N.A.: Lamento muchísimo la tardanza de este capítulo, pero tanto el tiempo como la inspiración han decidido molestarme a la vez. Bueno, de todas formas espero que el capítulo sea de vuestro agrado.

Aviso:Este capítulo contiene lemmon. Si no os gusta, no lo leáis. (Mentira, yo sé que os gusta a todos.)

Como siempre, gracias por leer.

~DasGoldenTruth~

Capítulo 30:Momentos de concordia.

Siempre vi la paz como algo inalcanzable. La veía como un sentimiento que nunca sería para mí.

Desde pequeña, siempre viví con la incertidumbre de no saber que ocurrirá al día siguiente. De pensar si despertaré o no en mi cama, durmiendo al lado de mi tía, o por el contrario, amaneceré en un camión plagado de gente, camino de alguna de esas ratoneras llamadas campos de concentración.

Sin embargo, hoy ha sido diferente.

Creo que ha sido una de las pocas noches en las que he podido descansar con el sosiego de sentirme protegida. Aunque él estuviese tras las paredes de esta habitación, he sentido que nada malo me ocurriría al cerrar los ojos y soñar.

Hoy no he soñado nada, o al menos eso recuerdo. No he soñado nada porque, ya de por sí, me siento como en un sueño del que no quiero despertar.

Compartir tanto tiempo con mi soldado de ojos grises es como perderse en quimeras. Y, sinceramente, no quiero encontrar la salida. No de momento.

El silencio reina en el pequeño piso, mientras que los rayos de sol comienzan a hacerse notar. Se cuelan entre las sábanas de la cama, y me invitan a salir de ella, dándome los buenos días.

Antes de bajar de la cama, descubro algo en la mesita de noche que me hace lucir mi mejor sonrisa. Una carta, acompañada de una hermosa rosa amarilla.

"Para mi preciosa princesa aria", se lee en el reverso del papel.

"Espero que hayas pasado una buena noche.

Hoy tenía que ir pronto al trabajo y no quería despertarte, así que te he dejado algo para desayunar en la cocina.

Estaré de vuelta lo más pronto posible.

Espero que el apartamento sea de tu agrado.

Te quiero. Garry."

Y de nuevo, y como tantas veces, mi cuerpo vuelve a temblar. Mi corazón,decide galopar sin frenos, y me grita lo maravilloso que es mi soldado de ojos grises. Y yo no podría estar más de acuerdo.

«¿No crees que te miman demasiado, Mary?», susurra Yona, sonriéndome de lado.

Puede que si, pero ya era hora de que me mimasen un poco. He caído tantas veces que había olvidado cómo era el sentirse arropada por alguien dispuesto a soportar el golpe por ti.

Siguiendo las instrucciones de la nota de Garry, busco la cocina, cosa que no me ocupa mucho tiempo debido al reducido tamaño de la vivienda.

Sonriendo, tomo algo del plato que había dejado preparado en la encimera. No tenía mucho apetito; los nervios y el entusiasmo por saber que dentro de unas horas volvería a ver a Garry son tan grandes que el estómago no me permite comer nada.

"Estás muy delgada", suele decirme Viveka. Y aunque esté en lo cierto, no puedo evitarlo. Eso de comer por comer no es una de mis grandes aficiones.

Habiendo terminado de picar y de limpiar los restos, decido explorar un poco el apartamento donde Garry hace su vida diaria cuando no se encuentra en el campo de concentración..., bueno, "haciendo su trabajo".

Salón, cocina y un pequeño almacén donde guardar los trastos. Eso sí, todo perfectamente organizado por el capitán de las SS.

En la habitación de Garry lo que más llama mi atención no es lo bien iluminada que está por esos amplios ventanales, sino una pequeña caja. Sí, una pequeña caja sobre el armario, cubierta con una sábana que disimula su forma. ¿Qué guardará Garry con tanto aprecio?

Yona me susurra que no lo haga, pero es la curiosidad me mata y no puedo luchar contra ella.

Subiéndome en la cama, con sumo cuidado para no perder el equilibrio, alcanzo la caja.

Hecho esto, me siento en la cama para descubrir su interior. Tal vez lo que estoy haciendo no es correcto, pero no creo que mi soldado de ojos grises me lo tome a mal.

"Solo una pequeña ojeada", me digo a mí misma, destapando la caja.

Su contenido no me asombra, sabía que Garry guardaba ahí sus posesiones más preciadas. Fotografías guardadas en un sobre con el sello del Reich, una cruz de hierro del año 1939 y collar de perlas con pendientes y pulsera a juego.

Abro el sobre que contiene las fotografías, la mayoría en blanco y negro, otras en sepia, pero todas tenían algo en común.

