Mis manos me gritan de dolor desde que trate la tabla durante media hora. Era eso, o practica con Leo durante dos horas. Dos insoportables horas de su mirada acosando la mía, y sus manos siempre manteniéndome en llaves las cuales obligaban a mi cuerpo a estar pegado al de él; ah, y claro, luego fingiría que por alguna razón perdería su fuerza y me dejaría ganar. Sé que todo eso era un juego para él, era obvio al ver su físico que era mucho más fuerte que yo, por algo me entrenaba. Así que preferí tratar de atravesar esta tabla de madera pura d con mis manos. Mucho mejor entrenamiento que Leo.

-¿Con cual? Y ¿cuándo?-Aun con sus negros y lacios mechones de cabello que cubren parte de sus ojos, puedo ver como Zero me escaneaba las manos.

-13. Con la izquierda.

-Buen trabajo. Pero ahora tienes que ir a checarte esas manos. Descansa, mañana es tu día.

-¡Ah! ¡No me lo recuerdes! ¡Estoy muero de nervios! Ahora no puedo dormir. Tengo que entrenar... Sí, eso. Me voy al cuarto de obstáculos, luego un poco más de kung fu no hará daño, después...-Zero me corta el habla, y me toma del hombro. Sus ojos gris claro penetran los míos, y conozco muy bien esa mirada.

-Si quieres ayudar a dar lo mejor de ti mañana, te irás a dormir. Ahora.-Y es que hay tanto en los ojos de Zero que hacen que mi cabeza se relajé, y me da un sentimiento de confianza y seguridad, que hago lo que me dice.

-Buenas noches, Eva.

-Buenas noches.-Nos miramos por unos instantes, duraderos. Soy yo quien se voltea primero para irse, o tal vez la única. Estoy a punto de llegar a mi cuarto, cuando veo algo que al instante me incómoda.

-Eva, ¿no entrenarás hoy?-Leo esta recargado a lado de mi puerta, pies y brazos cruzados. Sus ojos color miel penetrando los míos.

-Ya es muy tarde. Me voy a dormir.

-¡Ha! Desde cuándo Eva prefiere el dormir a entrenamiento. Vamos, tú y yo sabemos mejor que eso.-Y ahí está, la sonrisa que tanto me saca de quicio. Aunque a la mayoría de las chicas las saca de quicio en una manera muy distinta a la mía. Típico chico de cabello dorado que hace que toda chica babee por él. Yo siendo la acepción.

-Sabes, no tengo tiempo para esto. De verdad estoy cansada, así que si puedes quitarte de mi camino...-Y entonces con su sonrisa aún en cara, y sus ojos no dejando los míos, se quita de mi camino pero luego me toma del brazo. Estoy a punto de tirar un puñetazo, pero su cara es sería ahora.

-Mucha suerte mañana. Aunque probablemente no la necesites.-Sonríe de nuevo y suelta mi brazo. Y entonces recuerdo que Leo esta de mi lado, y que sus palabras me agregan un poco de seguridad.

-Gracias.-Entro a mi cuarto y justo cuando sierro la puerta oigo sus palabras.

-Hasta mañana, Eva.

Wau. Mañana es el día. Zero acepto llevarme a la competencia de los peleadores más ajiles del mundo. Aunque tuve que prácticamente rogarle para lo que lo hiciera. Y claro demostrarle una y otra vez, que estaba dispuesta a dar todo de mí y a entrenar día y noche sin parar. Y así, lo convencí.

-¡Corre Eva! ¡Corre!-Dos hombres me miran en la obscuridad de la habitación con ojos aún más remarcablemente obscuros. Mi madre tira una lámpara, libros, zapatos, cajones de mueble; lo que se encuentra a su alcance hacia los dos hombres que esquivan cada cosa con facilidad.-EVA, ¡CORRE! ¡SAL DE AQUI!-No quiero, pero miro por última vez a mi madre con ojos horrorizados, y corro a pie descalzo por la puerta trasera que hay de mi cuarto al jardín. Pero me detengo paralizada cuando dejo a mi madre, y solo queda silencio. Entonces, uno de los hombres sale y camina en mi dirección. Me echó a correr sin pensar en nada. Hasta que este me toma de los brazos y me alza a su nivel. Y al encontrarme en sus sombríos ojos, tratando de soltarme de sus grandes manos, pensando en que podría haberle hecho a mama, queriendo soltar lágrimas de coraje, pero estas no salen. De repente este se arrodilla, y me suelta. Era rabia lo que ahora hay en su mirada, y se retuerce en el zacate. Salgo de mi estado paralizado y me hecho correr a donde no se aun.

