N.A.: Poco que comentar sobre este capítulo. Al fin pude acabarlo, aunque la verdad veía difícil subirlo a tiempo, pero aquí está, con el sacrificio de haber trasnochado unas cuantas horas. Ese capítulo está narrado por Garry, un desesperado Garry que intenta proteger a su querida Mary de cualquier peligro.
Disfrutad del capítulo y gracias por leer.
~DasGoldenTruth~
Capítulo 25:Balas.
El reloj parece haberse parado. Ella aún no sale, sigue encerrada en esas cuatro paredes que Dios sabe lo que esconden. ¿En qué líos anda metida esta chica?
Siempre tan misteriosa y taciturna, escondiendo tantos secretos imposibles de descifrar. Sin embargo, sé perfectamente que me oculta algo, algo que podría cambiar el punto de vista que tengo hacia ella.
Pero, ¿qué importa? Ella misma me enseñó que el cariño y el afecto no va ligado a las ideología política o cualquier raza. Judíos se enamoran de civiles y soldados, y soldados y civiles de judíos, ¿eso supone algún problema para el Führer? Entonces quien de veras tiene un problema es él, consigo mismo, por no entender a sus gentes, oprimiéndolas para conseguir de ellos todo lo que se le antoje.
Aunque ese es otro tema.
Si ella, si Mary está dispuesta a permitirme estar a su lado, como su compañero, cuidándola y protegiéndola, no estaría de más cometer una locura que otra por ella.
Esa chica de orbes como el cielo siempre me cautivó, desde el momento en el que la conocí. No sé si fueron sus lágrimas lo que me llevaron a acercarme a ella, o si por otro lado fue su belleza. De lo que si estoy seguro, es de que jamás permitiré que sufra, y en caso de que algo la haga llorar, yo secaré esas lágrimas con besos y caricias.
Cuando creo que mi paciencia está a punto de agotarse, el pomo de la puerta gira, haciendo tanto ruido que es capaz de oírse desde mi posición, entremezclándose con el piar de los pájaros y el ruido de las gentes, que empiezan a ocultarse ante el inminente atardecer de primavera que se acercaba.
La chica de ojos como el cielo y cabello como el sol sale de la extraña y misteriosa vivienda, la cuál oculta algo que estoy dispuesto a descubrir, cueste lo que cueste. Aunque puede que esté mal, ¿pero acaso está mal el querer proteger a quién de verdad te importa? No lo creo.
Cuando Mary se marcha, mira al sitio en el que estoy escondido, haciéndome temer el ser descubierto. Pero ella continúa su camino de vuelta a casa, dejando a una mujer a solas en esa casa. La oportunidad perfecta para entrar.
Pero cuando creo que por fin podré saber algo más acerca de mi princesa aria, otra mujer, de gran parecido con Mary, pasa al interior del mismo lugar en el que Mary había tenido una entretenida conversación. ¿Acerca de qué? No lo sé, eso me gustaría averiguar.
Aunque, ¿por qué no entrar ahora? Son solo dos mujeres las que ocupan el lugar. No ocurrirá nada si excuso mi visita con un registro rutinario de las SS. Claro, que el problema vendría en caso de que esas mujeres sean parientes de algún otro soldado. Sabrán de sobra el orden de turnos. Sin embargo, el que no arriesga, no gana.
Pero de nuevo, el pomo gira, haciendo que las dudas me vuelvan a asaltar. ¿Por qué tanto movimiento de gente? ¿Qué hay ahí dentro que sea tan interesante como para que Mary venga aquí junto con otras mujeres?
Esta vez, del piso sale una mujer no muy alta, de ojos verdes y morena, con las mejillas adornadas con pecas. También poseía un buen porte, aunque no tanto como la mujer aria que hace unos momentos había entrado.
-Volveré enseguida Viveka, hay algo que debo solucionar antes de que hablemos de tus negocios. -Oigo decir a la mujer de ojos verdes, quien sonríe a su acompañante.
-Está bien. Procura no demorarte mucho, Sophie. Tengo cosas interesantes que nos pueden ayudar a mover fichas. -Responde la otra, cerrando la puerta cuando lo que parece ser su amiga se marcha.
