N.A.: He aquí el primer flashback de la historia, (y el capítulo más largo escrito hasta ahora), el cuál está narrado ni más ni menos por la dama de amarillo, Viveka Kirchner.
Espero que os guste, y como siempre, gracias por leer.
~DasGoldenTruth~
Capítulo 18: La dama de amarillo.
-Viveka, Viveka. Despierte, por favor.
-¿Qué ocurre? -Pregunto ante la insistencia de mi dama de llaves para despertarme.
-Tiene una llamada. Es el señor Aigner.
-¿A estas horas? -Suspiro y me levanto.- Enseguida bajo, retírese.
Antes de bajar, estiro las sabanas de la mujer que ha servido a mi familia durante décadas.
-¿Que quieres, Ritter?
-Perdona que te llame a estas horas, Viveka. No había otro momento en el que pudiera hacerlo.
-¿Por qué no viniste a casa de Sophie anoche? Te estuvimos esperando hasta bien tarde. Incluso su hermano estaba preocupado de ti; creíamos que te habían cogido, imbécil. -Resoplo al teléfono, pasando una mano por el pelo.
-Lo siento, lo siento. -Dice riendo, esa risa capaz de cautivar a cualquier mujer aria.- Eso iba a explicarte. Mi mujer dio a luz anoche, quería ver la cara de mi hijo, entiéndeme.
-Por supuesto que lo entiendo. Pero entiéndeme tu también a mi. Te necesitamos en La Rosa Blanca, sin ti no tenemos acceso a ningún tipo de información sobre las SS y los campos de exterminio.
-Acerca de eso... -Cambia su tono de voz, aproximándose al que usa con sus soldados. Ser general de las SS, debe requerir ser estricto.- ¿Podras venir a casa de Sophie? Tengo algo que os puede interesar.
Suspiro de nuevo. No era mi mayor afición pasear de noche a través de las calles mas feas de Múnich.
-Esta bien. ¿A la hora de siempre?
-Naturalmente. -Aunque no lo vea, se que está sonriendo de lado.- ¿Quieres que pase esta noche a recogerte?
-No creo que sea necesario; aun no me he perdido por las calles de la ciudad, y tampoco creo que vaya a hacerlo. -Digo riendo aunque con pocas ganas.
-Bueno, ya llegará el día en el que tú y yo nos perdamos por ahí.
-Ritter, no me hagas reír... ¿Dejarás a tu familia y todo lo que tienes por mí?
-Mi mujer sabe que lo nuestro esta muerto, Viveka. Dame tiempo, y me tendrás solo para tí.
-Sabes que no me gusta ser solo la amante del general de las SS.
-Lo se, Viveka. Soy consciente de ello.
«Pues parece mentira», digo para mí misma.
-Tengo que colgar, -Continúa.- Nos vemos luego. Pasaré a recogerte.
-Está bien. -Digo susurrando.
-Te quiero, Viveka.
-Y yo a ti, Ritter.
Suspiro y cuelga. Maldita sea, vuelvo a dejarme llevar por sus promesas de amor imposible que nunca se cumplirán. ''Estaremos juntos cuando todo acabe.'' ¿Como puedo creerte, Ritter? Siempre dándome una de cal y otra de arena, es difícil saber con seguridad cuáles son tus verdaderas intenciones...
Cuando me vea me dirá cuatro palabras de amor y después se marchara, como siempre, para dejarme con el dulce sabor de la miel en los labios.
-Señora, ¿ocurre algo? -Pregunto mi dama de llaves al verme tan nerviosa.
-Nada. -Digo firme.- No se preocupe. Prepáreme un baño, esta noche voy a salir.
-Como usted diga, señora.
Las dudas son peores que el frío desgarrador o los gritos de dolor, incluso peor el filo de las dagas que portan los soldados de Hitler.
Un baño, ojalá eso curara todos los males y disipara todas mis dudas.
-Ya está listo el baño, señora.
-Tan eficaz como siempre. -Sonrío a la mujer.- Muchas gracias. Retírese.
Enciendo la radio de mi baño, poniendo la primera cadena de radio que he encontrado:
''Hoy hablaremos de la vida de Adolf Hitler, líder de Alemania...''
-Si, Dios salve al Führer y a su patria. -Rio y me sumerjo en el agua del baño.