-Eva ¡Despierta!- Sol tira de mis dos sabanas de un jalón.

-¿Qué hora es?-Pánico surge por mis venas y me lanzo de un brinco a buscar mi ropa.

-Tienes dos horas para calentar y llegar a Lotus...-Mi pánico le había llegado ahora a ella. Podía oírlo en su voz, y verlo, ya que ahora ella también recorría el cuarto buscando mi ropa mientras que recorría sus manos color bronce por su abundantes rizos dorados que me encandilan. Lotus, gran nombre para el lugar donde los peleadores más prestigiados del mundo llevaran a cabo una gran masacre. Demonios... ¿dónde está mi ropa?

-¡La encontré!- Grito Sol con alivio. Le arrebato las ropas y me cambio ahí mismo sin dudarlo en 8 segundos, y después me echó a correr al cuarto de gimnasia.

-Buenos días-Volteo bruscamente mi cabeza hacia Zero, quien me mira detenidamente.

-Buenos días.-Controlando perfectamente mi voz, ocultando los nervios. Me hecho al piso y empieza a hacer abdominales.

-¿Estas bien?-Sol estaba ahora sentada a mi lado. Mirándome con algo de preocupación.

-Estoy perfecta. Lista.-Ella suspira.

-Quiero decir, estas BIEN, ósea si te sientes bien mentalmente y espiritualmente; porque a decir verdad parece que no dormiste nada bien. Pero Leo me dijo que rechazaste su oferta de entrenar en la noche y te fuiste a dormir temprano.-Fija su mirada investigadora en mi.-O es que tu... ¿Tuviste pesadillas de nuevo?- Sin poder evitarlo, paro por dos segundos en el piso. Y sé muy bien que eh arruinado mi faceta. Sol me ha descubierto por esa miserable pausa.

-Fue la misma cosa de siempre.-Sol no se veía sorprendida, ya le había contado antes de mis pesadillas. Tuve que aceptarlo, no podía salir de mi trance aun de haber despertado de esta pesadilla. No sabía cómo desasirme del trauma; es decir, lograba no pensar en ello la mayoría del tiempo, pero al dormir, bueno, ahí los recuerdos no me dejaban en paz. Tenía 6 años, mi madre y yo caminábamos por el parque cerca de mi casa. Papa saldría del trabajo ese día temprano para ir con nosotros y saborearíamos una nieve los tres. Pero esperamos horas, y papa nunca llego. Mama se veía triste, y nerviosa a la vez. Me compro mi nieve, pero yo no tenía ganas de comerla. Extrañaba a mi papa, ya casi no pasaba tiempo con nosotros por su nuevo trabajo. Y fue cuando llegamos a casa que nuestras vidas cambiaron. Lo vi, ahí, tirado en medio de la sala, en un charco de sangre, y los sollozos ahogados de mama me soldaban. No podía moverme, ni podía dejar de mirar a mi pálido padre en el piso. Tenía entre puesta la gorra que yo misma la decore el día del padre. Sus brillantes ojos verde aceituna que reflejaban una réplica de los míos, mirando algo que no podía descifrar. Entonces cuando la ambulancia vino y cubrió a mi papa en una bolsa grande para llevárselo, supe que jamás lo volvería a ver. Parecía que la vida había sido arrancada del rostro de mi madre. Excepto cuando me acercaba a ella, o ella a mí, y con sus caricias y abrazos, me aseguraba que todo iba a estar bien. Ese mismo día me dijo que ella tenía que hacer un largo viaje, y que me dejaría con mi tía, quien vendría a recogerme cuando ella partiera. Me dijo entre sollozos que tenía que irse al día siguiente, y que yo tenía que prometerle que me iba a cuidar siempre, y que jamás confiaría en alguien sin antes conocerlo bien. Lo hice, y durmió con migo esa noche. Pero entre sueños, oí ruidos. Abrí los ojos en cuanto oí a mi madre gritar, y bueno, eh ahí el recuerdo que eh querido suprimir siempre, pero que acosa mis sueños. Unos días después de haber escapado de mi casa con ningún lugar a donde ir, me halle en esta pequeña casa abandonada donde había mas niños, y parecían amables. Y lo eran. Me aceptaron con brazos abiertos. Y conocí a Zero, un chico amable que se ofreció a cuidarme y ampararme en este refugio.

