NA: Al final del capi hay femslash, no es muy decente pero aviso por si a alguien no le mola. Si hay muchos errores no es culpa mía, estaba viendo eurovisión mientras lo escribía y lo he repasado mil veces pero... ¡Ganó Conchita! y solo pienso… ¡Que os jodan rusos y a vuestras putas leyes anti-gays! Europa somos un poquito queers. Aunque me molaba más la canción de Islandia… Whatever, se supone que soy tolerante hasta con los intolerantes, pero que jodan a Rusia. En serio, que les jodan mil.
Anyways, hoy tengo un día muy torpe así que a pesar de repasarlo seguro que hay algún error. Tío, me da vergüenza actualizar porque nadie más lo hace…LOL ¿dónde están los otros fickers?
Guest, no tienes nombre, pero te amo. He escrito una postal y te he dibujado con gafas de Dave Strider. Está en mi cuarto y la miro antes de dormirme lanzando un suspiro por ti. Gracias por tu amor sin sentido, eres mi fucking hero.
El silencio sepulcral de la biblioteca, la horas centrado en los libros y los botones ya sin números de la calculadora científica habían empezado a abrumarlo. John no era un tipo con demasiada paciencia, característica necesaria para sus estudios en química orgánica y cristalografía, pero tenía persistencia y lógica lo que lo hacía brillante para su materia.
Había salido de la biblioteca y se encontraba en el bar de la facultad, necesitaba un café. Los exámenes estaban a la vuelta de la esquina y él no quería una nota mediocre. No era un tipo competitivo, no quería sacar las mejores notas para impresionar a nadie, era algo que quería regalarse a sí mismo. Sabía que era bueno, sabía que no había nada que no pudiera conseguir si se esforzaba a pesar de las rabietas que de vez en cuando le asaltaban haciendo que se negase a trabajar como dios manda, pero era su antepenúltimo semestre e iba a ser quien quería ser, por que la diferencia entre el yo y el que quieres ser está en lo que haces.
Tavros encontró a John, tras patearse toda la facultad, atrapado en estos pensamientos. John era el único a quien podía pedirle soporte para su proyecto ilegal. Era la única persona que no haría preguntas de más, además nadie creería que John y él podían hacer nada que se saliese del límite. Por desgracia la gente los veía como lerdos nerds, más nerds que los nerds en sí mismos…
—Al fin te encuentro, Egbert — dijo apoyando las muletas sobre la silla y sentándose frente al chico. Le apeteció un café americano como el de John, pero iría a buscarlo luego, tenía que ir al tema y demostrarle a aquella Vriska que no era un retrasado.
—Pareces un poco agobiado, yo pensaba que los de farmacia ya habías terminado los exámenes — dijo el químico tomando un sorbo de su café negro.
—Ya… Tengo la segunda convocatoria en unas semanas— Tavros desvió la mirada. Tampoco era tan raro que un estudiante pinchase en alguna asignatura, pero aquello era algo que avergonzaba al Nitram orgulloso de sus notables altos. Sin sus buenas notas a la gente solo le parecía un retrasado más, todo fruto de aquella anomalía con la que había nacido y su cohibida personalidad.
John le miró confuso, aquel chico era algo desconcertante, pesado y a veces un poco lerdo pero siempre se aplicaba bastante. En el fondo se parecían un poco, pero ninguno de los dos se hubiera atrevido a admitirlo en voz alta. Su relación era ambigua, entre el compañerismo y el tedio, pero solían hacerse compañía.
—¿Qué querías?— Preguntó Egbert al percatarse que se había quedado mirando al vacío y reflexionando más de lo que una intervención social admite. A menudo le pasaba, pensaba demasiado hasta para su propio criterio.
— Es algo hipotético… Porque no sé muy bien cómo… Bueno sería ilegal y — Tavros empezó a balbucear cosas. No sabía cómo decir directamente lo que había ido a buscar, pero tenía que hacerlo así que se infló de valor—. Supongamos que quiero producir desoxiefedrina, tengo una ligera idea de cómo, pero... ¿tienes algún protocolo?
El químico miró fijamente a Tavros y se le escapó una pequeña risa de mofa. ¿Un protocolo para fabricar metanfetaminas?
— Cómo quieres que tenga un protocolo para hacer metanfetamina, ¿es que te parezco tan lerdo como para ir con eso por la vida? — preguntó John. ¿Para qué lo querría? Se preguntaba si es que Nitram había visto demasiadas películas y pensaba que iba a conseguir dinero y chicas, desconocedor total de la homosexualidad de este, solo por ponerse a fabricar cristal.
Tavros cerró los ojos y colocó las manos sobre la mesa.
