Disclaimer – los personajes a continuación pertenecen a sus respectivos creadores y editoriales. Yo solo los he tomado prestados por diversión y sin fines de lucro.


Capitulo III

Ni siquiera sé cómo llegamos a esto

GOTHAM
17: 09 PM

"¡¿QUE CONSTANTINE VA A HACER QUÉ?!" Barbara Gordon, alias Batgirl (re-adquirido hace poco), siempre se había caracterizado por ser una de esas pelirrojas que no se dejaba llevar por aquel explosivo temperamento que tanto las identificaba; sobre todo cuando estaba en medio de una misión. Era una de las primeras cosas de las que Batman se había asegurado al evaluarla años atrás. Más eso no quería decir que no lo tuviese, claro está. "¡Pero…! ¡De todas las cosas estúpidas que ese bastardo podía hacer…! ¡¿Qué TU QUÉ?!" Farfulló, incrédula. Y es que, en determinadas situaciones extremas, aquel temperamento endemoniado de la mujer podía llegar a alcanzar niveles estratosféricos. Los cuales, sin duda, auguraban un inimaginable dolor para cualquier pobre alma de cruzase en su camino.

Mike, el criminal bajo Batgirl (que permanecía inmóvil en una llave asfixiante) buscó escabullirse al ver la distracción de la heroína. Lamentablemente, el joven e inexperto ratero jamás había sido instruido en el arte de tratar con pelirrojas, (todas sus hermanas habían sido pelinegras, como él) y jamás había tenido la suerte de escuchar la frase 'nunca te cruces entre una pelirroja y el objetivo de su ira'.

Pero si lo hubiese sabido; o al menos, si hubiese visto el brillo feral en los ojos celestes de la mujer, Mike se lo habría pensado dos veces. Antes de que pudiese hacerse con su arma en el suelo, la pelirroja giró sobre su propio eje y estampó su bota de nueva cuenta en la espalda del hombre, dejándolo mareado y sin aliento.

No entendió lo que estaba sucediendo; pero un sonoro BOOM le hizo encogerse y muy pronto se sintió rodeado completamente por una sustancia gelatinosa que se extendió al rededor todo su cuerpo.

"Escúchame pedazo de basura, y escúchame bien." Mike se encontró a sí mismo paralizado frente unos enfurecidos ojos azul cielo. Con horror, entendió que la sustancia gelatinosa que ahora lo rodeaba era una especie de cemento de rápido secado que lo inmovilizó contra el suelo, junto con las armas y el botín. "En tres minutos llegará la policía. Vas a confesar todo lo que hiciste, y vas a entregarte voluntariamente. ¿Me escuchas?" Le ordenó la mujer. El pobre muchacho nunca vio nada tan terrorífico y fascinante a la vez. Asintió, sintiéndose muy pequeño. "Excelente. Y más te vale que no lo vuelvas a hacer. Te estaré observando. Créeme."

Y mientras la mujer se escabullía como una sombra, Mike llegó a la conclusión seria y certera… que quizás los héroes estaban mucho más trastornados de lo que lo estaban los villanos.


"No. No, no, no. No, no. No. ¡DESHONOR! ¡Deshonor sobre toda tu familia!" Bramó Remy LeBeau por enésima vez, señalando con el dedo índice a un despeinado y estresado hombre rubio. Este se limitó a colocar los ojos en blanco, acostumbrado ya para este entonces a sus exageraciones. Sin mucha dignidad, se dejó caer sobre una vieja banca de madera.

John Constantine, a pesar de estar vestido con sus mejores ropas de trabajo; parecía haber envejecido de la noche a la mañana unos diez años.

"¡¿Crees, por un segundo, que vas a salir vivo de esto mon ami?!" Razonó el mutante. El, también, estaba vestido con… lo más decente que había podido conseguir en su armario. Una gabardina lila, camisa y jeans no tan sucios. "¡Te van a annihilent!" A cada segundo que repasaba el plan, más loco lo veía. Y si bien ya no estaba gritando, el pánico seguía presente. No creía que iban a salir vivos de esta.

"No sería la primera vez que intentan aniquilarme." Respondió el mago inglés, con una sonrisa desagradable. Ignoró la expresión preocupada de Remy y encendió su treintavo cigarrillo de la mañana. "Pero es la única manera."

"No, no. Tiene que haber otra forma, otra piedra preciosa y mística que podamos robar… quizás algún pacto con el diablo. Aún tenemos tiempo. ¿Eres experto en eso, no?"

"Si, y esa es exactamente la razón por la cual no recurro a los demonios si no tengo que hacerlo." Elevó los pies sobre otra de las bancas, ganándose una mirada furibunda de parte de Remy. La cual, desde luego, ignoró. "Desagradables criaturas, siempre quieren una parte de tu alma a cambio. Son un dolor en los cojones, realmente."

