Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.


Capítulo 13

Observo la letra en cursiva con los insultos plasmados en las hojas, tan delicadamente en marcador negro.

Párrafos breves en donde Edward señala su odio contra el mundo, o contra la injusticia que le hace sentir todo a su alrededor. No estoy muy segura. La única conclusión que saco sobre esto es que el cuadernillo es un tipo de desahogo. Así como algunas personas suelen desahogarse llorando o haciendo cualquier tipo de actividad, Edward escribe.

Es como él ve la vida desde su punto de vista, bajo una manera muy particular; sin tapujos, sin censura.

Es la mierda que a veces nos pasa, sin que hagamos algo para provocarlo.

Los dibujos en las esquinas son extrañas; calaveras y rayas que no comprendo.

—¿Qué estás haciendo? —su voz me hace dar un rebote.

Cierro el cuaderno tan rápido que algunas hojas de arrugan.

—Nada —contesto sabiendo que no es necesario que lo haga.

Se apoya en la puerta de su habitación como si estuviera analizando el que yo esté hurgando en sus cosas. Eso me hace sentir muy avergonzada, nada de esto me pertenece. Cuando se acerca, se sienta en la orilla de la cama a mirar el cuaderno con un poco de recelo.

—No lo he vuelto a hacer desde hace un buen tiempo, sabes —susurra breve, refiriéndose al cuaderno— No me mires como si creyeras que estoy loco.

—No pienso que estés loco.

—¿Sabes lo que allí dice?

—Sí

—¿Entonces?

—¿Entonces, qué? —contesto con otra pregunta.

Me quita el cuaderno de las manos, echándole un vistazo.

—¿Cuál es tu conclusión?

Mi conclusión es que necesito abrazarte fuerte.

—Es un simple cuaderno… personal.

un cuaderno suicida.

Me arrepiento a tiempo de decirlo.

"Si vas a ayudarme en algo… por favor, ayúdame a morir" esa es una de las frases que más veces está escrita en cada hoja. Por un segundo siento tanto temor por él, por mí. Esa frase se queda calada en mi interior.

—Bella, no me tengas miedo.

—No es miedo lo que siento. —aseguro— Trato de entender la razón de que quieras morir, porque de eso se trata todo ¿no? —le miro a los ojos, repitiendo la frase a continuación— "Ayúdame a morir" ¿Todavía es eso lo que quieres, Edward?

—No —contesta urgente— No quiero morir. Eso fue al principio, cuando no tenía a nadie con quién desahogarme.

—¿Y Emmett? ¿Y Rose?

Se rasca la nuca, nervioso.

—No podía hacerlo. Necesitaba a alguien que no tuviese un vínculo tan cercano. El vínculo que tengo con Emmett y Rose… más que de amigos, es como el de una familia tradicional. Una familia bien constituida. Ellos me tratan como si fuera su hijo o su hermano menor. Si les contaba lo que sentía con la muerte de mi abuelo, ellos no me hubiesen dejado tranquilo. —revuelve su cabello de un lado para el otro— Así que escribir me ayudó bastante. Me ayudó a quitarme ese peso de encima, por mucho que la pena siguiera.

Me muerdo el labio.

—Lo que aquí escribes —le señalo con el dedo— son sentimientos muy intensos. Casi catastróficos. —trato de no hacer contacto visual con él— Creo que lo entiendo. De verdad. No querías llorar ni ser consolado. Te encerraste a escribir durante horas. No creo que eso sea malo, y aunque lo fuera, no soy quien para juzgarte.

Paso desapercibido el hecho de que también le tira mierda a su padre, como culpándolo de todas sus desgracias. Me pregunto cuán difícil es su relación con él.

No quiero escuchar más sus disculpas, porque no necesita dármelas.

Coloco una de mis manos sobre su mejilla, logrando que Edward reaccione sorprendido por el contacto. Quiero decirle tantas cosas, tantas cosas atoradas en mi garganta. Su nariz ha vuelto a rozar la mía, tan cerca que nuestros ojos pueden ver más allá del otro.

Tan cerca que las mariposas en mi estómago han declarado su guerra.

Edward hace algo que me pone la piel de gallina: su frente descansa en la mía.

—Lo siento —musita elevando las manos a mi rostro— pero no puedo soportarlo más.

Y me besa.

Al principio lo único que atino a hacer es mantenerme inamovible, estupefacta, demasiado enmudecida para reaccionar al tacto de sus labios sobre los míos. No necesita forzarme demasiado para que lo bese devuelta, porque lo hago. Lo hago con tanto ímpetu que mi cuerpo reacciona al segundo. Sin embargo, después de un tiempo, comprendo esto que estamos haciendo, comprendo que mi boca está enredada en la de Edward Masen.

