Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.


Capítulo 18

Maldita sea.

—Tengo… tengo que decírselo a la policía —digo para mí misma, preparándome para echarme a correr a casa.

Lauren me detiene.

—No tienes pruebas.

—¡Tengo que decírselo! —le grito.

—¡Déjame ayudarte! —me grita devuelta— Bella, deja que te ayude. Tengo pruebas, tengo los videos de la cámara del correo donde tu hermana entraba y salía. Los tengo. Te los daré.

—¿Y cómo sé que vas a hacerlo? ¿Cómo sé que no vas a arrancar por miedo?

Ella contiene las lágrimas.

—No tengo más nada que perder, Bella, y esto está matándome por dentro. Yo vi a tu hermana con el señor Newton sin pensar que terminaría muerta. Me siento culpable en ese sentido, por dejarme persuadir por él. El señor Newton me prohibió que hablase acerca de su romance clandestino y obedecí, porque necesitaba el trabajo. Te doy mi palabra que te traeré esos videos. Mañana a primera hora, de verdad. —recobra la respiración, luego de hablar sin parar— Ahora tengo que irme a casa, nos vemos mañana.

Se va sin decir nada más, tan normal como si nunca me hubiese dicho lo que acaba de decirme, dejándome en medio de la calle con el corazón desbocado. Y con un terrible dolor de cabeza.

No me voy a casa de inmediato. Me paso el resto de la tarde intentando asimilar los hechos. Sabía lo impactante que esto sería para mí apenas supiese, pero nunca lo imaginé de esta manera. Después de un tiempo, había creído que se trataba de alguien desconocido.

Forks se cubre de una tormenta y me doy prisa para refugiarme debajo de un árbol. Mi uniforme y cabello están empapados, y mi labio tiembla de frío. De pronto me doy cuenta que he perdido mi mochila de la escuela. Pero eso ni me inmuta. No me importa. No importa nada.

Son las seis de la tarde cuando alguien me llama por mi nombre. Estoy en cuclillas en el suelo, cubriéndome el rostro con ambas manos.

—¡Bella! —reconozco la voz de Jasper.

Aunque soy incapaz de levantar la mirada.

—¡Bella! —repiten, sin embargo, esta vez no es Jasper sino Alice.

Unos brazos me tiran hacia arriba y mis ojos lucen cansados, agrietados de tanto llorar.

—¿Qué ocurrió? ¿Te hicieron daño? —pregunta Jasper apresurado— ¿Te asaltaron?

Muevo la cabeza, negando.

—Quiero ir a casa.

—Bella ¿qué pasó? Cuéntanos —Alice insiste.

Vuelvo a mover la cabeza.

—Quiero ir a casa, por favor… quiero ir a casa.

Entre los dos me llevan a casa como pueden. La lluvia ha cesado para nuestra suerte. Ninguno de los dos me pregunta nada más. En mitad del camino, decido que es hora de caminar por mi cuenta, así que avanzo delante, sin dejarles seguirme el ritmo, y les escucho susurrar entre ellos.

Mamá está demasiado preocupada sirviendo la cena para percatarse de mi aspecto. Papá todavía no ha llegado. Esme no puede encontrar alguna aplicación en su celular. Ninguna me saluda, distracción que aprovecho para correr escaleras arriba. Ni siquiera me despido de Alice. Ni siquiera soy capaz de mirar a Jasper a la cara.

Me acuesto sobre la cama e intento llorar, sin resultados. Me he quedado sin lágrimas, de la misma manera que lo hice cuando mi hermana murió. Esto se siente como si acabara de pasar, como si estuviera reviviendo lo que ya viví con tanto dolor. Sé lo que va a pasar después, sé que vamos a estar rodeados de policías, sé que la gente hablará todavía más de nosotros, sé que tendrán compasión y lástima, sé que nos van a interrogar.

Hundo la cara en la almohada y me quedo dormida.

Despierto cerca de las tres de la madrugada. No me preocupo de calzar zapatos porque estoy mareada y perdida. Termino caminando fuera de mi habitación a oscuras.

