N.A.: No se cómo pedir disculpas por la tardanza de este capítulo. Si no he contado mal, llego con un retraso de 3 semanas. Pero esto viene dado porque la inspiración se ha esfumado completamente de mi lado. Por más y más horas que pasaba frente al ordenador no se me ocurría nada, y eso también ha afectado en cierto modo a la extensión del capítulo.Aún así, prefiero dejaros aquí el capítulo 32 y no esperar una semana más esperando a que se me ocurra algo que añadir.

También estoy trabajando en un one-shot (o fic, ya se verá) sobre Hetalia, del cual estoy bastante orgullosa. Espero poder terminarlo pronto y subirlo también.

Y bueno, ya dejo de parlotear.

Espero que disfrutéis del capítulo. Gracias por leer.

~DasGoldenTruth~


Capítulo 32:Fortuna efímera.

Y cuando alguien piensa que las cosas no pueden ir a peor, ocurre.

La buena racha que el judío llevaba en su amado juego del póker se vió truncada cuando Viveka Kirchner decidió aceptar su apuesta.

Costaba creer que a una simple mano de terminar la partido, aún no puede visualizarse cual podría ser el ganador.

Unos apostaban por Viveka, entre ellos Artyom e Irenka, por ser la única mujer que había sido capaz de plantarle cara a ese cara dura con aires de grandeza; y otros, apostaban por Arik Czernikowski, en su mayoría, secuaces o prostitutas que lo tenían como un dios.

Pero a Viveka no parecía darle ningún tipo de atención a su alrededor. Estaba sumergida en sus cartas, y en esos ojos negros que se clavaban en los suyos como un par de alfileres.

Aún así estaba tranquila. Sus cartas le hacían mantener el optimismo, y por la actitud de su oponente, pudo deducir que el no se encontraba en buena posición.

-Hora de descubrir nuestras cartas, señor Czernikowski. -Dijo Viveka, mirando de reojo al judío, que tragando saliva, asintió.

Todo el mundo estaba atento a aquella partida tan comprometedora, en la que la apuesta era más comprometedora aún.

Si Viveka perdía, tendría que complacer al judío tal y como el pidiese, y claramente, se trataría de uno de esos juegos sucios, los cuales, hasta ahora, solo había usado con las prostitutas delos burdeles de la zona.

Por otro lado, si la suerte estaba del lado de la mujer aria sus cartas eran de un valor superior que las de su oponente, pondría fin a la búsqueda de su sobrina, y entonces, la devolvería a casa, sana y salva, con alguna que otra reprimenda.

El silencio se mantuvo presente hasta que el judío de tez morena dejó las cartas sobre la mesa, haciendo que el bullicio volviese a anegar el bar.

Escalera de color, con tréboles como palo, y con un ocho como número más alto. Era una buena mano para el judío, pero no difícil de superar.

Lo que hizo que a Viveka se le dibujase una sonrisa en el rostro no era el hecho de que su mano superaba la del judío, sino el significado del palo que el judío había sacado; guerra.

Y desde luego que aquella partida al póker, una guerra que Viveka Kirchner tenía más que ganada.

Entonces, cuando la alemana iba a descubrir sus cartas, el ruido de alguien abriendo la puerta con demasiada ímpetu hizo que todos los allí presentes dirigieran su mirada a quién había decidido interumpir su entretenida exhibición de póker.

El silencio volvió a reinar en el bar, y esta vez no era por el deseo de saber el resultado de la inconclusa partida, sino porque los visitantes que habían irrumpido en el lugar no eran bien deseados.

Un corpulento y ególatra soldado de las SS, con la compañía de unos cuántos más, pensó que no estaría de más hacer una visita a sus amigos los marginados sociales, a los cuáles, imaginaba desnudos, encerrados en una cámara de gas.