Me separo de golpe con el pecho dando rebote. El sonido que nuestras bocas hacen al separarse, como si estuviéramos descorchando una botella de champán.

—Esto no está bien —le digo cuando intenta besarme de nuevo— De por sí la situación es incómoda y sumarle a que acabamos de… de… simplemente no podemos.

Tengo mi mano sobre su pecho para impedir que siga acercándose.

—Tienes razón. —a duras penas deja de forcejear— Es… es bastante incómodo.

Lucho por no lanzarme devuelta a besarlo ante el rubor en sus mejillas.

Nos acomodamos uno junto al otro en la cama sin dirigirnos la mirada. Nuestras manos descansan en los respectivos regazos con la evidente incomodidad recién descubierta.

Tal vez solo fue la emoción del momento; no es la primera vez que creo que vamos a besarnos. De ahí a que se hiciese realidad, eso eran dos cosas muy distintas.

—Edward —llamo indecisa, rogando para que me mire. En cuanto él me encuentra, tengo que controlar mi agitación— Quiero que sepas que si algún día quieres hablar de lo que sea, estoy aquí. —me sorprende la manera en que mi voz suena con tanta sinceridad— Si te decides en contarme qué pasó con tu abuelo, voy a estar para ti a la hora que sea.

Tan agradecido como se ve, sus dedos hacen fricción con los míos en una suave caricia.

—Lo sé, Bella. Gracias.


Esa noche pasa a ser la noche más larga de mi vida.

No sé si la falta de sueño se deba a mi beso con Edward, por su cuaderno o por el bebé de Elizabeth.

Hay una probabilidad significativa a que se trate de las tres.

Si el problema fuera solo dormir, no estaría tan inquieta, pero la cabeza me da vueltas de una manera desesperante. Los recuerdos, las teorías, las preguntas sin respuestas están provocándome una severa jaqueca. Y el problema no acaba ahí… además de todo eso, tengo hambre.

El beso es todo en lo que puedo pensar mientras bajo a la cocina por algo para comer. Es como una insistente evocación a algo que llevo analizando desde que él vino a dejarme a casa. Nos despedimos como si nada hubiese pasado y creí que era suficiente, que nada cambiaría.

El hormigueo en mi estómago me dice que eso no es cierto, que todo cambia queramos o no.

Somos dos personas dolidas que necesitan el consuelo del otro. Eso es todo. Que nos hayamos confundido no es más que una reacción normal entre individuos, porque somos humanos y sentimos, porque hemos pasado demasiado tiempo juntos.

Porque no puedo obstaculizar a mis ojos, ni a mi boca, ni a mis pensamientos.

Después de comer un trozo de pan sobre la encimera, decido que es hora de regresar, despejando a mi mente de los recuerdos.

Luego de varios intentos, consigo dormir unas cuantas horas.

Por la mañana las cosas están más claras para mí, pese a que el hormigueo constante sigue allí atacándome como una víbora, no se siente como si hubiese sido lo peor.

No se siente como una equivocación.

Y no sé si eso es peor o no, pero da igual en este momento.

Trato de meter el aro en mi oído sentada en mi cama, preguntándome si Edward se siente del mismo modo que yo, si aquello le ha dejado con insomnio como a mí anoche.

Pateo el pie contra el suelo, sacudiendo mi cabeza.

—Tonta, Bella. Deja de ser tan ridícula.

Un susurro en la puerta me distrae.

—Si quieres mi opinión, no creo que seas tonta, mucho menos ridícula —no estoy segura de cuánto tiempo Esme lleva cruzada de brazos en la entrada de mi habitación, sonriendo— Deja que te ayude con eso. —se acerca y acomoda el aro en mi oído— Estoy muy interesada en saber el por qué piensas eso de ti. Y que conste que no soy entrometida.

Nos reímos.

—No es nada tan importante.

Se sienta junto a mí en la cama.

—Cualquier cosa que te pasa es importante.

—¿Incluso si es insignificante?

—¿Para ti es insignificante?

¿Lo es? ¿El beso fue insignificante? ¿Su cuaderno fue insignificante? ¿Su amistad es insignificante?

—No, —le respondo— no lo es.

—Confía en mí, cuéntame si eso te hace sentir mejor —encoje los hombros— Déjame adivinar ¿Tiene algo que ver cierto chico guapo que últimamente merodea en torno a ti todo el tiempo?

Las cosquillas regresan.

—Algo así.

