¡Hola! Buenos, les dejo el segundo capítulo. Debido a que es una historia de solo tres partes, verán como las cosas empiezan a llegar a un desenlace desde aquí.

(Por cierto, alguien me preguntó en los reviews si esto era Klaine o Kurtbastian. Esto es Kurtbastian, definitivamente c: )


25 de julio de 2012

—¿Estás seguro, Sebastian?

—¡Cállate y dame otra, maldita sea!

—No creo que debas beber más, amigo.

—Vete a la mierda ¡Yo estoy pagando por esto!—Golpeó su botella contra la barra y esta se rompió. Apuntó a Alfred con ella y tambaleó un poco al ponerse de pie.

—Oye, oye, chico, detente o me veré en la obligación de botar tu asqueroso trasero a la calle.

El dueño de Scandals, Alfred, lo conocía bien. Llevaba varios días seguidos viniendo y siempre gastaba varios cientos de dólares en alcohol. Después de terminar con Kurt, Sebastian había salido directo para aquel lugar. No supo cómo Kurt llegó a casa ese día, pero lo había hecho. Aquel día se embriagó hasta perder el conocimiento. Despertó en una cama que no era la suya, pero a diferencia de las otras veces en que esto ocurría, tenía la ropa puesta y no tenía la sensación del semen pegajoso en su cuerpo. Alfred lo había dejado descansar allí, en su cama, en el segundo piso del bar, en donde él vivía.

Desde ese día Sebastian dormía frecuentemente en la cama o el sofá de Alfred, y el hombre se había convertido en su niñero y su confidente. Alfred había escuchado noche tras noche lo que Sebastian había hecho, cuánto se odiaba y cuánto amaba a Kurt. Siempre era la misma historia, pero al hombre no parecía molestarle. Cada vez que llegaba a la parte final, en donde Sebastian se trataba de escoria y de más horribles cosas -que merecía- Alfred lo miraba con lástima. Y Sebastian odiaba eso. Pero seguía yendo.

Cuando dormía, o más bien, cuando perdía el conocimiento, Sebastian tenía la desgracia de soñar, de soñar con Kurt. En sus sueños-pesadillas, más bien- él veía al chico de ojos azules llorando, diciéndole una y otra vez « ¿Cómo pudiste hacerme esto?» Y él siempre traba de alcanzarlo, de tocarlo y abrazarlo, pero nunca podía. Siempre despertaba sintiéndose peor de cómo se había acostado.

Sus padres ya ni lo llamaban. Cuando sus salidas a Scandals se hicieron más estadías que simples noches de bar, ellos dejaron de molestarse en llamarlo. Los Warblers lo buscaban o lo llamaban para que volviera, pero nunca lo hizo. Ni siquiera fue a su propia graduación.

No podía perdonarse, nunca podría. No podía permitirse vivir su vida normalmente sabiendo que le había hecho daño a Kurt. No podía pensar en vivir ni siquiera, no sin él. Algunas veces se encontraba a sí mismo preguntándose cuándo empezó a amar tanto al chico, y por qué no podía dejarlo atrás. Varias veces trató de acostarse con extraños, justo como antes, pero jamás pudo seguir. Siempre se rompía en llanto. Los extraños o se reían de él o lo miraban con una mezcla de lástima y frustración. Hubo uno que incluso lo golpeó.

Desde ese día esto era lo que había estado haciendo. Torturándose a sí mismo, pensado en lo que pudo haber sido, en cómo todo hubiera salido bien si él no hubiera hecho lo que hizo con Blaine, en qué estaría haciendo Kurt en ese momento o en la vida nueva que Kurt tendría una vez que se fuera para Nueva York.

Nueva York.

Kurt empezaría de nuevo en una ciudad llena de tipos fuera de closet, orgullosos y atractivos. Empezaría de nuevo en el lugar al que él pertenecía, en una ciudad llena de arte, música, espectáculo y cosas fascinantes, en donde Kurt podía ser quién era. Empezaría de nuevo sin Sebastian.

Y eso estaba bien.

Estaba bien porque los sentimientos de Sebastian era lo último que importaba ahora. La felicidad de Kurt era lo primordial. Así que se forzó a seguir esa vida, a seguir envenenándose física y mentalmente hasta que algún día todo se detuviera. Era cobarde pero ¡Hey! Sebastian era un cobarde.

Y ahora, ahí estaba, lidiando con Alfred, peleando con él para que sólo le diera una maldita cerveza y dejara de molestarlo. No sabía qué hora era, no sabía qué ropa estaba usando, ni qué día era y no importaba.