-Hola, ¿estás bien?-Zero escaneaba mis pies descalzos y algo cortados por el cemento. Pero yo tenía algo de miedo de hablarle, por más amable que pareciera, no olvidaba mi promesa de no confiar en nadie sin antes tener extremo cuidado.- ¿Cómo te llamas?-Mire hacia el piso no sabiendo que hacer, moviendo los dedos de mis pies descalzos.-Yo me llamo Zero.-Me miro con esos ojos que me transmitían tranquilidad, aun cuando no lo conocía.

-Me llamo Eva...-Dije en un tímido susurro.

-¿Qué edad tienes Eva?- Dude si debía de hablar más, pero algo en Zero me decía que podía hablarle sin miedo alguno.

-Tengo 6.-Zero parecía feliz de que compartiera con el algo sobre mí, y cada cosa que me preguntaba sobre mí, me decía sobre él.

-Yo tengo 12. ¿Estas con alguien?-Sacudí mi cabeza mirando hacia abajo. Luego mire hacia arriba.-Si quieres puedes venir a mi casa, mira ellos son Sol y Leo.

-¡Otra niña! ¡Si!-Sol brincaba de emoción al verme.

Sol, de misma edad, me sonrió al instante que me vio, me ofreció dormir en su pequeño cuarto. Su hermano, Leo, un par de años más grande que ella, no dejaba de tocar mi cabello. Le intrigaba el color de este, y le gustaba compararlo con manzanas, rosas, y cuando se presentaba, sangre. Me empezaba a molestar un poco desde entonces. Aun así, estas tres personas han sido parte de mi familia desde esos días que me aceptaron en su hogar. Zero creció aprendiendo artes marciales por sí mismo, estaba entregado a ellas, no sabía cuál era su historia y no tenía el valor suficiente para preguntársela. Pero nos aseguraba que era para defensa personal de esta sociedad peligrosa en las calles de Tijuana. Leo había sacado a Sol de su casa para protegerla, y al mismo de su padre, el cual maltrataba a su madre y a ellos en ocasiones. No necesite preguntar más. Después de que Zero tenía conocimiento suficiente, decidió entrenar a Leo. Para mi sorpresa, y la de su propia hermana, este aprendió deliberadamente rápido, haciéndose casi igual de fuerte que Zero. Aunque Sol no se interesaba en aprender ni siquiera defensa personal, y prefería jugar a peinarme el cabello, yo sentía que tenía que aprender a pelear. Quería saber defenderme. Solo podía pensar en esos dos hombres que me quitaron a mi madre... y como ella con ninguna ventaja física para defendernos trato hasta el final para detenerlos... Y bueno, que tal vez vendrían tras de mi también. Y cuando Zero acepto con alegría y sorpresa (ya que era una chica) a ensenarme todo lo que sabía, me enamore de las artes marciales. Después de haber vivido aquí 10 años, este lugar se ha convertido en mi hogar, y ahora una gran academia de artes marciales que juntos creamos.

Desde entonces eh practicado sin parar. Los hombres que asesinaron a mi madre, ellos querían algo de mí, y pasando por encima de mi madre, casi lograron conseguirlo. Atreves de estos anos comprendí lo que pasaba. Una tarde que recordaba cuando perdí a mi madre, y cuando vi a mi padre muerto en mi antiguo hogar, la tristeza se apodero de mí, más bien como una depresión. Sol vino hacia mí, trataba de consolarme, pero en cuanto nuestros ojos se encontraron, su rostro se torció, con dolor, y era ella quien no podía parar de llorar. Me asuste tanto, no sabía que le pasaba o si era mi culpa, pero sus lágrimas no cesaban, y entonces mi miedo empeoro todo. Ahora ella estaba asustada se alejaba de mí, y se mantenía en la esquina de nuestro cuarto. Corrí hacia afuera a buscar a Zero y Leo, pero cuando regresamos para ayudar a Sol, ella ya estaba calmada, pero aun temblaba un poco y estaba atónita.

-Sol, ¿qué te pasa?- Leo sostenía sus hombros.

-No...No lo sé... Yo solo... sentí tanta tristeza y luego... y luego estaba tan asustada...-Su rostro estaba tan confundido como el de todos.-No sé qué es lo que me hizo sentir así...Solo quería consolar a Eva...-Zero Y Leo me miraron al mismo tiempo, rostros complejos. Entonces comprendí exactamente lo que pasaba. La rabia que yo sentía al mirar al hombre con ojos obscuros esa noche que escape...El mismo sentimiento que vi en sus ojos cuando se retorcía en el suelo...Y ahora Sol...

