Hola a Todxs!

Espero que la estén pasando muy bien y no hayan olvidado este fic. Hay muchas personas que lo han leído y eso me alegra, aunque sería genial que me comentaran qué les parece. Publicaré otro capítulo al final de la semana, así que espero que les guste mucho este.

No les permito enamorarse de Kagami, él es mio. Mentira, a leer.

Namba64.


El heredero de las empresas Taiga caminaba sin cuidado por aquel establecimiento. Lo único que pudo comprar fue una malteada de vainilla. Se sentía terrible. Tetsuya estaba influyendo demasiado en él.

La gente a su alrededor comía y disfrutaba esa noche con su familia o amigos. Bufó. La malteada no le había quitado el hambre pero no quería comer. Se había encontrado a Midorima saliendo de la tienda con su novio, y la mirada analítica de este no le gustó. Pero nunca había ido contra suyo, era inteligente e inclusive parecía cómodo a su lado cuando habían salido con los amigos de kuroko. Quizá era eso, cerca de dos años que no salían con ellos. Él sabía que era tonto porque eran sus amigos, pero tenía celos de ellos.

Kise era un modelo reconocido. Era atractivo y divertido, siempre le sacaba una sonrisa a todos. Aomine era atractivo, se había vuelto inclusive más grande que él y su color era muy tentador. De Murasakibara no tenía tantos celos, quizá el hecho de que siempre quería estar cerca de su peli azul era lo que no le gustaba. Midorima ya tenía un novio, y por lo que había escuchado, aquello había sido complejo. Pero quizá el peor de todos ellos era Akashi. El tipo no solo era atractivo e inteligente, algo que a cualquiera podría impactar, sino que también era rico, o más que rico, y era un amigo íntimo de Kuroko. Lo que más odiaba es que él siempre lo observaba, lo mimaba como a un niño y eso no le gustaba.

Salió del establecimiento. No era lo mismo sin su mejor amigo. Ignoró nuevamente las miradas y las sonrisas coquetas de algunas chicas. A él eso no le importaba, pero cuando alguna lo intentaba con Kuroko su genio se encendía. Quizá lo único bueno de aquello era que quedaba cerca al parque donde se divertían y entrenaban antes de un partido importante. Recordar aquello lo puso de muy buen humor. Camino por las calles llenas de Tokio buscando ese lugar en especial.

-Sigue igual que antes- Exclamó cuando llegó. Quizá estaba más viejo, parecía que no habían dejado de usarlo. Lamentó no tener un balón consigo mismo y que llevará ahora prendas ejecutivas. Todavía le faltaba terminar una investigación con su profesor favorito, y finalmente estaría libre de la universidad. CLaro que sabía que seguía una maestría o doctorado, pero por ahora, tenía otros planes.

El lugar estaba desolado pero había luces brillantes. Se quitó la corbata y sonrió de medio lado. En ese lugar había sentido sus primeras erecciones sobre su sombra. La razón: Se quedaba solo con él durante un día entero, lo veía sudar con su rostro sonrojado, su ropa pegandole a su pequeño cuerpo, resaltando algunas partes que él no debería ver. También el hecho de estar rozando su cuerpo todo el tiempo. Se sintió mal tiempo después porque se daba cuenta de que se aprovechaba de la situación para tocar y acercarse a su inocente sombra, pero no podía hacer nada. Era un crío en ese entonces y saber que le excitaba su mejor amigo había sido un choque que había superado cuatro años atrás cuando entraron a la universidad.

-No sé por qué, pero sabía que estarías aquí.-Kagami sonrió. Claro que reconocía aquella potente voz. El engreído número uno de Tokio, el jugador estrella de la NBA y de la federación japonesa de baloncesto, Aomine Daiki estaba parado en la entrada de la cancha. Desvió la mirada para concentrarse en él, había estado divagando. Estaba con una sudadera de nike negra con una camiseta blanca. Todo en él exudaba fuerza y grandeza, quizá por eso no le había caído bien en un principio.

-¿Ahora estás acosándome? Porque no estoy con Kuroko, así que no sé qué haces aquí. O quizá si, ¿Vienes de parte de Akashi? Porque no escucharé una mierda de lo que tengas que decir.

El moreno frente a la entrada no dejaba de sonreír. Descolgó su maletín y le tiró el balón de basquetbol que había en éste. Camino hasta la mitad de la cancha y tiró sus cosas donde estaban las de su enemigo. Este agarró el balón por inercia y sonrió.