"No deberías hacer eso, ¡estamos en una église! ¡Ten más respeto!" Le siseó "Y qué tal si…" Pero antes de que Remy pudiera continuar, la figura alterada Shane Burke cruzó el umbral, cargando a una pequeña niña pelinegra que vestía un vestido rosa chillón lleno de flores.

"Barbie viene para acá." Anunció. "Lo sabe. Lo sabe todo."

"¡QUÉ!"

"¡DESHONOR A TU VACA! ¡Cómo pudiste!"

"¡¿LE DIJISTE?!"

"¡No le dije nada!" Se defendió Shane, sulfurado. Y era la verdad. La pelirroja había estado detrás de sus traseros desde el fiasco en Shanghai. Era todo un milagro haber logrado burlarla por tanto tiempo, en realidad. "¡Ella lo dedujo por su cuenta! Además, ¡¿cómo carajos querías que no se enterara de nada si le piden que nos traiga un jodido smoking a cada uno?!" Ironizó.

"Yo no le pedí un smoking." Murmuró John, frunciendo las cejas.

"Eh…" Remy trató de pasar desapercibido y falló miserablemente.

Si las miradas pudiesen matar, el mutante estaría enterrado bajo mil toneladas de tierra.

"¡Oi! No podía dejar que te casaras en gabardina mon ami, ¿te ves ridículo…?"

"Fuck. ¡Fuck, fuck, fuck!" Maldijo el mago, levantándose. "¡Pásame a Zeta!" Ordenó, e inmediatamente Shane le pasó a la niña con vestido rosa.

"¡FUCK!" Repitió la pequeña Zee, aplaudiendo.

John palideció.

"No, amor. Dije foca. Foooo-ca." Le sonrió mientas limpiaba las manchas de harina en su vestido. ¿Quién había dicho que los hot cakes eran una buena idea en el desayuno?

"Por cierto, ¿dónde carajos está Matt?" Inquirió Shane.

"¿Matt? ¿No estaba contigo?" Preguntó Remy, frunciendo las cejas.

"¡MATTY!" Gritó Zee, con alegría. John, por su parte, luchaba para hacerle unos moños en la cabeza que se vieran moderadamente decentes. ¿Cómo infiernos es que hacían esto las mamás? ¿Magia?

"No. No lo he visto desde ayer que nos separamos en el aeropuerto." Respondió Shane, confundido.

"Ya va a aparecer. Es Matt Murdock, por dios. Es un tipo fuerte, aunque no parezca y sea discapacitado. Jodido ciego." Dijo Constantine, quitándole importancia. "Ahora tenemos que concentrarnos en esto. Shane, tu misión es distraer a la pelirroja. Apacigua su ira demoníaca y haz que sea una niña buena y se quede con Zeta." Le pasó a la maga en miniatura, quien rió divertida en el aire.

"Hablas de ella como si fuera un dragón…" Masculló Shane, sin saber si sentirse divertido o insultado. Con cuidado y naturalidad, el mutante la subió a Zee en sus hombros.

John lo ignoró.

"Remy. Tú le quitas los trajes y nos vamos a cambiar. Yo me encargo de recibir a los jodidos invitados."

"Espera, espera… pero falta poco menos que media hora para que empiece a llegar la gente. Y creí que Matt iba a ser tu padrino de bodas." Lo cortó LeBeau, confundido.

"No importa, no importa. Si Matt no llega, Shane es el nuevo padrino de bodas." Y el mago añadió entre dientes una maldición que sonaba como: 'típico; justo el día de mi jodida boda mágica por conveniencia, el maldito bastardo me abandona'.

"¡¿Eh?! ¿Yo? ¡¿Porque yo?!"

"¡DUDE! ¡TE ESTOY PIDIENDO QUE SEAS MI BEST MAN!"

"Oh, bueno. ¿Gracias?" Murmuró Shane, no acostumbrado a estas cosas. Además el asunto dejaba de ser conmovedor si es que eras la segunda mejor opción.

"Y yo que soy, ¡¿un perro?!" Inquirió Remy, pero los dos hombres lo ignoraron. "Eso me dolió, que lo sepan. Traidores." Masculló LeBeau, alejándose de los otros dos con una mano sobre su corazón.

Un ruido parecido al de un coche frenando a punto de estrellarse les hizo detener su conversación. Rápidamente, los tres hombres se abrieron paso a través de la capilla, para salir por la puerta principal de la iglesia.

Allí, entre los adornos de rosas blancas y los peldaños de mármol, vieron a una pelirroja bajar de una impresionante motocicleta.

