Tavros se sentó en el sofá azul y se preguntó cómo había llegado hasta allí. Evidentemente con sus pies, eso lo sabía pero estaba confuso. Había pasado quince minutos esperando en el centro comercial solo, sin que Kanaya, aquella Vriska o su cita a ciegas apareciera, sintiéndose como el peor perdedor del mundo. Cuando al fin Kanaya había aparecido con Vriska, se había sentido un poco mejor pero aquel tal Gamzee no había llegado nunca.

Ahora estaba en el piso de aquella morena de pelo largo y de aquel Gamzee, viéndoles gritarse, y no era una situación cómoda.

—Tendrías que haberme avisado — decía Gamzee con voz pastosa, acaba de apagar un porro a la mitad y lo guardaba en una pitillera de color violeta con topos—. Yo ya tenía un plan.

—No, Gamzee, masturbarse y fumar marihuana ¡no es un plan! — gruñó Vriska enfadada a la par que señalaba la caja roja junto al sofá.

Kanaya sonreía con cara de circunstancia a Tavros y se preguntaba por qué no podían hablar a la directa. Se sentía terriblemente incomoda. Lo peor era que en dos horas tenía una guardia de hospital y aún no sabía cómo iba a decirle al Nitram que quizá tenía que dejarle a solas con aquellos dos en aquella casa de locos. Porque quería mucho a Vriska, pero enfadada parecía una jodida lunática.

—No pasa nada, yo creo que podemos quedar otro día — dijo Tavros tratando de calmar la situación. Se levantó, en realidad quería buscar una manera de salir de aquel lugar cuanto antes.

—Siéntate — ordenó la morena intimidándole un poco. Le miraba con fijeza y aquello ponía muy nervioso al Nitram. Entonces se giró hacia Kanaya — ¿A ti te parece que el tipo que has traído sirve? A mí me parece un retrasado.

Tavros se quejó, pero la morena volvió a mirarle y cerró la boca de golpe.

—Eso dependerá de si le gusta Gamzee o no — contestó Kanaya con cierto retintín. Le molestaba que dudase de su criterio. Ella siempre era leal, siempre hacía lo que le pedía y lo único que recibía eran puñeteras recriminaciones. La chica miró al Nitram e interpretó una gran sonrisa— ¿Te gusta Gamzee, Tav?

Vriska estaba infinitamente enfada con Kanaya, le gustaba que tuviera carácter pero no con ella. Gamzee miró al Nitram, ¿desde cuándo le estaban buscando un novio? No entendía nada de nada, aunque aquel chico era francamente encantador.

— Bueno, no lo sé, tendría que conocerlo — contestó Tavros totalmente sonrojado. Notaba la mirada fija del otro chico en él, haciéndole sentir infinitamente más y más raro. Era un tipo bastante impresentable y raro, la verdad era que le gustaba más bien poco.

—¿Pero no buscábamos alguien que cocinara meta?— preguntó en voz alta el Makara a su compañera de piso—. No sabía que me quisieras tanto como para buscarme un novio…

La Serket inspiró con fuerza a la par que ponía los ojos en blanco, trataba de evitar pegarle una bofetada a su querido amigo. Se buscaba tanto que un día lo matara y lo tirara en una cuneta que no sabía de donde sacaba toda su paciencia con él.

—Muy bien, ya lo has dicho, menos mal — dijo Kanaya pensando que a fin había saltado la liebre.

—Pero...— empezó a decir Tavros cuando Gamzee se le sentó al lado mirándole fijamente e intimidándole un poco más, si es que aquello era posible.

— No hay peros que valgan, o la haces o te matamos — dijo Vriska con cierta naturalidad, casi parecía que hiciera aquello a diario—. A demás si quieres puedes salir con Gamzee, dos por uno, aunque yo no lo intentaría.

—Evidentemente te retribuiríamos económicamente — añadió Kanaya, mirando reprobatoriamente a Vriska por lo que acaba de soltar. En aquel momento la Maryam se percató de que Tavros la miraba extrañado ¿había sonado que salir con Gamzee también estaba remunerado?— Lo de cocinar para nosotros, claro.

La mente de Tavros era un caos más desastroso que la habitación de un adolescente. Por un lado pensaba en que solo tenía una ligera idea de cómo cocinar metanfetaminas, aunque si sabía quién podía explicarle los detalles más complejos, pero aquello estaba mal. Eran jodidas drogas, mataban a personas a diario y era horrible formar parte de aquello ¿cómo podía Kanaya dedicarse a algo tan sucio? Por otra parte estaba lo del dinero, probablemente conseguiría suficiente dinero como para pagar todas las matrículas universitarias y no tener que volver con sus padres. Era una elección complicada, pero tampoco es que pareciera tener muchas opciones.