Se giró en su silla, dispuesto a dejar la discusión por un momento. Observó a la gente bailar, todos eran personas que no se sentían bien con sus vidas, que habían venido a ese lugar buscando un ambiente en el que no se sintieran como fenómenos. Jamás había pensado cuan bien encajaba allí. Volvió a girarse y vio que Alfred estaba atendiendo a otra persona. Se levantó y alcanzó una cerveza que estaba cerca con algo de esfuerzo. Alfred lo miró reprochante pero no hizo nada para detenerlo. La destapó y bebió de ella, saboreando el oh tan familiar sabor. Dejó que lo envenenara, que lo embriagara, que le ayudara a olvidar, a dejar de sentir. Estaba a punto de volver a hundirse en su miseria cuando oyó una voz tan dolorosamente conocida y hermosa que el corazón de Sebastian (que milagrosamente aún existía) dio un salto de felicidad, aunque luego entró en pánico.

—Hola Sebastian— Aquella voz angelical la saludó a su lado. No se giró, tenía miedo de que fuera real, de que no fuera sólo una ilusión, un efecto colateral de tener el cuerpo tan dañado por el alcohol.

Por unos segundos no se movió, sabía que había alguien a su lado, y cuando Kurt lo tocó supo que si era real. Kurt estaba ahí, saludándolo. Mierda. Se giró y vio a aquel hermoso chico que tanto amaba; sus ojos estaban algo rojos, tenía bolsas debajo de los ojos y su cara lucía tan pálida como cuando lo vio luego de que terminara con Blaine. Parpadeó varias veces, no sabiendo qué decir o hacer. Kurt lo notó y continuó, se sentó al lado de Sebastian y lo miró con desconfianza y dolor en sus ojos.

—Nick, Jeff y los demás dijeron que estabas aquí. Supe que no fuiste a la graduación y que no has vuelto a tu casa—Se veía serio y cansado.

—Así es— Fue todo lo que manejó decir cuando encontró su voz.

—¿Por qué haces esto? ¿Por qué te haces esto a ti mismo?— Preguntó con tristeza en su voz, mirándolo con lástima. ¡Ja! Lástima era lo último que esperaba de Kurt.

—¿Y a ti qué te importa?— Dijo con la misma frialdad con la que le había dicho las horribles cosas en el motel. El rostro de Kurt cambió y una expresión de tristeza se sentó allí, pero el chico no parecía sorprendido, era como si esperaba que Sebastian fuera una mierda con él una vez más.

Sebastian sabía que tenía que alejarlo ahora, una vez más, pero honestamente estaba tan cansado y ebrio que no podía ni pensar bien las cosas. Así que se calló.

Durante varios minutos ninguno dijo nada, Kurt lo miraba con una expresión dura y Sebastian lo ignoraba. Cuando desearía poder besarlo una vez más. Y fue ahí, en ese momento, que se dio cuenta de verdad de cuánto había extrañado a Kurt.

—Mañana me voy a Nueva York.

—¿Y?— Fingió que esas palabras no le dolieron.

—Mira, sé que lo que dijiste es mentira. Sé lo que hiciste, Blaine me lo dijo, él me contó todo— La voz de Kurt se rompió un poco la hablar, como si fuera a llorar, pero no lo hizo— No puedo creer que no me lo hubieras dicho, no puedo creer que me hubieras mentido ¿Así que era por eso por lo que no quisiste tener sexo conmigo ese día en tu cuarto? ¿Por eso terminaste conmigo? ¿Y ni siquiera tuviste cojones para decirme la verdadera razón? Me dijiste en cambio esas estupideces de que no me amabas y de que me habías utilizado. Sé que mentías, siempre lo supe.

—No mentía ese día.

Así que Blaine había abierto la boca. Una vez más Blaine demostró ser mejor persona que él, incluso después de lo que había hecho. En parte le alegraba que Kurt lo supiera, así no tendría que torturarse por no haber dicho la verdad. No tenía ni fuerzas para mentir más.

—No, es mentira. Sé que mientes. Blaine y tú me mintieron. Él dijo que había sido con otro chico y tú no lo negaste. Tú… tú...me engañaste. Y Blaine también. ¿Sabes que creí que todo había sido mi culpa? Todo este jodido tiempo creyendo que en verdad te habías molestado conmigo, que no fui suficiente para hacer que te quedaras. ¡Sebastian mírame, maldita sea!— Kurt gritó y atrajo la atención de varias personas en el bar. Había lágrimas en sus ojos, y Sebastian no quería girar. No quería porque sabía que se rompería al verlo llorar. Porque ver sus hermosos ojos azules llenos de lágrimas y de dolor lo romperían aún más. Era un maldito egoísta—.Mírame a los ojos y dime porqué.

—¿Por qué de qué?— Preguntó aún sin girar.

—No lo sé, sólo dime el porqué de algo. Sebastian, mañana me iré y no volveré, nunca me volverás a ver.

Sebastian no dijo nada. No sabía qué decir, ni siquiera sabía si quería decir algo. No volteó tampoco. Sentía la mirada de Kurt perforarlo pero no se movió ni un centímetro. Al final Kurt se levantó.

—Lo peor de todo es que no puedo dejar de quererte. Adiós, Sebastian. Hasta nunca.

Sin moverse aún, Sebastian dejó a Kurt irse una vez más.

Y como si su vida no fuera lo suficiente mala aún, todo empeoró.

