9- El pantano de tía Dalma

El bote no paro hasta que llegaron a una isla sombría y húmeda, y se detuvo ante una caseta. Empezaron a bajar del bote y se adentraron en la cabaña. Allí parecía que les esperaba una mujer negra, una bruja, tía Dalma. Alguno se sentaron, pero Madelett y Claire se quedaron de pie en la puerta, con un poco de miedo a entrar y muy afligidas. Lo que había pasado horas antes les había dejado muy afectadas. Claire tenia la mirada ida, y Madelett no dejaba de darle vuelta a cosas en su cabeza. Miraba con recelo a Elizabeth que parecía tan afectada cuando ella había odiado a Jack. ¿Qué era eso que sentía, celos? Madelett nunca había sentido celos, pero no iba a llorar por la muerte de Jack, porque ella era fuerte. Aunque en su mas profundo interior le dolía. Sus sentidos se despertaron al oír como tía Dalma decía que podía resucitar a Jack, y entonces, del fondo de la cabaña, a pareció Barbossa, como un milagro. Claire levanto la cabeza y pego un gritito. Madelett esbozo una pequeña sonrisa, Todos se habían puesto de acuerdo en que irían, junto a Barbossa, a rescatar a Jack del fin del mundo, y a Madelett le brillaron los ojos. Pero entonces tía Dalma se acercó a la puerta, mientras los demás hablaban con Barbossa, y se puso frente a los dos chicas.

-Vosotras no debéis venir-dijo con una voz enigmática y negando lentamente con la cabeza,

-Pero yo quiero ir-dijo Madelett decidida.

-A ti ya te ira a buscar Jack...-le dijo tajante- y a ti...-se dirigió a Claire, que la miro tímidamente- A ti te están esperando-la chica no comprendió.

-A mi nadie me puede estar esperando-dijo con un susurro. Tía Dalma hizo una mueca, como una sonrisa, y volvió a entrar. Las dos chicas se miraron.

-Yo si quiero volver a Tortuga-dijo Claire.

-Bueno, si Jack confiaba en esa chiflada, tendremos que hacerle caso, ¿No?-dijo Madelett. Las palabras de tía Dalma la habían animado- Mi padre ya se preguntará que donde me he metido, y vos podréis trabajar conmigo.

-No. Quiero volver a Port Royal-dijo Claire- Necesito volver a la casa de Norrington a coger mis cosas, Son lo que queda de mis recuerdos. Eso será lo que me esta esperando-dijo. Su voz era tenue.

-Pero, si te pillan...-le advirtió.

-Conozco a una persona que puede llevarme de Tortuga a Port Royal. Puedo esconderme. Además, en la ciudad apenas nadie me conocía. Pasare desapercibida, y será solo un día-a Madelett le convenció, aunque de todas maneras no iba a impedir a su amiga que hiciera lo que le diera la gana.

-Bueno, yo me quedo con la esperanza de que Jack vendrá a buscarme, y como sabe donde trabajo...-la chica sonrió- Siempre es bueno dar al cuerpo un poquito de alegría nada mas haber resucitado, ¿eh?-la chica sonrió y Claire sonrió. Madelett era así. Mientras Claire se moría por dentro pensando en las ultimas palabras que le había dicho Norrington y tía Dalma, la otra se reía alegremente. En realidad eran mas distintas de lo que parecían...

10- De vuelta al hogar

Por cortesía de unos amigos de Tía Dalma, las chicas pudieron llegar a Tortuga días después. Cuando llegaron, Madelett respiro su pestilente olor como si fuera vida.

-Oh, ya lo echaba de menos-dijo. Parecía que sus fuerzas se renovaban- Pasaras el día en mi taberna, hasta que veas al hombre ese que conoces. Seguro que pasa por aquí. Todos pasan por aquí-dijo y entro. La taberna estaba como si no se hubieran ido. Los borrachos seguían borracheando y peleando, el suelo estaba lleno de cerveza y ron y, en la barra, un hombre llenaba jarras.

-¡Padre!-exclamo Madelett y abrazo a este hombre. El la respondió sin mucho entusiasmo.

-Madelett, ¿Dónde os habíais metido? He tenido que hacer el doble de trabajo y cuando el otro día...

-Si, si, padre. Luego me lo contáis-le interrumpió la chica y se fue con Claire hacia una mesa.- Dime que preferís, ¿Servir jarras y buscar a ese hombre o estar aquí sentada y... buscar a ese hombre, pero aburrida?-pregunto. La chica se encogió de hombros.

-Pues venga, ayúdame, ¡Que hay borrachos a los que emborrachar!-exclamó y se pusieron manos a la obra. A Claire estos momentos les recordaba a cuando estaba con Norrington, y a la vez se entristecía, por verse ambos tan deteriorados. Si se había sentido mal al pensar que trabajaría como una simple criada en una casa, pero se sentía viéndose trabajar en una taberna llena de piratas pestilentes y con una orden de ejecución que le acechaba cuando menos se lo esperaba. Ahora si que nadie se la iba a quitar después de todo lo ocurrido. Pensaba que todos los que habían sido condenados ya habían pagado justos por pecadores. Por lo menos ella y Norrington. Si Elizabeth y Will preferían seguir con la piratería y salvar a una persona que no se lo merecía, allá ellos, pero esa condena se les quedara grabada, no en el brazo como a Jack, sino en el corazón, y puede que lo pagaran muy caro...

Al día siguiente, por la mañana, Madelett le ordeno a Claire que barriera un poco la entrada de la taberna. Era la hora en la que había menos gente, no solo allí, sino por las calles de toda Tortuga. Entonces le vio. Vio a el hombre que ella buscaba, un hombre bajito y gordo que cargaba un saco hacia el puerto. Claire soltó la escoba y corrió hacia el.

-¡Señor, espere un momento!-exclamo y se paro a su lado. El hombre la miro, extrañado. Era el hombre de la tienda don de ella había comprado la canela

-Señorita, ¿Qué hacéis vos aquí?-pregunto reconociéndola.

-Vera, señor. Es una historia muy larga, y necesito salir de aquí-contesto.

-Ahora es el lugar mas seguro para ti, hija. Se lo de vuestra sentencia de muerte. Y Port Royal no es el lugar mas indicado-le dijo.

-Pero, señor, yo no pienso volver-dijo a la desesperada.

-Bueno... casualmente dentro de un rato zarpamos hacia allí. Pero no se si...-el hombre vacilaba.

-Sois contrabandista. A vos también os podría pillar-el hombre asintió y siguió andando.

-Vale, pero no volvemos hasta la semana que viene, y tenéis que venir ya-dijo sin pararse. Claire pensó en Madelett. Esperaba que no se preocupara por ella.

-Si, señor. Voy con vos-dijo y se dirigieron con paso decidido al puerto.

Próximo capitulo: Lo que le estaba esperando