∞ Título: "Después de la guerra"
∞ Autor: YUKI-NII.
∞ Género: Friendship
∞Rating K
∞ Personajes: Alexander Lightwood, Raphael Lightwood-Bane
∞ N/A Cazadores de Sombras no me pertenece, esto no es más que un hobby, todo es creación de Cassandra Clare. Esta historia participa en el reto "Emociones" del foro de Cazadores de Sombras.
∞ Resumen: El mundo se expande, y sus ojos se encuentran, deben de estar juntos hasta el final.
∞Advertencia: Spoiler de Lady Midnight
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Entrelazados
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La primera vez que vio los ojos azules sobre él, medio un poco más de un metro, tenía el cabello sucio y enmarañado, una de sus mejillas estaba hinchada y las tripas contra las costillas, se había inclinado sobre un contenedor de basura, cajas apiladas a modo de escaleras, y manos sujetas a los bordes metálicos. Se encogió sobre sí mismo cuando lo noto acercarse, demasiado acostumbrado a ser ignorado por las personas que transitaban por las calles de Buenos Aires, a los escupitajos, maldiciones y a veces a los cubos de agua fría cayendo sobre él, como un perro callejero que busca ser apartado sin tener que tocarlo.
Estrecho sus ojos mezcla de miel y gris, el chico estaba lleno de tatuajes y traía a su espalda un arco y flechas. Él solia alejarse de los mayores, de las bandas que traficaban con drogas, las más jóvenes prostitutas y pandillas que peleaban por territorios. Había visto tantas peleas, con la luces fugaces de las pistolas, y los tronidos de autos derrapanado en caravana en una persecución, habia sido incluso amigo de una chica rubia, de pecas y sonrisa bonita que le daba la mitad de su almuerzo cuando era llevada a esa zona hacer sus rondas nocturnas por clientes y cocaína.
Solto los bordes del contenedor y se impulso entre las cajas y bolsas de basura para llegar al suelo. Defensas en alto y labios apretados.
—No, espera, espera. No te vayas —. Fue un español a penas pronunciado, de ese que se arrastra en la lengua y debe salir desde el fondo de la garganta.
Alec había tenido tan pocas clases con Magnus, que se enfocó en aprender lo más básico, aquello que le ayudaría comunicarse para su misión. Así que alzo ambos brazos cuando el pequeño niño se detuvo, girando y con medio cuerpo echado hacia atrás, estaba descalzo y con la ropa rota, Alec sintió su corazón encogerse por estar a mitad de febrero en Argentina con agua nieve cayendo por las madrugadas y las temperaturas queriendo ponerse negativas al caer del sol. Pero más importante que todo aquello, los ojos de amatistas del niño le veían, cuando él tenía la runa de glamur activada a mitad de una de sus rondas semanales, giro hacia su derecha donde un callejón comenzaba y donde Jace había desaparecido, esperando verle salir sin señal alguna.
Los ojos de Alec regresaron al niño con cautela, dando un paso, monitoreando el limite a bordear de las defensas del niño.
—Hola, dime ¿Eres de por aquí? —. Alec dijo, sintiéndose tonto tan pronto las palabra salieron de su boca, eso había sonado como un coqueteo barato. Se mordió el interior de la mejilla e imploro a Raziel porque el niño no se alejara ante su poco ingenio de entablar una conversación.
—Podría decirse —. Murmuro, voz débil y ronca. Tenía la garganta inflamada y el cuerpo un poco caliente. Retrocedió un paso cuando sintió la figura acercarse más a él —. ¿Qué es lo que quieres? Yo no sé nada, ni conozco a nadie, soy solo de esos que están por ahí, lo juro.
—Oh no, no —Alec negó repetidas veces con su cabeza, sintiendo un poco de orgullo en poder entender lo dicho a pesar de la velocidad con la que el menor había hablado, respiro profundo, formando las palabras en su cabeza para oírse tan elocuente como eso sonaba en inglés —. Yo no quiero nada de información o algo así, es solo que, veras puedes verme y no cualquier persona puede vernos a nosotros.
