NA: I made a Thing. U'll know what… Bueno el caso es que he hecho a Nepeta trans y si no os mola os ponéis hojas (mala traducción del catalán que diu que si no t'agrada que t'hi posis fulles). El caso es que quería hacerlo porque después de todo en el mundo del fanfiction y del fanart se da mucha relevancia a los gays y bueno lo hetero también aparece, pero casi nunca se habla de transexualidad, por eso de Gender bend que la gente usa tanto. Personalmente ya he llegado a un punto de observar las diferenciaciones sexuales como algo arcaico, pero en general tiene más que ver con mi complejo trasfondo personal respecto al odio de mi naturaleza. En fin, no sé qué me enrollo con cosas que tampoco sé si quiero contar o debo contar en una nota de autor.
¡Ah! Por cierto… AMO A DAMARA. Bueno en realidad es el Damarioh, porque Rufioh es tan lerdo como yo... Y la expectativa de que alguien tan jodidamente fuerte e increíble como una Megido ponga ojitos a un loser me parece awesome. LOL Creo que definitivamente el Damarioh es mi OTP de las OTP, mi nave nodriza de las ships. *suspira mirando al cielo dramáticamente* Tengo que dejar de hacer estas mierdas…
Equius entró en el despacho de la parte de atrás del supermercado. Hacía escasos treinta minutos que había terminado de reparar el coche de Nepeta e iba a devolverle las llaves. Aquel era su trabajo, era mecánico en un pueblecillo alejado de la capital. Era una vida sencilla, práctica si cabía decir, más desde que había iniciado una relación sentimental con aquella chica que se esforzaba mucho en parecer un hombre. Se esforzaba tanto que le había engañado la primera vez que se había visto y en cierto modo aquello le otorgaba cierta tranquilidad, podía continuar su vida de homosexual sin que la gente de aquella pequeña población lo supiera. Todos creían firmemente que a pesar de que Nepeta se refiriese a si misma con pronombres masculinos, se vistiera de hombre y a veces pusiera calcetines en su entrepierna, eran simplemente excentricidades de una loca. Para Equius todo aquello era algo tedioso, pero en cierto modo era una ventaja, salir con un hombre a sus ojos y una mujer a los de los demás. Evidentemente la quería mucho, pero a veces no podía evitar echar un poco de menos a Tavros.
Tavros había sido su primer amor, algo secreto y furtivo, que había hecho toda la relación mucho más emocionante. Lo cierto es que no había compartido aquella opinión con su ex pareja pero se había ido, así que pensar en aquello no tenía mucho sentido.
Nepeta se encontraba sentado detrás de la mesa, entre papeles y libretas de contabilidad sonrió a ver entrar al fornido chico con sus llaves en la mano y aquellas gafas de sol rotas.
— Muchas gracias — dijo el Lejion levantándose de la silla y apoyando sus manos sobre la mesa para recibir un beso del chico.
Equius desvió la mirada cuando sus labios se despegaron y se molestó, lo había vuelto a hacer. Llevaba un calcetín en la entrepierna. Era discreto, tampoco es que tratase de exagerar, pero lo había hecho de nuevo. El Zahhak se acercó a su chica y colocó la mano en su cadera. Hablar de aquello siempre era un tema delicado, pero se veía e la obligación de hacerlo. La última vez habían discutido tanto que el mecánico casi pensaba que romperían, que le iba a dejar, pero al final se había quedado con él. Y durante los últimos dos meses no habían vuelto a hablar del tema, ni siquiera lo habían mencionado.
— Nepeta, no hagas estas cosas — dijo Equius deslizando su mano a la entrepierna de la Lejion y metiendo la mano por el pantalón para sacarle aquel calcetín. Lo tenía en las manos y se lo enseñaba a Nepeta nervioso, no quería volver con aquel tema y pelearse otra vez.
— Déjame, ¿qué más te da a ti? —Nepeta empujó al chico y le arrancó la prenda de las manos para volver a colocársela. Equius Zahhak era un tipo perfecto, guapo, amable, bueno en la cama, pero cuando se trataba de lo que él quería hacer con él mismo era horrible. Nepeta sabía que era una chica y que su genoma así lo diría siempre, pero no estaba de acuerdo en tener que parecerlo si no quería.
