Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.


Capítulo 8

Las palabras continúan dando vueltas en mi cabeza.

Miro a los policías seguir su camino a la puerta principal y a los vecinos asomarse en las ventanas de sus habitaciones por todo el alboroto que hay en nuestra calle.

¿Cómo es que de un segundo a otro la vida se encarga de abofetearte tan fuerte que no logras reaccionar?

Me tiemblan las manos y cierro tan fuerte los ojos que duele como el infierno. Sin haber dicho nada en voz alta, sacudo la cabeza en un rápido vaivén, moviéndome hacia todos lados para alejar la pesadilla que revolotea en mi cabeza. Como si por desear que algo no fuese real, desapareciera.

Seguiría de la misma forma si alguien no estuviera aferrándose a mis brazos. Es tanta la fuerza que ejerzo para escudarme, que no logran sostenerme bien.

No quiero que nadie me hable. Quiero a mi hermana ahora ¡ahora!

—Bella… Bella… Bella —repiten.

¡Aléjate!

Elizabeth está muerta.

Las palabras se encargan de aguijonearme por completo.

Elizabeth está muerta.

El dolor desgarrador que siento en el pecho me hace abrir los ojos, dejando correr las lágrimas por mi rostro.

—¿Está teniendo una crisis? —alguien pregunta.

—Creo que sí.

En un vago intento de lograr que me suelten, me arqueo hacia adelante con brusquedad, sin conseguir nada en absoluto.

—¡Alice, llama a la ambulancia!

—No, no, déjenme intentarlo. He tenido estas crisis antes.

Lo siguiente que recuerdo es estar sentada en el asiento de un auto y a mi cabeza golpearse contra un cojín. Comienzo a llorar y a patalear sin importarme a quién hago daño. La insistencia con que sostienen mis muñecas está comenzando a fastidiarme. Voy a seguir forcejeando hasta que las fuerzas se me acaben.

—¡Déjame… tranquila… déjame!

—Bella, necesito que dejes de patearme las rodillas —pateo con más fuerza y entonces decido arañar como una gata lo que sea que esté a mi alcance— Te entiendo ¿de acuerdo? Sigue golpeándome si quieres, no insistiré en que no lo hagas, pero escucha, está bien si necesitas llorar.

—Deberíamos llamar a la ambulancia de todos modos —dice una voz que reconozco como la de Alice— Lo haré sin el consentimiento de ustedes ¿eh?

—¿Y sus padres?

—Con la policía —responde Jasper.

Dejo de forcejear, golpear y arañar hasta que no hago más que llorar. Una mano cubre la mía y escondo el rostro en el asiento por la vergüenza de saber que todos están viendo mi escándalo.

Paso mucho tiempo con la cara pegada al asiento del auto, todavía aferrándome a la mano entre mis dedos.

Después de que mi pecho deja de agitarse, la mano desconocida me abandona y recibo a cambio las de Jasper que me jalan para sacarme del auto. Alice me recibe en un abrazo apretado.

Rehúyo de ella y consciente de que debo ser un desastre físico, me acerco a Jasper.

—¿Qué pasó? —pregunto de inmediato, recibiendo su negativa— Respóndeme, Jasper. De todas maneras me voy a enterar.

No necesito echar un vistazo hacia atrás para saber que tenemos audiencia.

—Deberías entrar e ir con tus padres, Bella.

Me agarro a su camisa lo suficiente como para arrancarla.

—¡Responde la condenada pregunta que te hice!

Mis ojos se nublan.

—Ellos dicen… —su voz apenas en un susurro— que pudo haber sido un suicidio.

La palabra "suicidio" me descontrola.

—No —digo, soltándome de su camisa— Eso no es verdad.

Miro hacia la casa, desesperada por hacer mi camino hacia la puerta principal.

Mientras mis pies dan pisadas fuertes, puedo escuchar a Alice preguntar:

—¿Y quién eres tú?

Evito chocar contra los policías de camino, entrando a toda velocidad y encontrando a mis padres sentados uno junto al otro en el sofá.

Puedo notar el desgarro y la angustia al instante. Puedo ver lo mucho que han llorado. Mamá tiene las manos entrelazadas encima de sus piernas que se mueven de arriba abajo sin descanso. Papá esconde su rostro con la mano derecha, agitándose en un sollozo silencioso.

