N.A.: Antes de nada me gustaría agradecer a todos los que estáis leyendo lo que al principio solo era un proyecto con el fin de entretener a mis amigos más cercanos. La idea surgió cuando KurisuCandyDoll, mi musa y a quién va dedicado este fanfic, me habló sobre cómo le quedaría al señor Garry un uniforme de las SS. Y tras varios días mirando las musarañas en las clases de historia, se me ocurrió la idea de escribir alo relacionado con la época de la Alemania nazi. Y así nació Rufen Sie Von Roses, cuya historia tengo más ganas de continuar cada día cuando veo que las visitas aumentan.

Sin más preámbulos, os dejo con el siguiente capítulo.
Espero que os guste.

~DasGoldenTruth~

Capítulo 8: Soledad.

Se que ahora mismo, Garry es capaz de sentir el rápido latir de mi corazón. También sé que nota cómo mi respiración se acelera conforme la pistola desciende hacia mi cuello.

-¿Aquella era tu casa? -Pregunta mirándome indiferente, tal indiferencia, que hace que mis piernas comiencen a ceder.

-¿Acaso importa? -Respondo, en un intento de imitar su seriedad.

-Responde. -Insiste, presionando la pistola contra mi cuello.

Trago saliva, esta vez más asustada y sin ganas de seguir desafiando al capitán de las SS.

-Lo era, hasta que quedó calcinada.

-¿Por qué llevas flores a ese sitio?

Suspiro de nuevo, intentando relajarme.

-Por mi familia. Es un tema complicado.

Él me mira a los ojos, como buscando otra respuesta en ellos.

-¿Murieron en el incendio?

-S-Si. -Miento, mirado al suelo.

Mejor que creyese que mi familia murió en el incendio y no a manos del Führer, tal vez de esa manera él no se vería involucrado en mis planes.

-Lo siento. -Se disculpa.- He de asegurarme de que no eres ninguna aliada de los ingleses o de los rojos, Mary. Entiéndeme, no me puedo poner en riesgo. Ni a mí, ni a Alemania.

Así que solo es eso. Mi soldado de ojos grises teme por Alemania más que por sí mismo. ¿Acaso esperaba otra cosa? Después de todo, es un capitán de las SS, y se debe a su patria al Führer.

-¿Vienes o no? -Dice tomando lo que parecen ser las llaves de un coche.

-Ah, si. -Respondo, poniéndome la chaqueta, algo distraída.

-Por cierto. -Vuelve a apuntarme con la pistol, haciéndome parar en seco.- La pistola no estaba cargada.

Dispara el aire, saliendo un pequeño sonido del cañon de la pistola.

Le miro mal, subiéndome las solapas de la chaqueta, andando hacia la puerta con paso firme hacia a puerta, dando a entender que me había enfadado, a lo que él responde con una pequeña y efímera carcajada.

No pronuncio palabra cuando me lleva a casa, hasta que él rompe el silencio.

-Bueno, Mary. ¿Qué te gusta hacer?

-¿Importa mucho? -Suspiro resignada y él asiente.

-Me gustaría conocertemás, ya que últimamente nos vemos bastante.

Sonrío, frotando mis manos, las cuáles se me estaban quedándo heladas.

-Me gusta pintar. Mi padre era pintor y heredé su pasión por el arte. Pero, desde que murió, no suelo hacerlo mucho.

-¿Y eso por qué?

-No tengo muchas ganas de hacerlo.

-Tal vez necesites inspiración. -Sonríe, mirando a la carretera.

-¿Inspiración? ¿Dónde ves tú la inspiración, Garry? -Señalo las calles oscuras y apagadas de Múnich.- Solo hay cenizas.

-Si, te comprendo. Pero la belleza no siempre está en las cosas alegres.

-¿A qué te refieres?

Sonríe:

-Por ejemplo, aquella vez en la fiesta del Führer, cuando te vi llorando, a pesar de no ser un paisaje alegre, me pareciste una mujer bellísima.

Y como era de esperar, ese impredecible pero amable soldado, me hace sonreír y también ruborizarme, lo cuál intento ocultar mirando hacia la ventana de mi asiento.

-Claro, que eres mucho más bella cuando sonríes. La belleza siempre se encuentra en las cosas pequeñas, como puede ser una sonrisa, una carcajada, o un simple gesto de cariño. Son efímeros, pero reconfortan cuando las tiempos son difíciles como ahora.

-Lo sé, pero es difícil sonreír cuando se está sola. Yo lo estoy, Garry, y no puedo sonreír o encontrar la belleza en ello.

Suelta una mano del volante para revolver mi pelo.

-¿Sola? Tú no estás sola, Mary. Estoy aquí contigo, ¿no? Mientras yo esté aquí no estarás sola, nunca. Además, también tienes a Isabella, ¿no es así?

-Ah, bueno. Más o menos. -Miro al frente.- Pero a Ib yo no la considero una pieza imprescindible en mi vida.

Llegamos al gran portón de mi casa, y detiene el coce, girándose para mirarme a los ojos.

-¿Y que hay de mí, Mary? ¿Consideras que soy una persona imprescindible en tu vida?

-Tal vez. -Digo sonriendo levemente.- Dame motivos para hacerlo.

Susurro, mirándole a los ojos. Debo de estar volviéndome loca, tener esa confianza con este hombre, con un soldado que daría su vida por un asesino.

-¿De veras quieres que te las de? -Se acerca a mí, susurrando, pero no iba a retroceder.

Asiento, cada vez deseaba pasar más tiempo con ese hombre.

Acaricia mi mejilla y mi mentón, acercándo mi rostro al suyo. Entrecierro los ojos, sintiéndo como sus labios se posan en mi frente.

-Te las daré más adelante, Mary. De momento, permíteme conocerte y ser esa pieza imprescindible en tu vida.

Suspiro y asiento con una sonrisa en el rostro.

-¿Qué te parece si paso a recogerte mañana por la tarde y vamos a pasear por las calles de Múnich? Aunque no sean tan bonitas.

-Me parece perfecto.

-Entonces a mí también. -Toma mi mano y la besa, haciéndo que me vuelva a sonrojar.

-Gracias por todo, Garry. -Me bajo del coche, y él me mira desde dentro, esperando a que entre en casa.

Pero antes de que pueda sacar las llaves de mi bolso para abrir la puerta, mi dama de amarillo la abre.

-Pasa, te estaba esperando, Mary.

Resoplo y entro en casa, no sin antes de despedirme de Garry con la mano.

Creo que a pesar de las circunstancias, no volveré a estar sola.