Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía


Capítulo 19

Le sigue un silencio cuando el primer video termina.

Nadie me pregunta por qué los tengo. Todos están en shock. Mamá es la primera en dar señales porque se pone de pie de inmediato, cogiendo el mango del control remoto y retrocediendo, sin poder creerlo.

—Esto tiene que ser una broma —murmura.

Sus ojos se enrojecen; había olvidado lo rojos que se pueden volver cuando mamá se siente presionada.

Papá se levanta del sofá y me entrega a Jeremy en los brazos.

—Tenemos que entregárselo a la policía.

—Yo te acompaño, Charlie —le dice Jasper poniéndose de pie.

Alice no sabe qué hacer, de modo que se devora las palomitas de maíz del cuenco por el nerviosismo.

Papá se acerca a mí y me toma de los hombros suavemente.

—Bella, ¿quién te dio esto?

No he podido llorar, pero ahora siento que necesito hacerlo, aunque me resisto. Me trago el llanto. Lo echo hacia el interior de mi garganta.

—Lauren. —nadie reconoce su nombre— Lauren trabaja para el señor Newton. Es su recepcionista. Ella me lo confesó y me los dio.

—Tu jefe —a mamá se le rompe la voz— ¿Tu jefe mató a mi hija?

Ella rompe a llorar de pie todavía con el mango del control remoto. Esme se apresura a dejar sus cosas encima del sofá para contenerla.

Lo siguiente que pasa es que estoy en el asiento trasero del coche de papá. Jasper está sentado junto a mí y Edward desde el otro lado. Ninguno de nosotros dice algo.

Nos pasamos el resto de la tarde allí entre ruidosos llamados telefónicos. Le digo todo lo que sé a la policía, quiénes se apresuran para hacer el procedimiento de nuevo. El asunto de mi hermana los tiene en alerta constante, al no tener pruebas, sentían que no estaban haciendo un buen trabajo, y ahora que las hay, todos cooperan para esclarecerlo.

Tomo asiento en las sillas de espera antes de que nos avisen que Lauren viene en camino para declarar. Jasper se sienta junto a mí y me ofrece un café de vainilla. Lo acepto porque estoy muriéndome de frío y ansiedad.

—Parece mentira todo lo que está pasando —su voz da un tembloroso suspiro— Ya me parecía extraño tanta tranquilidad.

Aquello me hace reír, pero mi risa no es más que un quejido.

—Quiero pensar que es para mejor.

Jasper se voltea y me toma la mano desocupada.

—Estoy seguro que lo es.

Me gusta la forma en que Jasper se ha convertido en parte de mi familia; un hermano sustituto.

—Oye, por cierto —digo para cambiar el tema— ¿Desde cuándo Alice y tú son tan amigos?

Extiende una sonrisa nerviosa, rascándose la nuca.

—Alice es agradable. Un poco psicópata a veces, pero agradable. —nos reímos. Muy pocas personas sabemos que Alice no es psicópata, sino obsesiva de una buena manera… si es que eso existe— Se nota que le importas —señala con el mentón a Edward, de pie junto a mi padre.

—Sí —una descarga eléctrica asciende por mi estómago—, ha sido muy atento.

No puedo evitar sonreír con los ojos puestos en él, a pesar de que no está viéndome. Hay tanto que le agradezco a Edward, porque si no le hubiese conocido tal vez estaría tan sola.

Cuando Lauren llega con la policía, nuestros ojos se encuentran un mínimo de segundo y ella asiente en consideración. No está recriminándome por meterla en problemas, es como si hubiese esperado ese momento por meses.

Su declaración se alarga una hora y media. Durante todo ese tiempo esperamos afuera sentados, de pie o en la cafetería. Perdí la cuenta de las veces en que Jasper trajo café. Mis ojos están agrietados por tanta cafeína.

Edward se apoya en la pared junto a mí.

No nos decimos nada; nos miramos y sabemos que no hay mucho que decir. Aprovechando la cercanía, me acerco y me acurruco en su pecho. Él besa el tope de mi cabeza con cariño, dejando que me acomode.

Apenas Lauren sale de declarar, todos nos agrupamos a su alrededor. Ella nos avisa que van a arrestar a Newton de inmediato. Mi corazón salta en mi pecho de una forma increíble.

