Capítulo 7: Palabras.
-¿Hablar? ¿De qué? -Pregunto algo nerviosa, al sentirle tan cerca.
-¿Por qué lloraba aquella vez? -Me mira a los ojos, era una de las pocas veces que le veía tan serio.- Y no me vale que "le molestase el humo de los puros y cigarros."
Me suelto de su agarre, algo alterada:
-¿Acaso no viste tú mismo? ¡Es malnacido disparó a esos niños como si de un juego se tratase! -Rompo a llorar de nuevo, maldiciéndo al Führer, delante de un soldado de las SS.- ¡Yo estaba ahí, y no hice más que mirar!
Mis gritos son interrumpidos por Garry que me abraza fuertemente, acariciando mi pelo.
-¿Por qué paras? -Dice susurrando.- Si necesitas llorar, llora; si necesitas gritar, grita. Yo estaré aquí para escucharte.
Me muerdo con fuerza el labio inferior. Ahí estaba otra vez ese maravilloso soldado que quebraba con cada vez más intensidad mis muros de acero.
-Mary, -Continúa.-, yo no soy como los demás soldados que estás acostumbrada a ver. ¿Crees que yo disfruto viendo como un hombre juega a ser Dios con la vida de tanta persona inocente? No, señor. Para divertirme prefiero visitar galerías de arte y no presenciar tantos asesinatos.
Lloro como una niña pequeña, abrazada a un hombre que apenas he visto dos veces.
Me abraza, seca mis lágrimas y acaricia mi pelo. ¿Qué más puedo pedir?
Otra vez, volvía a agradecer qie mi tía me llevase a aquella fiesta. Incluso agradezco el haber estado llorando aquella noche, lo que me recuerda...
-Ah, Garry. -Me aparto de sus brazos un momento para sacar de mi bosillo el pañuelo que secó mis lágrimas aquel día.- Gracias por prestármelo. Bueno, gracias también por lo de hoy.
Comienza a reír a carcajadas, mientras que yo arqueo una ceja.
-¿En serio has lavado el pañuelo?
-Sí, eso parece. -Miro el pañuelo por todas partes, buscando alguna mancha que se haya podido escapar.- Sí, está completamente limpio.
-Anda, quedátelo tú. -Dice, riendo.- Parece que vas a necesitarlo más que yo.
-¿Qué insinuas?
-Que eres una llorica.
Frunzo el ceño, algo enfadada:
-No soy ninuna llorica. Simplemente odio la situación en la ue está sumida Alemania. Es un horror. Solo hay dolor, sangre y muerte. Ya lo he vivido lo suficiente cuando era pequeña como para volver a repetirlo.
Bueno, ya he hablado más de la cuenta.
-¿Qué pasó cuando eras pequeña? -Pregunta él, mirándome como a un animalito herido e indefenso.
-No, nada. -Respondo, dudando.
No debía decirle qué es lo que pasó. ¿Y si sabe quién soy? Sería un error fatal que descubriese mi identidad y la de mis padres.
-Está bien. No te obligaré a contármelo. Es tu vida, y yo acabo de entrar en ella, así que es normal que aún no tenga el derecho de saber más sobre tí. Pero, ¿tendré la oportunidad de saberlo algún día? -Susurra, haciendo que mis muros de acero se desplomen por completo.
-Quizá, puede que algún día llegues a saberlo. Puede que cuando todo acabe.
-¿Cuando todo acabe? -Pregunta mi soldado de ojos grises.
-Sí, cuando acabe el III Reich. Aunque supongo que para eso aún queda mucho tiempo.
-No me importa. Esperaré. -Sonríe.- Sé que merece la pena conocerte, y no perderé la oportunidad de hacerlo.
Y sonríe de nuevo, haciendo que broten en mí, sentimientos que yo creía muertos o agonizando.
Para evitar cruzar miradas con él y sonrojarme, miro al reloj.
-Debería irme ya. He perdido demasiado tiempo aquí, y me están esperando en casa.
-En ese caso, permíteme que te acompañe. Las calles a estas horas no son muy seguras.
-No, no es necesario. Sé cuidarme sola. -Respondo, rechazando su propuesta.
-No lo creo. -Dice, cambiando el tono de su voz.- Si fuese así, probablemente no habrías aceptado venir a la casa de un soldado de las SS.
Jaque.
Tenía razón, si hubiese sido más prudente, no tendría que haber acabado aquí.
Me mantengo en silencio, escuchando:
-En fin, yo no soy quién para decirte qué haces bien o qué haces mal. Pero si tu objetivo es acercarte al Führer, deberías ser algo más inteligente.
-¿Acercarme al Führer? -Pregunto, muy nerviosa. ¿Acaso me había descubierto?
-¿A dónde quieres llegar? -Susurro, notando si aliento cerca de mí.
-A que si no te das andas con más cuidado, acabarás muy mal parada.
Entonces, noto el frío cañón de su pistola en mi mejilla.
-Así, por ejemplo.
Jaque y mate.