Una de ellas, el blanco y negro, muestra a un pequeño Garry e los brazos de su madre y su padre. Ella no sonríe, pero él sí. La mujer, según la fotografía, tiene los ojos claros, como su hijo. ¿Dónde puede estar esa mujer ahora mismo?

Y su padre.. Ritter Aigner; su rostro lo dice todo. Está repleto de felicidad. En la imagen, el pequeño recién nacido toma el índice de su padre con fuerza, mientras que el hombre sonríe abiertamente.

En otra fotografía, Garry, ahora más mayor, con unos seis o siete años, luce orgullosamente la gorra de plato de las SS de su padre, junto con su cruz de hierro. Se le ve feliz, muy feliz, tanto como yo lo era con esa edad.

Por último, una fotografía en sepia despierta mi interés, provocando un leve rubor en mis mejillas.

Un recién nombrado capitán de las SS posa al lado de su padre, también con el uniforme característico de la Schutztaffel.

El hombre mayor sonríe, mirando orgulloso al joven, quien sonríe también, luciendo su propia cruz de hierro en su pecho.

El sonido del pestillo al abrirse ponen en alerta a mis sentidos para guardar lo que mi curiosidad me había llevado a husmear.

Con la misma rapidez dejo la caja sobre el armario, olvidando guardar la última foto que había observado.

-Después la pondré en su sitio... -Susurro, ocultándola en el bolso que llevaba en la noche de la ópera.

Entonces Garry, entra en la habitación con la chaqueta en la mano, y yo, disimulado, hago como que cepillo frente a la ventana mi cabello con mis dedos.

Él entonces me abraza por detrás, dejando un beso en la parte descubierta de mi cuello.

-Hola, mi hermosa princesa aria. -Susurra en mi oído, haciéndome temblar de nuevo, tal y como hizo la noche anterior.- ¿Has dormido bien?

-Garry... -Titubeo, sonriendo completamente roja.- No te esperaba tan pronto.

-¿Qué ocurre? ¿Acaso quieres que me vuelva a ir? -Susurra, parece divertirse conmigo.

-¡Por supuesto que no! -Digo alzando la voz, dándome la vuelta para abrazarle.

-Lo que yo suponía...

Me abraza fuertemente, permitiéndome sentir el latir de su corazón.

Me mira a los ojos, con esa sonrisa capaz de robar el aliento. Garry y su característica sonrisa de lado. Ahora que lo pienso, tanto él como su padre poseen la misma sonrisa. O al menos uno de ellos la poseyó alguna vez...

Entonces, con delicadeza toma mi mentón para atraerme a sus labios. Sin embargo, se queda a escasos milímetros de estos, para susurrarme con los ojos cerrados:

-Hubo algo que quise hacer en la noche de la ópera... Pero unos inoportunos disparos me impidieron continuar.

-¿Y que querías hacer? -Pregunto también en un susurro, rodeando su cuello con mis brazos.

-Quería hacerte mía, Mary.

Y dicho esto, no le dejo pronunciar ninguna palabra más. Los dos sabemos perfectamente que es lo que queremos y cómo queremos que suceda.

Con un feroz beso, me guía hasta la cama que hace un momento me había molestado en hacer, aunque claro, dentro de poco quedará de nuevo con las sábanas enredadas en mi cuerpo. En mi cuerpo y en el de Garry.

Suavemente va desabrochando uno a uno los botones de la camisa que había oficiado como mi ropa de dormir, ahora impregnada con mi olor.

Garry parece disfrutar con lo que ve cada vez que desabrocha un botón. Centímetros de mi piel quedan al descubierto, y Garry se molesta en besar cada recoveco de esta, estremeciéndome, y haciéndome experimentar un gran número de nuevas sensaciones.

Cuando por fin todos esos botones quedan desabrochados, prácticamente arranca de mi cuerpo la camisa, deseoso de tener más de mí.

Pero entonces yo decido entrar en acción, y con un giro y una enorme y pícara sonrisa, me pongo sobre él, sentándome sobre su fuerte y marcado abdomen.

-Ahora me toca a mí. -Susurro en su oído, mordiéndome el labio.

Mis manos, como si tuviesen vida propia, comienzan a desvestir a ese hombre que aparecía hasta en mis sueños.

Primero la chaqueta de ese odioso uniforme que ahora estorbaba más que nunca. Después, la camisa blanca que no hacía más que provocarme al marcar los músculos de sus brazos y de su pecho. ¿Cómo podía ser un hombre tan perfecto? Y por último, esos pantalones negros que se esfuerzan por ocultar algo que ya es evidente ante mis ojos.

Garry quiere poseerme, y yo estoy más que dispuesta a entregarme a él. A mi soldado de ojos grises, al único hombre que de verdad me ha tratado como a una verdadera reina.