Gamzee cogió el cigarrillo que había sobre la mesa, aquel que le había entregado un poli noches atrás, y se lo dio a Tavros. A él fumar le ayudaba a tomar decisiones. Tavros miró el fino cigarrillo en las manos de aquel tipo, es su vida había probado un cigarrillo y pensándolo bien aquel era un buen momento para empezar a debilitar su sistema inmune con aquella porquería. El chico aceptó el cigarrillo y lo posó sobre sus labios de la misma manera que lo había visto hacer en las películas, en su casa nadie fumaba y en su entorno pocos lo aprobaban. Gamzee acercó su encendedor a la boca del chico con una llama alta encendida, para que Tavros aspirara y encendiera el cigarrillo. El futuro farmacéutico fijó sus ojos en los violetas de aquel chico a la par que aspiraba, era curioso cómo de golpe le parecía atractivo y al mismo tiempo le causaba cierto recelo. El humo del tabaco atravesó la garganta del chico abrasándole, y de golpe un ataque de tos le sobresaltó haciendo que el cigarrillo encendido cayera sobre sus piernas.

— Si no sabes fumar es mejor que no lo intentes, resultas muy patético — dijo Vriska con indiferencia. Kanaya le dio un leve codazo, se acaba de dar cuenta de que a Gamzee si le gustaba su amigo, había recogido el cigarrillo cuidadosamente para que no se quemase y lo miraba con cierta congoja. Le preocupaba.

— Supongo que esto me convierte en una especie de Dorian Gray pero… — empezó a decir Tavros una vez recuperado del ataque de tos. Necesitaba aquel dinero—. Lo haré, pero necesitaré un montón de material que no podré proveer del hospital.

— Genial, pásanos una lista y me encargaré de conseguirlo — afirmó Vriska y le entregó un teléfono móvil al chico. Era un teléfono viejo de prepago, de bajo coste y muy cutre—. Ya te avisaré, estate disponible o sino sí que te mataremos.

Tavros repasó a aquellos tres que compartían la estancia con él. Queriéndolo o no se acababa de meter en un gran problema, y aunque le asustaba, estaba seguro que era lo más emociónate que iba a hacer con sus semanas libres para estudiar aquella condenada asignatura que tanto se le atragantaba.

En la ciudad de Los Angeles, en una pequeña oficina del centro, Caliborn miraba fijamente la pantalla de su ordenador portátil. La cámara web parpadeaba y transportaba la imagen del hombre con la cabeza rapada y cara de mal humor. En realidad él no quería hablar con Dualscar, prefería que Damara se encargara de todo pero la chica se hallaba desaparecida, quizá muerta. Era mejor si estaba muerta, guardaría mejor los secretos.

— ¿Me estás diciendo que no sabes nada de mi subordinada?— dijo Caliborn al escuchar terminar la frase de Dualscar en la que afirmaba no haberle visto el pelo a la Megido.

— Así es, llamó a mi hija y tras eso no hemos tenido noticias suyas ni de la mercancía, que por cierto no queremos — afirmó el narco con total relajación. Sabía que Caliborn se enfadaría y más si aquella tipa había huido con el cristal sin decirle ni una palabra. No era problema suyo si aquello había pasado o no, pero llamaría a Rufioh para comprobar que sabía de aquella chica.

Caliborn le miró fijamente, si estuvieran cara a cara ya le hubiera cosido a balazos. Aquel gilipollas de Dualscar era un engorro, si solo el Gran Highblood le dejara cargárselo, podía saborear ya la sensación de apretar con sus manos el cuello de aquel asqueroso señor de negocios. Eran todos los jodidos Ampora iguales, escudriñando y metiendo la nariz por donde no les importaba. Si Dualscar mentía, si tenía a Damara ya podía darse por muerto. Aquella chica conocía más secretos que un confesor.

— ¿Y puedo saber que tiene esa metanfetamina que no tenga la nuestra? — preguntó Kankri detrás de Caliborn. Su voz resultaba irritante a los oídos de su jefe que odiaba tenerlo detrás pegado como una mosca. Para él solo se trataba de un negocio que no acaba de funcionar, para el rapado podía ser mucho más.

— No lo sé, todo ha sido una libre decisión del pequeño Makara— contestó quitándose el problema de encima Dualscar. De aquel modo toda la responsabilidad recaía directamente sobre el Gran Highblood y Caliborn procuraba no meterse con él.

El rapado miró mal a Dualscar y luego desvió la mirada hacia su subordinado, el Vantas se apartó de él consciente de que estaba de mal humor. A Dualscar se le podía discutir y tratar de intimidar, incluso era previsible en sus reacciones pero a Highblood no. Si se trataba de una decisión de Gamzee Makara no era fácilmente sorteable.

— Si ves a Megido, puedes hacerla prescindir de alguno de sus dedos o herirla— dijo de golpe Caliborn. Estaba enfadado con ella, merecía un castigo también, aunque le apenaba no propinárselo él mismo—. Pero no le dejes marcas en la cara.