—Pero es que eres una chica, asúmelo — empezó a decir Equius. Sabía que no iba a hacerle caso, resultaba irritante, se suponía que eran una pareja. — ¿Por qué no te pones un vestido? ¿A caso lo has intentado alguna vez?
El chico se sentó en su silla y miró al tipo que supuestamente amaba. Una parte de él se hundía en su más profunda miseria al pensar que después de todo no era capaz de aceptarle como era, pero otra ardía en ira. ¿Tan difícil era? Cuando tenían sexo no se quejaba de simplemente tener sexo anal, algo que quizá no hubiera tenido con una chica normal.
— Equius ¿Por qué aceptaste salir conmigo? —preguntó Nepeta. No le miraba, sus ojos estaban fijos en aquella libreta de contabilidad. Mirar los números le daba una falsa seguridad, siempre habían conseguido que se relajase. — Porque ya sabías como era…
El mecánico se sentó en la mesa y cogió una de aquellas finas manos de mujer. Era genial, en todos los sentidos y a pesar de que en sus planes nunca había encajado lo de enamorarse de alguien del sexo opuesto.
— Yo te quiero, pero es la verdad, eres una chica — dijo Equius para notar como Nepeta apartaba la mano de él.
— ¡No! ¡Basta! Deja de negar las cosas evidentes — Nepeta hacía un verdadero esfuerzo por no llorar. Le detestaba ¿cómo podías decirle a alguien aquello? "Te quiero pero cambia" Aquello no era para nada amor —. No lo soy, puede que tampoco sea un chico, pero nunca en mi vida he sentido que fuera una chica y nunca lo sentiré, por mucho que insistas en que me ponga vestidos. Póntelos tú.
El Zahhak se rio por lo bajo al imaginarse a sí mismo con un vestido azul aleatorio. Imaginó sus brazos musculados apretados con telas finas, sus clavículas sobresaliendo del vestido por un cuello de barco y sus piernas gruesas y algo peludas saliendo de aquella falda corta.
— Creo que me sentiría un poco ridículo con un vestido — dijo en voz alta y se apartó el pelo de la cara. Trataba de ser amable, no quería que aquella discusión llegara a más.
— Bueno, quizá deberías ponértelo y así entenderías como me siento yo —le contestó Nepeta con cierta angustia. Definitivamente había tomado una decisión respecto al chico—. Creo que deberíamos darnos un tiempo, no me siento cómodo en esta relación a pesar de todo.
— ¿Cuánto es un tiempo? Yo quiero estar contigo, yo te quiero — Equius se quitó las gafas de sol y dejó ver sus ojos azul oscuro. Estaba asustado, su vida amorosa siempre era un vaivén de gente que no se quedaba a su lado y no quería que aquello también incluyera a Nepeta.
— Está claro que no — contestó contundentemente la chica transexual, su cara reflejaba la instalación de la decisión tomada. No quería separarse de Equius, pero era lo correcto, lo que debía hacer.— Lo que tú quieres es una imagen distorsionada del yo, porque Nepeta Lejion se pone calcetines en la entrepierna y no usa vestidos y tú no aceptas eso.
Equius se negaba a dejar la trastienda del supermercado. Le estaba dejando, no era un tiempo.
En un descampado en medio de aquel desierto Damara entró en su todoterreno hummer con decisión. Había atado a aquel estúpido chico, Rufioh se llamaba, era guapo pero bastante lerdo. Se quedó mirándole durante un segundo desde el interior del coche, le gustaba su cara. Como el puente de su nariz arqueaba y se abría al final con aquellas anchas aletas nasales. Debía de tener sangre latina, quizá ascendencia caribeña. Guapo y Lerdo.
La chica tomó el teléfono del coche entre sus dedos y marcó el teléfono de aquella puta barata de Serket. Hacía unos dos días que Vriska tendría que haberse presentado con la pasta en el motel cutre cercano a la interestatal 15 y ahora ni ella ni Gamzee iban a la cita para recoger el material. Estaba claro que sin el dinero no iba a transportar toda aquella cantidad de material desde L.A., pero no podía tener todo aquello en laboratorio de su gran señor Caliborn. Salió y se apoyó sobre la carrocería del coche con la mirada fija en el horizonte.