26 de julio de 2012

No sabía exactamente qué estaba haciendo, pero ahí estaba, parado en la mitad del aeropuerto sin saber a dónde ir. Sabía que Kurt salía a Nueva York, no sabía a qué hora, pero sabía que era ese día. Tampoco se había detenido a preguntarse porqué salió corriendo del cuarto de Alfred como un maniático, gritando «Voy al aeropuerto» como si eso le explicara algo al pobre hombre.

Luego de que Kurt se fuera del bar él sólo siguió bebiendo, como si todo hubiera sido sólo producto de su imaginación, como si Kurt no hubiera ido en realidad. Bebió aún más de lo normal y cayó inconsciente varias horas después. Como era costumbre ahora, despertó en cama de Alfred, mientras el hombre dormía en el sofá, y al frotarse los ojos lo recordó todo. Entendió que lo que pasó no fue una alucinación, que Kurt en realidad había ido a buscarlo y en realidad había dicho que lo amaba aún. Así que condujo hasta el aeropuerto y al mirar al cielo por la ventana descubrió que debían ser las tres o cuatro de la tarde ¡Vaya! Había dormido bastante. Condujo tan rápido como pudo y corrió adentro, sin saber realmente a dónde ir.

Caminó hasta un empleado del aeropuerto y le preguntó en dónde se debía ir para abordar un vuelo a Nueva York. El hombre debió notar que algo estaba mal porque medio cerró sus ojos al contestar. Debió ser su apariencia, después de todo aún tenía puesta la ropa del día anterior y su cara debía lucir terrible. Corrió entre las demás personas y finalmente llegó al lugar que le habían indicado. Miró a su alrededor esperando encontrarse con una cara familiar, pero no vio nada. Caminó alrededor y vio a alguien que conocía, pero no la persona que buscaba. El chico lo vio también y con una cara de sorpresa y confusión caminó hasta Sebastian.

—¿Sebastian? ¿Qué estás haciendo aquí?— Preguntó Blaine mientras se acercaba.

—Podría preguntarte exactamente lo mismo— Ahora sabía que había sido Blaine quien le contó a Kurt todo, pero por más que quisiera no podía enojarse con el chico, él había tenido el valor que Sebastian no.

—Vine a despedir a Kurt… Bueno, algo así. De hecho vine a pedir perdón…— Blaine dudó, se veía triste y sus ojos estaban algo rojos, como si hubiera llorado— Sebastian, en serio lo lamento. Lamento haberle dicho a Kurt… No fue mi intención, estaba algo ebrio y me dolía verlo llorar… Él es… mi mejor amigo, Sebastian y en serio no quería verlo así. Él sólo decía que no entendía y estaba enloqueciéndose a sí mismo debido a esto...así que sólo... lo dije. Él se enojó mucho conmigo y se fue del bar. Creo que jamás lo había visto así, ni cuando terminamos… Así que vine a al menos tratar de disculparme una vez más.

Sebastian no sabía qué decir, Blaine se disculpaba, pero no debía porque lo que hizo fue lo correcto. Él había confesado sus pecados, tarde pero lo hizo, mientras que Sebastian no.

—No tienes que disculparte. Tú hiciste lo correcto y yo no. Yo fui su novio y aun así no se lo dije. No te disculpes, fui yo el que lo lastimó.

—Pero yo era su novio cuando lo hicimos… Debí ser yo quien se lo dijera. Tú no eras nada de él en ese entonces, no te culpes Sebastian. Yo le dije también que yo te…manipulé para que lo hicieras.

—Eso no-

—No, no, es cierto. Yo lo hice. Te usé, sabía que querías a Kurt y sabía que te molestaba que te restregara que era mío… Lo siento. Ahora, deja de culparte, deja de tirar tu vida a un lado por esto. Kurt te quiere, él en serio lo hace.

—No creo que eso sea verdad.

Todas las palabras de Blaine eran difíciles de procesar. Una parte de él quería creerlas, quería dejar de sentirse miserable y sólo ver todo como un pequeño error. Pero luego recordó que había hecho llorar a Kurt, que le había mentido en varias ocasiones y que no lo amó lo suficiente como para contarle. Así que dejó todo en la parte de atrás de su cabeza y volvió a la miseria.

Tal vez si se disculpaba una vez todos sus demonios se disiparían un poco. Por supuesto no esperaba que Kurt lo perdonara, sólo quería decirle que lo sentía.

—Tengo que decirle que lo siento al menos ¿En dónde está?

Inmediatamente la expresión de Blaine cambió y Sebastian esperó oír lo peor.

—Lo siento mucho Sebastian, pero él ya se fue a Nueva York… Su avión acabó de salir.

Y entonces todo se vino abajo una vez más.

5 de septiembre de 2012

Pasó la página de aquel viejo y polvoriento libro como si en serio estuviera leyendo con atención. La mañana brillaban con mucha intensidad a través de su ventana en el cuarto del hospital de Westerville, y a pesar del ambiente tenso que sentía en aquel edificio casi todo el tiempo, en ese momento por primera vez Sebastian no escuchaba llanto o gritos de dolor. Todo estaba tranquilo.