Tras sonreír vagamente, Caliborn cerró el ordenador portátil y golpeó la mesa con furia.

Kankri iba a hablar, a decirle que ya le había mencionado que Damara no era de fiar pero apenas tuvo tiempo de abrir la boca. Caliborn tomó su pistola y disparó, atravesando la pierna del Vantas que cayó al suelo emitiendo un leve quejido. Sabía que si decía algo aún podía ser peor.

— Iba a disculparme pero sabes qué, que te jodan, Vantas — dijo Caliborn tras levantarse de su silla y fijarse en que de la pierna del chico. Salía bastante sangre a pesar de que este presionaba la herida —. Mandaré a alguien para que te eche una ojeada.

De vuelta a Las vegas, Kanaya caminaba por el hospital. Acaba de llegar y tenía que ir a la habitación 134 otra vez por orden de la misma Feferi Peixes y como no podía evitarlo. Trataba de relajarse lo máximo que podía. Se sentía culpable solo con pasar cerca de la puerta y es que aquella Rose Lalonde desmontaba todas sus piezas. Comprendía a la perfección que era lógico sentirse atraído hacía otras personas a pesar de tener una relación mínimamente estable, no era algo raro. Pero es que aquella rubia era demasiado, rompía todos sus esquemas y no tenía sentido darse cuenta que solo con olerla su mundo se transformase. En realidad aquella mujer y ella no se conocían, no era como con Vriska con quien además de conocerla compartía un sinfín de cosas.

Finalmente Kanaya se adentró en la habitación con decisión. Sentada en el sofá, Rose Lalonde leía en voz alta, con un tono ligeramente suave, un libro para su pequeña. Aquel libro no era otro que El monstruo de Frankenstein.

El corazón de Kanaya se aceleró, aquella mujer era increíble. Su pequeña niña tendría grabado en su subconsciente como su madre le leía novelas de la literatura universal. ¿Cómo no amar a aquella mujer? Todo lo que definía a aquella rubia era un hito de la belleza del mundo en sí mismo.

Rose terminó de leer en un punto y aparte y colocó un papel entre la novela para recordar donde se había quedado, seguidamente levantó la cabeza y miró a Kanaya.

— La doctora Peixes me manda para comprobar que todo está correcto— dijo la médica. Estaba nerviosa y en realidad la habían mandado para supervisar las horas de amamantar de la niña, pero no se acordaba de lo que tenía que hacer.

— Está todo bien — dijo Rose levantándose del sofá y acercándose a la cuna de la niña. Kanaya la imitó y miró al bebé, en un día le darían el alta a la señorita Lalonde y no volvería a sentirse incomoda por su presencia. — Estamos las dos listas para irnos mañana.

— Vamos a echar de menos los pulmones de esta princesa — dijo Kanaya acariciando la mejilla de Roxy. Se pasaba las noches llorando y los días durmiendo, era un bebé problemático y encantador.

— Pues puedes venir a casa cualquiera de esas noches en las que no me dejará dormir— contestó Rose mirando a Kanaya fijamente. La médica se estremeció ¿Había sido aquello una insinuación? La chica sonrió tímidamente a la recién madre — también podría el tío de la niña cuidar de ella y tú y yo podríamos salir a cenar.

La ginecóloga se sonrojó, no sabía que contestar. Así que aquella absurda atracción era mutua, lo que inevitablemente complicaba las cosas. Kanaya boqueó tratando de decir algo.

—Perdón — dijo de golpe Rose desviando la mirada de nuevo al bebé. No sabía por qué había sido tan directa, pero se había sentido en la necesidad de hacerlo—, creo que me he excedido.

—No, no, es que… — dijo Kanaya cuando la imagen de aquella tarde, con Vriska menospreciándola vino a su cabeza. Iba a pedirle el teléfono a la rubia, aunque nunca fuera a usarlo, o quizá sí. Ya lo vería.

NA: Rose es mi chica imposible, la que siempre desearé y nunca podré tener. Por eso es imposible que escriba de ella y me guste. No sé si sería tan directa, o si se andaría con rodeos… La verdad es que creo que es uno de los personajes más inteligentes de todo Homestuck y como tal, yo y mi insignificante cerebro de ardilla, no puedo saber qué o cómo haría. Mentidme y decid que lo he hecho de putísima madre, yo os amaré y todo será bonito.

Asddsdsfsdfghg y al fin creo que ya he hecho toooodo el rollo inicial. El nudo empieza ahora y Dios, me doy cuenta de que está todo tan jodidamente desordenado... LOL Esto me pasa por no organizar la trama como normalmente hago e imitar a Kitt en su modus operandi. Anyways, tengo que dejar de ser tan jodidamente calculador. Me está matando no cumplir con mis expectativas... Debería ser casual y así hasta le gustaría más a la gente o algo.