-No sé lo que te hice Sol... Lo siento tanto...-Vi los rostros de las tres personas de mi familia con miles de preguntas. Salí corriendo del cuarto sin poder decir más. Estaba claro para mí. Lo que yo sentía, los demás sentían. Excepto que la intensidad de emociones era mucho más fuerte en los demás. Desde entonces trato de no expresar mis emociones. Las suprimo, lo más que puedo, y trato de no mirar a los ojos de los demás cuando me es difícil controlar estas. Era algo inexplicable, como una maldición, yo no quería lastimar a los que más quería... Pero no sabía cómo evitar esto.

-Hay que entrenar, Eva.- Una mano en mi hombro derecho me saco de trance.

-Sí, por supuesto-Lo sigo inmediatamente, no me iba a poner mis monos y a imponerme a entrenar con Leo cuando estaba a una hora de uno de los momentos más importantes de mi vida que requerirían entrenamiento de mas.-Esta vez, hazlo en serio. Nada de compasión.-Le ordeno.

-Muy bien. Empecemos.-Leo sonríe, casi extasiado.

-Creo que es suficiente, Eva. Me parece que estas más que lista.-La voz de Zero me toma desprevenida y suelto un gemido. En verdad habían pasado 40 minutos de entrenamiento ¿ya? Estaba a minutos de estar en Lotus con los demás peleadores

-Muy bien, me iré a cambiar.-Dije casi sin poder controlar la emoción, y los nervios. Entonces cuando mire a Zero, note que su respiración se cortaba un poco, sus ojos se abrieron más de lo normal. Y entendí lo que había hecho. Aparte mi vista inmediatamente de la suya.-Bueno... Ahora vuelvo.-Corrí hacia mi habitación y Sol me siguió.

-¿Que fue eso? Zero estaba raro.-Sol no dejaba de mirarme.

-A ¿sí? tal vez está nervioso también... Quien sabe.-Me metí en mi traje de pelea que Zero me consiguió; una camisa negra de piel dura sin mangas que empezaba en una gargantilla de satín del mismo rojo que mi cabello en mi cuello y corría hasta una "V" de típico cortes que acababa en mi cintura. Unos pantalones elásticos y unas botas de abujita y plataforma firme negras también. Se suponía que cada concursante tuviera un estilo único que los definiera, y bueno, me sentía como en casa en mi nuevo traje. Todo estaba listo ahora, aunque dudaba si yo lo estaba, pero rápidamente descarto esa duda y me aseguro a mí misma de que lo estoy. Me amarro mi largo y lacio cabello en una cola de caballo muy ajustada y corro con Sol hacia la camioneta, donde están Leo y Zero.

Lotus es más grande de lo que pude haber imaginado. Era como un templo gigantesco, color durazno, con el irónico símbolo de una flor Lotus en las grandes puertas de la entrada. Todavía no comprendía que tenía que ver con todo esto. Pero tenía mucha curiosidad de saberlo. Al entra vezar las puertas vi una gran cantidad de gente. Demasiada. Empezaba a asfixiarme entre el gentío, cuando una mano familiar acaricio mi hombro. Zero me sonrió, con ese brillo gris claro en sus ojos que me arrullaba y me hizo calmarme.

-¡Hay que ir a ver tu habitación! ¿Qué esperas?-Pero no me muevo. Solo me quedo ahí de boca abierta mientras veo a la inmensa cantidad de peleadores. Entre ellos una chica de piel obscura con un afro en traje azul cielo brillante practicando sus patadas. Patadas mortales y perfectas. Otro chico de aspecto árabe con un brillante verde en su frente, con solo unos pantalones bombachos verde brillante practicando movimientos con sus brazos y tirando puños, tan agiles y rápidos que apenas puedo apreciarlo. Luego una chica asiática, con piel color crema que parece de porcelana, con un majestuoso kimono dorado corto y ajustado. Su pelo es perfecto a pesar de la cantidad de movimientos que amenazan con arruinar su pelotita de bailarina en su cabeza y su perfecto copete. Practica una serie de impecables maromas y saltos mortales, y al acabar en una posición perfecta, fija sus grandes y negros ojos sobre mí, y me arroja una media sonrisa que me hace sentir escalofríos. Me volteo inmediatamente, intimidada y no me doy cuenta de que estoy a 4 centímetros del pecho de Leo, que al parecer estaba parado detrás de mí.