-Te ves diferente. Quizá es la madurez, no lo sé, pero ya no eres tan impulsivo como antes. Eso me sacaba de quicio para ser sincero. Aunque quizá es algo divertido, siempre pasaban cosas interesantes- Y comenzaron el juego. Kagami arremango su camisa y despeinó sus cabellos cuando llevaban media hora jugando. Comprendió que era estúpido hacer eso pues iban a estar más tiempo e iban a sudar más. Cuando se quitó la camisa, la mirada de Aomine le confundió.

-Si que eres un buen partido. Keinta me lo dijo, pero nunca lo pensé. Por cierto, no ha dejado de insistir para que lo vuelvas a ver.- Kagami se sonrojo. La mirada intensa del otro y su malicia le hicieron recordar al mencionado. Estaba estudiando ingeniería y en una fiesta de su facultad lo conoció. Era atractivo, endemoniadamente atractivo, pero había querido salir con él y lo había rechazado. Fue a mitad de la carrera, ya había aceptado sus sentimientos por su mejor amigo y este hecho le había obligado a acostarse con cualquier persona con tal de olvidarlo. No quería volverlos a ver, esa era su condición.

-Es extraño que me hables así. ¿Qué quieres Aomine?

Aquello era serio. Después de dos horas de juego el peli azul se quitó su camisa y el contrario comprobó que él también era un buen partido. Lo bueno de su sonrojo era que podía pasar por el agotamiento. La malicia en el jugador le hizo saber que no era así. En un momento dado, Kagami no se dio cuenta de lo que pasó, pero tenía a Aomine pegado a él con su lengua en su boca. Era fuerte, intenso y fogoso. Lo agarró de las nalgas y el beso duró más de lo que pensó. Cuando se retiró este se alejó con una sonrisa de orgullo en su rostro.- Siempre quise hacer eso.

¿Qué? Lo miró sospechoso. El moreno se sentó contra la pared y sacó un termo de agua. El economista supuso que habían terminado el juego, y aquello era bueno porque sus piernas estaban empapadas.

-Kuroko fue mi mejor amigo también. Me gustaba mucho, quizá demasiado, pero Akashi era un poco desquiciado en ese tiempo y no quise ganarme a alguien como él de enemigo. Igualmente hubiera sido una pérdida de tiempo, Kuroko no me veía ni me ve como algo más, así que no, no estoy aquí por Akashi. Midorima me dijo lo que estaba pasando y decidí venir y contarte algunas cosas.

El otro se sentó a su lado. Sintió su cuerpo aliviado cuando supo que el moreno no tenía sentimientos por su sombra. Este lo miró con una sonrisa gatural en su rostro.- Sé que me gustan los hombres desde antes de haber conocido a Kuroko, así que no era un inocente. Pero también necesitaba más poder así que me alejé de él. -El otro asintió. Reconocía esa historia, Kuroko se la había mencionado con tristeza en sus electricos ojos azules. -Cuando los vi juntos sentí celos. No era porque me gustara, era porque sabía que había perdido una amistad con Kuroko.

-Él nunca te considero un enemigo, siempre un amigo.

-Lo sé- Dijo aliviado. La noche era fresca, la gente pasaba por las calles enfrascados en su propio mundo. Aomine miró de lado a su compañero. El tipo siempre le había parecido atractivo. No era solo su cuerpo, o el hecho de que era alto y musculoso. Era su personalidad, tan fuerte, tan dominante e intempestiva.- La recuperé porque me dieron la oportunidad para hacerlo. Me derrotaron, me enseñaron algo que nadie había hecho, y quieranlo o no, inclusive tu, haces parte de mi familia.-El otro se sorprendió. De repente una llamada le impidió seguir hablando. Era su novio, estaba en japón y estaba preocupado.- Ve a mi apartamento, estoy hablando con Kagami. No, no está Kuroko, está con Akashi. No, tu ve a descansar, mañana lo verás. Si, no me obligues a hacer algo que no quiero Kise. Muy bien.

-Joder- Exclamó después. Estaba en problemas. Kise era alguien muy enérgico y amable, pero cuando se trataba de él su temperamento cambia totalmente. Se preocupaba, era preguntón e intenso, y se enoja muy rápido. Pero lo amaba, adoraba que se pusiera celoso con sus compañeros de juego, que viajará horas sólo para verlo jugar un partido, que se alejara de las fiestas con otros modelos solo porque no quería que alguien muriera si le pusieran una mano encima.

-¿Ese era Kise?

-Ese era mi novio.-Le dijo con una mueca de preocupación. Iba a sufrir esa noche.

