N.A.: Aquí está el maldito capítulo 31, que no pude subir a tiempo por problemas de inspiración. Pero bueno, más vale tarde que nunca.

También me dí cuenta de que no puse ninguna descripción física al señor Artyom, así que os permito fantasear sobre su aspecto (?)

Dicho esto, gracias por leer y disfrutad del capítulo.

~DasGoldenTruth~


Capítulo 31:In fraganti.

La noche había transcurrido con normalidad. Silencio, buena temperatura, a pesar de esa típica brisa de verano, un sitio cómodo para dormir... Todo correcto.

Todo menos ese incesante ronquido de cierto comunista que provocaba que Viveka quisiera arrojarle un jarrón a la cabeza. O tal vez esa silla que oficiaba como seguro tras la puerta del apartamento del ruso. Cualquier cosa sería buena opción con tal de conseguir que ese maldito Artyom no hiciese peligrar la paz reinante en la madrugada.

-Russische verdammt... -Susurra la rubia en su lengua materna, escondida entre las sombras, intentando conciliar, de manera imposible, el sueño que había perdido hace al menos tres horas.

A parte de eso había algo que molestaba aún más a Viveka. Ese hombre, Artyom, estaba durmiendo al lado de su mejor amiga, Irenka, con una mano su cintura como si nada, y todo eso tras haber besado a la rubia. ¿A qué estaba jugando?

"Comunistas...", se dice a sí misma Viveka, mirando el reloj que había colgado en la pared.

Las diez y media, y sin noticias de Mary.

A pesar de obligarse a sí misma a comprender que su niña de ojos azules ya no era pequeña y podía cuidarse por sí misma, le preocupaba el no saber sobre su paradero.

Y en caso de que quisiera ir a buscarla, ¿por dónde debería empezar?

Todo fue tan rápido en la noche de la ópera... Y Alemania es demasiado grande.

La pequeña Irenka comienza a despertarse de su largo y profundo sueño, sonrojándose por completo al observar al ruso de cabello rubio rojizo abrazándola.

Viveka la observa desde el sofá, incorporándose. Ya va siendo hora de ponerse en marcha.

La pequeña Irenka se aparta del lado del comunista, seguro que se sentía incómoda. Mira a la rubia a los ojos, preguntándole con la mirada qué es lo que harían ahora.

Viveka tenía clara la respuesta: encontrar a su sobrina, a cualquier precio.

-Irenka, querida, apártate. -Le sugiere la rubia a la pecosa de ojos verdes, para que se aleje del ruso, que descansaba profundamente, sin cesar ese ronquido tan molesto.

Entonces, Viveka, reprimiendo las ganas de lanzarle mesas y sillas a Artyom por interrumpir su descanso, vierte un jarrón de agua sobre este, quien se despierta con un salto.

-Buenos días, bello durmiente. -Dice Viveka, sonriendo de lado.- Espero que hayas dormido bien.

-Te va a matar, Viveka. -Susurra Irenka, reprimiendo la risa.

El joven, por su parte no dice nada. Solo mira a la aria, quien apenas puede evitar reírse al ver el mojado aspecto del comunista. Por lo menos había conseguido olvidar por un momento que su sobrina estaba en paradero desconocido.

-Artyom. -Susurra esta vez más seria la mujer de ojos como el hielo, mirando los del comunista.- Necesito tu ayuda más que nunca.

-Se trata de tu sobrina, ¿no es así? -Responde el hombre, sin que la mujer le especifique nada.

-¿Cómo lo has sabido?

-Vamos, Viveka. Tal vez no te conozca de mucho tiempo, pero esa mirada lo dice todo. -Contesta, dirigiendo entonces la mirada a una Irenka que escuchaba la conversación sin mencionar palabra.- Además, un pajarito me dijo que andabas preocupada por tu querida sobrina.

Viveka mira entonces a la mujer de ojos verdes, que mira al suelo algo avergonzada.

-No te preocupes, Viveka, la encontraremos.

El ruso se incorpora del suelo, quitando esa camiseta que ahora estaba empapada.

Las dos mujeres, como respuesta ante tal acción se ruborizan, sin apartar la mirada de los marcados músculos del comunista.