Luego del día en el aeropuerto, Sebastian creyó que jamás volvería a estar bien otra vez. Blaine se había disculpado mil veces, como si él hubiera enviado a Kurt a Nueva York antes de que él pudiera hablarle.

Después de eso ambos salieron del aeropuerto y aunque Blaine le ofreció que se quedara a dormir en su casa (ya que los Warblers le habían dicho él que no pasaba las noches en la suya), Sebastian desistió. Tenía planeado volver a Scandals y embriagarse hasta sentirse ligero, hasta que no pudiera pensar. Pero Blaine insistió en que era mejor que lo acompañara, temía que «hiciera algo estúpido». Así fue que terminaron en Scandals, medio ebrios y hablando sobre todo.

Blaine le contó a Sebastian, luego de unos tragos, que Kurt estuvo muy deprimido durante la primera semana, que no salía y que comía muy poco. Burt Hummel estaba muy preocupado, así que llamó a Blaine y le pidió que lo sacara durante unas horas. Al parecer el hombre hizo eso con Mercedes, Rachel, Quinn, Brittany y hasta Santana, pero Kurt se negó a salir con ellas. Burt creyó que nada podría sacarlo de su habitación luego de que Santana salió molesta y derrotada de su casa ese día. Pero entonces pensó en Blaine y luego de que el chico hablara con Kurt, él aceptó. Le dijeron a Burt que irían a la casa Anderson a pasar la noche viendo películas, pero en realidad iban a ir a un bar en Columbus para que Kurt bebiera un poco y olvidara sus penas por un rato. Esa fue la razón por la que Kurt aceptó; Blaine, a diferencia de las chicas, le había ofrecido una noche en un bar, porque como su mejor amigo y ex novio, Blaine sabía lo que necesitaba.

Aquel día en el bar Kurt había llorado hasta que literalmente ninguna lágrima salió más. Blaine dijo que estaba seguro de que Kurt no había llorado así por él cuando terminaron. Kurt bebió mucho, bailó con muchos chicos e incluso trató de escapar y acostarse con uno mientras él estaba en la barra consiguiéndole algo más para beber, pero que cuando Blaine lo encontró el chico estaba afuera del bar, sentado en el andén de la calle, temblando. No podía llorar más, pero el dolor seguía ahí y se manifestaba como escalofríos.

Luego de esa noche Kurt empezó a dejar su habitación y a salir con sus chicas, pero aún se veía triste y devastado, sus ojos constantemente estaba rojos y en sus mejillas habían rastros de lágrimas a menudo.

Le contó también que varios días más tarde Kurt tuvo una recaída y que decidió llevarlo al bar una vez más. Esa vez Kurt lloró mucho y se embriagó hasta que sus pies parecían de gelatina. En medio de confesiones, de charlas de corazón-a-corazón, de sollozos ahogados y lágrimas, Blaine le había contado la verdad. Le había dicho lo que había hecho con Sebastian, cuándo lo habían hecho e incluso cuántas veces lo hicieron. Con cada palabra la cara de Kurt se contraía más y Blaine podía ver paso a paso cómo se rompía su corazón. Kurt empezó a insultarlo y a tratar de golpearlo, fallando miserablemente debido a su falta de equilibrio. Al final habían sido sacados del bar y tirados a la calle por el escándalo. Kurt no hablaba y parecía que su mente había entrado a otra dimensión. Se negó a dejar que Blaine lo llevara a casa, pero cuando sintió que lo llevaban hasta el vehículo casi arrastrado no peleó en contra.

Luego de eso Kurt no contestaba sus llamadas, pero siguió saliendo con las chicas frecuentemente. Y al igual que le vez anterior, aún habían indicios de que sufría en silencio cada noche.

Blaine también le dijo que Kurt lo había perdonado, que se habían despedido en el aeropuerto y que Kurt dijo que lo extrañaría, que a pesar de todo entendía por qué Blaine lo había hecho, que siempre serían buenos amigos y que no lo odiaba. Blaine dijo que tal vez darle tiempo fue lo que hizo que el chico lo perdonara, aunque aún no entendía por qué Kurt lo había hecho.

Como dato extra, le reveló que el chico no dejaba de mirar a todos lados mientras estaba esperando para abordar. Blaine dijo que sabía que lo buscaba a él, a Sebastian, entre la multitud, y que cuando tuvo que irse y no lo vio, pudo jurar ver sus ojos aguarse desde la distancia.

La noche terminó con ellos durmiendo en el apartamento de Alfred, a quien no le molestó en absoluto, y quien por el contrario parecía bastante feliz de que Sebastian hablara con alguien. Por alguna razón, el hombre era muy amable y se preocupaba por él.

Después de esa noche, Blaine se mantenía molestamente muy cerca de él todos los días. Siempre lo buscaba y le decía cosas como «Deja de atormentarte a ti mismo» y «Perdónate», pero Sebastian lo ignoraba.

