La llamada fatal se había acontecido, Dualscar quería saber qué estaba haciendo su hijita con el dinero que le había dado. El conflicto con Caliborn no tenía por qué salir caro, pero al narco le gustaba saber por qué se manchaba las manos de sangre.

Vriska entró en el Orphaner con cierta pesadumbre, aquellos requerimientos por parte de su padre la abrumaban soberanamente. Si por ella hubiera sido lo hubiera despachado con un "Tendrás tu mercancía" y poco más, pero Dualscar no se conformaba con pocas palabras a través de la línea telefónica.

El Orphaner era un local de striptease, quizá el más caro de toda la ciudad de Las Vegas. Lejos de lo que la mayoría de locales dedicados a estas actividades eran, este no era un tugurio oscuro, con olor a tabaco y gordos sobando culos. Era un striptease club de lujo, una especie de Folies Bergère pero a la americana. Un lugar un tanto más soez y en el que se blanqueaba dinero, se ejercía la prostitución de lujo y bailaban las chicas más exóticas.

La Serket se sentó en uno de los grandes sofás y esperó a que alguna camarera le trajera una copa. La misma camarera que seguramente avisaría a su padre de que había llegado, porque no tenía autorización legal para entrar en el despacho de Dualscar. Vriska se recreó en su entorno, eran las seis de la tarde y aún no había demasiados hombres baboseando por las chicas que caminaban casi desnudas por la estancia. En el escenario principal se encontraba Porrim, con un vestido de seda negra se movía con el sigilo de un gato, era una mezcla de depredador y presa. Era por aquello que todos los presentes fijaban su mirada en la morena de ojos verdes que te hacía sentir como su héroe a la par que te arrancaba las vísceras. "Es sumamente perfecta" pensó Vriska.

Porrim era estudiante en la facultad de filosofía y letras y trabajaba haciendo horas extra para pagar la universidad, era una especie de diosa atrapada en un recipiente ideal. La morena vio a Vriska sentada en la lejanía, repasándola con su mirada y sonriendo. Tras pasarse una mano por el pelo, Porrim giñó el ojo a la Serket. Era una de sus espectadoras favoritas, aunque en realidad nunca habían intercambiado muchas palabras. Sabían lo justo la una de la otra y aquello era lo que quizá hacia aquella relación tan perfecta, que a pesar de todo jamás llegaría a nada más que vagos coqueteos en aquella sala de baile.

Vriska se levantó en pos de dejar algún billete en el escote de aquella maravillosa criatura, lo cierto era que a menudo olvidaba su relación con Kanaya. A menudo era siempre que otra persona se cruzaba por su camino, pero al final siempre recordaba a la chica que le aguardaba en algún lugar y suspiraba confusa sobre la decisión que tomar. El vestido de Porrim se deslizó por sus brazos dejando entrever un sujetador de color verde con lazos negros, resaltando la piel de la bailarina y mostrando la línea curva que se torcía en su cintura apuntada.

El mismo Dualscar se cruzó en el camino de Vriska, agarrándola del brazo y arrastrándola hacia su despacho.

—Hola, papi— dijo con cierto hastío la morena. Siempre la traba como una niña y no podía soportarlo. Le encantaba llamarle padre, papi o cosas por el estilo, era divertido porque se comportaba de cualquier modo menos como un progenitor decente.

—Tienes demasiadas cosas que explicarme — Dualscar la empujó dentro del despacho y cerró la puerta tras de sí. Estaba enfadado, su sonrisa ambigua así lo demostraba.

—No tanto, tú fuiste quien dejó la responsabilidad de la metanfetamina en Gamzee y en mi así que no tengo porque darte explicaciones si cumplo con lo acordado — Vriska se sentó en la mesa del despacho y miró a su padre rodearla hasta sentarse en su silla.

Dualscar miró a su hija, iba limpia pero parecía desaliñada con aquella camisa y aquellos tejanos. Pensó en su madre, en la ropa tan formal que solía llevar. En cierto modo era culpa suya que aquella cría se hubiera criado sin una referencia femenina y a veces no pareciera una dama.