— Ya sé que no lo tienes ahí en la carpeta, pero sí sé que sabes cómo hacerlo— aclaró el Nitram. Necesitaba una excusa creíble para aquello. "Debía haberlo pensado antes" se dijo a sí mismo, pero ya era tarde. Empezó a sudar, había conseguido eludir los nervios durante un pequeño lapso de tiempo pero ya no era posible prolongar la calma—. Bueno es hipotético, a veces se usa para el tratamiento del TDHA.
—Eres un mal mentiroso — contestó John preguntándose de nuevo por qué querría aquello. Tavros puso los ojos en blanco a menudo odiaba a aquel cretino. Egbert sacó de su mochila una hoja y un bolígrafo azul, para seguidamente colocarlos perpendicularmente y miró a su compañero. Iba a hacerlo, podía darle esa información pero seguía sin comprender por qué—. Es complicado hacer un protocolo, necesitaría saber que instrumental tienes y…
—Imagina un laboratorio tercermundista y por favor, no hagas preguntas que después no quieras contestar a otros— Tavros apoyó su cuerpo en la mesa y miró como el bolígrafo de John se deslizaba por el papel en los garabatos de tinta que formaba su letra. Tenía que habérselo pensado mejor, no podía arrastrar a aquello a nadie más—¿Puedo confiar en ti si tuviera algún problema?
John levantó la cabeza y miró fijamente a su compañero. Estaba de lo más raro, normalmente solo hablaban de comics y alguna que otra tontería relacionada con el mundo académico. Empezaba a odiar un poco a Aradia porque se lo hubiera presentado.
— No, bueno… Es que ¿Cuándo tú yo hemos sido tan amigos? — preguntó John con completa sinceridad.
—Nunca, pero alguien quien supuestamente si era tan amigo me ha metido en esto y… — los miedos de Tavros ante aquella transacción afloraron. El chico se mordió el labio, no tenía ni idea de si era posible salir bien parado de aquello. Sentía que Kanaya le había jugado una mala pasada—. Es un camino recto, no hay cruces ahora mismo.
Egber lanzó una mirada compasiva al chico. Si, en cierto modo sí que podía confiar en su silencio.
Eridan llegó a su pequeño piso del centro. Era un lugar pequeño, su reino de tranquilidad que por un día no iba a serlo. Lo supo nada más meter la llave en el picaporte de la entrada principal.
— Buenas noches, papá — dijo al entrar con una bolsa de la compra entre los brazos y ver a Dualscar sentado en su sofá junto a la ventana. Estaba en silencio y solo sonaba la música de un saxofonista callejero entremezclándose con el ruido de los coches—.¿Te vas a quedar a cenar?
Dualscar asintió y se enderezó un poco aún allí sentado. Eridan dejó la bolsa sobre el mármol de la cocina y sacó un par de cervezas de la nevera. Odiaba cuando su padre quería decirle algo y en vez de llamarle se presentaba de aquella manera, colándose en su casa como un ladrón. Había intentado decirle muchas veces que no lo hiciera pero siempre contestaba lo mismo "Pon una alarma anti robo y no podré entrar". Como si aquello fuera a frenarle. Eridan agradeció no haber invitado a Feferi a cenar aquella noche, aun que tenía ganas de verla y aquel había sido el último día que la llevaba al trabajo. Su estúpido vecino le arreglaría el coche y tendría que volver a ser otra vez en aquel pesado que ella rehuía.
—Hoy he visto a tu hermana — dijo Dualscar al recoger la cerveza entre sus dedos. No era curioso que la mencionase, seguramente pensaba que volvían a estar enrollados o algo así, a veces tenía paranoias de ese tipo—. Dice que va a producir ella misma cristal y me preguntaba si la estabas ayudando.
Eridan suspiró. No le dejaría en paz nunca. Había sido él quien le había forzado a estudiar años de carrera inservible, que él no quería, para que apoyara la fabricación de las distintas drogas que Highbood suministraba. Seguía en aquellos laboratorios confinados, teniendo que viajar a Bolivia demasiado a menudo para su gusto para supervisar procesos que no necesitaban de su presencia.
—No, ya sabes que no — contestó el chico en voz baja moviéndose hasta la cocina y disponiendo los utensilios necesarios para hacer la cena.
—Pues, quiero que la ayudes— Dualscar se levantó y siguió a su hijo a la pequeña cocina de aquel piso estrecho. Se apoyó en el mármol y miró como su pequeño preparaba y cortaba algunas verduras.
—No, quieres que la vigile y no voy a hacerlo — el chico cerró los ojos por un instante. Tenía un cuchillo entre las manos, era grande y estaba afilado. Solo tenía que girarse y clavárselo, todo se terminaría. No habría más presión por su parte y podría respirar en paz, él mismo podría asumir el negocio y atribuir el asesinato a cualquier mequetrefe como el desaparecido Rufioh Nitram.
