N.A.: Creo que a partir de ahora no pondré fecha fija para ningún capítulo ya que nunca suelo cumplirla. Si soy sincera, los siguientes tres capítulos los escribí en un hospital por cuestiones personales. Pero parece que ese "aislamiento" ha servido para que mi inspiración vuelva a dar sus frutos. De nuevo, y como casi siempre suelo decir, intentaré mantener esto al día o a la semana, intentando demorarme como mucho 15 días en no subir un capítulo.

Disfrutad del capítulo.

Saludos.

~DasGoldenTruth~

Capítulo 34: Azar.

Mary siempre había crecido con la idea de que los cuentos de hadas no existían. No existían ni hadas ni hechizos, ni príncipes ni dragones. Todo eso eran ilusiones que los adultos usaban para proteger a los niños y su inocencia de las crueldades y la parte más oscura del mundo.

Pero ni siquiera dichas historias e invenciones habían conseguido que Mary consiguiese salvar al menos una parte de su inocencia. Aquella tarde todo se desvaneció, y solo quedaron las cenizas de su historia a medio escribir.

Sin embargo, años más tarde, Mary parecía haber vuelto a abrir su libro, retomando un cuento que ella creía acabado. Y su cuento tenía un nuevo personaje: Garry, un apuesto caballero, que sin espada o escudo alguno, había conseguido salvar a Mary del abismo de las profundidades de sus recuerdos.

Ella y su príncipe pasaban día y noche juntos, abrazándose en silencio, ya que sus miradas hablaban por sí solas.

Habían pasado casi dos semanas desde que Mary olvidó por completo la existencia de su dama de amarillo y la preocupación que habría ocasionado al desaparecer tan repentinamente.

Lo único que le importaba ahora era aprovechar el máximo tiempo posible al lado de Garry, aunque a veces este se reducía a unas pocas horas al día. El Führer y su extraños razonamientos le mantenían atado a los campos de concentración.

Y Mary no desaprovechaba el tiempo en el que se encontraba a solas en el apartamento de Garry.

Se mantenía entretenida leyendo documentos e informes sobre el Tercer Reich que tal vez Garry presentó como trabajo en las Juventudes Hitlerianas.

Incluso tomó de nuevo la caja en la que encontró vestigios del pasado de su soldado, y con más tranquilidad ojeó las fotografías que Garry guardaba con tanto recelo.

Encontró una en el fondo de la caja, que no encontró la última vez.

En ella, una mujer, que Mary asoció como la madre del capitán, acunaba al niño que Garry fue alguna vez. Sin embargo, el pequeño no poseía ninguno de los rasgos de la que supuestamente era su madre.

Mary entonces supuso que el niño habría salido a su padre.

Era una lástima que la imagen estuviese borrosa.

Y como cada mediodía, el enorme reloj alertó a Mary la llegada de Garry, por lo que volvió a guardar la caja, y en ella, los recuerdos de su anfitrión.

Sentada en la cama, observaba el exterior a través de la ventana.

Ni siquiera se había percatado de el tiempo que había estado encerrada en aquel apartamento. Aunque también era cierto que no necesitaba nada más. Estar entre cuatro paredes con Garry a pocos centímetros de ella y de sus labios se asemejaba al estar sobre un extenso prado repleto de flores.

Entonces, como el reloj vaticinó, Garry entró con una rosa amarilla en la mano.

-Vaya, veo que estás muy entretenida. -Rió, observando como la chica alzó una ceja.- Supongo que no me habrás echado de menos.

Como respuesta, Mary se levantó de la cama, acercándose rápidamente al soldado. En un abrir y cerrar de ojos, sus labios de unieron con los de Garry, en un ardiente beso que se asemejaba al de dos amantes que llevaban meses sin verse.

Garry entonces sonrió de lado, cambiando de opinión sobre lo que había dicho anteriormente.

-Ojalá pudieras estar día y noche conmigo. El trabajo siempre te mantiene demasiado ocupado como para que me prestes la atención que requiero. -Se quejó la chica, acariciando la tersa mejilla del capitán.

-Por eso mismo hoy pienso recompensarte.

La chica sonrió, mirando, con una curiosidad casi infantil, la divertida expresión del soldado.

-¿Compensarme?

Asintió.

-Creo que no soy el único que opina que llevas demasiado tiempo encerrada en este apartamento.

Hizo una pausa para oler el perfume del cuello de su pareja.

-Además, la única ropa que tienes aquí es el vestido de la ópera y mis camisas. -Continuó.- ¿Qué te parece si damos un paseo por Múnich y conseguimos algo de ropa?

-¿Para mí? -Cuestionó sorprendida, ya que no le gustaría que Garry gastase su, elevado, sueldo en ella.

-Considéralo un regalo, Mary.

Con una sonrisa tan grande como los arcos que adornaban el Reichstag, Mary accedió.

Y en pocos minutos se encontraba recorriendo las calles más céntricas de Alemania tomada del brazo de Garry.

Zara, Channel, Christian Dior..., tiendas de diferentes gustos y clases se alineaban a ambos lados de las calles. Y Mary miraba con entusiasmo las nuevas colecciones de la siguiente temporada.

En especial se centró en un traje de chaqueta blanco y negro, con pequeños y sencillos adornos en mangas, cuello y falda.

