digan lo contrario. No conozco a nadie que no se suelte a veces. ¿Quién no necesitaría ayuda para relajarse después de la vida de locos que llevamos? El resto del tiempo, solo aguanto. Todos tenemos que aguantar.
Por una vez, quiero hacer algo más que aguantar.
Me levanto y agarro una de las botellas de su mano, y no me molesto en leerla antes de intentar girar la tapa. Me toma tres intentos abrir la estúpida cosa, pero finalmente lo consigo, antes de tomar todo lo que queda en ella.
—S.U. ¿Y yo qué?
Karin golpea mi brazo, pero la ignoro. Estoy tan cansado de recibir mierda de todo el mundo. Cansado de sentirme nervioso todo el tiempo, como si mi corazón quisiera comerme vivo. Solo quiero que todo se vaya. Después de hurgar un par de veces, por fin me las arreglo para abrir el vodka antes de tomar un poco, con píldoras y todo.
En lo que se siente como un segundo más tarde, mis piernas se debilitan. Los giros comienzan otra vez, pero se siente como si fuera mi cabeza, y no la habitación. Karin se echa a reír y empieza a bailar. Trato de ver, pero una sábana continúa descendiendo sobre mis ojos. La habitación se tambalea. Me caigo al suelo. Karin está riendo, y yo estoy luchando para hablar, pero no sale nada. Algo trata de subir por mi garganta. Esa estúpida sábana cae otra vez, pero no desaparece. ¿Por qué Karin no la quita? Ella sigue riendo... riendo...
Pronto, no queda nada.
ZzzZzzZ
Trato de abrir los ojos, pero es como si hubieran sido cosidos, cediendo lo suficiente para levantarlos parcialmente y volver a cerrarse. Son marionetas. Alguien tira de sus hilos y ellos no me escuchan. La idea me da ganas de reír. Cuando lo intento, el sonido no sale. Mi garganta arde. Mi lengua está muy seca, y me siento pesado, paralizado, o algo así.
Oh, mierda. ¿Estoy muerto?
Mi corazón comienza a golpear un solo de batería asesino. Si mi corazón late, no puedo estar muerto, ¿cierto?
Trato de sentarme, pero es imposible, por lo que en lugar de eso me concentro en mis ojos, luchando como loco para abrirlos.
—Está despertando —susurra alguien.
¿Mamá? Creo que sí, pero no puedo asegurarlo. Cuando siento una mano sobre mi cabeza, sé que es ella. Lo ha hecho desde que era un niño, y no quiero nada más que apoyarme en ella. Esto tiene que ser bueno. Si puedo recordar esas cosas, tengo que estar bien. ¿Quiero estar bien?
—Bisop —susurra mamá de nuevo.
El dolor en su voz me rompe en pedazos. Odio cuando está dolida, lo odio tanto que estoy bastante seguro de que la jodí a lo grande, y que soy yo quien la hizo sentir de esa manera.
—¿Mamá?
Mi voz no salió bien. Hay algo en mi garganta. Lucho para abrir los ojos, pero apenas logro una especie de aleteo. En primer lugar, solo veo niebla, pero poco a poco se empieza a aclarar, y ella se inclina sobre mí y su pelo marrón cae. Sonríe, pero una lágrima se desliza por su rostro y se posa en mi mejilla. Se supone que debo protegerla, no hacerla llorar.
Sí, estoy totalmente jodido.
Esta vez, trato de mover mi brazo pero me doy cuenta de que está atado a la camilla. Los tubos están por todo el maldito lugar: en mí, colgando de las cosas. Hay un pitido constante que no debo haber notado antes.
El pánico se establece, y trato de moverme de nuevo. Para hacer algo, cualquier cosa. Ya que mis brazos no están respondiendo, voy por mis piernas. Trato de levantarme.
—Shh. Está bien, cariño. Solo relájate.
No puedo parar. Me estoy volviendo completamente loco, ¿y ella quiere que me relaje?
—Está demasiado agitado —dice una voz que no reconozco— Vamos a darle algo.
¿Darme algo? Sí, eso suena muy bien.
El rostro de mamá comienza a desdibujarse. Lo último que noto es que ya ni siquiera trata de sonreír, y luego le doy la bienvenida a la oscuridad que me lleva otra vez.
ZzzZzzZ
—No iré a Alaska.
Cuando siento que mi corazón se agita, lucho por calmarlo aferrándome a los brazos de la silla.
El mánager de mi banda, Orochimaru, ni siquiera intenta ocultar su ira del modo en que mamá intenta ocultar su tristeza. Orochimaru cruza sus robustos brazos y se recuesta al escritorio.
—Sí vas.
Empujo la silla y se cae al piso detrás de mí.
—Primero que todo, soy un adulto. No puedes obligarme a hacer esta mierda. Segundo, fue un accidente. Un accidente de una vez.