Entro en la habitación clara de Jeremy, que está despierto y moviéndose. Ha aumentado de peso y su piel se ha vuelto más blanca. Atrás quedaron los manchones rojos y el rostro hinchado. Ahora es mucho más bonito.

Sus movimientos se hacen persistentes cuando lo cargo. Pesa bastante para tener un par de meses.

Me gustaría que él tuviera otra vida. Me gustaría que él no creciera con el fantasma de una madre asesinada.

Pero parece imposible de ser, a menos que nos vayamos lejos más adelante. Y, aun así, el recuerdo va a estar ahí, pegado a nuestras faldas.

Me acerco y beso su cabeza antes de devolverlo en su cuna. Lo bueno de Jeremy es que no llora cuando está despierto y se duerme fácilmente por su cuenta.


A la mañana siguiente, me encuentro de pie cerca de la parada del autobús. Mis rodillas tiemblan de frío y de nervios. Mi chaqueta cubre casi la mitad de mi cuerpo, así que el frío no me traspasa demasiado.

Espero a Lauren diez minutos, quince, veinte. A la media hora la veo cruzar la calle. Su aspecto es deplorable, como el mío.

Trae los videos en bolsas de plástico. Me encuentro sentada en la banquita, cubriéndome de la lluvia mañanera, y espero a que se acerque. Me dedica una triste mirada, entonces se sienta junto a mí.

Tiende su bolsa a mi regazo, y la sujeto como si fuera oro.

No me salen las palabras. No soy capaz de decir gracias o que necesito estar sola. Necesito estarlo, pero a la vez no. A la vez tengo muchas preguntas.

—Quiero saberlo todo —Lauren me mira— Necesito que me cuentes absolutamente todo; cómo fue, dónde se veían, en qué momento y la última vez que los viste juntos. Todo.

Toma una bocanada de aire, mirando a todos lados.

—Llevaba unas semanas trabajando allí como recepcionista. Recuerdo haber visto un par de veces a la señora Newton con ropa cara y diamantes. Ella siempre iba al trabajo para discutir con el señor Newton. Ellos se llevaban pésimo, todavía, estoy segura, solo que ella de pronto dejó de ir a verlo. Su matrimonio estaba roto, pero ellos decidieron mantenerse unidos para evitar las habladurías. Así que, después de un tiempo, no me sorprendió darme cuenta que él estaba reemplazando a su esposa por una chica joven.

Trago con dificultad ante esa mención.

—Ella era demasiado joven. Comenzó a ir muy temprano por la mañana y salir a eso de la una de la tarde. A veces llevaba puesto el uniforme escolar; eso me impactó. —Lauren hace una pausa— Cuando salía, me sonreía avergonzada y agradecida por mi discreción.

—¿Cuánto tiempo duró eso?

—Un año —me contesta— Año y medio. —no digo nada, espero a que continúe— La última vez que la vi, ellos discutieron. La vi salir llorando de la oficina para encerrarse al baño. Me acerqué con un vaso con agua y se lo ofrecí. Ella tenía muy bonitos ojos y estaban tan llenos de tristeza, pero a la vez, estaban llenos de terror. No le pregunté qué pasaba, pero ella me agradeció el agua y se marchó. Luego desapareció, de pronto todo el mundo hablaba de Elizabeth Swan. El señor Newton comenzó a ser más gruñón en su ausencia, siempre estaba enojado. Entonces llegaste tú a trabajar.

—Tú sabías todo esto.

Hace caso omiso a mis palabras.

—Lo primero que pensé cuando te vi, fue que él era un pedófilo. Que, así como atrapó a tu hermana, iba a por ti. Sin embargo, nunca he entendido la razón por la que te contrató. Y como si fuera poco, tiempo más tarde tu hermana aparece… muerta. Uní cabos, no necesitaba pruebas que lo confirmaran.

Mis pies se vuelven aire alrededor de mis pantorrillas. Ya no siento frío. Ya no siento calor.

—Es que… no lo entiendo —confieso con lágrimas en los ojos— No entiendo nada. —me vuelvo a Lauren de forma brusca— ¿Por qué él? Quiero decir… ¡es absurdo! Él era la última persona que pensé que podía… que podía… No puedo entenderlo.