— Por lo que sea no cojo el teléfono, deja tu mensaje y ya contestaré si quiero — sonó el contestador automático acompañado de un pitido. La detestaba.
— Vas a venir a aquí y vas a estar lamiéndome los jodidos pezones hasta que te duela la boca — empezó a gritar Damara. — Tengo toda esa jodida mierda acumulada en un puto motel de carretera estúpida puta y…
— No es cauto dejar ese tipo de mensajes — gimió Rufioh cortándola en su discurso de insultos. Estaba muerto de calor y que le hubiera atado brazos y piernas como a un muñeco del bondage podía sonar sexy, pero no lo estaba siendo para nada.— Quizá si me dejaras llamar a mi…
— Cierra la boca — le contestó la morena colocando su bota roja sobre la cara del chico. Era inspirador hacerlo callar de aquella manera, o al menos la hacía sentir jodidamente bien. Damara terminó su discurso, si bien era cierto que no debía dejar aquel tipo de mensajes le importaba un carajo. Había robado aquel teléfono a una señora cerca de Nipton hacía una semana y en el motel se había registrado con una tarjeta de identificación que la localizaba como una emigrante japonesa que no hablaba una mierda de inglés.
La chica colgó el teléfono y lo dejó de nuevo dentro del coche. Acto seguido salió para mirar de nuevo a aquel chico, ¿qué iba a hacer con él? No servía como rehén, estaba claro que si Vriska le había mandado era porque no le importaba nada si vivía o moría.
— Mi vida es importante, yo creo que molestaría mucho a Dualscar mi muerte— mintió el chico asustado. Apenas tenía veintiocho años, no quería morir aún.
—Nene, a mi jefe, Dualscar le asusta tanto como una arañita — dijo Damara encendiendo un cigarrillo y pensando en que seguramente aquel chico mintiese. Damara se agachó y lanzó el humo de su boca en la cara de Rufioh—. Y a mí morir me preocupa más bien poco, casi diría que sería un amable regalo.
— Pero, yo puedo ser útil, muñeca — añadió el Nitram tratando de modular su voz. No quería sonar nervioso.
Damara se mordió los labios a escasos centímetros de la cara del chico y se acercó más, lamiendo su piel morena.
—Útil... ¿Eh? —contestó la Megido poniendo una sonrisa algo maquiavélica. Quizá podía quedárselo como juguete. Pensaba en desatarle cuando su teléfono sonó, tiró el cigarrillo al suelo y se metió en el todoterreno para hablar.
— ¿Qué mierdas quieres, Megido? — preguntó la voz de Vriska Serket al otro lado. Hacía tres días que Karkat y Terezi habían huido con el dinero y aún no había conseguido una buena excusa para sus proveedores.
— Que me expliques por qué un mentecato a aparecido diciendo sandeces.— Damara contuvo su lengua, tenía ganas de patearle el culo.
—Mira, tengo un proveedor más económico con un mejor producto — Empezó a decir, soltándole un discurso. Como no tenía una verdadera excusa no pudo evitar resultar poco concisa, y la Megido lo notó. Lo cierto era que seguía sin saber nada de aquel supuesto amigo de Kanaya, pero algo tenía que decir. Había mandado a Rufioh en pos de que se la ligara o algo, pero al parecer aquel tipo no servía para nada.— La jodida resolución es que te puedes meter toda esa mierda que dices tener por el culo.
— ¿Y al guapo de turno? — preguntó Damara mirando por la ventanilla a Rufioh, que sudaba mares por los nervios. Si, tal como había dicho antes era muy guapo. La realidad es que le daba igual todo el rollo de la mercancía. Ya se pelearían Caliborn y Dualscar de forma sangrienta, ella no estaba para lidiar con asuntos tan grandes.
— Comételo si quieres— Vriska colgó, aquella tipa la hacía ser peor persona y eso que la Serket pensaba que no podía serlo. En el fondo se alegraba mucho de no tener que volver a verle la cara nunca más.
Damara sonrió mirando por la ventana. Ahí estaba su juguete, tostándose al sol, pero antes de jugar tendría que llamar a Caliborn.
