Equius miró el timbre de aquel edificio. Se preguntaba seriamente cómo era posible que Tavros viviera cómodo allí. El chico miró una nota de su teléfono móvil en la que se anotaba la dirección, que tan amablemente la madre del Nitram le había proporcionado. Necesitaba hablar con en él, analizar claramente los errores del pasado y no volver a cometerlos con Nepeta. Si es que aquel tiempo que se estaban dado realmente era un tiempo y no un fin, claro.
Continuaba mirando el interfono, inseguro de marcar cuando un chico alto y con el pelo desgreñado se acercó a la puerta. Sus ropas anchas se veía algo descuidadas y no parecía percatarse de lo que ocurría a su alrededor.
— ¿Qué hay, hermano?— le saludó indiferente. Equius le miró extrañado, pero más aún cuando el tipo sacó un par de horquillas y empezó a forzar la cerradura.
—Eso, eso es ilegal — puntualizó el Zahhak orgulloso de su honradez y carácter. ¿Debía llamar a la policía? ¿Estaría allí para robar en alguna casa en concreto?
—No, que va— dijo el chico clavando sus violetas pupilas en los ojos de Equius, que dibujó una mueca de desprecio ante aquella respuesta. — Es que no sé a qué piso tengo que ir exactamente, no voy a molestar a todos los vecinos de mi chico.
Seguidamente aquel tipo, tras una amplia sonrisa, ignoró al fornido y continuó con su tarea. Equius sacudió la cabeza y volvió a mirar la pantalla del móvil, piso segundo puerta séptima.
Gamzee logró abrir la puerta y se coló dentro del edificio bajo la mirada del moreno, que nervioso, se preguntaba si no debía imitar al otro y colarse sin avisar.
Finamente el chico de ojos azules lanzó un suspiro, él no solía dudar de aquella manera, él era un tipo con decisión y carácter, así debía ser un hombre de verdad y así quería ser él. Así pues pulsó el botón del interfono y esperó un poco.
— ¿Quién es? — preguntó la voz de Tavros ligeramente distorsionada por la máquina.
—Soy... Equius, me gustaría que pudiéramos hablar— dijo el atractivo chico un poco incómodo. Ciertamente no era muy adecuado presentarse sin avisar, pero sabía que Tavros no le iba a recibir así como así.
—Bueno — mustió el Nitram entre sorprendido e intimidado. La realidad era que no quería saber mucho de él, pero ya que estaba allí. Dubitativo entre si era lo correcto y pensando que tal vez no sería demasiado pesado, pulsó el botón que abría la puerta.
Cuando Equius entró en el rellano, se percató de que el chico que había forzado la puerta miraba atento los buzones. Indiferente pulsó el botón de llamar al ascensor y cuando la puerta se abrió entró, no le interesaba lo más mínimo aquel delincuente.
Él no se consideraba un tipo analítico, pero tenía que hacer las cosas diferentes si quería tener éxito en su vida. Salió del ascensor, se encaminó a la puerta y pulsó el botón del timbre con decisión, quizá demasiada. El pitido estridente resonó de una manera anómala, pues al llamar al timbre este se había quedado enganchado y no dejaba de sonar.
—¡Eh! ¡Ya estaba suficiente roto! Gracias, Equius… — se quejó Tavros golpeando levemente el botón y parando aquel molesto sonido. Levantó la mirada y tragó saliva, no pretendía dejarle pasar a su casa. El Zahhak siempre traía consigo la dualidad de buenas noticas con algunas otras muy malas.
—Tav, necesito hablar contigo — dijo Equius bajando la cabeza mientras sujetaba sus propias manos. A través de sus oscuras gafas de sol podía ver las marrones sandalias de Tavros y sus calcetines blancos, en sus delgadas piernas. Un pequeño tatuaje adornaba el lateral de su rodilla, por lo que levantó la cabeza rápidamente. — ¿Te has tatuado?
