Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Capítulo 25
Hay una delgada línea entre querer mandar todo a la mierda y tomarme cinco segundos para calmar mi acelerado pulso.
Como estoy en casa ajena, prefiero optar por lo segundo.
Son los cinco segundos más largos de mi vida. Esme está aquí y aunque pudiese echarla a patadas, sé que no se va a ir.
Puedo ver una parte de ella en mí, cosa que aborrezco. Porque justo ahora no quiero tener nada que ver con ella.
Edward me echa un vistazo para ver si estoy lista o no.
Claro que no estoy lista. Sin embargo, asiento hacia él.
Se vuelve a Esme sin estar seguro. Luego se acerca a mí y besa mi frente.
—Voy a estar afuera, con tus padres, volveré en unos minutos.
Verlo irse me produce una angustia que no puedo explicar. Tal vez se deba a que no hay nadie más aquí, aparte de Esme y de mí.
Es increíble como ahora, no podemos estar en la misma habitación, cuando antes éramos tan inseparables.
Después de que se cierre la puerta de calle, Esme parpadea, como si acabase de darse cuenta que estamos a solas.
—¿Te puedo hacer una pregunta? Pero contéstame con la verdad, por favor. —no respondo a su pregunta, lo que toma como un sí— ¿Edward y tú se acostaron? Ahora, me refiero. Antes que llegásemos.
La pregunta es bastante incómoda, porque se ve nerviosa.
Pero como estoy enojada, no me incomoda.
—Sí
Esme asiente hacia el suelo, un poco cohibida por mi afirmación. Se arma de valor para tomar un paso hacia adelante.
—Quiero hablar contigo, explicarte muchas cosas. Te mereces eso, antes que prefieras sacarme de tu vida para siempre. —cruzo los brazos sobre el pecho, todavía en la escalera, esperando que diga lo que viene a decir— Yo sé que estás triste y enojada…
—Al grano, Esme. No quiero escuchar tus lamentos. Viniste a darme explicaciones, entonces dámelas.
Se hace el silencio, el eco de su voz y la mía en la habitación.
—Tenía tanto miedo de que crecieras odiándome por lo que había hecho. Que te avergonzaras de tener una… madre alcohólica. Bella, si te pones a pensar con la cabeza fría, tenías exactamente lo que cualquier madre quiere para sus hijos.
—¿Qué? ¿Padres que no son mis padres y una tía que en verdad es mi madre?
—No —responde atropelladamente— Una familia.
—No confundas las cosas. Estoy enojada de que me hayan mentido. Ya, tal vez tuve una familia, pero siempre hubo esta mentira. ¿Por qué nunca me lo dijeron?
Encoje los hombros.
—Dejamos que el tiempo pasase. Todo se nos fue de las manos. —la voz se le quiebra— Estuve un tiempo contigo antes que me enviaran a un centro de alcohólicos. Cuando regresé, Renee era para ti tu mamá. Y yo estaba bien con eso, porque te veías feliz. Luego, el tiempo transcurrió, y me avergonzaba que supieras la verdad. Hice cosas estúpidas cuando joven, no te protegí como debí hacerlo.
—¿Y la mamá de Edward? ¿Elizabeth Masen?
—Estamos muy agradecidos de ella porque…
—¡La traicionaron! Ella me contó lo que hicieron. ¿Cómo pudieron?
Esme se pone colorada.
—Se me salió de las manos…
Suelto una risita.
—Claro, ahora tu excusa para lavarte de culpas, es que se te salió de las manos. ¿Sabes? No puedes pasarte la vida cometiendo errores y esperar que la gente te perdone.
—¡Ya lo sé! Pero todo está hecho ¿qué más puedo hacer?
—¿Asumir, por ejemplo?
—Lo hago, Bella, te lo juro. Todos estos años lo he asumido, aceptado. Te he visto crecer sin que sepas quién soy en verdad. He fingido durante toda tu vida ser una tía simpática y solterona. Y no me importa, de verdad que no, porque mi hermana y Charlie te criaron como me hubiese gustado hacerlo yo. Eres lo que siempre quise que fueras.
Ella se pone a llorar.
—No puedo perdonarte, Esme. No ahora.
—Por favor, regresa a casa. No le hagas eso a tus padres. Voy a irme si quieres, lejos si eso te hace sentir mejor, pero por favor no los hagas sufrir a ellos.
Me cubro la cara con las manos.
