N.A.: Y aquí está el capítulo de esta semana. Me alegra saber que la historia tiene bastantes visitas, aunque me gustaría saber vuestra opinión y críticas (constructivas, aunque no hay ni que decirlo) en las reviews.

Antes de que leáis el capítulo, me gustaría hacer saber que comienzan los exámenes trimestrales, y con ello, la época del año en la que menos puedo tocar el ordenador, por lo que, probablemente, (y solo probablemente), los capítulos de las dos semanas que vienen lleguen con algo de retraso; dos o tres días como máximo.

Como siempre, gracias por leer y disfrutad del capítulo.

~DasGoldenTruth~


Capítulo 26:La habitación de los recuerdos.

La casa estaba desierta cuando llegué. Nadie ni nada interrumpe el silencioso vacío de cada rincón o habitación de dicha vivienda, cuyo salón, adornado con un ramo de flores sin remitente y con un mensaje envenenado y oculto, es lo único capaz de inquietarme.

Mi dama de verde ha colocado ese manojo de hierbas en un jarrón, tal vez creyendo que esas flores de un delicado color rosa vienen de parte de algún soldado de las SS dispuesto a conquistar mi corazón.

Tal vez Irenka tenga razón y deba de andarme con cuidado. Al ingresar como miembro de La Rosa Blanca, sabía perfectamente que eso conllevaría una serie de riesgos, entre ellos que alguien quisiera tener mi cabeza en bandeja o como mínimo tenerme vigilada.

Pero, ¿por qué a mí? La mismísima Irenka es mucho más relevante que yo y tiene muchos más fundamentos para ser observada. Incluso el apellido que ha llevado consigo durante años es más que una causa por la que podría acabar fusilada o en la horca.

Sin embargo, son mis movimientos por los que se preocupan. ¿Qué tengo yo que pueda interesarle tanto a alguien?

«Créeme Mary. Hay algo que tú posees y que Irenka jamás podrá tener. El Führer ha caído rendido a tus pies, y no parece que vaya a levantarse enseguida, ya sabes a lo que me refiero...», susurra Yona en mi cabeza, riendo en la última parte de su comentario.

¿El Führer a mis pies? Yona debe de estar delirando. ¿Cómo voy a tener a un hombre de tal calibre comiendo de la palma de mi mano? Sí, es cierto, siente predilección por las mujeres arias, pero eso no es una excusa.

«¿Se te ha olvidado esa cita que tienes pendiente con él? Tal vez deberías retomarla. Puede que con un poco de suerte, incluso tengas la oportunidad de saber quién anda tras de tí. No creo que esa persona se encuentre muy lejos de los alrededores del líder de nuestra patria alemana.»

Creo que tengo ciertas sospechas sobre quién podría ser esa persona, pero me resulta extraño que quiera volver a atacarme después de lo ocurrido con Weissbeck.

«Puede que sí o puede que no. La mentalidad femenina puede ser muy retorcida, deberías saberlo.», responde Yona, «Además, no creo que esa víbora de ojos carmín esté satisfecha con lo poco que ha hecho.»

Pero aunque la venganza se sirva en un plato bien frío, eso no quiere decir que Isabella quiera matarme, ¿no crees? Ella ya se vengó y no volverá a perjudicarme.

«¿Acaso no lo entiendes? ¡Ella no quería vengarse de tí! Simplemente pretendía darte un aviso. "No te acerques más a Garry y olvídale". El mensaje es claro y conciso, ella quiere a cualquier hombre, incluso a su propio tío, para ella sola, solo que parece que esta vez lo tiene bastante difícil, ya que Garry no se entregará a ella como han hecho la mayoría de los soldados que se han cruzado con su mirada.»

Pero tú misma lo viste, esa mujer casi besa a Garry, y delante de mis narices, ¿cómo no va a ser capaz de cualquier cosa con tal de conseguirle? Para Isabella conseguir a los hombres es como un juego que odia perder, y si en algún momento su táctica se tambalea, pide la revancha.

Además, yo no pienso retirarme del tablero. He apostado demasiado por ese soldado de ojos grises y aún no me ha decepcionado. El abandonar a Garry no está entre mis planes. Él es el único capaz de entenderme y de hacerme sonreír, a sabiendas de que es lo que más me cuesta hacer.

Sus besos y sus caricias son tan suaves, tan dulces y tan inocentes que me gustaría pasar horas y horas con él, hasta que incluso las huellas de sus dedos se queden grabadas en mi piel.

Pero claro, conociendo las circunstancias, eso es algo que jamás podría ocurrir. Él es un soldado, y yo soy una traidora que le ha dado la espalda a su patria para ayudar a los Aliados en su objetivo de acabar con esta guerra sin sentido. La Rosa Blanca, sus miembros en sí, todos somos unos traidores, y eso jamás cambiará. En caso de que Alemania gane la guerra, tanto nosotros como otros opositores al régimen nacionalsocialista estaremos perdidos.