Ahora o nunca. Una mujer aria no supondrá problema. Perteneciendo a la Schutztaffel no opondrá ningún tipo de resistencia para dejarme pasar.
Me acerco carraspeando y dejando ver mis cruces de hierro junto con las demás condecoraciones, para intentar convencer aún más a esa mujer de que no debería negarse a dejarme pasar o a proporcionarme cualquier tipo de información que yo desee.
Llamo a la puerta dando dos fuertes golpes, intentando hacerme notar. Eso de intimidar a la gente nunca fue mi fuerte, cualidad que mi padre si que poseía.
Siempre me dijeron que esa mirada fría y cortante que él usaba con sus soldados jamás apareció en mí. Que mi padre con una simple orden, era capaz de mover montañas. Él nunca me quiso enseñar a ser un buen soldado, alguien que se hiciese respetar con solo pisar el suelo con fuerza, haciendo temblar hasta a sus propios superiores. Mi padre una vez me explicó cuando comencé a entrenar como soldado, que no era el miedo lo que hacía que el mundo te respetase, sino que lo era el hecho de que esas personas sintiesen aprecio y admiración hacia tí, no pánico al no saber que les ocurrirá al desafiarte. Siempre me dijo que él fracasó en eso; el mundo le respetaba por ser el general de las SS, alguien que con un giro de muñeca te podía mandar a las cámaras de gas. Él quería que yo fuese un ejemplo a seguir, alguien en el que los soldados novatos se pudiesen fijar.
Es entonces cuando la puerta se abre de nuevo, y la mujer, mucho mas baja que yo a pesar de la longitud del tacón de su zapato, clava su mirada en mi uniforme y después en mis ojos, parpadeando varias veces.
-¿En qué puedo ayudarle? -Pregunta la mujer, titubeante, como reconociendo a alguien en mis ojos.
-Perdone las molestias, señora. Últimamente se han encontrado muchos judíos escondidos en las casas de este barrio. Ya sabe usted, esas familias que se creen que tienen el derecho de refugiar a alguien que son inferiores. -Sonrio, y miro dentro de la habitación principal. Todo normal y nada fuera de lugar. Tal vez lo que busco esté más adentro.- Espero que comprenda mi visita, solo será un simple control rutinario.
-¿Un control? -Pregunta la mujer, frunciendo el ceño.- No tengo nada que esconder, señor...
-Aigner. -Respondo, mirando sus ojos, los cuales se iluminan.
-Si, Aigner. Pero siendo una mujer aria, ¿usted cree que yo sería capaz de refugiar a alguna escoria como son esos judíos?
-Eso vengo a comprobar, señora.
Entonces, viendo que la mujer no me dejaría pasar por las buenas sin discutir, me abro camino, entrando en la inmensa habitación, decorada con buen gusto y sencillez, tal vez demasiado para una mujer de tal porte.
-Verá, señora, no dudo de su palabra, pero incluso hay veces que esa escoria, como usted los llama, se han infiltrado en las casas de los grandes cargos arios o soldados, creyendo que allí no habría ningún tipo de registro y no serían descubiertos. - La mujer me escucha con atención y entonces, la miro a los ojos, intentando imitar esa gélida mirada que tantas veces usaba mi padre con los soldados y civiles.- Además, no es muy extraño encontrarse con arios cuyas raíces provienen de familias judías.
-¿Qué está insinuando? -Pregunta la mujer de orbes azules como el hielo, mirándome de la misma manera en la que yo intento penetrar en sus pensamientos.- ¿Que yo soy una de ellos?
-¿Sería tan amable de mostrarme su certificado de nacimiento? El que verifica que proviene de arios, señora.
-Ah, por supuesto. -Dice la mujer, girándose para marcharse de esa habitación.
Es entonces cuando veo la oportunidad perfecta para registrar los cajones repletos de papeles del salón, para buscar indicios de que estas personas sean las culpables del mal de Mary.
Al abrir uno de los cajones, el cual parecía estar cerrado, encuentro algo interesante:
¨Cuando miro a los hombres a mi alrededor, y también a mí misma, siento un enorme respeto ante las personas pues a causa de ellas Dios ha descendido. Por otra parte es lo que menos entiendo. Sí, lo que menos entiendo de Dios es su amor. Señor, necesito rezar, rogar. ¡Sí! Tendríamos que tener siempre presente cuando nos interrelacionamos que Dios se hizo Hombre por nosotros.