Porque para qué mentir, el soldado Weissbeck carecía de empatía, y la frialdad se respiraba en sus ojos, tanto, que según cuentan los reclusos de los campos de concentración, si ese soldado clava su mirada en alguno de ellos, a las pocas horas acabaría fusilado o envenenado por Zyklón B.

Arik Czernikowski ni siquiera se inmutó, por lo que Viveka comenzó a creer que ese hombre no se quería mucho como para dejarse ser visto por un nazi.

-¿Ocurre algo? -Preguntó el soldado de ojos azules, entrando en el bar.- Por favor, que continúe la fiesta, no queremos interrumpir.

Sin embargo, los clientes continuaban en absoluto silencio, que interrumpió el dueño del bar para ofrecerles una copa a sus invitados de honor.

Los soldados, entre risas y burlas, ordenaron un Gin-tonic para cada uno, cinco en total.

Entonces, Weissbeck se acercó a la mesa en la que se había interrumpido el desenlace de la partida de póker.

-Vaya, ¿pero quién tenemos aquí? -Habló el soldado con una sonrisa de lado.- ¿Arik Czernikowski? Creía que te marchaste del país cuando aquellos gitanos intentaron matarte, pero veo que me equivocaba.

El aludido, ajeno a las palabras del soldado, continuó mirando a la mujer a los ojos, respirando hondo. Parecía intentar controlarse.

Una pena, pues el tal Weisseck venía con ganas de guerra.

Guerra; irónico, ya que eso era lo que simbolizaba la mano que Arik había sacado minutos antes.

Entonces, el soldado, viendo que sus provocaciones hacia el judío eran inútiles, se dirigió a la contrincante de este, que guardaba silencio.

-Arik, ¿ya estás aprovechándote de las mujeres?

El soldado dijo esto mientras que se acercaba a Viveka, quién miraba a otro lado. Weissbeck la tomó del mentón para mirarla a los ojos. Y en esa mirada de contienda, reconoció a aquella virgen aria, a la cual hizo mujer de la manera más deshonrosa posible.

El soldado sonrió de lado, susurrando muy cerca de los labios de la mujer:

-¿Cómo tú por aquí?

-¿Qué? -Respondió ella, confusa.

-No te hagas la tonta, ¿quieres?

Entonces, la mujer, con gran temperamento, tomó la mano enguantada en cuero que sujetaba su mentón, apartándola.

-No tomes tantas confianza conmigo, muchacho.

El soldado arqueó una ceja cuando escuchó a sus compañeros de escuadrón burlándose de él.

Ningún hombre, y menos una mujer había sido capaz de enfrentarse al alemán, por lo que eso debía ser una novedad para sus "amiguitos".

Él hombre, sintiendo su orgullo pisoteado, tomó fuertemente de la muñeca a la mujer, haciendo que esta apretase los dientes al sentir dolor.

-Tal vez tenga que recordártelo, ¿no crees? -Grita el soldado, apretando su muñeca más fuertemente.

-Suéltame... -Susurró Viveka.

Entonces, tirando la silla al levantarse, el judío que hasta entonces se había mantenido en silencio, se acercó bastante enfadado al soldado, que continuaba mirando con rabia a la mujer.

Arik, con el puño bien cerrado, propinó un golpe en la mandíbula del soldado, que cayó al suelo como consecuencia.

-La señorita ha dicho que la sueltes, imbécil. -Dictó el judío al nacionalsocialista, que limpiaba la sangre que manaba de su labio.

Humillado por un judío, el soldado se levantó del suelo, notando como todas la miradas del bar estaban clavadas en él.

El alemán, se acercó a Arik, quién se había colocado delante de Viveka en caso de que tuviera que defenderla.

El soldado, amenazante tomó del cuello de la camisa al impoluto judío, que lo miraba con una sonrisa de lado.

-¿Sabes, Arik? Tendrás suerte si no acabas en una cámara de gas antes de que termine el mes.

-¿Quieres apostar?

-No a tus juegos sucios, perro judío.