—No te importa — se quejó tirando un poco de sus pantalones cortos y cubriendo el pequeño saliente de la única tontería que se había atrevido a hacer en los años que llevaba viviendo en aquella condenada ciudad, si no contaba lo de la fabricación de metanfetamina.
—Es que siempre te dieron miedo los agujas y…
En aquel momento Gamzee apareció por la escalera con un pitillo en la boca, se pasó una mano por el pelo con total indiferencia y tras empujar ligeramente a Equius y acariciar el brazo de Tavros, entró en el pequeño piso.
—Hey, bro — dijo mientras se estiraba en el sofá como si fuera su misma casa.
— Ah, está genial que ahora te juntes con tipos de tal calaña — susurró Equius mirando de reojo al Makara.
Tavros cerró los ojos totalmente irritado, tenía intención de gritarle lo primero que le viniera a la cabeza pero no se atrevía. No sabía cómo reaccionar, el Zahhak siempre le hacía sentir terriblemente estúpido, cuestionado todas y cada una de las pocas decisiones que tomaba. Buenas o malas eran las que él tomaba, y no necesitaba a una segunda madre. Aquel era el verdadero motivo por el cual su relación se había terminado. Finalmente y antes de que ninguna palabra saliera de la boca del Nitram, Gamzee se levantó y tras echar una mirada de reojo a Equius, apartó a Travors de la puerta para cerrarla en sus narices.
—¿Pe-pe-Pero que haces? — preguntó Tavros ruborizado ante lo que acaba de pasar y cuestionándose qué estaría pensado su exnovio al otro lado de la puerta.
— Bueno, lo estabas pasando mal y… — Gamzee se encogió de hombros y tras tomar una calada de su pitillo, clavó su mirada en las pupilas de Tavros. —No tienes por qué hablar con nadie con quien no quieras hablar, es absurdo entender las cosas de otro modo.
Palm Downtown Cementery era un lugar bonito para enterrar a tus muertos, se dijo Eridan mientras caminaba entre las blancas losas de aquel cementerio de Las Vegas. Las altas lápidas, pulidamente cuidadas, se alzaban delante de él entre el espesor verde y entre las torres donde los cadáveres yacían en putrefacción. Pequeñas y molestas moscas aparecían en alguna de aquellas pequeñas parécelas donde la tierra se veía más removida y flores de colores adornaban el minimalista aspecto de aquel lugar.
Junto a una palmera altísima se alzaba el santuario de los Ampora. Una gran caja de granito blanca para guardar los restos de aquellos que se habían ido.
Era el, a saber cuántos años hacía, de la muerte de Cronus y él solo había ido en pos de encontrase con Gamzee. Era lo que hacían cada año, pero su primo no estaba allí. Lo lógico hubiera sido llamarle, pero si no estaba allí a esa hora probablemente ya no aparecería. Eridan empujó la puerta de cristal tintado que cerraba el santuario y se adentró en la roca que guardaba a sus antepasados. Pasó junto a la urna que guardaba a su madre y miró, como hacía siempre la foto de aquella mujer de cabello ondulado y labios gruesos. Era una Makara en toda regla, enlace que había unido a su familia con la de los Ampora para perdurar hasta la actualidad. Aquella cara redonda y aquella sonrisa ambigua nunca le había dicho nada. Para él no era su madre, era solo una foto en el cajón derecho del escritorio de su padre, que escondía él mismo para que Vriska no preguntara quién era y tener que explicárselo. Dejó una rosa junto a la urna, retirando los restos de las flores que otros habrían dejado y avanzó un poco hasta la otra urna que le resultaba relevante, la de Cronus.
Por un momento Eridan recordó su hastío adolescente y su preocupación por su tío cuando había estado en el hospital. La luz entraba por la ventana de aquella pequeña habitación que gracias a dios era individual, y su tío estaba estirado en la cama deseando salir de aquel lugar y encender el pitillo liado que tenía en las manos. Las horas de aburrimiento en el hospital le habían llevado a pasarse horas liando cigarrillos que no podía fumar. Debía ser el tercer día después de que Gamzee le llevase al hospital con una herida de bala inexplicable. Y allí estaban los tres, Vriska, Gamzee y él, delante de la cama de Cronus. Él se moría de ganas de hablar con su tío, que era su referente y el ideal de persona que deseaba ser de mayor, pero Vriska y Gamzee no paraban de discutir sobre algo, no le había interesado en aquel momento y tampoco quería exprimirse para recordar qué era.