Pero a Viveka le ha llamado la atención algo más que los músculos del ruso: una cicatriz, de aspecto profundo, recorriendo su abdomen de una punta a otra.

-¿Cómo te la hiciste? -Pregunta la rubia, sin apartar la vista de tal herida.

-¿Sabes que la curiosidad mató al gato, no? -Responde el hombre con otra pregunta, sonriéndole de lado, algo receloso.

-Si no quieres responderme, no lo hagas, Artyom. -Suspira, mirando el reloj. Las horas continuaban pasando, y aún no sabía nada sobre Mary.- Solo ayúdame a encontrarla.

En otra parte del país gobernado por la muerte y la corrupción, los gemidos y jadeos de una joven aria de apenas 19 años inundan la habitación del solicitado capitán de las SS, que volvía a hacerle el amor, tal y como hizo la noche anterior, a la mujer que le había cautivado completamente.

-Garry... -Susurra la chica en los brazos de su soldado de ojos grises, arqueándose por el placer que le producían los vaivenes y las caricias del mismo.

Mary estaba a punto de venirse de nuevo, junto con el joven soldado, que con cada gemido de la rubia aumentaba la velocidad de sus caderas.

El joven, entre esos besos apasionados, presiona suavemente los rosados pezones de su amada, que ante tal roce, volvía a gemir. Aunque no fuese la primera vez que Garry la hacía suya, se sentía demasiado virginal, sintiendo que con cualquier toque de sus dedos en cualquier parte de su cuerpo, sus piernas cederían.

La velocidad de las respiraciones de ambos enamorados aumenta, hasta tal punto de que el joven soldado vuelve a culminar en el interior de Mary, haciendo que ella llegue al culmen del placer también.

Entonces, vuelven a caer, uno al lado del otro, rendidos, pero con ganas de más.

-Te has vuelto muy juguetona, ¿no crees? -Susurra Garry, entrelazando sus dedos en el dorado cabello de Mary, quien deposita suaves besos en su cuello.

-Garry, calla... -Susurra la rubia ruborizándose.- Anda, hazme tuya de nuevo...

-¿Otra vez? -Sonrie picaramente el soldado, rodeando la cintura de su preciosa princesa aria.

-Si, por favor... -Susurra la joven, acariciando su fuerte cuello.

-Lo haré, pero cuando vuelva del trabajo. -Responde el soldado, levantándose de la cama para vestirse con su impoluto uniforme de la Schutztaffel.- Pedí la mañana libre para poder estar contigo, pero ahora he de irme.

-¿Volverás muy tarde?

-Lo antes posible. -Sonrie el hombre, depositando un beso en la frente de su amada.- Mary, te quiero.

-Y yo a ti, mi Garry. -Responde la chica, viendo a su soldado marchar a lo que el llamaba "trabajo" y ella entendía como matadero.

De vuelta a la posición actual de La Rosa Blanca, una angustiada Viveka recorre los calcinados pasillos de la casa que pertenecía a su hermana y a su cuñado, los padres de su Mary.

Tenía la esperanza de encontrarla ahí, como siempre cuando quería estar sola, con un ramo de rosas amarillas, rezando por sus padres.

Pero esta vez era diferente. La joven de ojos claros no se encontraba ahí. Solo se hallaban los restos de unas rosas gualdas, vestigios de su última visita.

-Si no está aquí, ¿dónde puede encontrarse? -Comenta Irenka con el ruso, que tenía entre sus labios su quinto cigarrillo del mediodía.

-No tengo la menor idea, Sophie. -Susurra, dando una calada, intentando que la nerviosa Viveka no le oiga.- La verdad es que comprendo perfectamente a Viveka. El no saber dónde está Mary debe estar matándola por dentro. Es peligroso que una chica como ella ande sola por ahí. Una mujer aria es como un caramelo para los soldados de las SS.

-¿Y qué sugieres que hagamos? -Pregunta la mujer, mirándole a los ojos, sintiendo náuseas con solo pensar en lo que podría pasarle a la miembro más joven de La Rosa Blanca.