-¿Apreciando la competencia?-Me sonríe sin apartarse de mi.-Buena táctica, así podrás descifrar sus debilidades, aunque a decir verdad, se ve muy difícil.-Trago saliva ruidosamente. Ahora estoy muy nerviosa, demasiado, y Leo no me ayuda, así que me dirijo hacia Sol.

-Bueno, vamos a ver esa habitación.-Trato de mantener la voz firme y optimista, pero fallo, y se oye más bien quebrada.

-Vamos.-Sol sonríe, e ignora mi ataque de nervios, y me toma de la mano para buscar mi habitación. Pero parece que me eh olvidado de Zero, hasta que lo veo caminando de mi otro lado, y Leo camina detrás de nosotros. El pánico que me entra al ver a los demás haciendo grandes maniobras que parecen peligrosas se desvanece cuando me distraigo al ver que Lotus tiene 20 pisos. Es aún más grande de lo que se ve por fuera. Llegamos al piso número 13, y según mi papel de inscripción, este era mi piso. Pero no me había dado cuenta hasta que leí todo lo que este decía, que hay 3 personas por cuarto. Y estas personas serán parte de mi equipo de pelea.

-Tengo un equipo... ¡No peleare sola!-Tres pares de ojos muy abiertos están sobre mí. Hubo demasiado alivio en mi voz al parecer.

-Wow, eso no me lo esperaba.-Leo se ríe, una carcajada burlesca.

-Que bien, ¿no te parece? Así tendrás más apoyo.-Zero me sonríe, y al instante, el pánico se ha ido por completo.

-Bueno, hay que conocer a tu equipo ¡Vamos!-Sol me jala de la mano hacia el largo pasillo de cuartos. Está forrado de una alfombra negra, y todas las puertas con color durazno, con una placa plateada con los números de cuarto.

-Este es.-Me quedo como estatua frente a la puerta, y mis amigos me miran con ansias para que la habrá. Pero oigo ruidos adentro, y dudo si debo abrirla. Llegue temprano, así que, mi equipo no podría estar aquí tan temprano...O ¿sí?

-Parece que ya hay alguien allí adentro.-Sol también se ha percatado de los ruidos, no lo estoy imaginando.

-¡Abramos de una buena vez!-Leo me arrebata la llave de las manos, y Zero lo mira con desaprobación, y se voltea a mí con algo de sorpresa, porque no detengo a Leo. Y cuando saca la llave, y está abriendo la puerta de par en par, me doy cuenta de que estoy nerviosa de compartir un cuarto con nueva gente, gente que no conozco.

-Ah!-Veo una melena larga y negra volar, atravesó del cuarto, y después veo que es una chica que se estampa en el suelo, sacude la cabeza, y se pone de pie de un salto. Empieza a correr hacia la otra chica, y se le enrueda como una víbora. Las dos ruedan por el suelo.

-¿Que pasa aquí?-Leo se mete entre las dos y las separa con facilidad. Las chicas se le quedan mirando detenidamente, no estoy segura si es sorpresa, o admiración. Pero es obvio que les llama la atención al instante para parar su ruda pelea.

-¿Que paso?-Dice la chica de pelo negro, con ojos confundidos.- ¿Quiénes son estos?-Ahora nos mira a todos, y la otra chica de pelo corto se pone de pie.

-No se preocupen, solo entrenamos. Somos equipo, y tengo entendido que solo tenemos un miembro más de nuestro equipo.-Nos ojea a los cuatro, como decidiendo quien es. Entonces sierro la boca que todo el tiempo estuvo abierta, y camino hacia ellas.

-Soy Eva, yo soy el otro miembro. Mucho gusto...-Las dos chicas, caminan hacia mí, y Leo empieza a echarles ojo de pies a cabeza. Por supuesto, es Leo. Entonces hago lo mismo, y me percato de las peculiares apariencias de estas chicas. Una de las chicas con ojos café claro, tiene un poco de pecas en el centro de su blanco y atractivo rostro, complementado por unos picos zigzagueados que forman un tupe en su frente. Luce un cabello corto y castaño, con un estilo alborotado en varias capas salvajes, sus puntas grafiladas para todos lados, las cuales le asientan bien al resto de su look. Lleva pantalones ajustados de cuero negro elástico, con un cinto de estoperoles plateados, unas botas negras con agujetas rojas, una camisa color negra con manchas de soldado rojas, sin mangas que descubren su ombligo luciendo su muy bien formada figura, en una forma ruda, representando falta de miedo alguno hacia sus espectadores. La otra chica, con ojos más obscuros, de pelo largo, la cual es una capa lacia brillante que llega casi hasta su cintura, y con un tupe recto que cubre su frente, usa unas botas de cuero negras y medias negras que sobrepasan su rodilla, la mayor parte de su pierna, pero aun así descubren una piel blanca que resalta bajo el color obscuro. Lleva un corset negro ajustado con cintas, que resaltan su perfecta figura en una manera demasiado sensual para los espectadores, y es complementado por una mini falda negra con franjas rojas y un borde ondeado negro al final decorativo y transparente. Usa un collar gargantilla de cinta negra ajustada a su pálido cuello. De golpe, me doy cuenta de que se mueve hacia mí y tiene los ojos puestos sobre los míos, y me sonrojo.