—Me da lo mismo si te vas o te quedas, no voy a regresar. Y con respecto a mamá y papá, ellos también me mintieron. —paso por el lado de Esme y abro la puerta— Ahora vete de aquí. Esta no es mi casa y no quiero hacer escándalos.
Cuando abro la puerta, veo a papá junto a Edward conversando. Y todo el coraje que aguanté con Esme, se esfuma. La valentía que estaba teniendo hasta ahora, la frialdad, todo se va. Y no puedo pensar en otra cosa más que en llorar.
Él no es mi papá. No lo es en verdad.
Papá se acerca con precaución hasta mí, que me he quedado muda.
—Bella, ven aquí —me dice.
Cuando sus manos tocan mis manos, me echo hacia atrás.
—No
—Bella —insiste con sus ojos brillantes— Yo soy tu papá, siempre voy a serlo.
Ahora con él, y mirar a sus ojos, me recuerdan a tantos momentos de mi niñez. He visto estos ojos desde que tengo uso de razón, y estos ojos me han cuidado desde que soy muy pequeña, me aceptaron incluso cuando no era nada de él. Estos ojos me miran con amor.
Me retracto, porque mi corazón es más fuerte.
Él sí es mi papá.
Aprovechando el tropiezo, papá se acerca y me abraza. Me rompo en su hombro, lágrimas frías recorren mi rostro, acostumbradas a salir en el último tiempo.
Parece que he estado mucho tiempo abrazada de él, sin querer soltarlo, porque cuando me suelto me encuentro a la señora Masen junto a Edward. En ese momento no pienso en la rivalidad que todos tienen, solo puedo darme cuenta que tal vez no estoy tan sola.
Y mamá está junto a Esme, sus ojos volviendo a verse como cuando perdió a Lizzy. No me acerco, y ella tampoco. No necesita explicar nada porque todo está explicado. No necesita rogarme nada, porque no estoy preparada. Ella entiende que probablemente es mejor dejarlo así, por lo menos por un tiempo.
—Vamos a estar esperándote en casa, Bells —es lo único que ella me dice, en un tono esperanzador.
Los veo irse a los tres, y no puedo evitar sentir que se llevan una parte de mí.
—El señor Masen va a molestarse con mi presencia. No quiero incomodar a nadie.
Elizabeth me tiende una manta gruesa.
—El señor Masen va a entender la situación. Sé que es un poco tosco a veces, pero créeme que es más solidario de lo que todos pensamos.
Cuando ella dice "todos" se incluye. Supongo que todavía tiene fe en su marido.
Luego de que ella se marche de la habitación, Edward entra a hurtadillas.
Echo un vistazo al bolso azul encima de la cama. Bolso que mamá le entregó a Edward cuando yo estaba hablando con Esme, segura de que no iba a querer volver, entonces prefirió traerme un poco de ropa mientras tanto.
Encuentro mi pijama favorito y me quito la blusa delante de Edward, quedando en corpiño.
—Oye, mi madre puede regresar y pillarnos.
Pongo los ojos en blanco.
—Pues cierra con pestillo, entonces.
Edward me alza una ceja, pero no se mueve. En vez de eso, se acerca y se sienta a la orilla de la cama. Coge una de mis bragas limpias esparcidas sobre la manta, con el dibujo de un cerdito.
—Voy a tener una fantasía sexual contigo y este cerdito.
Se ríe y le quito la braga de las manos.
—Fue un regalo de Alice.
Termino de ponerme el pantalón de pijama y me acerco a él, envolviendo una pierna por encima de la suya y cruzando los brazos en su cuello.
—Duerme conmigo esta noche. Por favor. —susurro en su oído— Necesito sentir que… estoy acompañada.
Quiero sentirlo junto a mí sin que llegásemos demasiado lejos. Necesito caricias, besos. Compañía.
Toma mi mano desde donde estoy, dejando un pequeño beso.
Apaga la luz y se quita los zapatos.
Me meto dentro de la cama y espero paciente a que se recueste junto a mí. Permite que meta mis manos dentro de su camisa. El calor envuelve mi cuerpo en unos minutos. Reparte besos por mi rostro hasta que mis párpados se cierran cansados.
Ha sido un largo día.
.
Edward tiene un brazo en mi pecho y mi pierna está encima de su muslo. Abro los ojos sintiendo el peso sobre mi cuerpo. Edward se remueve, jadeando y abriendo los ojos también.
Hay luz en la habitación.
Cuando Edward se estira, pega un salto, sentándose.