Inmediatamente, los ojos de la mujer se clavaron en Shane, como los de un halcón… y en la niña pequeña en sus hombros.

"Lo sabía." Su voz sonó suave y dulce, pero por alguna razón Remy LeBeau y John Constantine sintieron un escalofrío. Sabiamente, los dos hombres dieron un paso atrás.

"Más vale aquí corrió que aquí murió." Susurró Remy, antes de meterse a la capilla.

John optó por lo sano y desapareció con un conjuro.

"Barbie." Saludó Shane, maldiciendo a los cobardes que tenía por compañeros. Rápidamente bajo a la niña de sus hombros y la levantó como un escudo entre los dos, al mejor estilo Rey León. "Ehhh. ¿Encontramos a Zee?"


"Déjame ver si lo entendí. Te vas a casar mágicamente. Con una bruja que es 37 años mayor a ti, pero que te conoce desde que eres un niño..."

"Si, básicamente." Comentó Constantine, fumando su cigarrillo número 50. No lo mal entiendan, estaba alegre de que la pelirroja ya entendiera de que iba todo esto, pero el estrés lo estaba matando. El cuello le apretaba y sentía que se veía como un pingüino. "¿Estás segura que no puedo casarme con Gabardina? No creo que a la vieja harpía le moleste..."

"Si, es necesario." La pelirroja lo fulminó con la mirada y John levantó las manos, como si lo apuntaran con un arma. El smoking lo hacía sentir como un títere, pero ¡hey! ¿Quién se queja, no? "¿Y realmente deberías estar llamando así a tu futura mujer...?"

"Es la jodida Bruja Mala del Oeste, ¿a quién le importa?"

"¡No es gracioso!"

"¡Es la verdad! ¡Es una bruja decrépita libidinosa! Pero es la única manera, es lo suficientemente poderosa y la promesa de sangre ya está hecha. Esta boda es explícitamente para el realizar el ritual y que la loca esa se quede contenta. Ya no hay vuelta atrás, bombón."

"Entonces durante la boda te transferirá la habilidad para... ¿traer a Zee de regreso?" Preguntó Barbara, con las cejas fruncidas. No podía decir que le agradaba la idea, pero tenía sentido. Algo. Ella misma, en su identidad de civil, se encontraba vestida con un simple pero elegante vestido celeste que ondeaba a sus costados. Porque, oh, ya estaba metida en esto y nadie la iba a sacar.

"En realidad me transferirá el poder mágico necesario para poder realizar una invocación humana a través de dos dimensiones, pero sí. Técnicamente es lo que tú dices."

"Esto es de enfermos."

"Mucho gusto, John Constantine. Así soy yo. Un enfermo los 365 días del año." Remarcó.

"¡ESTAMOS LISTOS!" Gritó un alegre Remy LeBeau al entrar a la habitación en la que estaban. Él ya estaba con un traje. No era un Smoking como el de John, pero era muy elegante, de cualquier manera. La pelirroja sabía definitivamente lo que hacía. En sus brazos cargaba a una preciosa Zee, que portaba una canasta de flores. "¡Muéstrales lo que te enseñé, Zee!"

Y la pequeña Zee, encantada, agarró una flor de su canasta y la arrojó al suelo con un chillido lleno de deleite.

¡Booom! La flor explotó en el suelo y ardió en llamas, misteriosamente. Al mirar de cerca, todas las flores de la canasta tenían un débil brillo lila, como si todas estuviesen cargadas de energía cinética... listas para explotar. "¡BOOM BOOM, tío Remy!" Chilló Zee y procedió a lanzar otra.

Barbara trató, pero no pudo contenerlo... y estalló en carcajadas.

"Que gracioso, LeBeaurrete..." Masculló Constantine.

"Bueno, creo que es lo justo, ¿no? Ya que te vas a atar a otra mujer en santo matrimonio en frente de Zee y toda la cosa. Mínimo tiene que lanzar fuego..." Comentó el hombre, divertido.

"¿Tienen los anillos?" Cortó John, de mala gana.

"Shane los fue a buscar, ya debe estar por llegar."

"¿Hay señales del infeliz de Matt?"

"No, y ni que hubiésemos tomado tanto en la despedida..." Murmuró Remy.

"¡¿Despedida?!" Inquirió la pelirroja, alzando una pronunciada ceja. Sonrió con dulzura y se volteó hacia Constantine. "¿Tuviste despedida de soltero...? Vaya, que interesante. Asumo que no llevaron a Zee a ningún lugar indebido para una menor de dos años... ¿verdad?"

Al mismo tiempo, los dos hombres alzaron las manos como si los apuntaran con un revolver.

"¡FUE IDEA DE SHANE!"