-Hola, soy Bianca.-Estira su mano y se la acepto.

-Qué onda, soy Aurora.-Me sonríe y la saludo de mano también.

-Entonces... ¿Ustedes ya se conocen?-Ahora que las veo de pie y juntas sin querer matarse una a la otra, se ven algo apegadas.

-Oh sí, claro que nos conocemos.-Bianca ríe, algo macabramente, cosa que no comprendo.

-De hecho, somos primas.-La interrumpe Aurora.-Pero podría decirse que somos más amigas que primas.-Le sacude el pelo a Bianca, y esta le regresa la sacudida de pelo, desgreñándole el pelo por todos lados.-Bueno ahora tu cuéntanos sobre ti, ¿qué edad tienes?-Las dos me miran con curiosidad en los ojos.

-Diez y seis, y ¿ustedes?-Ellas asienten, sorprendidas.

-Tenemos 18.-Sonrien con orgullo, al ver la sorpresa en mi cara. Juraría que estas apenas eran unas adolescentes, igual o menores que yo.-Y ¿ellos...?-Bianca se voltea para encontrar a Leo aun mirándolas, y Aurora examina a Zero y Sol.

-Ah, ellos son mis amigos, solo vinieron para acompañarme.-Zero y Sol les dirigen una sonrisa, y Zero es el primero en acercarse hacia nosotras.

-Mucho gusto, Zero.-Saluda de mano a Bianca y Luego a Aurora. Y estas están boca abiertas por alguna razón.

-Como el de Vampire Knight!-Grita Aurora.

-Siiiii!-Responde Bianca.

-¡Wao, es que tu nombre es genial! Y es casualmente el de un personaje que amamos de una manga llamada Vampire Knight.-Explica Aurora.

-Y tienes el mismo color de ojos que este personaje, Que coincidencia.-Bianca y Aurora intercambian miradas de fanatismo a la manga. Se lo que es una manga, una historieta japonesa, la mayoría de las veces sobre fantasía. Pero nunca me dio tiempo de interesarme en esas cosas.

-Mucho gusto, me llamo Sol, soy la mejor amiga de Eva.-Sol les dirige una brillante sonrisa y las saluda de mano. Por alguna razón esta fascinada con el alboroto de estas chicas.

-Wao, tu nombre si te queda, tu pelo es dorado como el sol, al igual que tus ojos, y tu piel tostada también. Eres muy linda.-Bianca suelta un suspiro. Y me sorprende que aprecie tanto el físico de Sol, pero a ella solo le alaga, y no le parece en lo más mínimo acosador.

-¡Gracias!-Les sonríe complacida.

-¡Ehm, ehm!-Un sonido grotesco sale de la garganta de Leo aun parado atrás de nosotras.-Me llamo Leo, soy hermano de Sol, y mejor amigo de Eva, mucho gusto en conocerlas.- ¿Mejor amigo? Si claro, en sus sueños. Les da la mano a Aurora y Bianca con una tentadora y gran sonrisa. Sus ondas doradas de cabello le caen sobre la cara, y se lo que pretende. Pero Aurora y Bianca, increíblemente, no responden a su coqueteada. Después de un extraño momento de intercambio de miradas entre todos, Zero rompe el silencio.

-Y a ¿qué horas es la ceremonia de presentación?-La pregunta es casual, pero muy buena.

-Es como en media hora de hecho, de ocho a nueve.-Responde Aurora.

-Y después serán las despedidas, que solo duraran 10 minutos.-Asiente Bianca.

-¡Aw, Eso es muy poco tiempo!-Chilla Sol. Y lo sé. Pero será mejor una despedida rápida, así no tendré tiempo de ponerme sensible. No ahora. No ahora que debo tener todas las fuerzas arriba.