Todavía no puedo creer que sucedió. ¿Despertarme y averiguar que podría haberme ahogado en mi propio vómito? No había estado tan jodido antes. En realidad fue una muy mala noche, y se me fue la mano, es todo. Las pastillas son un modo de desconectar; una forma de permanecer en calma cuando siento que me quiebro.
Las manos de mamá tiemblan cuando se las lleva a la boca y jadea. Ni siquiera dije nada, pero es la primera vez que hemos hablado de las cosas parcialmente desde que desperté en el hospital hace una semana.
—Ma, lo siento. En serio, sabes que no pretendía nada. Estaba… —me encojo de hombros— No sé. Solo algo que hacer, o lo que sea. Estaba cansado después del espectáculo y toda la cosa esa con la prensa. Me ayuda a relajarme. No lo hago todo el tiempo.
Cuando Karin me da algo, puedo hacer que una botella me dure todo un mes. No es nada comparado con alguna gente que conozco. No es que pudiera decírselo a mi mamá.
—Sasuke… podrías haber muerto. —Mamá llora otra vez y se limpia las lágrimas con las manos que relucen su manicura rosa. Me odio un poco más por hacerla sentirse así— ¿Te das cuenta lo grave que es eso?
"¿Te das cuenta lo grave que es eso?" Esa es la pregunta más estúpida que he escuchado.
—Sí, ma. Soy yo quien despertó con un tubo metido en la garganta.
Eso solo hace que llore con más fuerza. De ser posible, me siento aún más mierda. Mamá no se merece esta porquería, no se merece mis meteduras de pata, porque ha renunciado a todo para que yo llegue hasta aquí. Qué mal que no puedo lograr hacer nada al respecto.
Orochimaru se aclara la garganta.
—Si comprendes lo grave que es, entiendes por qué vas a Konoha. Tu mamá y yo hemos estado hablando, y creemos…
—No hables de mí como si fuera un idiota. No los necesito discutiendo a mis espaldas.
Cuando habla de nuevo, la voz de Orochimaru es dura.
—¿Sabes cuánto tiempo he estado en este negocio, Sasuke?
Ahora mismo no podría importarme menos.
—Más de veinte años. He visto pasar mucho talento. He visto gente lograrlo y fastidiarlo por completo. —Sacude la cabeza— He visto gente morir.
—Yo…
—Cállate y déjame terminar. Creo que lo de la semana pasada fue un accidente, pero no creo que fuera cosa de una vez. Puedes pensar que soy idiota, pero me doy cuenta cuándo alguien está drogado. He estado en este ambiente con músicos en mejor y peor forma que tú. También sé que estás en el límite. Si continúas por este camino, vas a caer. Inicia como un modo de relajarte; luego comienzas a perder el control de vez en cuando, como la semana pasada; y antes de que lo sepas, has perdido todo el control. Lo he visto.
—Solo queremos que tomes un pequeño descanso, cariño —agrega mamá— Eso es todo. Que te aclares las ideas y veas lo que estás haciendo.
Mirarla duele demasiado, así que miro a Orochimaru. Es más fácil estar enojado con él.
—Eres afortunado de tener gente que se preocupa por ti. No todo el mundo posee eso. He visto lo suficiente para saber que, aunque me haces ganar dinero ahora, empeorarás y comenzarás a costármelo. Alaska o rehabilitación, escoge. Podemos mantener lo de Alaska en silencio, lo que, honestamente, sería una jodida Dandición. La prensa no sabe lo que pasó la semana pasada, y quizá podamos ser capaces de mantenerlo de ese modo. Lo averiguan y todo cambia. Ya no se trata de la música de la banda. Todo se convierte en: ¿Cómo está tu baterista? ¿Se mantiene limpio? No dejaré que jodas a mi banda de ese modo, Uchiha.
Odio el modo en que dice el apellido. Orochimaru me mira engreído, como si supiera que me tiene convencido. Los premios de música están por toda la pared en su estúpida oficina, tentándome. Nuestro Grammy del año pasado.
—¿Y si me rehúso?
La mirada en el rostro de mamá me dice que la he herido más. El ceño fruncido de Orochimaru me dice que está más que enojado, pero, ¿qué demonios? No son ellos a los que embarcarán lejos.
¡Sasuke! ¡Sasuke! ¡Sasuke!
Enfocándome, pienso en las pastillas que tengo en casa. Después de lidiar con esto, creo que merezco una.
—Eres un baterista natural, chico —Sacudo la cabeza, deseando tener las manos tranquilas. Sabe que me molesta cuando me llama chico, incluso más que esa cosa del apellido— Eres uno de los mejores que he visto y aún eres un maldito adolescente. Odiaría perderte. Los chicos también, pero no nos sirves si tenemos que preocuparnos porque te tragues tu lengua si estás muy jodido para ver bien. Una noche lleva a dos, a tres. Seguirás acercándote a ese precipicio, y que me condenen antes de que todo nuestro trabajo se desperdicie porque no pudiste manejarlo.