Lauren toma mi mano.

—Mira los videos. Míralos todos.

Y es lo que hago. Apenas Lauren se marcha, me dirijo a casa a toda prisa. Mi madre sabe que algo extraño está pasándome, pero ella no me sigue para preguntarme. Y estoy prácticamente toda la mañana viendo videos. No necesito anteojos para confirmar que esa melena castaña es de Elizabeth, porque lo sé. Ella entra y sale de la estación tal y cómo Lauren dijo; con uniforme, con ropa de color, con el pelo tomado, con bolsas del supermercado. Es casi como si hubiese tenido una doble vida, como si aquella oficina hubiese sido su casa.

Me muerdo fuerte los labios, sintiendo la sangre correr por mi comisura y las dudas surgen en mi cabeza. Las dudas que nunca voy a resolver.

¿Por qué el señor Newton?

¿Por qué Lizzy iba a enamorarse tanto de él?

Yo no soy ciega, nadie en Forks es ciego para negar que el señor Newton es apuesto. Mike Newton lo es, así que tenía por dónde salir. Ambos tienen ojos celestes que hechizan a cualquiera, ambos tienen esa sonrisa que podría derretir a cualquiera. No a mí. Pero sí a mucha gente.

Pero le llevaba casi treinta años ¡treinta años!

Me quedo con los videos guardados en mi armario porque no tengo palabras para decírselo a mis padres. No tengo cara y tampoco tengo la valentía para presentarme a trabajar. No sé si Lauren sigue allí, pero estoy segura que no le queda mucho tiempo siendo recepcionista.

Lo único que hago los siguientes tres días es enfocarme en la escuela. De pronto, saber parte de la verdad ha hecho que me concentre más. Es extraño de decir.

Además, Forks últimamente ha estado tranquilo. Las habladurías cesaron, algo que nos tiene felices.

Cuando salgo de la escuela, veo el coche de Edward estacionado fuera de la valla, y a él con su cadera apoyándose en el capó.

Mi primer instinto es retroceder. No quiero verle. No ahora. Aunque es demasiado tarde, cuando sus ojos me encuentran, yo ya he dado una vuelta para salir por la parte de atrás.

Corro con la ropa de gimnasia, así que la gente no me mira raro mientras pasa por mi lado. Mi cola alta se mueve de un lado para otro, mi pecho sube agitado por la fuerza.

Pero…

Debí suponer que Edward iba a saber por dónde saldría, aparte porque está en auto, de modo que me siento estúpida una vez que lo veo al otro lado de la salida, frunciendo el ceño.

Vuelvo a retroceder, esta vez sin ánimos de escapar.

—¿Qué está pasando? —él pregunta.

Finjo no entenderlo.

—¿Qué iba a estar pasando?

—Bella, te vi. En cuanto me viste saliste corriendo.

—No es así.

—Lo es.

Está enfadado. Y no tengo idea si se debe a esto o porque he estado evitando sus llamadas.

Está bien, lo hago a propósito. Pero no me encontraba lista para confesarle la verdad.

O a lo mejor no estoy lista para escucharlo de mis labios.

Edward está esperando a que le explique mi comportamiento, pero me encuentro todavía de pie sin emitir ningún sonido, careciendo de sentidos. Estancada entre cuatro paredes.

El sonido es lejano.

Parpadeo ante su tacto, viéndolo cerca de mí. Ni siquiera recuerdo en qué momento acortó la distancia entre nosotros.

—¿Qué te pasó? —pregunta cuidando sus palabras.

Y preocupado. Su voz ha sonado indiscutiblemente preocupada.

Le miro a los ojos. Estos lucen verdes, brillantes. Me sorprendo de encontrar en sus ojos esa luz que no vi cuando lo conocí. Me pregunto qué verá Edward en los míos.

No respondo a su pregunta. No puedo cuando de la nada se me forma un nudo en la garganta, entonces en vez de contestarle con la voz rota, me lanzo a sus brazos, que me reciben cálidos y acogedores. Me presiona en él protegiéndome de todo lo que me rodea. Eso me hace sentir tranquila conmigo misma, aunque sigo sin poder expresar lo que siento, ni la pena ni la rabia. Nada que se le parezca.