— No, yo no pre establecí que dos yonkis fueran los encargados de este negocio— contestó fríamente. Era cierto, en realidad él solo había aceptado la orden del Gran Hihgblood de ocupar a Gamzee, pero sí que había obligado a Vriska a desintoxicarse para que controlara las actividades relacionadas y al chico.

—Pues llórale a tu querido amante,— Vriska se fijó en uno de los cuadros de la sala. Era una pintura de Géricault, siempre le había gustado. Trataba sobre un naufragio, algo realmente irónico y oscuro para estar en una sala en la que se llevaban a cabo tantos y tantos proyectos que no debían zozobrar bajo ninguna circunstancia—. Tengo un amigo que por menos dinero puede hacer un producto mucho más bueno.

—¿Y me vas a devolver el dinero que te sobre? ¿O tú y Gamzee lo gastareis en alguna estupidez?— Preguntó Dualscar. No se fiaba de ella, y aunque lo tratase de hacer, siempre aparecía aquella mirada de astucia tan parecida a la de Mindfang que le recordaba que no debía.

Vriska se levantó, se acercó al cuadro y fijó la vista detenidamente en la esquina superior derecha. En aquel punto del cuadro las nubes empezaban a disiparse contrastando con el dramatismo de la escena. Estaba claro que no tenía el dinero, no había esperado aquella pregunta tan idiota.

— No creo que sea de tu incumbencia, al menos por esta vez no — Vriska sonrió y se giró sobre sus talones mirando a su padre. —¿Puedo irme ya?

— Si no me complace el producto…— empezó a decir Dualscar. No quería ser muy duro con la chica si realmente estaba tratando de optimizar el negocio, casi parecía que por primera vez se tomara las cosas en serio, pero no podía evitar recelar.

— Te gustará — Vriska abrió la puerta del despacho y fijó sus ojos en Porrim otra vez. Al otro lado de la sala de striptease estaba totalmente en ropa interior y estiraba sus piernas alrededor de la barra. Le daba igual la respuesta de Dualscar, le importaba un pimiento si ni siquiera le gustaba la puñetera mercancía.

Salió del despacho y cerró la puerta, se acercó al escenario y resiguió con la mirada las formas de Porrim. Miró su reloj de pulsera, aún tenía un rato para la cita doble con aquel chico, Gamzee y Kanaya. Vriska se sentó apoyada en la barra del escenario en el que la bailarina de sus sueños se movía cual felino. Todo parecía tan simple cuando lo único que tenías que hacer era mirar como las cosas seguían su propio curso.

En la playa Anakanea de Rapa Nui, Karkat miraba a Terezi correr por la orilla con aquel bikini sencillo de rallas turquesas y rojas, mientras enterraba sus pies en la arena y pensaba en el futuro. Tenían dinero para vivir de regalo el resto de sus días, pero estaban derrochando el dinero de una manera desmesurada. El chico empezó a echar cuentas de cabeza y se percataba de que a ese ritmo en cosa de un año ya no tendrían ni para sonarse los mocos. Suspiró, Terezi parecía tan feliz que resultaba un poco patético cuestionarse todo aquello, pero tenía que hacerlo. Usar la cabeza y reflexionar.

Terezi se acercó a Karkat y se lanzó sobre él, su piel estaba algo mojada y olía a salitre. El chico la rodeó con sus brazos y la dejó caer suavemente sobre la tolla de al lado.

— ¿Se puede saber qué haces tan serio?— dijo la chica a modo de reprimenda. No le gustaba el Karkat serio, el enfadado era divertido, el triste era más divertido y el irónico era su favorito, pero serio no.

—Pensaba que… tenemos que encontrar una fuente de ingresos, Tzi — empezó a decir el moreno. Terezi acarició con sus dedos la espalda algo enrojecida por el sol del chico y sonrió divertida.