Como lo único que cubría mi cuerpo era esa camisa que Garry me ofreció, él decide comenzar a hacerme suya con lentitud. Desabrocha mi sujetador, haciéndome sonrojar. No era el primer hombre que me veía desnuda, desgraciadamente, pero yo sentía como si de veras lo fuese. Como si de verdad Garry fuera el primero en ver la parte más inocente de mi ser. El primero y el único capaz de convertirme en una mujer por completo, haciéndome el amor con una ternura insuperable.

Aunque esa ternura, con cada beso y cada mordisco a mis pechos y a mi piel va desapareciendo, transformándose en un enorme deseo de fundirnos en uno solo.

De nuevo, las tornas cambian, y ahora soy yo la que queda bajo el capitán de las SS, quien me mira con los ojos brillantes por la pasión.

Por último, y no menos importante, se deshace de la última prenda que le impedía tener una vista panorámica de mi cuerpo al desnudo.

-Eres tan hermosa, Mary... -Susurra, rozando con solo dos dedos mi abdomen.- Eres perfecta...

Sonriendo con un rubor bastante notable en mis mejillas, respondo a su cumplido con un beso, dulce esta vez, a sus labios.

Con impaciencia, bajo mis manos hasta sus caderas, para usurparle el único y molesto trozo de tela que imposibilita que nuestras pieles se unan por completo.

Mi soldado de ojos grises baja sus besos por mi abdomen, continuando por mi bajo vientre, hasta llegar al borde de mi intimidad. Se detiene, la observa sonrojado, y con suma dulzura deposita un beso en ella, para después saborearla con su lengua y sus besos.

Dios, iba a volverme loca.

Estremeciéndome y susurrando su nombre entre tenues gemidos, agarro con fuerza las sábanas de la cama, notando como la humedad en esa zona iba en aumento.

-Garry, por favor... -Imploro entrecortadamente, arqueando la espalda.- Hazme tuya.

Garry, atendiendo a mis suplicas, se coloca entre mis piernas y antes de hacer nada, deposita un beso en mis labios.

-¿Estás lista? -Pregunta, susurrando.

Asiento y me aferro a su espalda, abrazando sus caderas con mis piernas. Con muchísimo cuidado e incluso timidez, entra en mi interior, arrancándome un pequeño grito de dolor.

La última vez que alguien rozó esa zona lo hizo para hacerme sufrir, y, aunque quiera remediarlo, eso se quedará grabado en mí para siempre.

Mi soldado de ojos grises comienza a moverse en mi interior, suavemente, acariciando mi pelo para tranquilizarme y evitar que sienta dolor.

Los pequeños e introvertidos gemidos de ambos empiezan a impregnar las cuatro paredes de la habitación, junto con nuestras respiraciones agitadas y nuestros corazones desbocados.

Yo, por mi parte, acompaño los cada vez más intensos vaivenes de Garry con mis caderas, sintiéndolo cada vez más y más dentro de mí.

Tales sensaciones se escapan por mis labios en formas de gemidos, rogándole en susurros que no se detenga, que me haga suya por completo, para que el mundo entero sepa que soy propiedad de Garry Aigner.

Los gemidos roncos de Garry me provocan, animándome a aumentar la velocidad de mis caderas, quería sentirle muy cerca. Su piel contra mi piel, en un roce tan íntimo que solo podríamos compartirlo nosotros, el uno con el otro.

Mis piernas comienzan a ceder, al igual que las de Garry. No sé que es lo que ocurre, pero es una sensación muy agradable, que provoca que las mariposas de mi estómago quieran emprender el vuelo y ser libres.

Yo acabo antes que Garry, gimiendo su nombre casi a gritos. Ese placer tan incontrolable me ha llevado a sujetarme tan fuertemente a él que mis uñas han quedado grabadas en sus omóplatos.

Él lo hace segundos más tarde, en mi interior, llenándome por completo con su esencia, sintiéndome por fin suya.

Nuestras respiraciones descompasadas se enredan al igual que lo hacen nuestras piernas y brazos al abrazarnos entre las sábanas de la ahora arruinada cama.

Garry me dedica una sonrisa acompañada con un rubor que me hace sonrojar. Acaricia mi rostro, delinea mis rasgos, susurrando lo preciosa que es su princesa aria.

Tantas sensaciones en tan poco tiempo hacen que por solo un instante me apetezca cerrar los ojos y emprender un viaje hacia el mundo de los sueños. Eso sí, en los brazos de Garry; de mi Garry.

Él sonría, y sin pronunciar palabra se queda abrazado a mi, acariciándome hasta también caer rendido.

Era un sueño hecho realidad.

Mientras, un sollozo proveniente de una mirada carmín se hace notar en la puerta del apartamento, al escuchar a quien ella creía de su posesión haciendo el amor con otra mujer.