— ¿A ustedes?
—Ahm, sí. ¿Has escuchado sobre los cazadores de sombra?
— ¿Cazadores de sombra? —. El pequeño tiembla, porque puede imaginarse que de seguro son una de esas nuevas bandas de gánster de un nivel diferente, los jefes que viven en grandes casas con muchos perros, habitaciones y buena comida, los que son encomendados para matar a gente importante y que él ha tenido la mala suerte de toparse con uno, piensa en correr, pero se está muriendo de frio y el estomago le duele tanto de hambre que podría echarse a llorar, porque lo van a matar, ese chico va amatarlo y en él no nace ningún tipo de resistencia para seguir con vida.
—Creo que eso podría ser un no —. Susurra Alec en su idioma natal, cuando ve como la carita se descompone de puro terror y el pequeño se pone tenso, Alec de pronto siente que debe verse como algún tipo de malo sacado de la nada, y que es normal la reacción del niño ante su presencia, por eso se quita el carcaj y el arco y los deja en el suelo, porque no quiere asustarlo más —. No te hare daño — Enfatiza, manos abiertas a la altura del pecho y poniéndose de cuclillas para estar a la altura del niño —. Los cazadores nos ocupamos de proteger a las personas.
El niño quiere reírse de verdad, porque ha escuchado esa línea sobre proteger a las personas demasiadas veces seguidas para su corta vida, policías pretendiendo ayudarles, servicios sociales aprovechándose de su desvalida complexión, él escapando de orfanatos de doble reputación, escondiéndose para sobrevivir en un mundo hostil que no estaba listo para recibirle. Sabe que no debe de confiar, eso es un suicidio automático en el cual no ayudara, si lo van a matar no será por su boca, sino porque está cansado de todos esos días de lluvia, hambre, frio, gritos y golpes, decide entonces fingir, fingir en tener la fe que le perdió a Dios hace mucho tiempo y dar un gran salto. Da un paso hacia adelante, escucha el suspiro que el de ojos azules da, suena mucho a alivio y otro poco a temor, el niño piensa que el único con derecho a tener miedo ahí es él, cuando le doblan la altura, la edad y las armas.
—Me llamo Alexander Lightwood —. Dice, inclinándose un poco más y tratando de sonreír, porque Magnus dice que las sonrisas son importantes cuando se conoce a alguien, por eso eleva sus comisuras, hoyuelos marcándole las mejillas y sudor frio corriendo por su espalda, porque las únicas bases que tiene de tratar con un niño de esa edad, es de Max, su hermanito con sus grandes lentes y rostro escondido tras mangas y comics. El niño asiente en automático al escucharle, da dos pasos más, un pequeño gatito que podría huir en cualquier momento —. ¿Y tú, cómo te llamas?
El niño eleva ambos hombros, porque ahí, en esa calle muy cerca de Villa Crespo y la avenida Justo B. siempre ha sido Pibe Bon, fue una de las prostitutas quien le bautizo así, por sus hermosos ojos de amatista que cambiaban de color dependiendo de la luz del lugar, nadie nunca se ha dignado a preguntar de cualquier forma si acaso tenía un nombre, Alexander es el primero de todos ellos.
—Uhg, necesito un nombre, quizás tengas un alias, o una forma especial con la que la gente te llame —. Intenta Alec, pronunciando más despacio de lo que está acostumbrado y rogando interiormente al ángel de haber dicho las palabras correctas y no una mala traducción como a la hora de pedir la comida.
El niño niega, porque de pronto Alexander Lightwood parece ser cien veces mejor que Pibe Bon.
—Bien, de acuerdo, eso lo resolveremos después. Ahora sería bueno conseguirte zapatos, ropa y comida —. Alec lo dice alto, sin embargo parece que simplemente está haciendo una lista para sí mismo, El niño da tres pasos más, porque el cazador sigue en cuclillas y está sacando su celular del pantalón —. Solo tengo que avisar a Jace sobre esto y pedirle a Magnus que pase él por Max al instituto.