La noticia obviamente se extendió como el viento. Para cuando la noche llegó, Newton ya estaba en la cárcel y la gente estaba por toda la cuadra de la comisaría esperando detalles sabrosos, sintiéndose partícipes de este acontecimiento. Cuando salimos de allí, pude reconocer a varias personas de la escuela y alumnas de mi madre.

La familia de Newton estaba acongojada. El único que le defendía era Mike, ya que la señora Newton solo se atrevía a negar la cabeza estupefacta.

Edward se acercó a mí tan pronto llegamos a casa. Papá me dice que no tarde en entrar porque mi madre estaba un poco nerviosa por la demora. Ella decidió quedarse en casa por Jeremy y porque Esme estaba demasiado asustada para quedarse sola en casa.

—Regresaré mañana temprano para saber cómo estás.

—¿No tienes que trabajar?

—Nop —me aparta el cabello de la cara, inclinándose un poco para besarme en la boca— Prométeme que dormirás un poco.

Respondo a su beso acercándole más y dejando que sus labios acaricien los míos por más tiempo.

—No puedo prometerte eso.

—No voy a besarte más si no lo intentas.

Hago un mohín.

—Eso es injusto.

Se ríe de mí, besándome de nuevo.

—Me voy, no me distraigas más.

Voy a bromear con eso, pero me apena que se vaya. Le tomo las manos y entrelazo nuestros dedos.

—Gracias por estar aquí, conmigo.

Quiero que aquellas palabras suenen sinceras, algo que logro porque Edward asiente en respuesta.

—De nada.

Sus manos se alejan de las mías y se va hasta su coche. Me regala una última mirada antes de marcharse. Mi rostro cae desganado notando la calle vacía. Va a sonar raro, pero ya lo extraño.


La formalización del señor Newton, Michael, fue prevista en unos cuántos días. Por mientras, él va a estar preso sin muchos beneficios. Eso nos mantiene tranquilos a todos en casa.

Solo en casa.

A ninguno de nosotros nos pareció extraño cuando la gente empezó a llegar a nuestra puerta para decir cuánto lo sentía. Todo Forks quedó impactado con la noticia de Elizabeth siendo amante del señor Newton, un hombre que todos creían era respetado, de trabajo y familia.

Karen Newton, la madre de Mike, también se acercó a nosotros para decir qué ella no tenía idea que se trataba de Elizabeth. Ella por supuesto sabía que su marido mantenía una relación aparte porque su matrimonio estaba más que destruido desde hace años, pero no imaginó que con alguien tan joven.

Mi madre está desecha. Más que antes, incluso más que cuando el cuerpo fue encontrado.

La mañana en que el primer juicio empezó, me senté junto a ella en las bancas para saber si todo estaba bien. Se veía nerviosa y un poco angustiada. Se había tomado la molestia de arreglarse para asistir, como si se tratara de una graduación, aunque yo sé que es para que la gente no la vea arruinada. Sabía que estaba aterrada de verle la cara a Newton y estaría obligándose a mantener la calma para no lanzarse a golpear a ese asesino.

Tomo su mano que está sobre su regazo, infundiéndole valor.

—Mamá, tienes que estar tranquila.

Ella sonríe un poco, asintiéndome.

—Lo sé, cariño. —me acaricia el pelo— No creo que te des cuenta del valor que estás transmitiendo con tu tranquilidad. Estoy orgullosa de ti.

Esme nos interrumpe para decir que todo está listo para empezar.

Mientras estoy poniéndome de pie, Edward entra por el pasillo hacia nosotros. Lleva una chaqueta negra de cuero que contrasta muy bien con su piel blanca. Sonríe con su sonrisa torcida que me devana los sesos. Sabía que él no iba a fallarme. Sabía que vendría.

Se acerca y envuelve sus brazos por mi cintura. A estas alturas, que mi madre y Esme estén presentes, ya no es motivo para ser discretos. Pongo mi mano en su nuca mientras escondo mi rostro en el hueco de su cuello. Su familiar perfume me rodea como una ráfaga de viento. Eso es todo lo que necesito ahora.