«Aún así deberías de considerar su propuesta, solo por si acaso, Mary. Podría ser un gran apoyo tanto fuera como dentro de La Rosa Blanca. Tú misma lo dices, él siempre te hace sonreír, y es lo que más necesitas. Que consigas o no acercarte al Führer es secundario, Mary. ¿No has pensado nunca en preocuparte por tu propia felicidad? Ya sabes, enamorarte, casarte y formar una familia, y creo que ambas sabemos quién es el candidato perfecto para tal cosa. Solo tienes que olvidarte de ese hombre que ya te ha hecho sufrir tanto. Cierto es que Hitler está rendido a tus pies, pero jamás tendrás la capacidad de acabar con él, Mary, deberías asumirlo.», susurra Yona, con toda la razón del mundo.

Pero aún así, aunque pudiera formar una familia con mi capitán de las SS, jamás sería feliz. Millones de personas seguirían muriendo por las manos de los peones del Führer, y yo, solo podría mirar. Incluso las manos de Garry están manchadas con la sangre de inocentes, no debo de olvidar que sigue siendo un soldado. Compréndeme, esa opción queda totalmente descartada, yo solo quiero que ese verdugo le devuelva a los alemanes la Alemania que siempre tuvimos.

«Entonces, déjame ofrecerte la única opción restante. Vuelve a ver al Führer. Retoma aquella cita que le prometiste, y vence.»

Solo hay un pequeño problema, ¿cómo voy a contactar con él si ni siquiera se llegar a su residencia privada?

«Sube a la buhardilla, allí hay muchas cosas que podrían servirte de ayuda. No te diré más. No es divertido si tengo que darte pistas.», rie Yona, dejándome a dos velas.

Subir a la buhardilla, ¿para qué? Seguramente lo único interesante que puede haber en ese sitio son centímetros de polvo acumulados, esperando que alguien lo aparte, para descubrir esos secretos que ocultan.

Suspirando, subo hasta el lugar que me han indicado, vela en mano, pues probablemente no habría ni luz en ese sito. Subo las escaleras que dan acceso a ese lugar que tanto miedo me daba pisar de pequeña, sobre todo los meses posteriores al asesinato de mis padres, pues creía que si volvía a esconderme en la buhardilla, el Führer volvería y acabaría con la miedosa niña aria de ojos tristes y apagados como una noche sin luna y sin estrellas.

La puerta hace un fuerte y molesto crujido al abrirse y para mi sorpresa, la buhardilla lucía como una habitación cualquiera. Bien ordenada, bien limpia y con una buena iluminación. Entonces, al no necesitar la vela, la apago, abriendo las cortinas de la inmensa ventana que había frente a la puerta del inusual desván.

Las cajas están apiladas en las paredes laterales el lugar, sin dejar ver ni un ápice de lo que puedes guardar en su interior. Mi tía tal vez quiera asegurarse de que nadie ni nada sepa o irrumpa en sus pertenencias, y menos en sus recuerdos.

Los lienzos y los escritos de mi madre también se encuentran aquí, cubiertos con una enorme manta, para que ni siquiera el tiempo se atreva a dañarlos. Todos están ahí, desde sus primeros cuadros, hasta los últimos que realizó, todos con el sello personal de Guertena, sus iniciales en la esquina inferior del cuadro.

Una pequeña caja, colocada en el asiento del piano que antaño se hallaba en mi casa, capta mi atención, pues a diferencia de las demás, no estaba colocada en un lateral de la habitación.

Me pongo de rodillas en el suelo, la postura más cómoda que se me ocurre con esta incómoda falda, para ojear con atención el interior de esa pequeña caja.

¿Postales? ¿Pintadas a mano? ¿Para qué querría mi dama de amarillo postales sobre lugares que ni si quiera nuestros conocidos han pisado? Y, ¿pintadas a mano? ¿Acaso las pintó mi padre? Imposible, en ningún lugar del pequeño dibujo se encuentra su característica firma, incluso la postal es diferente al estilo con el que mi padre creaba arte.

En una postal, preciosa además, con una fracción del mar nocturno pintada en ella, con una dedicatoria detrás, escrita en una refinada y a la vez estirada caligrafía, algo difícil de entender:

"Para mi más estimado amigo Guertena, mi maestro y fiel compañero en el camino del arte de la pintura. Espero que todas las horas que pasé en tu estudio, aprendiendo de tí y de tus obras den sus frutos, y por fin pueda ingresar en la Academia de Artes de Berlín. Un saludo para tí y tu familia, y enhorabuena por el nacimiento de la pequeña y bellísima Mary.

-Adolf Hitler."

Imposible...