Pero era demasiado caro. Propio de la firma de Jacques Grief.

Garry observó como Mary se alejaba del escaparate con resignación.

-¿No vas a probártelo? -Preguntó el soldado.

-Es demasiado caro, Garry. No me gustaría que gastases tanto dinero en mí.

-Por favor Mary, dame el gusto de verte con ese precioso traje puesto.

Mary se ruborizó ante el comentario, y gustosa, entró en la tienda.

Las calles de Múnich no son muy pequeñas, pero tampoco muy extensas.

De hecho, por muy grande que pareciese ser Alemania, en apenas diez minutos se podría llegar desde Frankfurt a Düsseldorf.

Eso pensaba Czernikowski, que vagaba por los barrios más ricos pensando como demonios encontraría a la chica desaparecida.

Maldita sea, no quería volver a un campo de exterminio como le amenazó Artyom, pero tampoco quería perder el tiempo buscando a una niña que probablemente se encontraría con algún hombre.

Y tal vez no se equivocaba mucho.

Pero ya había tentado demasiado a la suerte,y seguramente la Gestapo no volvería a llamar a su puerta para darle un aviso, sino para volarle la cabeza con sus sofisticadas armas de fuego.

Arik estaba en problemas.

O desafiaba a la Policía Secreta del Führer o se negaba a cederle "pacíficamente" su ayuda a su compañero de juergas, Artyom.

Lo más humillante es que temía más lo que pudiera hacerle el ruso a lo que las milicias hitlerianas amenazasen.

Un espía soviético, eso era suficiente para hacer temblar al judío alemán.

Con resignación, encendió su último cigarrillo frente al escaparate de una tienda. Ni siquiera sabía que hacía en un barrio tan lujoso. Aquellos lares no eran acordes a su estatus social aunque su apariencia señalase lo contrario.

Arik necesitaba subirse la autoestima. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que llevándose a la cama a una dama de la alta sociedad alemana?

Quizá la mejor opción era la dependienta de la primera tienda que encontrase. De esta manera, además de una buena noche de sexo, podría llevarse algunos ingresos al bolsillo.

Entró en una tienda escogida al azar, tirando al suelo el cigarro.

Solo esperaba no haber desperdiciado el último con alguna mujer con la mente cerrada a nuevas experiencias.

Se acercó al mostrador de la dependienta con un "sensual" paso forzado que solo servía para calentar a las prostitutas de los guetos.

-Buenas tardes, señorita. -Saludó el seductor a la muchacha, que se escondía con timidez tras unas gafas de vista.

-Buenas tardes. -Respondió.- ¿Puedo ayudarle en algo?

El olor a alcohol alertó a la mujer que el judío no iba con buenas intenciones.

-Sí, eso es lo que pretendía, que usted me ayudase con un tema bastante personal.

La dependienta no contestó, simplemente miró al hombre a través de las gafas con una expresión de asco en el rostro.

Una chica guerrera, como le gustaban a Arik.

En los probadores de esa misma tienda, un soldado acomodaba su corbata frente a los espejos.

-¿Necesitas ayuda? -Preguntó con picardía el hombre a la chica, que se encontraba probándose el traje de chaqueta.

La chica formuló un insulto cariñoso que apenas se escuchó, y acto seguido corrió las cortinas.

El traje parecía hecho a medida para su persona. El color resaltaba su rostro, y la cintura de la chaqueta se entallaba perfectamente a la suya.

Estaba maravillosa, y tanto Garry como aquel judío, que intentaba filtrear fallidamente con la dependienta se habían quedado embobados mirando la fantástica figura de la chica.

¿Y si lo intentaba con esa señorita?

No, demasiado arriesgado.

Si aquel hombre que la acompañaba se percataba de la presencia del judío rondando por la zona, saldría del establecimiento con más de un perchero atorado en sitios impronunciables del cuerpo.

El soldado tomó de la mano a su acompañante, llevándola hacia el mostrador, mientras que el judío, a un lado, se recreaba con las vistas.

-Por favor, cóbreme. Y se lo llevará puesto. -Dijo el soldado orgullosamente, sacando de su cartera una cantidad suficientemente alta de dinero como para comprar dos trajes como ese.

El judío retrocedió dos pasos, y despidiéndose de su "amor", sacó el paquete de tabaco del bolsillo, cayendo en la cuenta de que estaba vacío.

Al tirar la caja al suelo, observó que no solo era tabaco lo que escondía la caja, sino que también portaba una pequeña fotografía de la chica que debiera de buscar.

La tomó, aunque no creyó que fuese a servirle de mucho.

En Alemania vivían demasiadas personas y había pocas posibilidades de encontrar a esa niña perdida. Ni siquiera había suficientes soplones a los que sobornar para dar con ella.

Se giró sobre su eje, y se acercó a la papelera para tirar la única ayuda que tenía para hacerle el favor a Artyom y a su nueva amiguita.

Una vez más, miró al escaparate cruzando miradas con la chica del traje blanco.

Y entonces, como una nube que deja pasar un claro de sol, Arik Czernikowski vió la luz.

Era ella, no podía creerlo.

-Te encontré, pequeña. -Susurró victorioso el judío.