— Oh, no puedo soportarte — dijo Vriska de golpe empujando ligeramente a Gamzee.— Me voy a por unas chocolatinas que no pienso compartir.
Eridan la miró salir de la habitación, la adoraba casi tanto como la detestaba. La voz de Vriska llegó desde fuera, parloteando con una mujer.
—Chicos, voy a tener una visita especial — dijo Cronus de golpe. Él sabía con quién debía estar hablando la pequeña Serket. — Deberías acompañar a Vriska.
—No — apretó los labios Gamzee, negándose a salir del cuarto.
—¿Es por trabajo? —Preguntó el pequeño Ampora con cierta indiferencia. Él pasaba de aquellos asuntos, prefería que estos no le salpicaran. Así pues agarró a su primo del brazo y tiró del ligeramente dispuesto a salir de aquella habitación.
—Sí, claro— Cronus desvió la mirada hacía la puerta, cuando esta empezó a abrirse. En aquel instante el Ampora miró el armario más cercano, y Eridan captó su indirecta.
El chico tapó la boca de Gamzee con la mano, evitando que mediara palabra y se metieron en aquel pequeño espacio. Desde las estrechas rendijas de madera podían ver la habitación, a aquella mujer vestida de verde y con el pelo regido. Sus pestañas rojas destacaban cuando parpadeaba y caminaba silenciosa por la habitación, Cronus no hablaba, tan solo la miraba esperando una reacción por su parte.
— Demasiada información en tu cabeza — dijo en un inglés extraño. Tenía un marcado acento de un idioma que se podía describir como asiático, pero no de qué lugar exactamente.
Cronus forzó una sonrisa ladeada y le acercó uno de aquellos cigarrillos a la chica. Ella declinó la oferta y sacó una pistola del bolso que colgaba bajo su brazo.
— Déjame fumarme un último cigarrillo antes de esta no conversación.— Cronus desvió la mirada hacía la ventana nuevamente, esperando que los chicos en el armario no hicieran tonterías. Encendió el cigarrillo y miró el paisaje urbano mientras escuchaba a Handmaid montar el silenciador. Estaba pensado en algún modo de escapar a aquello, su cerebro era demasiado lento a pesar del estrés y el dolor del vientre al moverse era como el de una quemadura reciente, que a pesar del agua fría no cesaba.
—No es nada personal, Ampora— dijo apuntándole con el arma.
Cronus inhaló el humo por última vez y apagó el cigarrillo en el brazo de la asesina. Ella respondió golpeándole con el cañón de la pistola en la cara y agarrándole por el cuello. No parecía tener fuerza suficiente como para levantarlo de la camilla, pero sí como para inmovilizarle. A pesar de aquello, el Ampora sacó todas sus fuerzas para empujarla y ella disparó una primera vez. La bala rozó la oreja de Cronus, manchando de sangre las blancas sabanas. Él le dio un cabezazo, haciéndola caer hacia atrás, y entonces disparó otra vez.
La bala atravesó la cabeza de Cronus, esparciendo sus sesos por la camilla y la pared. Su cuerpo inerte cayó hacia atrás. Ni Eridan, ni Gamzee se percataron de cuando aquella mujer despareció. Sentados en aquel rincón miraban la sangre gotear desde la camilla al suelo, con aquel sonido tan particular, hasta que Vriska volvió.
NA: Odio mi vida un poco y no sé muy bien si este texto es decente. Esto me pasa porque soy una puta Celestina. Como consecuencia he emparejado sin querer a la chica que me mola con un tío repelente = Estoy triste y MuErO.
