N.A.: Y aquí es donde se plantea la acción de la historia, junto con bastantes dudas que se irán respondiendo a su debido tiempo. Os sugiero que presteis atención al general que cometió el atentado hacia el Führer, pues está bastante relacionado con Garry y con los alrededores de Mary, aunque ni siquiera ella no lo sepa.

Espero que disfrutéis del capítulo.

~DasGoldenTruth~

Capítulo 10: Traidor.

Garry conduce el coche sumido en sus pensamientos. No me dedica ni una sola palabra, ni siquiera alguna sonrisa; simplemente mira al frente, concentrado en la carretera. No me atrevo a preguntarle, pero alcanzo a entender que ha debido de pasar algo grave para tener tal actitud.

Me armo de valor y pregunto, acariciando su mano, la cual se encontraba en la palanca de cambios:

-Garry, ¿ocurre algo?

-¿Debería de ocurrir algo, Mary? -Responde escuetamente.

Retiro la mano rápidamente ante ese comentario y respondo:

-La verdad es que sí. Tú nunca serías así conmigo sin ningún motivo aparente, Garry.

Para en el arcén de la carretera; por suerte, esa no era una calle muy transitada.

-Discúlpame Mary. Hoy ha sido un día muy duro y estoy seguro de que mañana también lo será igual o peor.

-Pero, ¿qué ha ocurrido? Sabes que puedes confiar en mí. Quieres conocerme mejor, ¿no es así? Pues permíteme hacer lo mismo.

-Nunca dejas de asombrarme, ¿sabes? -Dice sonriendo levemente, mirándome a los ojos.- Probablemente lo hayas escuchado en la radio o leído en los periódicos. Esta mañana han atentado contra el Führer y yo no he podido hacer nada para evitarlo. Y los culpables no han sido otros que mis propios compañeros y amigos. Compréndeme, es difícil de asimilar que las personas a las que les tienes tanto aprecio sean unos traidores contra el Führer y la propia Alemania.

Suspiro y vuelvo a tomar sus manos entre las mías, sonriendo al observar como las suyas eran mucho más grandes que las mías.

-Garry, si él hizo tal cosa, sería por algún motivo. No creo que nadie arriesgue su vida por amor al arte.

-Puede que tengas razón, Mary. -Susurra mirándo mis manos.- ¿Crees que por ser su amigo me convierto también en un traidor?

Que ingenuo es mi soldado de ojos grises. Si eso fuese cierto, si de veras por el hecho de sentir algún tipo de aprecio por alguna persona del bando contrario nos convertimos en traidores, yo ahora mismo merecería la horca. Porque a pesar de saber las circunstancias que podrían conllevar el acercarme a un soldado de las SS, lo sigo haciendo, y no me arrepiento de ello. Así que, Garry, respóndeme tú a mí. ¿Crees que por el hecho de estar aquí en tu coche, sujetando tus manos, soy una traidora?

-No pienso eso, Garry. -Respondo al fin, mirándole a los ojos.- El afecto y el cariño trasciende más allá de cualquier ideología política o religiosa. ¿Es eso un obstáculo para apreciar a una persona? Yo, personalmente, opino que no.

Él sonríe y acerca mis manos a sus labios, a lo que yo reacciono sonrojándome.

-Gracias, Mary. Siempre consigues hacerme sonreír. Sin embargo, eso no arreglará el hecho de que ni siquiera podré despedirme de ellos como Dios manda. Si voy a Auschwitz, me meteré en problemas, pues me acusarán de cómplice.

-Tranquilo, no te preocupes por eso. Cuando las cosas estén en calma, ve a verlos, y entonces, despídete de ellos como debe ser.

-¿Vendrás conmigo a despedirme? -Toma mis manos con fuerza.

-¿Yo? ¿Por qué? -Pregunto nerviosa. Yo no tenía nada que ver con esas personas y no pintaría nada en Auschwitz.

Garry sonríe y acaricia mi mejilla con una de sus manos.

-Porque me gustaría que uno de ellos conociese al primer ángel caído que he encontrado entre las cenizas de Múnich.

-Garry... -Susurro nerviosa.- ¿Cómo puedes decirme esas cosas?

Sonríe de nuevo y se acerca a mi rostro.

-¿Acaso no es verdad?

-No lo sé...

Respondo, y tras pronunciar esa última palabra, sus labios rozan los míos con tanta delicadeza que parece que está besando a alguien de cristal. ¿Qué puedo hacer más que cerrar los ojos y dejarme llevar? Esa controversia de sentimientos cada vez más y más y yo, ya no quería nadar más en contra.

Siento su respiración, sus caricias y sus labios contra los míos. Por un momento, me parece notar que mi corazón quiere salir de mi pecho, como aquella vez que sentí su pistola en mi cuello, claro que esta vez es por motivos diferentes. No es miedo lo que siento, sino emoción recorriendo todas las venas de mi cuerpo.

Mi capitán d las SS me está besando, ¿qué significa esto? ¿Que ya no soy más que una princesa aria para él? Me gustaría peguntarle, pero no quiero detener este momento que se me antoja mágico.

Es la falta de aire lo que nos obliga a separarnos por leves centímetros. Noto mis mejillas arder, y él las acaricia con una enorme sonrisa.

-Esto... ¿Qué significa? -Pregunto con la voz entrecortada.

Antes de responderme besa otra vez mis labios.

-Verás Mary. Desde la primera vez que te ví, supe que debía protegerte de cualquier daño para evitar que derramases alguna lágrima. -Agarra mis manos con fuerza.- Ahora mismo, lo único que me queda eres tú, y no puedo perderte. Así que, Mary. ¿Dejarás que sea yo es persona que te proteja?

Le miro a los ojos sin responderle, cuando una pregunta se formula en mi mente: ¿Acaso eso no te convertirá también en un traidor hacia tu Führer y la propia Alemania?