Sin entenderlo, miro hacia donde está mirando, y salto también.
La señora Masen está de pie, sujetándose a la puerta, con los brazos cruzados.
—Mientras venía para acá me estaba preguntando si habías necesitado otra manta por el frío —dice a modo de burla— pero veo que no.
Me ruborizo, cubriéndome el cuerpo con la manta, a pesar de que llevo el pijama y que no pasó nada anoche.
—Bella estaba deprimida ayer y quise acompañarla.
Elizabeth asiente, todavía cruzada de brazos.
—¿Y…? —menea la cabeza, levantando ambas de sus cejas.
Edward y yo nos miramos sin comprender.
—¿Y qué? —le pregunta.
Elizabeth rueda los ojos.
—Sexo, chicos. ¿Tuvieron sexo?
Nos ponemos morados, no colorados. Morados, con todas sus letras.
Me cubro más con la sábana, avergonzada por el papelón.
—¡Madre! —gruñe Edward— No es de tu incumbencia.
Elizabeth encoje los hombros.
—Entonces sí, se han encamado. —suspira— Bueno, no les voy a decir que no pueden hacerlo, pero por el amor de Dios cuídense. Edward, especialmente a ti, no quiero a esta chica embarazada. Es menor de edad.
Se me viene a la mente el día en que casi tuvimos sexo en el cuarto de sus padres.
Si Elizabeth supiese probablemente me echa volando de aquí.
Todavía sacudiendo la cabeza, ella se echa hacia atrás, dispuesta a irse.
—Bella, por cierto, tienes visita. Y el desayuno está listo, así que dense prisa.
Me pongo un pantalón de chándal y una camiseta ancha. Armo una coleta desordenada antes de lavarme los dientes. Edward y yo chocamos en el pasillo para bajar. Abrocho mis zapatillas a mitad de la escalera.
Sorprendida, veo a Jasper sentado en el salón de casa de Edward. Elizabeth le ha atendido con galletas en forma de estrella y un café con leche.
—Este chico es un encanto, Bella, debiste haberlo traído a casa alguna vez.
Jasper, con su habitual sonrisa seductora, me guiña un ojo, poniéndose de pie y apretándome en un fuerte abrazo.
—Te he echado de menos.
Respondo a su abrazo del mismo modo.
—Yo también te he echado de menos. ¿Qué haces aquí?
Elizabeth palmea el brazo de Edward, arrastrándolo al comedor para que empiecen el desayuno y darnos más privacidad.
Me siento junto a Jasper y cojo una de las galletitas, muerta de hambre.
—Han llamado esta mañana para decir que Newton ha confesado todo. Si todo sale bien, arriesga 30 años.
Suelto un suspiro, parpadeando asombrada por la noticia.
—Guau. No puedo creerlo… quiero decir, estoy feliz de que haya confesado, todo lo hace más fácil.
—Sip. Tus padres están más tranquilos, dadas las circunstancias —dice refiriéndose a mí— Y Esme…
—¿Cómo está Jeremy? —interrumpo.
Jasper no insiste.
—Extrañándote también. Todo en casa es diferente.
—Han sido dos días, Jazz. No exageres.
—No exagero.
Enredo su brazo con el mío.
—Bueno, no es solo por eso por lo que has venido ¿verdad?
—Nop —reconoce, echándose una galleta a la boca— vine por otra cosa más importante. —Espero ansiosa a que me cuente, pero él está entusiasmado masticando la galleta de vainilla— Bueno, les he mencionado a mis padres lo sucedido últimamente. Ya sabes lo trabajólicos que son, pero mi madre ha dejado un poco sus labores para estar más en casa. Ella me ha dicho que estarían felices si quisieses pasar una temporada con ellos.
Los padres de Jasper, los señores Whitlock, viven en Canadá, específicamente en Ottawa.
—Oh, eso es muy dulce por su parte.
No conozco Ottawa, por lo que esa propuesta me entusiasma.
—Puedes terminar allí la escuela y luego regresar. No tienes que quedarte para siempre.
La idea de alejarme un tiempo de mi familia, no parece una mala idea después de todo lo que ha pasado.
Además, conozco a los padres de Jasper, y ellos son las dos personas más amorosas que puedas encontrar.
—Déjame pensarlo.
—No hay problema —mastica otra galleta de vainilla, saboreando en voz alta— Antes que se me olvide, Pelusa no deja de rasguñar la puerta de tu habitación para ver si sales.