Siguió con su rutina de torturarse pensado en Kurt, beber sin límites, y caer inconsciente, hasta que su cuerpo no pudo soportarlo más y luego de una de las muchas cervezas en Scandals su mundo se vino abajo, se desmayó y Alfred lo llevó al hospital. Se había intoxicado. Casi había muerto. Pero milagrosamente seguía ahí. No que importara de cualquier manera.

Llevaba una semana en el hospital ya, y empezaba a creer que lo retenían ahí más por alejarlo del alcohol, que por hacerle exámenes para ver si su cuerpo estaba mejor. Blaine se había ido tres días antes de su internación en el hospital, pero Sebastian estaba completamente seguro de que Alfred había llamado a Blaine para decirle. Ambos se habían vuelto algo cercanos desde que Blaine no se despegaba de su lado, pretendiendo "cuidarlo".

Y sus sospechas fueron confirmadas cuando Blaine entró en su cuarto de hospital más tarde ese día. Se veía muy preocupado, pero había algo en sus ojos que le decía que algo grande iba a pasar. Y de nuevo, el universo probó que estaba en lo correcto cuando vio a Kurt entrar en el cuarto. Kurt Hummel. En Ohio. En el cuarto de Sebastian. Luciendo más precioso que nunca.

Por un momento sólo estaban ellos dos en la habitación, mirándose fijamente como si no pudieran quitarse los ojos de encima. Ese momento pareció una eternidad. Kurt lo veía con más preocupación que sorpresa, lo que demostraba que había planeado venir, que ya estaba listo. Pero por el contrario, Sebastian no sabía que el chico iba a entrar en un día cualquiera en su cuarto de hospital. No sabía qué hacer. Así que sólo siguió mirándolo hasta que Blaine se aclaró la garganta, sintiendo la tensión.

—Hola, Sebastian. Alfred me llamó hace dos días ¿Por qué demonios dejaste que esto te pasara?— Blaine sonaba realmente preocupado. Se acercó a su cama y toco su frente con delicadeza.

—Por supuesto que Alfred te llamó— Dijo sarcásticamente, evitando contestar a la pregunta. Sin embargo, no había nada de maldad tras la frase, no podía enojarse con Blaine cuando el chico lo miraba así de preocupado.

—No puedo creer que fueras tan irresponsable, Sebastian.

—Lo siento, mamá.

—No es momento de bromear, pudiste haber muerto— El corazón de Sebastian se detuvo por un momento al escuchar de nuevo la voz de Kurt. Como instinto, volteó a mirarlo y se encontró con una mirada tan o más preocupada que la de Blaine— Eres un tonto.

Y era cierto. Por miles de razones era un tonto y más que eso.

—Lo sé— Fue todo lo que dijo.

—Yo mmm lamento no haberte avisado pero Kurt insistió en venir…En serio lo lamento, Bas— Sebastian no estaba mirando a Blaine, estaba mirando a Kurt aún, pero podía oír que en serio lo sentía— Creo que yo mmm voy a ir por café. Esta conversación no ha terminado, Sebastian, más tarde tendremos otra charla sobre decisiones y consecuencias.

Sebastian se quejó y rodó los ojos. Era tan típico de Blaine. Pero sabía que el chico tenía buenas intenciones.

Cuando Blaine salió todo quedó en silencio por varios minutos. El único movimiento en la habitación era la cortina levantándose casualmente debido al viento. Kurt lo miraba desde su puesto y Sebastian pretendía que no le estaba haciendo agujeros en el alma.

—¿Cómo pudiste hacerte esto a ti mismo?—Inquirió Kurt luego de algún tiempo—Aquel hombre que llamó a Blaine dijo que fue un milagro que no murieras.

—Alfred siempre exagera todo.

—No creo que este haya sido el caso, Sebastian. Llevaste al límite a tu cuerpo con alcohol y eso no está bien. ¡Mírate! ¿Qué has hecho con tu vida?— En ese momento Kurt representaba la voz de su conciencia, la cual Sebastian siempre callaba con cervezas y miseria.

—Te ves bien— Tenía que escapar de esta conversación antes de que su mente empezara a pensar.

—Ni siquiera intentes cambiar la conversación ¿Cómo puedes ser tan irresponsable? No lo entiendo, es tu cuerpo, tu vida ¿Por qué la tiras a la basura de este modo?

—No todos tenemos muchas opciones, Hummel— Oh, el apellido—. No todos tenemos tu maravillosa vida.