-Podríamos recurrir a un viejo amigo, solo que sería algo arriesgado. -Susurra el ruso, lanzando el cigarro lejos de su posición.- Él y sus malditos juegos sucios nunca me han gustado.

-¿Él podría ayudarnos a encontrarla?

-Por supuesto que lo haría, aunque nunca hace nada por amor al arte.

-Llévame con él. -Susurra la aria alemana desde la retaguardia del ruso, mirándole seriamente.

-Viveka, no creo que sea buena idea. Podemos seguir buscándola por la zona, no creo que haya ido muy lejos.

La joven aprieta los dientes, acercándose al ruso para tomarle por el cuello de la camisa.

-Escúchame bien, maldito comunista. -Grita, completamente furiosa.- Mi sobrina lleva casi un día desaparecida. ¿De veras crees que me importa cuán sucio juegue tu amigo? ¡Llévame con él!

-Como tú quieras, Viveka. Pero esperaremos al anochecer. Ahora no lo encontraremos en ningún lado.

Pasadas alrededor de cinco o seis horas, la noche comienza a caer sobre la ciudad de Múnich, haciendo que los "gatos pardos" comenzasen a salir de sus escondites para hacer de las suyas.

Artyom guía a las dos mujeres por callejones oscuros de nombre impronunciable, con locales y prostíbulos repletos de gente. Judíos y comunistas. Marginados sociales en general; gente que hacia que Viveka se replantease si había sido correcta la decisión de recurrir a ese viejo amigo del ruso.

-Su nombre es Arik Czernikowski. Un judío con muy mala fama.

-¿Judío? -Pregunta Irenka, confundida.

-Que no te engañe su apellido, querida. Es más alemán que cualquiera de este apestoso barrio.

-¿Y a costa de qué se ha ganado tal fama? -Cuestiona Viveka, acercándose al ruso al sentirse intimidada por las miradas llenas de lascivia de los ocupantes masculinos de los bares.

-Tráfico de armas, mujeres, niños..., vende y compra cualquier cosa que pueda serle de utilidad. ¿Has oído hablar sobre la Mafia Italiana?

-Algo he escuchado.

-Pues él pertenece a una especie de "mafia judía". -Ironiza el ruso, abriendo la puerta de un bar que apestaba a alcohol y a humo de cigarros.

Las voces de todos los lientes se entremezclan de tal manera que apenas se puede oír con nitidez alguna palabra, y las que se consigue escuchar, dan mucho que desear debido a su carácter obsceno.

-Ahí está. Arik Czernikowski, el judío más peligroso de todo Múnich.

Artyom, tras decir esto, señala a un hombre que, acompañado con una copa de ron, juega al póker con varios hombres de gran tamaño, capaces de intimidar a cualquiera.

El judío carecía de un aspecto normal, como imaginaba la mismísima Vivkeka. Al saber que el hombre era judío, esperaba a alguien de aspecto empobrecido, descuidado y con falta de higiene. Típico estereotipo que les inculcaban a todas las nuevas generaciones de alemanes.

Pero no era así. Arik Czernikowski era un hombre no muy alto, pero si atractivo y seductor. Su pelo era castaño y alborotado, peinado con una desdibujada línea al medio. Sus ojos, oscuros como el azabache, miraban a sus a sus adversarios con provocación, dándole un aire aún más misterioso. Además poseía una elegante y cuidada barba de pocos dias, que hacía juego con ese impecable esmoquin negro.

-Muy bien, señores. Es hora de mostrar sus armas. -Dictamina el judío, con aires de grandeza, viendo como uno a uno sus oponentes dejan sus cartas descubiertas sobre la mesa.

Todo iba bien. De momento ningún jugador había descubierto una jugada capaz de hacer peligrar la buena racha que parecía llevar Arik Czernikowski.

-Escalera real de color. -Dice el hombre de ojos negros al descubrir sus propias cartas.

-¡Imposible! -Protesta uno de los jugadores.- ¿¡Cómo es posible que cada dos partidas saques tal mano!? ¡Estás haciendo trampas, maldito bastardo judío!