La señora Masen invita a Jasper a desayunar, pero este se disculpa de tener que marcharse. Después de que se ha ido, estoy todo el tiempo callada a la mesa, meditando la propuesta de Jasper. Aunque también se debe a que está presente el señor Masen, que me mira de vez en cuando sin decir una palabra.
Transcurridos unos días, vuelvo a la escuela. La idea de regresar a Forks no me hace ninguna gracia, pero no puedo reprobar el año solo porque no quiero volver.
Alice me ha mantenido al día en los deberes, y Bree logró convencer a algunos profesores que tuviesen comprensión sobre mi inasistencia.
Me topo con papá un par de veces, pero él solo sonríe hacia mí y sigue su camino, como si quisiese darme mi espacio.
—Necesitas la autorización de alguien para que puedas salir del país —me recuerda Bree.
Encojo los hombros.
—No pensaba arrancar, de todos modos.
—Bueno, pero… —Alice interrumpe— sabes que cuentas con nosotras, para todo.
—Lo sé —respondo cogiendo su brazo con el mío y uniendo el de Bree también— Incluso si me voy…
—Ay —Alice da un brinco— ya mejor cállate que voy a llorar.
Terminando las clases, y con un poco de tiempo sobrante antes de tomar el autobús, doy unas vueltas por el pueblo.
Sin darme cuenta, llego hasta el cementerio de Forks.
La anciana que vende flores en la entrada, me ofrece unas rosas y las compro. Son hermosas, tan llenas de color.
Camino por el sendero áspero con la música en mis auriculares sonando a todo volumen. Dejo que la melodía calme a mi desbocado corazón. No suelo venir a menudo a visitarla, pero siento que ahora es necesario. Se lo debo.
En su lápida de piedra están escritos sus nombres, la fecha de su nacimiento y muerte. Hay un breve mensaje de un versículo bíblico. Flores y un corazón hecho a crochet en una esquina. También hay un chupón celeste en el centro, que mi madre le trajo para que se sintiese más cerca de Jeremy.
Se aspira tanta soledad, tanto silencio. Aquí no hay dolor ni problemas. Aquí todos descansan ajenos del mundo.
Me siento de piernas cruzadas en el césped y arreglo un macetero para meter las rosas que compré.
—Hola, Lizz —le saludo en voz baja, temerosa— Quiero pensar que no estás enfadada conmigo por no haber venido antes. Se me hacía difícil, sabes. Además, este lugar es horrible. Estoy tratando de alejar el hecho de que estoy reunida con un montón de muertos. Incluyéndote.
Mi corazón desea que Lizzy esté escuchando todo lo que digo, y no parecer una loca.
—Supongo que, si eres un ángel de la guarda que nos cuida, ya te debes haber enterado que sé la verdad. Y no estoy enojada contigo por saberlo antes y que no me lo hayas dicho. Lo entiendo. Tal vez me hubiese callado si fuese al revés. —esquivo un mechón de pelo del viento— Hoy por hoy, la única certeza que tengo, es que sigues siendo mi hermana. Y que independiente de todo, siempre te voy a querer. Gracias por nunca hacer una diferencia conmigo, Lizzy.
»—Estoy en un gran lío, y no tengo idea de cómo salir. Tengo este sentimiento de odio en mi corazón, el mismo odio que sentí por la persona que te quitó la vida. No puedo evitar renegar de quién soy y quién me trajo. Espero que sea temporal, no me gusta esta sensación.
—Jasper dice que puedo irme con sus padres a Canadá por un tiempo. Y siento qué si hubieses estado viva, me habrías dicho que me fuera. No sé qué hacer, te diría que no tengo motivos para quedarme, pero estaría mintiéndote. —a medida que mis palabras salen de mi boca, me siento más segura de que me escucha— Por un lado está Jeremy, que es demasiado pequeño y temo que después no me reconozca. Y por el otro, está Edward. Él y yo somos… no lo sé. Somos más que novios. Él es mi complemento, es muy raro. Nunca había conocido a alguien que me entendiera tan bien como él. —arranco un poco del césped— Por favor, dime qué hacer. Te necesito. Me haces mucha falta.
El viento vuelve a llevar mi cabello al rostro, que agradezco, porque a pesar de que Lizz no me ve, no quiero sentir a las lágrimas invadirme de nuevo.
Hola! Actualicé rápido esta vez.
A esto le queda entre dos a tres capítulos.
Me cuentan que les pareció.
Besosss