—Estás aquí —susurro aún en la misma posición.

Me aprieta suavemente con las manos, dejando un beso en mi sien.

—Por supuesto.


El primer juicio dura muchísimo.

Mis ojos no pueden apartarse del hombre esposado allí al frente. Su aspecto es el de un pordiosero. Atrás quedó su rostro afeitado y buen vestir. Ahora está ojeroso y barbón.

Un odio interno comienza a nublarme la vista y tengo que regañarme a mí misma para serenarme.

Él alegó inocencia, pero nuestro abogado nos explicó que es una estrategia muy usada en los imputados. Así que no dejo que sus lágrimas de cocodrilo me impresionen.

Reconoció su relación clandestina con mi hermana. Dijo haber mantenido aquello a escondidas en su oficina durante todo lo que duró su relación. Él le prometió que se irían a vivir lejos apenas le saliera el divorcio, pero que Elizabeth en el último tiempo estaba exigiéndole darse prisa. Admitió también que la conoció mucho antes de que esto empezara; cuando él trabajó como bibliotecario en el Instituto años atrás, cuando Lizz tenía quince años. Asegura que nunca la vio con otros ojos en ese entonces, que no era un pedófilo, que todo empezó cuando mi hermana estaba en su último año.

También dice que estaba enamorado de ella.

Papá suelta un resoplido cuando escucha eso.

Por último, reconoce saber sobre el embarazo, y que fue la razón por la que comenzaron sus problemas.

Cuando el juez le pregunta si hubo agresiones físicas, Newton solo se mantiene callado.

El juez nos cita a un segundo juicio dentro de un mes, así que tenemos todo ese tiempo para prepararnos mental y estratégicamente para secarlo en la cárcel.

Me sorprendo a mí misma al tener esos pensamientos.

Ya no son ganas de llorar, es sed de venganza. Es justicia.


Un sábado en la mañana, nuestro abogado mandó a llamar a mis padres para una reunión en Seattle, de manera que me dejaron como niñera de Jeremy durante el día hasta que Esme saliese del trabajo por la noche.

El pequeño grandulón no ha dejado de moverse en la silla y está desesperándome.

—Necesitas parar ya, Jeremy. No pienso cargarte todo el día, ten compasión con mis brazos.

Él esboza una sonrisa.

Bien, acaso eso te parece gracioso, ¿eh?

Mueve sus piernas con más fuerza hasta soltar un quejido. Su entrecejo se frunce y empieza a lloriquear.

—Oh, no, oh no, cariño.

Él no me escucha. Sigue llorando en su silla.

Alguien toca a la puerta justo cuando pienso en cargarlo en brazos. Le pido un poco de paciencia para correr hacia la puerta. No tengo tiempo para asegurarme si se trata de alguien conocido o algún secuestrador.

Por suerte es Edward.

—Hola, B…

Le dejo en la puerta para correr de regreso a Jeremy.

—Adelante, y si no es mucha la molestia, cierra la puerta. Gracias.

Edward se echa a reír.

—Ok

Saco a Jeremy de la sillita y acomodo su espalda en mi pecho, su rostro mirando hacia la dirección de Edward. Él deja de quejarse, llevándose una mano a la boca.

—Creo que le gustas —le digo.

—Sí, a la tía también le gusto.

Le pongo los ojos en blanco, sentándonos en el sofá.

Jeremy se queda tranquilo en mi pecho. Sus ojos, de un claro color, están pegados a la televisión.

—¿Cómo va todo? —pregunta con cautela.

Echo la cabeza hacia un lado en su cuello.

—Todo bien, supongo —encojo los hombros— Mike Newton se ha estado encargando de decirle a todo el mundo que mentimos. Por suerte no me lo he topado en la escuela, aunque papá está vigilando que no se me acerque.

—No vayas a permitir que te toque un pelo, Bella. ¿Lo oyes?

—Lo sé. Puedo defenderme.

—Por eso te digo. Sé que puedes defenderte, pero de todos modos te lo advierto.

—La señora Newton vino a casa.

—¿De nuevo?

—Sip. Quería conocer a Jeremy.

—¿Lo hizo?