Dualscar se acercó a su hijo, casi como si le hubiera leído la mente, y le quitó el cuchillo de las manos terminando de picar el mismo la zanahoria que había sobre la tabla de madera.
—Bueno, ya encontraré la manera de que cambies de opinión— sonrió el narco casi con dulzura.
Una rabia infinita invadió a Eridan. Deseaba realmente matarlo, pero al mismo tiempo un miedo irracional le paralizaba. Encontraría la manera de eludirle, aunque todavía no sabía cómo.
Vriska se subió al ascensor y pulsó el botón del piso 14, en realidad era el piso 13 pero aquellos constructores habían decidido elidirlo por alusión a la mala suerte. El piso de maternidad, ahí debía estar Kanaya. Necesitaba verla y pedirle disculpas de alguna forma sutil, después de todo ella había encontrado a aquel chico que resultaba ser eficiente. Tavros ya había entregado una lista de cosas necesarias y no hacía ni un día que se lo habían pedido, Kanaya tenía razón con él.
La morena se acercó al mostrador de la planta y clavó su mirada en la enfermera sentada detrás de este, que la miraba con cierto miedo. Vriska tomó un bolígrafo y lo hizo girar entre sus dedos.
—Quiero ver a la doctora Maryam— dijo Vriska pasándose los dedos por el pelo y seguidamente recolocarse las gafas. La enfermera iba a hablar cuando Kanaya apareció por la puerta de atrás, estaba algo despeinada y parecía cansada. — Tengo que hablar contigo en un sitio privado.
Kanaya la miró extrañada, no comprendía la presencia de Vriska. Un leve remordimiento le asaltó, llevaba el número de Rose Lalonde apuntado en el bolsillo de su pijama rosa.
— Está bien, pero no tengo mucho tiempo — Kanaya tomó a Vriska por la muñeca y la arrastró a una de las salas de descanso de la planta.
Al entrar Vriska cerró la puerta y puso el pasador de esta, para después girarse hacia la médica.
— Siéntate — le ordenó a Kanaya, que obedeció sin más sentándose en la cama.
Vriska cerró los ojos y pensó en cuales eran las palabras adecuadas, se le daba muy mal aquello y era lo único en lo que podía pensar. Se acercó despacio y se sentó con las piernas abiertas sobre Kanaya, deslizando una de sus manos por la cara de la chica. Acarició su mandíbula y hundió la mano en el pelo de la Maryam tirando de este hacia atrás. Besó sus labios con soltura y con su mano libre acarició la cintura de la chica que estaba entre anonadada y encantada.
— Tengo trabajo, no me digas que has venido aquí solo porque tenías un calentón— susurró Kanaya con una estúpida sonrisa en la cara cuando sus bocas se separaron. Había sido una tonta cogiendo el número de aquella rubia, no iba a llamarla, tenía a Vriska.
— A veces puedo ser un poco idiota — dijo Vriska a la par que mordisqueaba la morena piel de la otra chica—. No tengo muchos recursos para solucionar eso.
Kanaya agarró la camisa de Vriska e hizo que se la quitara. No era su estilo tener sexo en aquellas salas pero qué diablos, todos en aquel hospital habían usado aquellas camas menos ella. Las morenas manos de la chica se deslizaron por debajo de la camiseta de Vriska y acarició sus pechos por encima del fino sujetador. Le gustaban, eran del tamaño perfecto, ni muy grandes ni muy pequeños con un peso consistente y tan suaves.
—No, no, no, me toca a mí primero — dijo Vriska empujándola hacia atrás a la par que le quitaba aquella camiseta rosa ancha. La chica se tendió sobre Kanaya y empezó a besar las clavículas de esta, descendiendo despacio a la par que desataba el nudo que sujetaba aquellos pantalones rosas. Jugaba con su lengua sobre el cuello moreno de la médica, lamiéndola y luego respirando sobre la zona húmeda dejando que la chica se estremeciera ante aquella falta de contacto sutil.
Las manos de la Serket se deshicieron del sujetador de Kanaya dejando al descubierto sus pechos, algo pequeños y de color oscuro. Sus labios se posaron con suavidad sobre el pezón izquierdo de la Maryam y a la par que succionaba con su lengua deslizó sus manos hacia la entrepierna. Kanaya acarició la cabeza de la de ojos azules, resultaba odioso pensar que aquella chica la conociera tan bien. Vriska jugueteó con el vello de la morena, acariciando los labios mayores de esta con delicadeza, le gustaba oirá suplicar y esperaba que lo hiciera en breve. La chica mordió el pezón con delicadeza provocando un débil gemido de la otra.
El busca de Kanaya sonó por allá donde se había quedado su camiseta.
—Tengo que irme a trabajar — dijo la morena con cierto tedio en un suspiro. No quería irse en aquel instante. Nadie hubiera querido, cuando la boca de la otra chica descendía ya por medio abdomen y prometía seguir siendo tan perfecta.