Me quedo paralizada en el umbral de la puerta, incapaz de preguntarles si es verdad todo lo que está pasando. Frente a mí veo difuminarse a la única esperanza que tenía para que dijesen que todo es un mal sueño. Ahora me doy cuenta que la vida es así de injusta.

En algún momento mi madre levanta la cabeza y sus ojos rojos en hinchados, se posan en mí.

No soy consciente del segundo exacto en que se pone de pie para correr a abrazarme. No puedo llorar en su hombro como ella está haciendo en el mío. Las lágrimas se han quedado estancadas en una pared fría de hielo en mis ojos.

Papá también se acerca, colocando su mano en mi nuca. Me impacta verlo tan vulnerable, ya que siempre ha sido un hombre muy fuerte. Nunca lo he visto flaquear como en este minuto en los diecisiete años que llevo de vida.

—Mamá —digo con voz rota, respondiendo a su abrazo— Ella no se suicidó. Elizabeth no habría hecho eso.

Pasa su mano por mi pelo, secándose los ojos.

—Lo sé, Bella. Lo sé.


Elizabeth fue encontraba muerta sobre una cama con evidentes signos de asfixia, que por la hipótesis de la policía, fue provocado por ella misma con la almohada que sostenía en su mano. Hay golpes y rasguños en su cara, lo que hace dudar un poco la teoría del suicidio, sin embargo, aquellos golpes no son recientes.

No hay rastros de su bebé por ahora; el forense es quién se va a encargar de los pormenores sobre ello.

El cadáver será derivado a Seattle en los próximos días. Mis padres deberán reconocer el cuerpo en plena investigación.

El policía que nos da la información, nos muestra la identificación de mi hermana dentro de una bolsa de plástico y mis ojos se llenan de lágrimas.

Es ella, no hay duda.

Después de que ellos se retiran y mis padres tengan que despachar cómo sea a los vecinos entrometidos, me quedo un momento sentada en el sofá antes de recordar que los chicos están afuera.

Ellos están sentados en el porche con rostros cansados y tristes. Al momento de notar que me acerco, comienzan a removerse.

Bree es la primera que se acerca, dándome un abrazo.

—Lo siento mucho, Bella.

Doy palmaditas a su espalda, sintiendo el viento helado en mi rostro.

—Esme llegará por la mañana —me avisa Jasper, revolviendo mi cabello.

—Está bien —es lo único que puedo decir.

Nos sentamos y no hablamos de nada. Veo el anochecer más opaco que he visto jamás. Nada de lo que hay en torno a mí me interesa. Nada podría importarme ya, nada en este momento. Lo único que tengo en mi cabeza es la imagen de mi hermana sobre una cama, golpeada y asfixiada.

Mi hermana pidiendo auxilio.

Mi hermana siendo asesinada.

Elizabeth no se suicidó. No hay poder humano que vaya a hacerme cambiar de parecer.

Alice pone una mano en la mía, entrelazando sus dedos con cariño.

—Tu amigo se aseguró de guardar tu bici y el casco en el patio trasero antes de marcharse. Jasper se ofreció, pero él quiso hacerlo solo.

Frunzo el ceño hacia Alice.

—¿Qué?

Me mira ladeando la cabeza.

—Tu amigo… el que te trajo a casa ¿recuerdas?

Oh.

Olvidé por completo que Edward venía conmigo.

—¿Supongo que no recuerdas entonces que él te calmó en el auto? —Bree se sienta junto a mí también.

¿Qué Edward hizo qué?

Debo parecer muy confundida porque ambas presionan sus dedos en mis manos.

—Tranquila —dice Alice—, no te preocupes.

Las chicas se van poco después, dejándome un vacío aún más grande si es posible.

Mamá y papá intentan ser fuertes delante de nosotros.

Ella me obliga a irme a la cama temprano y se asegura de que tome un calmante con abundante agua. En este momento mi garganta no es capaz de ingerir nada, sin embargo, lo acepto porque es la única forma que encuentro para tranquilizarme.

Algo que, para colmo, no funciona.

Me arropo en las suaves mantas del cubrecama, y lloro. Lloro toda la noche.

Por la mañana la cosa ha empeorado. La policía ha vuelto a casa y mis padres están peor que antes.

—Necesito tener toda la información posible sobre la última vez que vieron a Elizabeth antes de su desaparición. De otro modo, no podremos hacer un buen trabajo en la investigación.