¿Manejarlo? ¿Cómo manejo esto? Esta sensación de que todo el mundo en el espectáculo está en mi interior, apropiándose de mis entrañas y saltando sobre mi corazón. Las pastillas son lo único que atonta el caos en mi cabeza.
Mamá extiende la mano y me toca el hombro.
—Solo quiero que estés bien. No me interesa la banda, me interesas tú. Necesitamos hacer lo que es mejor para ti.
Si eso fuera cierto, no estaría escuchando a Orochimaru.
—Los chicos no estarán de acuerdo con eso. Ellos me cubren las espaldas.
Ahora estamos en la cima. Tres sencillos número uno en los últimos seis meses, ¿y él quiere que me esconda?
Se frota la barba.
—Desapareciste un día entero en Tokio. Te desmayaste y perdiste la entrevista en Nueva York. Te perdiste una reunión con la banda el mismo día que te bajaste un montón de pastillas. No te cubrirán, y también se les ha dado instrucciones para que no te hablen durante tu partida. Te vas a retirar de todo mientras estás ahí.
—Yo…
No tienen permitido hablarme. Mis compañeros de banda saben sobre esto. Me delataron. Hablé con cada uno de ellos esta semana y ninguno mencionó nada sobre Alaska.
Orochimaru me interrumpe antes de que pueda pensar en algo más. Suspira, dejando caer el peso de su cuerpo en los brazos, como si de veras le importara. —No tenemos nada en los próximos meses. Los chicos van a tomarse un tiempo libre. Es la oportunidad perfecta para que averigües lo que quieres hacer. Retrocede de ese precipicio. Tienes dos meses para organizarte o estás fuera. Eso nos dará tiempo suficiente para conseguir a alguien para la gira.
de la banda. Otra vez es como si la multitud estuviera dentro de mi pecho. Lucho por apaciguar mi respiración. Esta es mi vida. La batería es mi vida. —¿Me vas a quitar la música?
Miro a mamá, pero ella deja que sus ojos vaguen, cerrándose.
—No, chico. Tú serás quien te la quite. —El rostro severo de Orochimaru no cambia.
—No tengo un problema —suelto.
—Entonces no te molestará irte de vacaciones.
Alzo los brazos en respuesta.
—De acuerdo, pero Alaska no es un sitio para vacacionar en pleno febrero. Yo elijo el lugar.
Orochimaru se ríe.
—Perdiste la oportunidad de negociar. Es Konoha, Alaska o nada. Iruka creció allí; él y Kakashi van de vez en cuando. Allí no te puedes meter en muchos problemas, y a diferencia de Los Ángeles, es el sitio en el que te puedes esconder, porque, lo juro por Dios, si veo tu cara estampada en la portada de un tabloide como si fueras la jodida Lindsey Lohan, estás fuera. No soy a lidiar más con esa mierda.
Mamá se mueve y su seriedad iguala la de Orochimaru.
—Será una aventura, Sasuke. Nunca hemos estado en Alaska. Será como cuando eras más joven… solo nosotros dos.
Esas palabras sacuden mi sistema. Siento como si estuviera intentando tragarme la lengua como dijo Orochimaru. No puedo hacer esto con mamá. No puedo lidiar con el modo en que me mira. No puedo lidiar con ella mordiéndose sus uñas rosa, asustada de que perderé los papeles en cualquier momento. Ponerle canoso el cabello castaño detrás de la oreja y saber que la estoy fastidiando.
Sacudo la cabeza.
—No. No… no puedo ir con ella. Si es así, me voy.
Miro a mamá, esperando que lo entienda. Esperando que vea que no estoy intentando hacerle daño, pero en lugar de eso jadea y su mandíbula comienza a temblar. Mira a Orochimaru, y sé que él la salvará, pero me sorprende diciendo:
—No. Kakashi ha pasado por esto antes. Él se hará cargo.
Mamá parece tan sorprendida como yo de que Orochimaru me envíe con su hermano.
ZzzZzzZ
Decidimos que sería mejor si nadie sabe quién soy, y por "decidimos" me refiero a Orochimaru, pero da igual. Lo entiendo. No es que yo quiera que la gente sepa que estoy metido en un pueblo mierdero con gente que probablemente se case con sus primos.
Mi cabello volvió a su color oscuro natural. Orochimaru quería que me quitara el aro del labio, pero de ningún modo voy a perderlo. Ya me están enviando lejos como si fuera un drogadicto degenerado. Creo que estoy siendo bastante condescendiente.