-Bueno que les parece si nos vamos yendo para abajo para agarrar lugar.-Sugiero, dirigiendo mis manos hacia la puerta.

-¡Vamos!-Grita Aurora emocionada, Bianca imita sus brincos hacia la puerta en tono de burla. Sol me mira con una expresión fascinada, y sé que piensa que Bianca y Aurora son todos unos personajes de entretenimiento, pero a mí me parecen algo...Bizarras. Pero sé que son buenas personas. No sé cómo, pero simplemente lo sé. Zero sigue detrás de mí, y me sonríe. Volteo para arriba para encararlo, y le devuelvo la sonrisa, y cacho a Leo mirándonos, con una expresión vacía. Luego nos sigue.

-¡Bienvenidos! Tomen asiento por favor.-Dice una señora canosa de traje color rosado. Entonces tomamos asiento en la tercera fila frente al escenario. Aurora se mete primero por la fila, luego Bianca se sienta a su lado. Después se sienta Sol, yo y Zero. Leo parecía venir un poco atrasado y se sienta al final al lado de Zero.

-Sean cordialmente bienvenidos a esta gran competencia en Lotus.-Un señor de piel morena y traje rosa claro dice en el centro del escenario.-A continuación, se les presentaran las reglas de la competencia, sus equipos, y un mapa de las áreas de pelea del templo.-Sonríe, saca un papel y aclara su garganta antes de hablar.-Regla número uno: En ningún momento habrá ningún tipo de armas en la competencia. Regla numero dos: En cuando sean llamados a través de sus pulseras de tobillo, los peleadores deberán empezar la pelea en el lugar que se les indique por la bocina de esta. Regla número tres: Si un concursante agrede de alguna forma los genitales del otro, este será descalificado. Regla número cuatro: Los concursantes no tienen permitido hablar mientras pelean el uno contra el otro. Regla número cinco: No habrá arreglos de ninguna forma con otros concursantes fuera del equipo de uno. Eso es todo, aquí se les presenta un holograma de los campos de batalla.-Frente a nosotros aparece una imagen de un mapa con vista a la ubicación de cada uno de los lugares de batalla. Después de unos veinte minutos, desaparece, y es remplazada por la imagen de un solo campo de batalla. El primero. Es de agua. Es un pequeño lago con varios puentes de madera, y palos verticales de madera grandes incrustados en ellos. El segundo era un pequeño desierto, con nada más que piedras pequeñas y grandes alrededor. El tercero estaba formado de plantas, palmas, distintas llanuras, una selva tropical. El ultimo era una especie de gimnasio, con tubos y barras por todos lados, el piso estaba acolchonado; el más conveniente diría yo.- ¡Ahora llego la hora de presentar a nuestros concursantes!-Dice el anfitrión con áspera emoción.-De repente, en la pantalla aparecen las fotos de todos los aquí sentados, uno por uno, y entre ellos está la chica afroamericana; su nombre es Lila y tiene 19 años. También está el chico árabe, quien es llamado Isaí, y tiene 21 años. Y la chica que más me causa intimidación; la chica asiática de porcelana, la cual se llama Rika, y tiene mi misma edad. Después pasan a Bianca, luego Aurora. Y después aparece mi foto. Oigo algunos cuchicheos sobre mi cabello y mi edad. Pero logro ignorarlo por completo. Después oigo como Bianca suspira algo fuerte y cuando sigo su mirada, veo la foto de una chica asiática, blanca, de cabello largo y rubio, cuya foto lee Kuranosuke, 20 años. Me pregunto si la conoce de algún lado, porque su boca está abierta, y sus ojos no dejan la pantalla hasta que para su pesar, la foto desaparece. Al final pasan al último concursante, quien llama mi atención. Es blanco, y su fleco de cabello rubio claro cae sobre uno de sus ojos. Y debe ser parte de su atuendo personal, porque prenda negra le cubre hasta la nariz, como la de un ninja. Pero es su ojo visible el que me da los escalofríos. Es negro, de un negro profundo que ninguno de los otros concursantes de ojos negros podría tener. Un color tan obscuro en sí, que llama a los recuerdos más obscuros de mi memoria. Después aparece su información, que dice; Ivan, 22 años. La mano de Zero en la mía de un de repente me saca de trance, y me encuentro con su mirada bruscamente, el temor aun corriendo por mis venas.