—¿Mi maravillosa vida? ¿Crees que mi vida es maravillosa? Estás lejos de saber cómo es mi vida. Tengo muchas cosas que enfrentar cada día, desde que despierto hasta que me acuesto. Puede que no tenga miles de problemas, pero mi vida no es maravillosa tampoco. Y no vengas a mí con tu autocompasión, Sebastian. Si quisieras podrías ser cualquier persona y lo sabes. Tu problema es que eres un niñito patético que jamás aprendió a ser un hombre de verdad, que jamás se ha tomado la vida en serio, que se hunde en la miseria propia para huir de la vida real porque está asustado de seguir siendo patético. ¿Sabes qué? Ya eres patético así que no creo que tengas algo que temer de todas formas. Y no eres patético por lo que has hecho, eres patético porque no eras capaz de perdonarte a ti mismo, porque no aprendes de tus errores y tratas de enmendarlos, eres patético porque huyes de enfrentar la verdad y mejorar, porque haces cosas como estas para sentirte mejor contigo mismo. Alejas a la gente que se preocupa por ti como si no importaran, alejas a todos…siempre lo haces. Eres patético, eres un tonto. Poniendo en riesgo tu vida así…Eres un tonto, el más grande que haya conocido— Los ojos de Kurt brillaban con lágrimas que querían salir, y todas las posibles respuestas que Sebastian había pensado durante el discurso de Kurt habían muerto en sus labios.

El pecho de Kurt se levantaba con furia luego de haber dicho todo eso. Sebastian estaba seguro de que Kurt había tenido eso ahí durante mucho tiempo, que había querido decir esas cosas antes.

No podía decir nada, no sabía qué decir realmente. Kurt había dicho todas las verdades que trató de no descubrir. Era un cobarde y un egoísta, había huido de todo por miedo a salir más herido. Siempre se torturaba así mismo para sentirse peor, porque era mejor ese dolor a enfrentar la realidad. Así que ese día de septiembre solo pudo mirar a Kurt con la boca abierta y esperar a que algo pasara.

Kurt no dijo nada durante unos momentos, pero su pechó se tranquilizó eventualmente, al igual que su mirada de ira, ahora lo miraba con preocupación…o lástima. Daba igual. Después de que la cortina se levantara unas cuantas veces más, Kurt caminó hasta la cama de Sebastian y se sentó a su lado, mirando afuera de la ventana. El suave movimiento de la cama cuando el cuerpo de Kurt se posó allí era como un terremoto en su aura estable y tiesa. No se había movido ni un poco desde que Kurt había hablado, y sentir ese movimiento, ese cambio en el aire, lo despertó de su trance.

El chico miraba con clama el paisaje que el hospital podía ofrecer: un largo y espaciosos terreno verdoso lleno de sillas, con niños correteando y ancianos con batas blancas paseando tranquilamente en sus sillas o en sus caminadores. Kurt lucía como si una batalla se estuviera librando en su interior. Su rostro era extremadamente expresivo, lo supo durante su tiempo juntos, su precioso tiempo como pareja. Podías saber en qué pensaba casi al 100% con solo leer sus facciones. En ese momento, tenía el ceño ligeramente fruncido, los ojos fijos en el horizonte, como si no estuviera viendo nada en específico, los labios apretados y casi estaba haciendo pucheros. Su piel se veía reseca y había bolsas bajo sus ojos. Sus pómulos eran más notorios «Así que no ha estado comiendo bien» y su mandíbula estaba más pronunciada.

Contemplar así a Kurt, tan descaradamente, tan de cerca, tan detalladamente… Sebastian había dado por hecho que nunca lo haría otra vez, que nunca tendría una oportunidad así. Entonces, sus facciones cambiaron y un color rojo se extendió por su rostro de la manera más hermosa. A Sebastian siempre le pareció divertido el hecho de que Kurt se sonrojaba como las princesas de las películas animadas: solo en las mejillas y de un tono rosa casto y dulce. Kurt era consciente de que lo estaba mirando, de que estaba detallando su rostro, así que se giró y lo miró fijamente también.

Toda su expresión era pacífica, pero podía ver que sus ojos estaban escaneando todo su rostro. Duró varios instantes haciendo eso: a veces sus ojos se relajaban y sus labios se apretaban un poco, durante otras ocasiones la boca de Kurt se abría ligeramente e inhalaba aire como si todo el oxígeno dentro de él se hubiera ido por un instante. Era precioso. Era como si algo en el rostro de Sebastian le quitara el aire.

Finalmente, lo miró a los ojos. La intensidad con la que lo hizo le quitó el aliento y lo hizo estremecer todo. Él estaba diciéndole muchas cosas con esa mirada, pero Sebastian no quería oírlas así que se apartó y miró hacía la ventana. Volvía a ser un cobarde. Trató de distraerse y ver a dos niños correr vestidos con ropas iguales «tal vez gemelos» pero no pudo. Kurt no paraba de verlo y su mirada le estaba haciendo heridas, lo estaba apuñalando, le estaba enterrando cuchillos por todas partes. Dagas llenas de rencor.

Por un momento pensó en pararse e irse, pero sabía que no era lo correcto. Tenía que enfrentarlo, oír o ver en los ojos de Kurt las cosas a las que le huyó todo este tiempo. Para prepararse agachó la mirada, dándose ánimos para levantarla, y cuando estuvo listo, cuando tenía todo su arsenal de su lado, lo miró a los ojos.