Frustrado, pongo los pies en el salpicadero.
—¿Cómo te sientes? ¿Algún síntoma de abstinencia?
¿Qué? Miro a mi guardaespaldas, Kakashi.
—Primero que todo, ha pasado una semana desde la fiesta. Si tuviera abstinencia, ¿no habría pasado ya? Segundo, ¡no soy un pastillero! No tomo esa mierda todos los días. Eso es lo que ustedes no entienden.
—No tienes que tomar algo a diario para que sea un problema.
Hay tensión en la voz de Kakashi que no escucho a menudo, pero la ignoro.
Después de lo que parece un año, Kakashi se sale del camino cubierto de nieve y va hacia una autopista cubierta de nieve en medio de un incontable número de árboles nevados.
—Les servirá de lección si me ataca un oso o algo.
Tan pronto como lo digo, me doy cuenta de lo estúpido que suena, pero no me importa.
—Los osos duermen durante esta parte del año —es todo lo que dice Kakashi.
Lo ignoro, mirando hacia las microscópicas cabinas al frente. Son del tamaño de las habitaciones de hotel de nuestros inicios. Ahora siempre nos quedamos en suites.
—Usualmente no las rentan a estas alturas del año, por lo que pagamos por todo. No saben quién eres, así que viene siendo hora de que me digas si vas a crearte un alias.
Dejo caer la cabeza hacia un lado. Es el hermano de Orochimaru, pero su apellido es donde termina el parecido. Orochimaru es enorme. Kakashi es pequeño y delgado. Orochimaru es serio. Kakashi se cree comediante. Orochimaru es lo más hetero que hay. Kakashi es gay. Aunque hay algo en Kakashi que hace que no quieras meterte con él. Tal vez es por su novio fisicoculturista con enorme trasero.
—Esto no es un juego. Es mi vida.
Se encoge de hombros.
—Es tu decisión. Al menos debes deshacerte del apellido. Puedes ser como Madonna. Todas las estrellas geniales de rock tienen un solo nombre. —Me hace un guiño.
Maldigo por lo bajo. Acabamos de llegar y ya estoy harto.
—Qué gracioso.
Me muevo para salir del coche, pero él me detiene.
—Puedes hacer esto, Sasuke. Iruka estaba mucho peor que tú cuando se limpió. Fue a rehabilitación, y cuando terminó, vino aquí a recuperarse. No a las cabañas, sino a la casa de sus padres. ¿Orochimaru no te dijo que Iruka había crecido aquí?
Todavía estoy intentando procesar todo lo que dijo. Nunca supe que su novio solía ser un adicto. Y odio que me estén comparando con eso. Después de librarme de su agarre, salgo del coche. Él está justo detrás de mí. —Ya que tenemos todo el sitio, quiero mi propia cabaña.
—En serio, sigo pensando en Iruka y en cómo creen que necesito el mismo tratamiento de alguien que estuvo en rehabilitación.
Él camina hacia el maletero y lo abre. —Estamos puerta con puerta y tendrás chequeos al azar. También registraré tu cabaña de menudo, y antes de que nos separemos, voy a mirar en tu bolsa y tus ropas. Vas a donde quieras, preguntas primero. Quiero verte antes de ir y cuando regreses a casa. Del mismo modo, no puedes irte por más de un par de horas.
—¿Perdón?
—No he terminado. También tendremos charlas al menos una vez a la semana. También tenemos que ponerte algún tipo de cronograma. Cuando Iruka se limpió, comenzó a hacer ejercicios. Contigo comenzaré una hora diaria de caminata. Algunas veces iremos juntos, otras podrás ir solo. Será bueno que tengas tiempo a solas con la naturaleza. —Kakashi alza una ceja; obviamente disfruta esto.
Gimo, pero en realidad es solo una fachada. Mi corazón late a miles de millones de kilómetros por hora. No hay tiempo para pensar en la caminata o en cualquier otra mierda que dijo. Kakashi revisará mi bolsa. Mi mente se va a las pastillas que tengo metidas en una ranura en el fondo. Creo que está escondida, pero hay una probabilidad de que la encuentre.
—Estoy en un pueblo del tamaño de una caja de zapatos. No tengo auto y definitivamente tampoco amigos. No es que haya muchos sitios a los que ir… bueno, excepto en tus caminatas, supongo. —Estoy esperando que esto lo entretenga para que no se dé cuenta de que me siento aterrorizado.
Kakashi se ríe y de pronto tengo ganas de meterle un puñetazo. Solía caerme mejor que Orochimaru.
—No seas tan gruñón. Ahora ven acá y ayúdame con las bolsas.
Doy un paso adelante, de algún modo me resbalo en la nieve y caigo sobre mi trasero. Kakashi se ríe con más fuerza.
Odio la jodida Alaska.