Mamá es la primera en tomar lugar frente al detective, retorciéndose las manos con miedo, y comienza a relatar cosas de Lizzy que me dejan perpleja.

Primero, yo no tenía idea que el novio de mi hermana era un hombre casado.

Segundo, mamá nunca me dijo que ella sabía del embarazo antes de leer la carta.

Tercero, jamás mencionó ninguna discusión que ambas tuvieron el día antes de que se marchara.

Me echa un vistazo cuando termina de hablar y papá luce tan estupefacto como yo, de manera que ambos estábamos igual de mal informados.

Después de que el detective se va junto a la tropa de policías, Jasper pone una mano en mi hombro, sabiendo que voy a alterarme a continuación.

—¿Por qué ocultaste eso durante tanto tiempo, mamá? ¿Por qué nunca me dijiste lo de Lizzy, si sabías lo preocupada que estaba por ella?

Tarda unos segundos en responderme, sus ojos anegados en lágrimas mirándome con desesperación.

—¡Porque no es lo que a ella le hubiese gustado! —le tiemblan las manos— Nunca quiso decepcionarte, así que tampoco lo haría yo.

Mi pecho se agita.

—¡Y qué importa eso! Si de todos modos está muerta, mamá ¡muerta!

La veo taparse la cara con las manos y en un rápido movimiento, echa abajo todas las copas de la mesa, que se hacen añicos en el suelo.

Una voz suave y dulce, me descoloca el corazón.

—Cariño, salgamos de aquí.

Esme jala de mi brazo hacia la calle mientras mi pecho sigue agitándose. No tengo idea de a qué hora llegó a casa, pero caminamos unas cuantas cuadras antes de que tenga que detenerme, apretando su brazo y gimiendo.

Ahora que veo a sus ojos llenándose de lágrimas, la realidad cae de un trastazo.

Mi hermana, con quién crecí, jugué y peleé, está muerta. Y no la voy a volver a ver nunca más.

—Ella… ella está… está… —sin lograr decirlo por mí misma, Esme me rodea con sus brazos, consiguiendo por fin romper a llorar sin reprimirme, sin esconderme en la habitación para que nadie me vea, sin tener el miedo de que vuelva mi crisis nerviosa. Ella acaricia mi pelo llorando e intentando calmarme, cosa que de momento es inútil.

—Tranquila, querida. Todo va a estar bien.

¿Cómo puede estar tan segura? ¿Cómo siquiera todo va a estar bien?

—¿Sabías eso? ¿Sabías que huyó con un hombre casado?

—No, no lo sabía. Por favor, Bella, tienes que calmarte.

Mamá dice que Elizabeth no quería decepcionarme, pero no estoy decepcionada por eso. Estoy decepcionada de no haber sido una buena hermana para que ella confiara en mí.


Mientras papá empaca sus cosas junto a las de mamá para viajar a Seattle, salgo a hurtadillas al patio trasero, donde la lluvia se ha encargado del apestoso olor a césped que hay en el aire. Mamá está sentada en la mesa del jardín, exhalando humo de cigarro.

Al acercarme, veo que sostiene una fotografía de la graduación de Elizabeth con la mano desocupada.

—¿Desde cuándo fumas?

Pega un salto en la silla, pretendiendo esconder inútilmente el cigarro y sorbiéndose la nariz.

—Desde hace un momento.

Ocupo la silla vacía a su lado, encontrándome con sus ojos ahora vacíos.

Tengo tantas cosas que decirle, tantas por las que me gustaría sonar como una buena hija, pero en el fondo, sigo enojada.

—¿Mamá?

Levanta el mentón y diviso la cantidad de ojeras bajo los ojos, así mismo sus pecas, que se acentúan más con la palidez de su rostro.

—¿Sí?

Las palabras salen sin ser escuchadas. Tomo una bocanada de aire.

—Lamento si te grité por la mañana. Todo esto es tan difícil y complicado para todos, pero no te mereces eso.

Frunce los labios, sacudiendo la cabeza.

—No te preocupes, cariño. Yo también lo lamento. Debí habérselos dicho desde un comienzo.

Le da una última calada a su cigarrillo, tirando la colilla y pisándola sin compasión.

—¿Sabes quién es su novio?