Tras darme mi relajante baño escuchando las eternas alabanzas al Führer de Alemania, salgo de mi habitación, vestida con un atuendo bastante informal para ir al salón y hablar por teléfono.
-Buenas tardes. ¿Puede ponerme con la señorita Eva Braun?
-Por supuesto. ¿De quién es la llamada? -Pregunta el hombre que siempre atiende al teléfono de la residencia de verano de Hitler.
-Viveka Kirchner.
-Un momento, por favor.
El hombre suelto el teléfono y va a buscar a la señora de la residencia de Hitler y quien se encontraba en una situación amorosa similar a la mía.
-¡Viveka! Querida, ¡cuánto tiempo! -Dice la mujer entusiasmada al recibir mi llamada.
-Si, hace ya bastante tiempo que no hablamos, últimamente estoy muy ocupada. ¿Como te va en Berlín?
-Bueno, económicamente bastante bien, ya sabes. Eso de vivir con Adolf es bastante cómodo.
-Si, eso de vivir con el Führer de Alemania debe ser entretenido, ¿no?
-No estes tan segura. El se pasa el día de reunión en reunión. De hecho, dentro de poco tiene una con el Duce de Italia.
-¿Ah, si? Pues entonces el que debe de estar entretenido es él.
-Si, puede que si. -Rie mi antigua compañera en la Facultad de fotografía y mecanografía.
Miro el reloj de mi entrada. Ya son las cinco y media de la tarde.
-Eva, disculpa pero, el deber me llama. -Rio.- Ha sido un placer hablar contigo siempre.
-Igualmente, Viveka. Pásate cuando quieras por Berlín. Sabes que tienes las puertas abiertas siempre.
-Muchas gracias, Eva.
Cuelgo el teléfono y resoplo, no ha sido muy difícil sacarle la información a esa mujer. Bueno, siempre ha sido fácil hablar con Eva, claro, que las dos llevamos caminos distintos.
Bueno, ¿qué mas da? Creo que el camino que he escogido yo es mejor que llevar una vida fascista cerca de un asesino.
Las horas pasan lentas y el reloj apenas avanza, pero cuando llegan las nueve y media, voy a mi habitación para vestirme. Algo sencillo y discreto, no debo de llamar la atención.
Cuando termino de vestirme, mi dama de llaves viene para avisarme de que Ritter ya ha llegado. Tan puntual como siempre, quizá demasiado.
Ritter esta fuera, esperándome con su uniforme de las SS, tras haber hecho su turno en algún campo de exterminio.
-Hola Viveka. -Sonrie abrazándome por la cintura.
-Hola, Ritter...
Antes de que pueda decir nada mas, toma mis labios con la misma pasión con la que me hacia suya al escabullirse de casa o del trabajo.
-Vayamos ya o llegaremos tarde, como siempre. -Digo cerca de sus labios, intentando separarme de el.
-No me importa, Viveka... -Dice posando sus labios en mi cuello.
-¡P-Pues a mi si! -Digo alzando la voz.- Tengo información importante.
-Está bien. -Dice algo desanimado.- Sube al coche.
Hago lo que me pide y llegamos a la casa de Sophie en menos de tres minutos.
-¿Qué es lo que nos tienes que decir, Viveka?
-Información sobre reuniones del Führer. ¿Y tú?
-Van a llevar en breve camiones con judíos a Treblinka. Niños y niñas destinados a ser abono para las plantas. Podemos utilizar varios contactos para evitar que ese cargamento de judíos llegue a su destino.
-Comentemosle a Sophie y los demás lo que has pensado.
Y así seria. Le contaríamos a Sophie el plan y lo llevaríamos a cabo, pero sin resultados satisfactorios. Como consecuencia, la mayoría de la formación de La Rosa Blanca, murió ejecutada. O fusilados, o ahorcados, quedando solo Sophie Scholl, Ritter Aigner, Gisèlle Guillemot y yo, vivos.
Entonces, me olvide de lo que una vez fui; la miembro más joven de La Rosa Blanca, y la más activa, bloqueando mis recuerdos sobre Ritter, para convertirme en una mujer pro fascista, para cuidar a mi sobrina Mary, y darle un futuro mejor al que yo nunca pude tener.