El aludido, dándose por ofendido, se levanta de la silla, al igual que el oponente protestón, el cual no se atreve a pronunciar ninguna palabra más al ver como Arik le mira a los ojos sin temor alguno.

-Escúchame tú a mí, imbécil. -Susurra el judío, posando un arma en el pecho del hombre.- Justamente hoy me has pillado generoso, así que márchate ahora mismo de aquí antes de que me arrepienta. Y que no se te olvide: Arik Czernikowski nunca hace trampas.

Entonces, el jugador que había cometido la locura de protestar ante el gran Arik huye del local, dejando tras de sí un retahíla de insultos y burlas de los demás clientes.

Varias mujeres, aprovechando que la partida ya se había dado por terminada, se acercan al joven judío, que al parecer, a parte de tener muy mala fama, se le atribuía la virtud de estar "bien dotado".

Entonces, Viveka, al ver que la partida se había abandonado con la marcha de aquel imprudente jugador, se acerca también a Arik, con los puños cerrados.

Para qué iba a engañarse, estaba asustada. Nunca se había enfrentado a un hombre que de verdad fuese capaz de producirle esa sensación de nervios y náuseas, de ganas de huir. Pero tenía que ser fuerte. Todo era por su sobrina.

Artyom intenta detenerla, pero ya era tarde, Viveka ya estaba hablando con su viejo amigo.

-Buena jugada. -Le dice Viveka al judío que bebe tranquilamente de su vaso de ron, acompañado por esas dos mujeres, que miran con celos a esa aria que se había atrevido a acercarse a su hombre.

"Prostitutas, solo son prostitutas.", se dice a sí misma en un intento de tranquilizarse.

-Vaya, ¿a quién le debo dar las gracias por el cumplido? -Pregunta el judío, mirando las largas piernas de la mujer.

-Viveka Kirchner, es un placer.

Ella le tiende su mano, y como respuesta, el hombre besa esta, con esos aires de seductor que se olían a kilómetros.

-El placer es todo mío. ¿Le gustaría tomar una copa de ron? Invita la casa. -Dice riendo, llamando al camarero el cual, temeroso, asiente llevando lo que el judío había mencionado.

-Sinceramente, me gustaría que me proporcionara otra cosa.

-¿Otra cosa? -El hombre enarca una ceja.- ¿Acaso estás necesitada de amor, querida?

-Amor me sobra, gracias por la oferta. -Responde, molesta.- He oído que puedes conseguir información sobre cualquier persona, ¿no es así?

El hombre asiente, terminando esa copa de ron que le había acompañado durante su partida de póker.

-Continúa.

-Mi sobrina lleva desaparecida un día completo. Necesito saber donde está.

-Muy bien. ¿Y qué gano yo a cambio, preciosa? -Susurra el hombre, poniéndose de pie para encarar a la rubia y tomarla por el mentón.

-Creía que eso lo decidías tú.

-Bueno, hay personas que no pueden proporcionarme lo que yo quiero. ¿Eres tú una de esas personas, Viveka Kirchner?

-¿Apuestas a que lo soy? -Pregunta Viveka, apartando la mano del perfumado judío de su mentón.

El hombre sonríe de lado y entusiasmado al escuchar la pregunta de la aria.

-¿Sabes una cosa, Viveka? No se encuentra una mujer como tú todas las noches.

-¿Eso quiere decir que vas a apostar? -Responde la mujer, sonriendo de la misma manera.

-Apuesto a que no serás capaz de equiparate conmigo en una partida de póker. -Le tiende la baraja de cartas.- Gáname, y me tendrás a tus pies para todo lo que necesites.

-Interesante oferta, pero... ¿qué pasará si pierdo?

-Que tendrás que buscar tú solita a tu sobrina y además, te acostarás conmigo. -Sonrie lascivamente.- Como ya sabrás, no suelen aparecer muchas mujeres de tu calibre a estos antros.

La mujer se mantiene en silencio, mordiéndose el labio.

-Entonces, ¿tenemos trato? -Pregunta el hombre, extendiéndole la mano a Viveka.

Ella asiente y toma la mano de este; no debía de pensarlo dos veces.

-Buena elección, Viveka Kirchner.