—No, tú no vas a ninguna parte — Vriska bajó la cabeza y bajó los pantalones rosas del pijama hasta los pies de Kanaya. Se arrodilló en el suelo y mordió el muslo de la chica a la par que subía por la pierna.
Aquel juego era demasiado lento para la Maryam. Vriska siempre la desesperaba, fingía ser una princesa sumisa y obediente pero la pura verdad era la que marcaba las reglas era ella, convirtiendo a Kanaya en su juguete personal.
—Está bien, pero entonces haremos las cosas de otra manera — dijo Kanaya incorporándose y obligándola a levantarse. La estiró en la cama, junto a ella y desabrochó sus tejanos. La visión de Vriska con aquel culote azul y una camiseta le deleitaba, preguntándose si podía alguien estar tan sexy de aquel modo. Sus muslos pálidos y aquella pequeña barriga que se levantaba levemente marcando los huesos de sus caderas de forma sutil.
La médica besó los labios de Vriska a la par que acariciaba su silueta. Instintivamente colocó su pierna entre las de la de ojos azules y rozó su muslo contra su entrepierna. Vriska jadeó detestando la capa de tela que impedía el contacto directo de sus pieles, notaba sus cuerpo moverse instintivamente contra la pierna de Kanaya. Como una vampira, la médica mordió el cuello de Vriska con fuerza, haciéndola jadear.
Los brazos de Vriska rodearon a Kanaya, para luego empujarla. La de los largos cabellos le quitó las últimas prendas a la otra y se deshizo de su camiseta lanzándola por la habitación. La Maryam se incorporó y abrazó a la otra chica a la par rozaba sus labios por las mejillas de la otra y le quitaba el sujetador, le gustaba su piel caliente, su olor y aquella forma de mirar tan particular. La sensación de deseo era embriagadora, Kanaya ya no recordaba que estaba en el hospital o que el busca había sonado. Solo estaba la Serket, empujándola a abrir más las piernas con las suyas propias.
Vriska acarició el abdomen de la de ojos verdes, despacio y con sus ojos fijos en los de ella, dejó entrar un dedo entre los labios mayores de la entrepierna de Kanaya. Deslizó el dedo poco a poco, casi a cámara lenta en pequeños movimientos circulares, a la par que se mordía los labios. Sabía que la de piel morena era más susceptible a aquellos actos suaves y algo fieros que ninguna otra cosa, se fijaba en todos los jodidos detalles.
Kanaya recostó su cuerpo hacia atrás y abrió más las piernas a la par que Vriska se tendía sobre ella. La chica trataba de no gemir demasiado alto pero cuando los dedos de la otra mano de la Serket la penetraron no pudo evitarlo más. Los calculados movimientos de las manos de la chica azul ascendían el placer de la morena, que oía su propia voz gemir cada vez más alto. Era la sensación embotaba su consciencia y solo veía los brazos de Vriska, como estos se unían a su cuerpo en una línea fina que dibujaba su cuello. Sus mandíbulas marcadas y la sonrisa que se dibujaba en sus labios.
— Si gritas tanto despertarás a todo el hospital— dijo Vriska sacando los dedos del cuerpo de la Maryam y lamiéndolos. Kanaya la miraba suplicante, sus propias piernas se movían de modo inconsciente pidiendo más y más.
—Me da igual — jadeó la de ojos verdes a la par que tiraba de las manos de Vriska y las colocaba de nuevo entre sus piernas.
La Serket la adoraba así, era una muñequita, delicada y perfecta. Apartó los dedos y abrió más las piernas de su muñeca, colocándolas sobre su cuerpo y hundiendo la cabeza entre estas. Recorrió el sexo de Kanaya con su lengua a la par que introducía sus dedos de nuevo en la vagina de esta, quería oírla gritar su nombre como tantas otras veces.
Kanaya empezó a notar como su pulso se aceleraba, casi a la misma velocidad que se movía la lengua de Vriska rozando su clítoris, notaba su cuerpo en tensión a la par que aumentaba aquella sensación de placer que la abrumaba. La espalda de la chica se arqueó, notando por última vez los dedos de Vriska adentrase en su cuerpo y dejó escapar algunas silabas agudas que se ahogaron en su garganta antes de pronunciar el nombre. Cerró los ojos de golpe, notando la intensidad que la rodeaba por unos segundos casi eternos.
Vriska la miró satisfecha. Siempre estaba tan bonita cuando terminaba, con aquellos rasgos dulces relajados tras la tensión del orgasmo y las mejillas ligeramente enrojecidas.
Cuando Kanaya abrió los ojos y exhaló miró a la Serket, que la tenía la mirada fija en ella.
—Me gusta que pidas disculpas así — se mordió el labio y se tumbó sobre su chica. Era su turno.