— ¿No estás demasiado preocupado? Se supone que esta es nuestra nueva vida — La pelirroja abrió los brazos y levantó la mirada al cielo, notando una suave brisa de aire y el la luz acariciando su piel— Se supone que deberíamos ser libres de los problemas.

— Si, quizá pero hay que pensar en el futuro— Karkat se estiró en la toalla y se colocó bocabajo, mirándola a ella.

—Podríamos tener un hijo — contestó ella colocándose las manos en la barriga y fingiendo un rictus serio. Quería que el chico picara en su broma.

—¿¡Qué!?— El chico se incorporó de un salto. — Estás jodidamente mal de la cabeza.

Terezi empezó a reírse escandalosamente a la par que veía como el rostro del Vantas se enrojecía considerablemente. La chica le había vuelto a tomar el pelo.

— Vámonos al hotel, lerdito — dijo ella a la par que se levantaba y le tendía una mano para que se levantara del suelo. — Podríamos empezar por comprarnos una casita…

Una vez el chico se levantó, recogió las toallas y caminaron por un pequeño sendero de tablones de madera. La cabeza de Karkat vacilaba en la simpleza de las palabras de la pelirroja, encontrar una casa estaba bien pero sin un trabajo en tres meses tendrían que abandonar Chile e irse a otro lugar o volver a los Estados Unidos.

— Creo que me gustaría vivir en la playa — dijo Terezi, en realidad no tenía nada en mente y hablaba por decir algo. Sabía que en cierto modo Karkat tenía razón, o encontraban algo que hacer con su tiempo o terminarían matándose de pasar tanto tiempo juntos.

Mientras caminaban hacía el hotel Karkat se fijó en un viejo puesto de bebidas en la playa. El chico se paró un instante y se acercó a la casita de madera allí colocada. Terezi se quedó parada mirándole, preguntándose qué hacía.

La estructura de madera parecía bien afianzada en la arena, cerca de un moái pequeño de piedra calcárea, probablemente traído de algún otro lugar. No era uno de aquellos imponentes rostros de roca volcánica que se alzaban por toda la isla. La piedra había estado pintada del mismo color que la caseta, pero ambos habían perdido ya el color.

Kakat se adentró en la tienda, era un lugar pequeño. Un hombre mayor con rasgos autóctonos de aquella tierra le miraba desde el mostrador.

—¿Cuánto quiere por este tugurio? — preguntó Karkat al tipo. En su cabeza ya había visualizado las reformas que tendrían que hacer Terezi y él. Sería duro al principio, pero si aquello fuera un pequeño bar de cocktails la playa sería suya. Era un negocio relativamente fácil, trabajarían solo en verano, era un lugar muy concurrido por turistas y no tenía demasiada competencia.

—No está a la venta — dijo el tipo en un inglés mal chapurrado. Karkat se irritó, no podía echar sus planes por tierra un yayo con mala baba. Tragó saliva y le miró fijamente tenía que pensar en algo.

—Vamos, ¿Cuántos años le quedan para jubilarse? — dijo Terezi en un español bastante decente que sorprendió al mismo Karkat. Llevaban allí una semana, es más llevaban saliendo más de un año y no había mencionado que hablase dicho idioma, era aún más, ¿Cuándo había entrado allí?— Véndanoslo y descanse los años que le quedan de vida.

El tipo gruñó algo y Terezi le sonrió divertida. Karkat miró a su chica y luego a aquel hombre, les escuchaba hablar sin entender apenas palabras sueltas. El dueño lo iba a tener muy complicado para que la pelirroja aceptara un no por respuesta.

NA: El cuadro del despacho de Dualscar, mal descrito y patéticamente detallado es la balsa de medusa de Géricault. Me enamoré un poco de este cuando lo vi en el Louvre…. Bueno como casi de todos los románticos franceses…LOL

Ah dije que no iban a salir Karkat y Terezi, mentí (?) No, pero luego los introduje en la trama no sé por qué. Amo un poquitín a Terezi, y la odio porque es una jodida idiota que se cree mejor que mi princesa azul, pero tengo que admitir que es una puñetera caja de sorpresas y eso me encanta.