Capitulo 16: Problemas.
La luz se filtra entre las cortinas de mi habitación. Los rayos de sol, que rozan mi piel, me despiertan, pero a diferencia de mi, la pequeña Jaia sigue durmiendo.
La dejo descansar y me dirijo a la cocina con el estomago vacío. Con las prisas de anoche y la discusión con Garry, no tuve tiempo para comer nada. Además, no encontré las ganas para hacerlo.
Eso es, Garry. ¿Estará pensando en mi tanto como yo lo hago? Le echo de menos, aunque tampoco tengo motivos para hacerlo. Él es un soldado que dedica su vida y su honor a Alemania; y yo, soy una mujer que ha tomado la imprudente decisión de trabajar como miembro de la Resistencia al nacionalsocialismo.
Dejando eso de lado, voy a la cocina a paso lento, aún sigo algo dormida.
-Buenos días, señorita.
No puede ser. ¿Ya han llegado? No, ahora no Jaia esta en mi habitación todavía.
-¿Y-Ya habéis llegado?
-Por supuesto. -Sonrie mi dama de verde tan dulce como siempre.- La señora no quería dejarla sola en casa mucho tiempo.
Bueno, la verdad es que no estaba muy sola que digamos...
-¿Y donde esta ella?
-En la terraza, tomando te. Y usted, ¿que quiere tomar?
-Nada, nada. No tengo hambre, gracias de todas formas.
-Muy bien, en ese caso subiré a limpiar su habitación. -Dice subiendo las escaleras.
-¡No! No es necesario. Tómese el día libre, hoy lo haré yo misma.
-¿El dia libre? -Pregunta.
-Si, no se preocupe. Ya hablare yo con mi tía.
Cuando consigo que mi dama de verde se marche, vuelvo a mi habitación a comprobar que Jaia seguía dormida. Si, ahí está, acurrucada entre las sábanas.
Entonces bajo para tomar un café en la terraza con mi tía. ¿Debería hablar con ella? Aunque lo mas probable es que mi dama de amarillo me asesine antes de que lo hagan los soldados del Führer.
-Buenos días, Mary. -Dice mi dama de amarillo.
-Buenos días… -Me siento a su lado con la taza de café entre mis manos.- ¿Como habeis vuelto tan pronto?
-Bueno, no quería dejarte sola tanto tiempo.
-¿Y eso por que?
Ríe y bebe un sorbo de su té.
-Que ingenua eres, Mary. ¿Cómo voy a dejarte sola tanto tiempo sabiendo la cantidad de canallas?
-Bueno, apenas he salido de casa. -Miento, sin mala intención. A causa del sueño se me había olvidado que estuve fuera de casa la mayoría del tiempo.- Bueno, ¿y que tal en Auschwitz? ¿Llegaste a despedirte de él a tiempo?
-No. -Sonrie y suspira.- No pude llegar a tiempo para despedirme. El ya estaba bajo tres metros de tierra cuando yo llegue.
-Lo siento... -Miro hacia el suelo.
-Pero asi es mejor. Prefiero recordarle tal y como fue antes, y no verle en un ataúd encerrado hasta sabe Dios cuando.
-¿Mary...? -Dice la pequeña Jaia acercándose a la terraza.
No, las cosas ya no pueden ir a peor.
-Jaia... -Susurro.
-¿¡Jaia!? -Mi tia se pone de pie acercándose a la pequeña, para examinar su rostro.- Mary, ¿has traido a una niña judía a mi casa?
-No, yo no... -Digo nerviosa.
Me temo lo peor. Esa pequeña había firmado su sentencia de muerte sin darse cuenta.
-¡Sacala de mi casa ahora mismo! -Tira la taza de te al suelo.- O no, mejor me la llevare yo misma al sitio que le corresponde. ¡Una maldita cámara de gas!