Me lastimaste y lo peor, te lastimaste. ¿Cómo pudiste llegar a esto? ¿Cómo pudiste engañarme de esa manera? Yo confiaba en ti. Huiste de mí y me mentiste. ¿Por qué me hiciste todo esto? ¿Por qué nunca me lo dijiste? ¿Por qué me dejaste marchar? ¿Por qué nunca me llamaste? Esperaba que lo hicieras, que no te rindieras. ¿Por qué no te has disculpado? ¿Por qué le has hecho esto a tu vida? ¿Cómo pudiste hacer algo tan malo? ¿Cómo pudiste hundirte en esto? ¿Sabes cuán preocupado estaba cuando oí las noticias de Blaine? Eres un tonto. Eres el tonto más grande de la historia. Y te amo. No he podido dejarte ir, no he podido olvidarte. Yo solo necesitaba que dijeras mi nombre una vez más y hubiera ido hasta ti. Pero nunca lo hiciste. Es hora de que crezcas Sebastian, es hora de que te conviertas en un hombre de verdad y empieces a enfrentar tus errores, a aprender de ellos y a no cometerlos otra vez. Es momento de que entiendas que debes decir la verdad y no huir, de pedir disculpas cuando sea necesario, de dar la cara cuando causes daño. Deja de correr. No te odio, traté pero nunca pude. Deja de herirte a ti mismo y vuelve a mí. Ahora.

El verde azulado gritó todas estas cosas. Eso era lo que decían sus ojos. Eso era lo que Sebastian temía entender. Pero sabía que era hora de hacerlo. Un paso a la vez.

Un sollozo escapó de los labios de Sebastian y cubrió su rostro mientras las lágrimas inevitablemente salían de sus ojos, sin control alguno. Había guardado esto por tanto tiempo, había querido llorar así muchas veces, pero su actitud de autocompasión y su culpa no lo dejaban, se decía a si mismo que no debía ser él el que debía llorar.

Se sentía frágil y tan débil mientras su cuerpo se sacudía con cada sollozo, que pensó que en cualquier momento podría romperse en verdad. Y entonces unas manos cálidas lo envolvieron, mientras una voz suave trataba de tranquilizarlo. Kurt tomó sus manos y las apartó de rostro. Sebastian se detuvo momentáneamente, y con pequeños hipos lo miró.

—Lo siento tanto, tanto….Créeme que lo he sentido mucho. Lo he lamentado como no tienes idea— Fue lo que manejó decir entre acudidas debido al hipo.

—Lo sé— exclamó Kurt llorando igualmente. Él lo acercó inmediatamente a su cuerpo y lo abrazó fuertemente, como aferrándose a él.

Sucumbió ante la calidez del otro cuerpo, ante el aroma tan familiar que creyó nunca más volver a oler, y se permitió abrazarlo también. Se dejó a si mismo aceptar el amor que una vez dio por muerto. Lloró mucho tiempo entre los brazos de Kurt, hasta que no tenía más lágrimas y sus ojos ardían.

No sabía cuánto tiempo había pasado, pero al mirar por la ventana un tímido indicio de atardecer apareció y supo que había pasado al menos una hora. Kurt aún lo tenía apretado contra si con fuerza, y tampoco estaba llorando ya. Tal vez había dejado de hacerlo hacía un tiempo. De hecho, sus respiraciones eran calmadas y normales, como el pacifico ir y venir de las olas. Hacían que Sebastian se sintiera un poco más tranquilo.

—¿Ya te sientes mejor?— La voz de Kurt era ronca y muy, muy baja. Si no fuera porque él tenía su boca en el oído de Sebastian, tal vez no lo hubiera oído.

Hizo un sonido de afirmación y se separó de él. Se sentó erguido en su cama y miró el atardecer que llegaba. Su mente estaba un poco más clamada y se sentía más ligero que antes.

—Lamento haberme acostado con Blaine, lamento nunca habértelo dicho. Traté varias veces, pero a medida que el tiempo pasaba empecé a olvidarlo. Hasta ese día en mi cuarto. En serio quería estar contigo de esa forma ¡Diablos! Me volvías loco… Pero cuando vi el momento ahí…la culpa me cegó. No era verdad lo de que no me satisfacías y el hecho de que te había usado. Debí haberte hecho sentir terrible en ese momento y durante los días en que por la culpa no podía acercarme a ti, lo siento. Solo pensé que si te alejaba todo estaría mejor…para ti. Podrías odiarme y empezar una nueva vida lejos de Lima, y eventualmente serías feliz. Todas las cosas que dije…lo lamento. Fui a verte el día en que te fuiste de Lima a Nueva York, pero cuando llegué tu avión ya había despegado. Lamento no haber estado ahí. Luego de eso bebí y bebí todas mis penas, y terminé así. Lamento haberte preocupado…y a los demás. Lamento que sufrieras por todo lo que te hice y lamento las noches en que te dormiste luego de llorar tanto—Jamás en toda su vida había dichos tantos «Lo siento» y «Lo lamento» y eso estaba bien, significaba que era otro paso—-. Pero creo que lo que más lamento fue haberte dejado ir. Lamenté mucho eso. No espero que me perdones por todo, todo lo que hice, pero…— se giró para ver a Kurt a los ojos— quiero que sepas que todavía te amo y que eso me mató cada día durante todo este tiempo, sin embargo, no me arrepiento de aún sentirlo. Todo lo que dijiste era verdad, trataré de perdonarme hoy y prometo no volver a caer…no de nuevo. Y…yo solo…lo siento por todo, Kurt.