—Disculpa ah…
—Puedes decirme Alec, todos me llaman así.
—Me gusta más Alexander —. Confiesa, jalando su rota camiseta hacia abajo y la mirada en un punto en la pared, así que no puede ver como todas las facciones de Alec se suavizan con ternura ante ello, es Magnus el único que le llama así por la misma razón —. Pero, porque tú vas a darme esas cosas, la ropa y comida.
—Porque la necesitas.
Alec sonríe, no porque deba hacerlo, sino porque sus labios se estiran automáticos. El niño parpadea ante el gesto que le hizo imitarlo, él también está sonriendo.
Alec entonces se incorpora, celular contra la oreja y voz calma, se gira y le da la espalda, y él piensa que esa es una excelente trampa, porque la sola mención de comida le ha hecho querer pegarse al hombre que esta asegurando que todo está bien a la persona al otro lado del teléfono. Baja el rostro mirándose la ropa sucia y vieja, y de pronto se siente desagradable, la mugre de días pegada a su piel, la tela sudorosa y amarillenta cayendo a girones, sus pies congelados y el olor persistente a basura y desechos. Da un paso hacia atrás, como si de pronto el sentido del olfato de Alexander se hubiese expandido y la verdadera razón de la ropa que recibirá es para no darle vergüenza y repugnancia a su improvisado benefactor.
Comienza a dar pasos hacia atrás, sintiendo tanta pena por sí mismo, que su propio cuerpo le acorrala y le aprisiona, da un vuelta con un brinquito y comienza a correr, se mete entre calles, con los ojos ardiéndole de las ganas de llorar, porque siente tanto asco, que por primera vez en muchas semanas los sentimientos le presionan el hambre y le reordenan las prioridades, la única cosa que realmente necesita es alejarse de Alexander, de sus ojos azules y su voz amable que no son para alguien como él.
Es Jace quien mira todo desde el techo de uno de los viejos edificios de apartamento, de la angustia brotando de Alexander y el terror apoderado del pequeño niño. Su cabeza gira a amabos lados antes de deslizarse por la pared e ir junto a su hermano para imepdir que vaya tras el niño quien necesita un momento para respirar, y regresar por su propio pie.
—Mañana, lo intentaras de nuevo mañana Alec, Magnus se está poniendo dramático porque piensa que está pasando algo malo —. Jace extiende su teléfono repleto de mensajes de voz tanto del brujo como de Izzy.
—No lo entiendes Jace, él no tiene ropa y estaba buscando en la basura comi…
—Lo he visto Alec, y también puedo sentirlo —. Señala la runa Parabatai ardiéndole en la piel —. Siento la ansiedad que estás experimentado y todos esos pensamientos que te agobian, así que trata de tranquilizarte, Simon ya ha sido notificado como reclutador, ese niño tiene la visión así que lo reasignare aquí con ropa y comida para dejarlas por la zona para que el chico las encuentre. Ahora por favor regresemos al instituto antes de que Magnus haga una tontería como convertirme en perchero, sería un lindo perchero debo agregar, pero me gusto más como soy ahora, alto, rubio y de sonrisa perfecta —. Jace le empuja por la espalda, inclinándose a recoger las armas dejadas en el suelo, mientras sus dedos teclean un mensaje para Simon sobre buscar un niño de camiseta de Soda Estero sucia en Villa Crespo por ellos.
Alec continua mirando a diferentes direcciones mientras se alejan, porque su corazón continua así, latiéndole en hipeos, reclamándole abandonar a alguien que apenas ha conocido pero que se quedó ahí, con su carita sucia y la esperanza brillando al fondo de sus ojos por escuchar la palabra ropa y comida.
La primera vez que se vieron, ninguno lo sabía, que eso había sido amor a primera vista, que estaban destinados a estar juntos, que el más pequeño portaría el nombre del hombre que protegió a Magnus.
Raphael recorre las calles de Vera y Padilla con el futuro redibujándole el aura y la fe puesta en la persona correcta.
