14-Visita inesperada

Norrington entro en el camarote bastante tarde. Aun así Claire no se había dormido y estaba esperándole.

-Claire, ¿Por qué no estáis acostada?-le pregunto el hombre quitándose la chaqueta.

-Os estaba esperando-contesto.

-Sabéis, el mas mínimo despiste puede arruinarlo todo. Esos bichos no duermen, no me fio-el hombre se quito las botas- Solo descansare unas horas y volveré arriba.

-Pero, necesitáis descansar-le dijo preocupada la chica. El hombre se sentó a su lado.

-Nuestra seguridad es mas importante-le dijo y apago una vela. Luego se tumbo en la cama. Claire se tumbo junto a el.

-Me preocupa todo...-dijo mirando al techo. Entonces Norrington se volvió hacia ella y se paso un brazo por encima. La chica sonrió.- Ahora ya no tanto- se pego a el y cerro los ojos.

Muy temprano, Claire sintió como Norrington se levantaba, se volvía a vestir y salía de la habitación con sigilo. Creía que no iba a poder dormir, pero lo hizo, se movió un poco en la cama y se puso en el sitio caliente del hombre y se estiro. La verdad es que habían estado bastante acurrucados, pues la cama era individual. Le daba un poco de asco pensar quien habría dormido antes allí, pero intento sacarse eso de sus pensamientos y volver a dormir.

Los días pasaban, y en el barco reinaba el aburrimiento. Claire, mas confiada, y también agobiada, a veces subía y se ponía a ver el mar. Al viento le sentaba tan bien... Algunos soldados la miraban con recelo, pero al fin y al cabo ellos tampoco hacían nada, pues las tareas del barco las realizaba la tripulación de Davy Jones. La chica se fijo en que Mercer siempre estaba detrás de Norrignton, pero a una distancia prudente. Cuando ella y Norrington hablaban en cubierta, este nunca se detenía cerca, pero sabida que la chica le observaba.

-Supongo que Beckett le contó algo-le dijo un día a Norrington- Y mas o menos los saben. Pero no pueden hacernos nada. No porque estáis conmigo- A Claire le reconfortaron las palabras. Cuando hablaban lo hacían susurrado, y nunca se miraban a los ojos. La chica tampoco había vuelto a rozar sus labios, pero por lo visto eso era cosa de Norrington, que ella no entendería. El hombre se dio la vuelta y se fue a popa. Pronto había acabado su turno y podrían volver al camarote. Para ella era mejor vista el mar, auque fuera siempre igual, que los monstruos y los soldados de aquí a allá.

La tarde empezaba a irse, y aunque el sol todavía estaba en el cielo, de un rosa anaranjado, la Luna ya había ocupado su puesto. Era hermoso, y le hubiera gustado compartir la vista con Norrington. Ya debería estar allí, y puede que , si se diera prisa, no se lo perdería. Pero el hombre no apareció, y el sol ya se había escondido por el horizonte y llegaba la hora de las estrellas. Preocupada, decidió ir a la popa. Sin entretenerse, echaría un vistazo y si no estaba, bajaría al camarote. Pero no podía ser porque si no el la hubiera visto y la hubiera avisado. No se encontró con ningún monstruo o marinero, y entonces llego. Y hubiera sido mejor encontrarse con tal monstruo, por muy monstruoso que fuera, o a un marinero, por muy Beckett que fuera antes de ver lo que vio. Norrington estaba, con la espada en el suelo, de frente a alguien que le apuntaba despiadadamente al pecho y, por lo que parecía, dispuesto a matar. Pero no fue eso lo que le impresiono. Lo que le impresiono fue ver quien era. A alguien que jamás podría haber pensado verla en esa situación. Era Madelett, su amiga, su mejor y única amiga. Entonces recordó unas palabras de Jack...

Próximo capitulo: Traición