Pero aun rezando y rogando por algo de paz para nuestra patria alemana, me siento en la obligación de gritarle al mundo las injusticias que se están viviendo en el mundo.
¿Por qué permite Dios esto si Él mismo es el único que quiere el bien para nosotros? Eso es algo que nunca jamás entenderé tampoco.
Por ello, y junto con mi hermano y amigos, fundaremos La Rosa Blanca, y pondremos nuestro granito de arena, para rescatar de este pozo sin fondo, la humanidad que se oculta en los corazones de las personas.
Sophie Scholl, 12 de febrero.¨
Imposible. ¡La Rosa Blanca! ¿Qué tiene que ver Mary con estas personas? ¿Acaso son ellos los que atentan contra su vida? Y si fuese así, ¿qué motivos tendrían para hacerlo?
Conforme escucho los tacones acercarse de nuevo al salón de la sede de La Rosa Blanca, un impulso hace que mi mano se pose sobre mi arma, agarrándola con fuerza y sacándola de su funda.
Entonces apunto, directo al corazón de la mujer, la cual me mira indiferente a los ojos.
-Vaya, vaya, el soldadito quiere jugar a las guerras. -Ella sonrie de lado, mirando el caño de mi pistola.- ¿Vas a dispararme? ¿A una mujer aria? Eso te convertiría en un criminal.
Entonces arroja los papeles con los certificados de nacimiento a mis pies.
Viveka Kirchner, nacida y residente en Múnich. Sin hijos y soltera.
-Estos documentos son falsos. -Digo con rabia, al ver que no poseían siquiera el sello de alguna división del gobierno.
-Yo no estaría tan segura como usted, señor Aigner.
Entonces la mujer se acerca a mí, a paso lento, sin importarle mucho que una pistola cargada la estuviese apuntando. Cuando está lo suficientemente cera de mi como para susurrar algo en mi oído, para, poniendo una mano sobre mi pistola, bajándola, y con ello, apuntando el cañón al suelo.
-Eres igual de ingenuo que tu padre. -Susuura y entonces, el ¨clic¨de una pistola suena cerca de mi oído, cuando noto el cañon de una nueva pistola, presionando mi cuello.- No deberías jugar con personas que son mayores que tú. Puede que seas el capitán de las SS, pero hay algo en lo que nunca serás más que yo: la experiencia. Y ahora, soldadito, vas a respoderme a una sencilla y corta pregunta. ¿Para qué has venido realmente?
-¿¡Qué le habéis hecho a Mary!? -Pregunto, alzando la voz, sorprendiendome al ver su cara de asombro y al notar como la pistola se desprende poco a poco de mi cuello.
-¿A Mary? ¿De qué la conoces tú? -Responde ella, con otra pregunta.
-¡Eso a tí no te incumbe!
-¿Que no me incumbe? ¿Estás seguro? -Vuelve a presionar mi cuello con la pistola.- Bien, ahora tengo otra pregunta aún más fácil. ¿Qué le ha ocurrido a Mary como para que me apuntes con una pistola?
-Como si no lo supieras. ¿Acaso crees que soy un estúpido? ¡Vosotros la heristeis y por vuestra culpa, ella está sufriendo! ¿No has visto su cuerpo magullado? ¡Tal vez deberías hacerlo!
-Mary... ¿Está herida? -Pregunta la mujer, palideciendo y soltando la pistola en el momento en el que menciono esas palabras.
Entonces sale del piso en el que se encontraba el pequeño cuartel improvisado, casi corriendo. Casi, porque parecía imposible ir más rápido con esa clase de calzado.
Tomo de nuevo la hoja en la que estaban impresos los datos de la mujer que hasta hace un momento parecía tener claro el si debía de apretar o no el gatillo.
Ciertamente, jamás pensé que encontraría en la misma ciudad y en tan poco tiempo a alguien tan misterioso y taciturno como la misma Mary, tan callada e indescifrable, que el mismo hecho de conocerla, suponía un reto, el cual estoy dispuesto a aceptar.