-Entonces por qué...Por qué me besaste?- Cuestionó el otro más calmado. Bien, ahora habían dos enemigos menos contra él.

-Porque soy un hombre al que le gustan otros hombres, y bueno, me atrajiste mucho tiempo después de mi derrota. Supongo que me di cuenta de que querías a Kuroko así que desistí de hacer algo, pero quise hacer algo ahora que no estás con él. Es absurdo en realidad.

-Hablas demasiado. Eso es extraño.-Comentó el otro con el ceño fruncido. La masculinidad que irradiaba su compañero era fuerte. Se alegró de repente de que nunca hubiera intentado nada, a él no era de los que le gustaba que le dieran y Aomine se veía muy dominante.

-Es porque he cambiado. De la misma manera que todos lo hemos hecho. Tu lo has hecho, supe que eres un economista ahora. Te graduaste con honores y vives solo. Eh, eso me lo dijo Kise.-Se excusó al ver la mirada extraña en el otro.- Pareces más serio y más maduro que antes, pero cuando estás con Kuroko siempre vuelves a ser el mismo, o eso es lo que dice Midorima.

-Es extraño que sepan esas cosas de mi. Dime Aomine ¿Qué haces aquí?

-Además de decirte que no me interesa Kuroko, y que espero que no mires más el culo de Kise cuando lo veas en alguna imagen- Señaló, con un aura casi amenazante- Que Inclusive Murasakibara está de acuerdo con que seas tu quien termine con Kuroko. Sabes lo importante que es para nosotros. Sabes cuánto le queremos y definitivamente terminar con Akashi no es lo que queremos. El tipo es un obsesivo y no hará feliz a kUROKO.

-¿Cómo lo sabes?- Le cuestionó sintiendo un bajón. Alzo sus piernas y posó sus brazos en estas. Él se lo había preguntado muchas veces. ¿Merecía a Kuroko? ¿Podía hacerlo feliz? Él podría ser feliz con que él solo lo dejara estar a su lado el resto de su vida, pero no sabía cómo se sentiría Kuroko.

-Porque es algo obvio cuando los vemos juntos.-Explicó él agarrando la camisa del suelo. Si no llegaba en media hora a su apartamento, sabía que las cosas iban a ponerse feas.- Kuroko se siente cómodo, sonríe, se acerca a ti, deja que lo abraces e inclusive que seas posesivo con él, lo cual es curioso porque nunca ha dejado que alguno sea así con él. Además de que no tiene un comportamiento amistoso contigo. Oh Dios, ya estoy hablando como Midorima.

El pelirrojo soltó una carcajada después de asentir. Se levantó también y se puso su camisa. El saco, la corbata la metió en su maletín de negocios y siguió por el camino a su compalero, no era un enemigo o competencia, ahora era alguien que le había dado permiso para estar con alguien que sabía, consideraba demasiado especial.

-Pero debes actuar rápido- Le dijo él serio antes de montarse en el taxi.- Akashi hará todo lo posible para quedarse con él. Estoy seguro de que le ofrecerá un trabajo, que te pondrá en su contra o hará algo para que la relación cambie entre ustedes. Él no se dará por vencido.

Esas palabras hicieron eco en su mente mientras manejaba hacia su casa. La mirada del otro le hizo saber que ya lo había vivido. Quizá su separación del peli azul no había sido del todo su decisión. Su espacioso apartamento lo esperaba en la soledad. Recibió la llamada semanal de su padre, instándole a viajar rápidamente. Su padre era tosco, decía lo que necesitaba y aquello era todo, pero lo quería, lo apoyaba siempre. Su madre era otra cosa. Norteamericana, divertida, astuta y muy amorosa. Estaba seguro de que querría mucho a Kuroko cuando se lo presentara.

-Por cierto, a Enric le gustó lo que mandaste de tu amigo. Parece que conoce a sus profesores y los contactó. Está encantado de entrenarlo para trabajar junto a él.

Aquello si que lo había puesto de buen humor. Se alegraba de que Tetsuya hubiera sido el más destacado estudiante de su graduación, y uno de los estudiantes con mejores casos de abogacía en la universidad. Por eso había sido fácil pedirle a uno de los principales abogados de estados unidos, amigo de su padre y empleado de su compañía para que trabajara con él. Se recostó más en su cama para terminar de cuadrar los pormenores del viaje con su padre.