-¿Estas bien?-Zero me pregunta en un susurro. Yo asiento, con los labios un poco más apretados de lo que quiero. Pero es lo único que pude hacer para no dejar escapar un gemido al ver la foto de Ivan. De este chico, que no conozco, pero si conozco el tipo de mirada que hay en él. Y no es buena. Nada buena.

-Estoy bien.-Digo finalmente, pero Zero no me lo cree para nada. Puedo verlo en sus ojos, y el en los míos. Puedo ver como busca mis ojos con los suyos, buscando la verdadera causa de mi incomodidad. Pero solo me volteo hacia adelante, pretendiendo escuchar atentamente como el anfitrión se despide y nos desea suerte, o algo así.

-Wao, y a ti ¿qué te pasa?-Sol me mira con curiosidad. Yo me paro de mi asiento y comienzo a caminar hacia atrás dirigiéndome a la salida.

-Nada, solo son algo de nervios, ya sabes...-Luego lo veo. Está parado unas cuantas filas atrás, muy cerca de la puerta de salida. Esta mirándome con su ojo libre. Me está mirando a mí, y nadie más. Y es todo lo que toma para que mis piernas empezar a temblar. Así que corro, corro para no permitir que mis temblorosas piernas me tumben quedándome allí paralizada por la mirada de Ivan. Oigo pasos detrás de mí, igualando los míos. Leo.

-¿Qué te pasa? ¿Viste un fantasma o algo así?-Sus ojos muy bien puestos en los míos. No quiero volver allá, así que seguí corriendo hacia los elevadores que me llevarían hasta mi habitación.

-Solo... decidí correr. Me gusta correr, ¿hay algún problema con eso?-Corro aún más rápido pero no logro perderlo. Y gracias a que las puertas del elevador no abren, Zero y Sol ya están a mi lado también. Zero tiene una mirada tranquila, que me ayuda un poco. Pero Sol esta tan sacada de onda como Leo.

-Oye ¿qué paso?- Sol pone su mano en mi hombro, y se reúsa a dejar ir mi mirada.

-Nada, solo estoy... estoy algo emocionada, tu sabes los nervios y eso.-Ella pone los ojos en blanco. Zero mantiene sus ojos arrulladores en los míos, y Leo esta cruzado de brazos esperando desmentir mi excusa. Ninguno de los tres la cree.-Bueno se supone que esta es nuestra despedida, así que, los veré luego supongo.-Trato de sonreír convincentemente hacia los tres, y la nostalgia arrasa con migo cuando Zero se acerca y me abraza acogedoramente. Y entonces decido que en estos momentos, no debo mirar a ninguno de los tres a los ojos.

-Sea lo que sea que te preocupa, vas a estar bien.-Susurra en mi oído.-Siempre lo has estado, a pesar de todo. No olvides que eres muy fuerte, eso es todo lo que importa.-Casi se me salen las lágrimas cuando acaricia mi cabello, y me suelta.-Te estaremos esperando en casa.-Me dice con una suave sonrisa.

-Bueno ya que te sacas así de onda y no quieres decirme porque, será mejor dejarlo ir, este es tu momento.-Dice Sol con un suspiro.-Cuídate mucho, por favor.-Arroja sus brazos alrededor de mí y nos abrazamos por unos instantes.-Wao, se me ara largo el tiempo que dures aquí. Pero sobreviviré.-Se limpia una lagrima.-Tu haz lo mismo.-Dejamos soltar una carcajada, y luego Leo viene hacia mí.

-Si necesitas algo solo llámanos, y vendremos en seguida. No importa que sea. No importa si las reglas son rotas, estaremos aquí con trigo.-Me abraza, y por primera vez, no lo aparto de mi a golpes. Después de todo, Leo es mi amigo. Me deja ir y las puertas del elevador se abren.

-Hasta luego.-Asiento con una media sonrisa y entro al elevador. En estos momentos si tengo que escoger una emoción, quisiera quedarme con la nostalgia, que es mucho mejor que el temor que sentí hace unos minutos. Pero no puedo. No puedo olvidar a Ivan, su tenebroso atuendo y sobre todo su mirada obscura. Pero debo hacerlo, vine aquí a competir, no dejare que esto me debilite. Las puertas del elevador se abren, y parece que Bianca y Aurora no han llegado, la puerta sigue cerrada, así que saco mi llave personal para abrir.

-Te llamas Eva, ¿verdad?-Solo me sacudo un poco al oír una voz ajena detrás de mí, pero cuando me volteo y veo a quien esta parado ahora frente a mí.

Capitulo hecho por Jakie