—No lo sé. Me gustaría mucho saberlo ¿sabes? —suspira— Estoy segura que fue él quien… —ni siquiera es capaz de decir "mató" "asesinó" "nos quitó"— Bella, prométeme que te vas a cuidar estos días que no estemos aquí. Sé que con Esme vas a estar segura, pero… por favor.

—Te lo prometo —aseguro— Ahora, prométeme algo tú —me mira esperando que continúe— Prométeme que me dirás todo sobre Elizabeth.

—¿Ahora?

—Sí, ahora.

Vuelve a suspirar, secándose las lágrimas y pasando los dedos por el portarretrato.

Me cuenta de cómo los rumores sobre la mayor de las Swan saliendo a escondidas con un hombre casado comenzaron a ser la comidilla de su clase, de cómo una de sus alumnas de baile de tercera edad se lo contó aquella mañana antes de que Elizabeth se marchara. Ella no lo había creído en ese momento, aun así, decidió preguntárselo directamente, esperando que Lizz se riera o se molestara por los chismes del pueblo. Algo que no hizo. Cuando se lo confirmó, mamá y ella discutieron muy duro.

—Se lo pregunté, se lo exigí. Quería saber quién era el hombre que estaba arruinándole la vida a mi hija. Quería salvarla antes de que fuese demasiado tarde —saca otro cigarro de la cajetilla, sus manos temblando de los nervios— Y cuando me confesó su embarazo, sabía que debía actuar con más presión, así que le dije que estaba castigada, que no me importaba que fuese mayor de edad —comienza a lloriquear— por eso reaccioné así con su carta, porque sí que era demasiado tarde para ayudarla. No pude hacer nada.

Le ofrezco un pañuelo desechable y ella lo recibe agradecida.

—Sus amigas tienen que saber algo, por mucho que insistiesen en que no sabían su paradero, Lizz tuvo que haber confiado en alguna.

Mamá encoje los hombros.

—No lo sé. Espero que con la investigación, podamos descubrirlo —se seca la cara rápidamente, volviendo a su cigarrillo apagado— Te juro que intenté que remediara las cosas, que pensara en el bien de ese bebé, pero… —golpea su puño contra la mesa, haciéndome saltar del susto— parecía tan… forzada a su relación.

—¿Forzada?

—Asustada.

Mi corazón está roto y balanceo mi pierna encima de la otra todo el tiempo. Toda esa información me confunde más y por mucho que intento formar alguna hipótesis, lo único que consigo es volver a imaginarme a Lizzy muerta en una cama.

Me siento más enfadada que antes. Mamá termina de encender su cigarrillo, temblándole los labios y bajando la cabeza. La conversación ha terminado. Sé que necesita un momento a solas, un momento para reflexionar.

No le doy palabras de consuelo porque no sirven de nada en este momento.

Esme está en el umbral de la puerta cuando entro. Su sonrisa triste me confirma que ha escuchado todo.

—Tienes visitas —me dice, apartándome un mechón de pelo.

No le pregunto de quién se trata, camino fuera de la cocina sin encontrar a nadie y ella me señala la puerta de salida.

Mientras cruzo por el espejo de cuerpo de la sala, me quedo contemplando con sorpresa la silueta tan distinta a la Bella de ayer por la mañana; mi rostro pálido como porcelana, la hinchazón y enrojecimiento en mis ojos.

Me gustaría despertar en mi cama y escuchar la voz de Elizabeth cantar en su habitación. O que irrumpa en mi cuarto para apartarme las cobijas de encima y despertarme un domingo al mediodía.

Quiero sus consejos de hermana mayor y su cálida sonrisa. Quiero que nos sentemos en el sofá un fin de semana para ver películas de comedia hasta tarde en la noche.

Quiero todo lo que alguna vez tuve con ella. No sé qué hacer a partir de ahora. No sé cómo la gente que ha perdido un ser querido logra salir adelante.

Viví seis meses sin saber nada de su paradero, pero sabía que estaba viva. Sabía que estaba en algún lugar del mundo.

Ahora es tan distinto. Ahora sé que no la volveré a ver jamás.

Nunca más.


Drama, drama y más drama.

Un capi triste, pero por lo menos ya sabemos un poquitito más de Elizabeth y su pasado, ahora el tema es por qué se fue.

Nos leemos en el siguiente

Gracias por sus comentarios y alertas

:)