Así que Edward tampoco exige que le diga lo que ocurre. Después de soltarme me lleva hasta su auto, donde me cierra la puerta antes de dar media vuelta para sentarse a mi lado.

El silencio dura hasta que mis labios deciden separarse, encontrando de nuevo mi voz.

Le cuento lo que Lauren me dijo, todo.

Edward voltea su rostro deprisa, y puedo notar la sorpresa y confusión en su expresión. Él no puede dar una opinión concreta sobre el señor Newton porque no le conoce lo suficiente.

—¿Tu jefe? —dice entre dientes— ¿Te contrató aun sabiendo que eras su hermana?

—A lo mejor está saldando culpas —respondo a la nada.

Edward me voltea el rostro con la mano, examinando, mirando hacia dentro de mis ojos marrones.

—Bella —musita—, estás en shock.

Quiero responder que lo sé, que por eso respondí a la nada. En vez de eso, le contesto:

—Edward, estoy cansada de llorar —le confieso— quiero que esto acabe pronto, quiero vivir en paz.

—Tienes que contárselo a tus padres.

—No soy capaz de hacerlo.

—Escúchame, si quieres que esto acabe pronto, tienes que decírselo. Acaba con esto, Bella. Acaba con esto de una vez por todas.

Yo sé que tiene razón, pero no deja de ser difícil.

—Acompáñame.

—Bella…

—Edward, no puedo hacerlo sola.

Mi ruego, le hace bajar la guardia. No se ve seguro de ello, pero asiente con la cabeza.

Conduce hasta mi casa, despacio y en silencio. Los latidos de mi corazón aumentan de una manera insoportable, podría decir que dolorosa.

Me bajo del auto y me afirmo en la puerta, armándome de valor. Edward llega hasta mi lado sonriéndome y depositando un beso en mi frente.

—Voy a estar justo a tu lado —me promete.

Entramos de la mano. Mamá y papá están sosteniendo a Jeremy en el sofá, riéndose por algo que el bebé ha hecho. Eso hace que se me forme un nudo en el estómago, lamentando arruinar la pequeña felicidad.

Esme acaba de entrar a la sala, lista para salir.

—Hola, cariño —me saluda y se dirige a Edward— Oh ¿se quedan a cenar? Lástima que voy saliendo.

Jasper, desde el sofá, le tiende la mano.

El excesivo movimiento me confunde más.

Alice sale de la cocina con un cuenco de palomitas. Ella se sonroja a más no poder, sentándose junto a Jasper en el sofá. Si no estuviese a punto de contarles la verdad exigiría una explicación.

—Bella, Edward, siéntense con nosotros. Estamos a punto de ver una peli de miedo.

—¡Dijiste que no era de miedo! —se queja Alice.

Jasper se ríe.

—Bueno, bueno, entonces de "suspenso"

—Cariño, ¿qué te pasa? —me pregunta mamá, moviendo a Jeremy en su regazo.

Puedo sentir el pecho de Edward rozar mi hombro.

Tengo a todo el mundo mirándome extrañado, incluso Esme, que estaba por salir, se queda de pie en la puerta.

—Tengo algo que contarles —digo con la voz fina, apenas audible.

Miro a Edward de reojo, que presiona sus dedos en la palma de mi mano. Agradezco su toque porque me calma, me hace sentir menos vulnerable. Así que esbozo una pequeña sonrisa para él antes de subir a mi habitación a buscar los videos.

Tomo una bocanada de aire tan pronto los coloco sobre mi regazo.

Bajo y todo el mundo sigue callado.

No quiero ser yo la que ponga esos videos en la pantalla. Por eso es que me acerco para entregárselos a mamá.

—Mira los videos —le digo del mismo modo en que Lauren me dijo— Míralos todos.


Yo sé que la mayoría creía que el papá de Edward era el amante, pero me pareció demasiado cruel que fuese él, de por sí la historia ya es media oscura, además hay otra cosita que se tiene que aclarar y no quiero hacer sufrir "tanto" (nótese las comillas jajaj) a Edward y Bella.

Gracias por los comentarios y alertas!

Buen fin de semana