Esperaba que a su amigo le gustase la idea de trabajar con Enric J. Friedman, una leyenda en su campo, para que así pudiera quedar en uno de los mejores bufetes de abogados del mundo. No cualquiera entraba allí, y ni siquiera que su padre lo recomendará servía mucho. Kuroko era el único que podría sacar adelante aquello y pedía a los cielos que éste aceptará para irse a vivir con él. Formar una vida lejos de Japón, donde nadie lo vería diferente o trataría mal como ya le había ocurrido a unos compañeros. Ya le había comentado de ello a la abuela de este, y había sonreído encantada.

Colgó después de que su sobreexcitada madre lo llenara de preguntas. Ya se había desvestido y esperaba pacientemente que alguna idea le llegara para así poder hablar con la persona que ponía todo su mundo al revés.

-¿Puedo llamarte?

-Estás siendo muy dramático- Fue la respuesta neutra que lanzó el joven de ojos azules. Cuando llegó se había tirado a la cama del lujoso cuarto esperando algo. Se alegraba de saber que su luz lo llamara. Escuchar su voz, su respiración, que preguntará por él era demasiado importante. Ni siquiera la montaña rusa a la que había ido ese día hacía que su corazón palpitara con tanta fuerza.

-¿Vuelves mañana?

-Si, buenas noches- Respondió el abogado a su amigo al otro lado de la puerta. Este no se fue sin decirle que si necesitaba algo, su puerta estaba abierta. Notando que su amigo lo mataría si no respondía, decidió picarlo un poco. La conversación con su amigo médico aun estaba en su mente.

¿Kagami estaba celoso?

¿Kagami lo quería?

-Akashi quiere que vayamos a unos pueblos cerca de aquí. Ha organizado un paseo el sábado y …

La mortífera y amenazadora voz en su teléfono lo interrumpió.-Dijiste que vendrías en tres días y vendrás mañana en la noche. Tu vuelo llega a las 12, así que te voy a recoger y vas a quedarte en mi apartamento para no molestar a tu abuela. ¿Entendido?

El abogado no pudo más que sonreír tontamente. ¿Era extraño que aquellas palabras lo alegraran tanto? Bakagami por lo general era muy amable, distraído y divertido con él. Era muy permisivo y generoso, y pocas veces había sentido esa actitud sobre él. La primera vez fue en el juego contra Akashi siete años atrás, le había prohibido ir a verlo a su casa solo así que él se había autoinvitado. Las cosas no resultaron bien porque en todo el tiempo, Kagami se portó sobre protector, muy enojón y demasiado sarcástico para poder hablar con Akashi.

-No te escucho Kuroko.

-No eres mi padre.

-No, pero soy tu Luz, no lo olvides. -Y ahí estaba de nuevo. La sensación en su corazón de estar rodeado por el mar.

-Mañana tengo mucho por hacer, nos vemos en la noche. ¿Sacaste a pasear a Tetsuya 2?... Kagami- llamó amenazadoramente, al menos a su manera. Él otro solo rió.

- Si me das algo a cambio puedo sacarlo.

El abogado alzó una ceja. ¿Su luz le estaba hablando seductoramente? Aquello lo sorprendió. Nunca antes habían hecho ese tipo de cosas. Él sabía que su amigo era pasional, solo bastaba verlo jugar o estudiar, pero …¿Con él? Decidió seguir la corriente.- Está bien.

-Entonces que descanses, aléjate lo más posible de ese tipo y no dejes que otros te toquen.

El otro bufó exasperado.-Solo fue una vez.

-Y casi lo mato, no lo olvides.- Kuroko colgó el teléfono luego de aquello. Si, por alguna razón era blanco para que hombres y mujeres por igual decidieran acercarse a él. En un bar un tipo no había aceptado un no por respuesta, y sin su permiso, con toda la brusquedad que fue posible, lo levantó de la silla y apretó tosco su culo. Lo único que pudo ver después fue un rayo rojo moviéndose contra el tipo que ahora estaba en el suelo tosiendo sangre. Sus amigos tuvieron que agarrar a Kagami antes de que le quebrara más costillas o lo lastimara más. Al final de ese día se vio obligado a testificar en contra del tipo en la cárcel, porque al parecer era alguien importante. Al otro día, sin que los hubieran encerrado a ambos, recibió una carta de disculpa de parte del hijo de los dueños de unas empresas. A Kagami simplemente se le había soltado la lengua con los chicos de la generación milagrosa y bueno, así eran las cosas.

Pudo dormir tranquilamente cuando supo que lo vería al otro día. No aguantaba más, tenía que hacerlo suyo, tenía que pedirle que fuera suyo. No iba a perderle, mucho menos por el magnate que siempre lo miraba con desafío.


Cha chan

Esto ya casi va a terminar, nos leemos.