Capitulo 15: Mañana será otro día.

La esvástica hace que mis piernas tiemblen del miedo. ¿Por qué tenía que encontrarme con un soldado en ese preciso momento? Y más con la pequeña Jaia acompañándome. Una mujer aria incapaz de defenderse por sí misma encubriendo a una niña judía a punto de ser descubierta; menudo espectáculo.

Estoy asustada, pero me obligo a disimular; a partir de ahora ese iba a ser mi trabajo, ¿no? Mentir y disimular, así que mejor ir ensayando.

-¿Que hace una mujer aria como usted por las calles de Múnich a estas horas? -Pregunta el soldado.

-I-Iba a llevar a mi sobrina a casa de su madre. -Miento intentando que mi voz no se entrecorte.

-Es muy tarde, señorita. Vamos la escoltaré a mi casa...

El hombre ríe acercándose a mi. Es entonces cuando percibo el inconfundible olor a alcohol amargo.

Antes de que ese hombre se atreva a tocarme, otro soldado, esta vez, con varias medallas adornando su pecho, posa su mano sobre el hombro de este.

-¿Que haces ahora, Köhler? -Dice el soldado con firmeza.- Vuelve a tu puesto ahora mismo.

-S-Si, capitán.

¿Capitán? Entonces, él es...

-Disculpe las molestias. -Dice acercandose a mi.- A estas horas los soldados no hacen mas que emborra... ¿Mary? ¿Que haces aquí?

-G-Garry, yo...

-Este señor es malo. -Me interrumpe Jaia, señalando a Garry.

A causa de ese comentario, rompo a reír. Es increíble como la inocencia de una niña pequeña es capaz de romper cualquier tensión.

-¿Vas a decirme que haces a estas horas en la calle? -Mira hacia donde se había ido el soldado, serio.- Si no llego a tiempo, a saber que habría hecho ese soldado contigo y con la niña.

Antes de responder, carraspeo, intentando ponerme seria.

-Gracias por ayudarnos, Garry. -Miro a Jaia.- Y en cuanto a esta niña... No creo que sea necesario que sepas a donde la llevo.

-Mary. No des rodeos tontos; habla. -Dice tan seriamente, que me hace retroceder un paso.

-Garry, no puedes pretender que te cuente cosas que son de tu incumbencia.

-Si, si que lo es. Si cualquier otro soldado te pregunta, ¿le responderias? No, ¿verdad? Pues no creas que todos los soldados son tan amables como yo.

Tengo que evadirle enseguida.

-Garry, si me disculpas, tengo prisa.

Intento marcharme, pero el me agarra del brazo.

-¿A donde crees que vas? Aun no me has respondido.

-Garry, ¿crees que si no te he respondido antes, voy a hacerlo ahora?

No responde, solo me suelta de golpe. Supongo que me he pasado un poco con el, pero es esencial apartarme un poco de Garry.

Comienzo a andar, quedándose el en el mismo sitio, mirándome con su sonrisa desdibujada, tal vez preocupado por mi actitud.

«Ahora no, Mary. No te derrumbres», me digo a mi misma en un intento de reprimir mis lagrimas. Pero es inútil, nunca he sido capaz de retener el llanto y nunca podre hacerlo.

La pequeña Jaia me mira sin decir nada; pero su simple mirada inocente y pura me hace sentir algo reconfortada.

Garry me sigue, lo se. No es necesario que me gire para comprobarlo, noto su mirada gris tras mis pasos. Debo de dar un rodeo y perderle de vista, pero el conoce mejor las calles de Alemania que yo misma.

Me paro en seco y doy media vuelta para poner rumbo a mi casa.

Parece que Garry no me sigue. Aun así, sera mejor darme prisa; mi casa queda lejos y llevo a una niña judía conmigo. La situación ya es demasiado complicada como para esperar en la calle a que Garry se canse de seguirme.

Entro en casa de nuevo con la pequeña Jaia. La noche puede resumirse en pocas palabras y en muchas sensaciones. Esas sensaciones que tal vez sintió Jaia cuando vio que la llevaban junto con su familia al lugar en el que se decidiría su existencia; o trabajar hasta morir agotados, o por el contrario, desvanecerse en una cámara de gas.

De momento, intentare dormir abrazada a Jaia, tratando que me transmita algo de la inocencia que yo perdí hace diez años.