Kurt lo miraba con los ojos llenos de lágrimas y una bocanada de aire junto a una tímida sonrisa se escapó de sus labios.

—Oh, Sebastian— Su voz estaba afectada por el llanto. Extendió sus brazos y lo abrazó nuevamente—. Pedazo de idiota ¿Fue tan difícil?

Rio un poco también y lo abrazó fuertemente, planeando nunca más dejarlo ir. Pero sabía que las cosas no serían tan fáciles ahora. Aunque Kurt parecía feliz en ese instante, parecía aún quererlo, Sebastian tendría que demostrarle que en realidad no volvería a traicionarlo de esa manera. Por otro lado, estaba su tratamiento y el hecho de que Kurt vivía en Nueva York y él en Lima.

No obstante, se relajó un poco y dejó que la infinita calidez del cuerpo de Kurt lo envolviera. Podría preocuparse por eso luego. Jamás en todos sus años de vida creyó que llegaría a extrañar abrazar a alguien como a Kurt. Jamás en todos sus años de vida se imaginó que llegaría a querer a alguien hasta este punto, hasta que mezclado con tontas decisiones lo llevaran a estar hospitalizado y casi haber muerto.

Trató de no pensar mucho en el hecho de que Kurt no había dicho que lo perdonaba, ya que era lo justo, él tenía el derecho de sentirse lastimado y herido todo el tiempo que necesitara, incluso si nunca lograba perdonarlo estaba bien, Sebastian lo merecía.

—¡Dios! estás tan delgado— Comentó Kurt en su oído—. Realmente no puedo ni imaginar qué tuviste que haberle hecho a tu cuerpo para terminar así. ¿Te imaginas qué hubiera pasado si ese hombre de Scandals no se hubiera preocupado por ti, tonto?— El tono de Kurt era duro, pero no tenía odio en él, era más bien preocupación.

—En serio lo lamento— Dijo Sebastian por milésima vez en el día. Por alguna razón, las palabras eran más fáciles de pronunciar ahora, no que no las sintiera, pero ahora era más sencillo para él aceptar sus culpas.

Se separó de Kurt cuando la puerta se abrió y escucharon una garganta aclararse.

—Veo que las cosas están mejor— Comentó Blaine al entrar al cuarto completamente—. Y ya era hora, llevan más de una hora aquí. Creí que se habían escapado o algo.

—No voy a volver a huir— Dijo Sebastian, era algo que no esperaba decir, pero sabía que tanto Kurt como Blaine apreciarían oírlo. Además de él mismo, por su puesto.

—Eso está muy bien— Dijo Blaine sonriéndole con afecto—. Ahora, quería darte aquella charla sobre las decisiones y sus consecuencias, pero teniendo en cuenta que llevan aquí por más de una hora, supongo que deben tener hambre.

Justo en ese momento el estómago de Kurt sonó, no fue ruidoso, pero debido a que Sebastian tenía su mano en su cintura, pudo sentirlo recorrer el cuerpo de Kurt. Este se sonrojó un poco y agachó la mirada, sonriendo. Sebastian sonrió también porque era así de sencillo ser feliz cerca de Kurt.

—Es por eso que les traje comida— Continuó Blaine sin haber notado el intercambio de sonrisas— Esto es para ti, Kurt. Un sándwich de pavo en pan blanco, sin pepinillos. Y para Sebastian— dijo sacando la comida de su bolsa—, ya que estás en una dieta muy estricta, consideraba traerte tu cena, pero pensé que agradecerías un sándwich en cambio del brócoli y el insípido puré de patatas. Incluso uno vegetariano. Toma.

Sebastian lo aceptó y fue fácil decir gracias, fue fácil entrar en una conversación con Kurt y Blaine, fue fácil de nuevo tener algo de control en su vida y aceptar que ahora debía empezar de cero de la manera correcta.


¿Qué les pareció?

(Hay algunas cosas que sé que encontraran raras o difíciles de leer -como Blaine y su cambio de vibra en este capítulo, Kurt siendo un alma caritativa y hermosa, perdonando a todos a pesar de todo el daño que le causaron, etcétera- así que si quieren alguna explicación profunda de mis razones, con gusto la daré, la merecen. Dejen su pregunta y con gusto la responderé. Decidí no hacerlo acá porque no quiero llenar esta actualización de "mis razones", ya que es algo largo, así que prefiero que me pregunten c: )