Capitulo 20: Invitación.
Tras esa intensa charla en la casa de Irenka, volvimos al amanecer, quedándose Jaia con ella, para buscarle una nueva familia.
Parece que las únicas que han sido capaces de pegar ojo han sido mi dama de amarillo y mi dama de verde.
Yo he estado absolutamente toda la noche, o lo que quedaba de ella, barajando la idea de Irenka de seducir a Hitler. No sería complicado hacerlo, pero tal y como dice la voz de mi cabeza, las cosas pueden torcerse. Hasta yo misma se que ese hombre siente debilidad por las chicas jóvenes, y mas aun si son arias. No debería de ser difícil hacerle comer de mi mano.
«¿Y que pasara con ese tal Garry?»
Odio cuando esa voz tiene razón.
«Siempre tengo razón. Y por Dios, llámame Yona de una maldita vez.»
¿Yona? ¿Como mi muñeca de trapo, la que tenia de pequeña?
«¿Y qué pensabas? Tú misma me creaste. Soy una parte de tu personalidad.»
Parte de mi personalidad... B-Bueno, no me cambies de tema.
Suspiro y me levanto a desayunar, aunque sin hambre. Antes de que pueda llegar a la cocina, una llamada al teléfono del salón, hace que me sobresalte.
-Residencia de los Kirchner. ¿En que puedo ayudarle? -Pregunto al teléfono, sintiéndome como una dama de llaves cualquiera.
-Buenos dias. ¿Puedo hablar con la señorita Mary Kirchner? -Pregunta un hombre mayor.
-Si, soy yo. ¿Con quién hablo?
-Disculpe, señorita Mary. -El hombre carraspea.- Soy un empleado del Führer. Me ha dado una invitación para usted en su residencia de invierno, para esta tarde. Según el, la ultima vez que la vio, tuvo que irse de repente y él, esta algo preocupado.
«Oh, vaya. Todo un detalle.», ironiza la que ahora llamo Yona.
-Bueno, -Continúa el hombre.-, mi señor se preguntaba si usted aceptaría la invitación.
«No lo hagas, Mary.»
-Por supuesto que acepto. -Digo ignorando a esa voz.
-Muy bien, pasará un coche a recogerla mas tarde. -Contesta el hombre y cuelga el teléfono.
Una entrevista con Hitler, y encima siendo invitada personalmente por él. ¿Con que seria difícil seducirle, no Irenka?
Voy a vestirme entre risas, poniéndome mi mejor vestido, algo mas corto de lo normal, pero sin enseñar demasiado. Arreglo también mi pelo, desordenandolo un poco. Por ultimo, pongo sutilmente algo de carmín en mis labios. Lista, perfecta para comerme el mundo.
«Si, el mundo y otras cosas también.», ríe Yona, quien yo creía que se había marchado por un rato.
Me voy a olvidar de ella un poco. No quiero desconcentrarme y menos quiero que me haga cambiar de opinión. Sé que lo que hago no es correcto, pero lo necesito. Necesito acercarme a el a cualquier precio, para que sienta el frío filo de mi daga en su cuello.
«Nada sale tal y como se planea.»
Lo se, y es por eso que andaré con cuidado, no soy tan estúpida. Si algo sale mal, evadiré el problema.
«¿Y si no puedes hacerlo?»
Entonces..., aceptaré las consecuencias de mis actos. Se que estoy adoptando una conducta de riesgo bastante peligrosa y que los resultados pueden ser nefastos.
Sin embargo, esta sed de venganza es demasiado fuerte. Mientras el vivía una vida hedonista, yo vivía como una niña aria, hija de nadie, y sobrina de una nacionalsocialista enmascarada.
El sonido del timbre interfiere mi conversación conmigo misma. Me preparo y salgo fuera, camino al coche.
«¡No vayas, Mary!»
Que comience mi turno.