—¿Cómo dijiste que era su nombre? ¿Edward, verdad?

—Edward Masen —contesto sonriendo como idiota. Debería dejar de sonreír como idiota. O mejor dicho, dejar de actuar como una idiota— Él y yo… —voy a soltar todo, pero me detengo viendo a Esme titubear—¿Qué sucede?

—¿Edward Masen has dicho? —parpadea confundida— ¿Estás segura?

—Claro que lo estoy. ¿Por qué?

Su mirada es la misma que pongo yo cuando pienso demasiado.

—Por nada. Su nombre es un poco común.

—¿Y qué tiene que sea común?

Coge mi mano con fuerza.

—Olvídalo. Ahora cuéntame.

Le relato absolutamente todo. Le relato de nuestro trato en las salidas, del cuaderno sin llegar a dar detalles de su contenido. Le relato con el corazón en la mano nuestro beso.

No sé qué responder cuando me pregunta si me gusta.

—Supongo que sí. Quiero decir, no soy de piedra. Ni siquiera pensé que esto podría ser así de extraño. Todo es tan confuso, Esme.

Ella sonríe, dándome un abrazo apretado.

—Te voy a dar un consejo, querida —me toma de las manos— Averigua qué es lo que sientes, muy en el fondo. Si te gusta, entonces lucha. No debes tener miedo a fracasar en una relación. Eres demasiado joven para esos pensamientos. Disfruta tu vida sin privarte de cosas solo porque creas que estás haciendo algo incorrecto. —le da un apretón a mi mejilla. Odio que haga eso— ¿Sabes lo que tu abuela Marie nos decía a Renee y a mí?

—¿Qué cosa?

—Que tuviéramos muchos novios —se echa a reír— Ella decía que la única manera que tenemos tanto hombres como mujeres, es experimentar, para que sepamos a lo que nos enfrentamos en el futuro. No trato de decirte que te beses con todo el condado de Forks, trato de hacerte entender que las oportunidades se dan una vez en la vida. No desaproveches eso, a veces son demasiado evidentes.

El efecto que las palabras de Esme provocan en mí es tanto que debo detenerme para digerirlas.

Jasper charla conmigo al desayuno sin que le preste atención. Después de un tris, decide que es momento de dejar de hablarle a la pared.

Mis padres llegan a eso de las once.

El café se queda a medio enfriar en mi boca por el bulto celeste que mamá sostiene en brazos al bajar del taxi. La sensación inmediata es demasiado extraña, ambigua. Crecí escuchando a mi madre decir lo mucho que le hubiese gustado tener un tercer bebé, un varón. Ahora siento que sus deseos se han cumplido de una manera que nadie esperó.

Contengo la respiración cuando cruza la puerta, porque el bultito es muy pequeño. Tan pequeño que por un momento dudo que sea un bebé de verdad.

Es un muñequito.

No puedo evitar pensar que esto no debería ser de esta forma, que Elizabeth debería entrar por esa puerta con el bebé en brazos. El nudo en la garganta me hace retorcerme de la angustia.

—Mira, Bella. —Jasper le toca la mano al bebé, que se remueve inquieto— Es tan pequeño.

Me repito que es un bebé, que no me hará daño. Es absurdo que mis manos estén tiritando.

Mamá se acerca para que lo coja en brazos. Voy a entrar en pánico porque no me siento preparada. Aun así, dejo que lo acomode en mi pecho sin problemas.

Su cuerpo caliente junto al mío, su pequeña cabeza cubierta por cabello negro… es raro e increíble al mismo tiempo.

Mi corazón bombea excitado, explosivo. Sus ojos se abren apenas siente la caricia que hago en su mejilla colorada. Verlo despierto es todo lo que necesito en este momento.

Porque si hay una cosa que puedo decir de él aparte de que es pequeño… es que él tiene los ojos de Elizabeth.

Los ojos de mi hermana.


Una cosilla que aclarar... en el capítulo anterior por equivocación escribí Edward Cullen, cuando en verdad era Masen. Lo aclaro porque pronto aparecerá un Cullen que no tiene nada que ver con Edward, para que no vayan a confundirse. De todos modos ya lo corregí.

Ahora si... Holaaa

Ya mañana vuelvo a mi vida habitual, regreso a mi casa y voy a tener más tiempo para escribir (mientras siga con vacaciones, que es hasta marzo)

Gracias por seguir leyéndome y comentando. Me alegran la existencia.

Nos vemos prontooo

Por cierto, el sábado subí una nueva historia "El lugar en mi corazón" para que chequen en mi perfil y se pasen a leer si gustan.

Besosss