—No. Mi madre no quiso, no quiere que Jeremy se involucre con esa familia, independiente de si ella tenga o no tenga que ver.

—Es mejor así, creo.

—Sí, también lo creo —miro a la caricatura absurda de la televisión.

Un olor desagradable proveniente del pañal de Jeremy me pone en alerta.

Cargo al pequeño y gordo bebé, viendo su rostro rojo por la fuerza.

—Por favor, dime que no se está cagando —suplica Edward con el ceño fruncido.

Me levanto y se lo tiendo en los brazos.

—Es justo lo que está haciendo. Ahora, cámbiale el pañal mientras le preparo el biberón.

Lanza una carcajada estridente, estrechando un poco más lejos a Jeremy de su pecho, como si el bebé fuese a contagiarle el popo.

—Bella, olvidas que soy hijo único. No sé nada de estas cosas.

Sigo mi camino hacia la cocina.

—Olvidas que soy la menor en mi familia. No sé nada de estas cosas. —repito guiñándole un ojo.

—¡Bella!

—Edward, vas a ser padre algún día. Estaría bueno que aprendieras.

Con un gruñido, se da por vencido y deja a Jeremy sobre el almohadón del sofá, sin estar seguro si debe desabrochar su osito o quitarle los calcetines.

Sonrío ante la imagen y me preocupo de la leche.

Mientras pongo fórmula dentro del biberón, mi cabeza no puede alejarse de los últimos acontecimientos. A veces me siento en el sofá y no hago más que pensar y pensar. Dándole vueltas a lo mismo, como si de esa manera encontrase alguna respuesta a tantas dudas.

Sin embargo, reconozco que sabiendo que Newton está tras las rejas y no descansando en su casa, hace que todo sea menos difícil.

Pego un salto cuando el agua caliente cae sobre mi dedo.

Echo un vistazo a la sala con el pulgar en mi boca para detener el dolor y veo que Edward está luchando con el pañal de Jeremy. Dándome prisa con la leche, regreso y me siento en el sofá.

Las rodillas del bebé están llenas de talco. Edward me lanza el pañal sucio justo cuando he dejado el biberón tibio sobre la mesa.

—¡Puaj! —me quejo.

—Bella, por el amor de Dios, no sé qué hacer ahora.

Quiero reírme y besarlo.

—Lo lógico sería ponerle el pañal si no quieres que se mee en tu camiseta.

Sus ojos se agrandan.

—Estás bromeando.

—No

—Mierda

Se da prisa con el pañal, colocándoselo en todas direcciones. Finalmente, decido que es hora de echarle una mano. Me siento junto a él tomando las piernas de Jeremy con suavidad y levantándolo del sofá para poner la parte de atrás del pañal sobre él. Luego, lo recuesto y sigo el proceso.

Edward mira todo el tiempo mis movimientos.

—¿Cómo haces eso sin romperle una pierna?

Le miro segura de que ha hecho una broma, sin embargo, está hablando en serio.

—Nunca pienso en ello.

Después de que Jeremy termine su biberón, cae dormido, así que los dos nos sentamos en el sofá a mirar la televisión.

De este modo pareciera que se tratara de un par de críos que han tenido un bebé demasiado pronto.

—Bella, he estado pensando mucho.

—¿Sí…?

—Tu tranquilidad… tu… resignación. Me sorprende. Sé que eres fuerte, realmente. Siempre lo he creído, pero me has dejado con la boca abierta. Eres una persona que puede mantener su dolor fuera para contener al resto y eso es difícil de hacer.

Normalmente la gente siempre piensa eso de mí.

—¿Sabes? Creo que cuando pasas por algo así o por cualquier cosa y no sabes la verdad, no hay modo en que puedas vivir tranquilo, pero una vez que esa verdad sale a la luz, es como si fuese el único motivo, el único empujoncito que necesitas para seguir adelante.

—¿Estás lista para seguir adelante? —me pregunta en voz baja, dudando si esa es una buena pregunta en este momento.

Muerdo mi labio inferior, notando que mi pulso no se alteró con sus palabras.

—Sí, lo estoy.


Esta semana empiezo con exámenes de nuevo así que es posible que no suba hasta la próxima semana.

Gracias por sus comentarios y alertas.

Besos