N.A.:Para compensar un poco mi ausencia he decidido subir un capítulo más. Además de que probablemente la semana que viene esto se quede muerto debido a un viaje que tenía planeado desde hace bastante tiempo. Aún así, procuraré subir el capítulo de la semana que viene antes de tiempo.

Disfrutad del capítulo, y gracias por leer.

~DasGoldenTruth~


Capítulo 35:Conclusión.

Mary volvió al apartamento de Garry con un nuevo fondo de armario; vestidos, camisas y faldas se encontraban guardados en bolsas de diversas firmas de ropa bajo la cama del soldado.

Pero con diferencia su atuendo favorito era el traje de chaqueta de Jacques Grief, que se había llevado puesto desde la tienda.

Ella se miraba cada cinco minutos en los espejos, y Garry sonreía como un tonto al ver feliz a su princesa aria.

-Estás preciosa, Mary. -Dijo al fin, quitándose la chaqueta y la corbata para ponerse cómodo.

Ella por su parte hizo lo mismo, pero mirando a Garry con una pícara sonrisa. Le agradecería a su soldado lo que estaba haciendo por ella. A su manera.

-¿Y esa cara? -Preguntó él, con esa sonrisa de lado que había heredado de su padre.

Ella no respondió, sólo se acercó a él, tumbándole sobre la cama.

Esa noche ella llevaría las riendas.

El ya no tan desgraciado judío, caminaba por las calles bajas de Alemania con una victoriosa sonrisa.

Iría a informarle a Artyom.

Esta vez tendría que pagarle una considerable cantidad de dinero teniendo en cuenta el poco tiempo en el que había hecho el trabajo.

"Enhorabuena, Arik", le diría Artyom.

"Muchísimas gracias. Esta noche seré yo tu recompensa", propondría la exuberante mujer aria.

Se le hacía la boca agua con solo pensar en cómo serían las vistas de esa mujer en su cama.

Entró triunfal, y con un coro celestial imaginario en el apartamento en el que Artyom y sus amigas habían pasado los últimos días.

Tanto el ruso como la alemana compartían cigarrillo y una copa de ron, mientras que Irenka se sumergía en la lectura de un libro de política. Así de aburrida estaba que había acabado leyéndose de cabo a rabo un libro sobre la doctrina de Lenin.

-Menudo recibimiento. -Dijo el judío cuando vió la dramática estampa de la habitación.

-¿Qué quieres Arik? Si vienes a molestar, olvídalo y lárgate. -Respondió el ruso.

Y al alemán se le cayeron la autoestima y la soberbia por los suelos.

-Entonces supongo que no te interesará la información que vengo a proporcionarte.

Dicho esto, el judío se fue por dónde vino, y antes de que abriese la puerta, y tal como predijo, Artyom le detuvo.

-Habla. -Dictaminó el soviético.

-Pues verás..., puede ser que haya encontrado a la chica.

-¿¡La has encontrado!? -Preguntó sobresaltada Viveka, dejando la copa en una mesa.

-¿Dónde está? -Concluyó Irenka, cerrando el libro.

El judío se mantuvo en silencio, no supo que responder. Estaba tan estusiasmado con su hallazgo que ni siquiera se preocupó por averiguar dónde se alojaba.

-No lo sabes, ¿no es así? -Arqueó una ceja el ruso, levantándose para darle una de sus típicas reprimendas al torpe judío.

-¡P-Pero la encontré!

Viveka se llevó una mano a la sien. Sin duda, si quería un trabajo bien hecho, tendría que hacerlo por sí misma.

-No, no tienes ni idea de dónde está. -Reclamó el ruso.- Esto no fue lo que acordamos.

-¡Pero si no acordamos nada! ¡Me obligaste a buscar a una cría revoltosa a cambio de nada! -Gritó, encarando a Artyom.

-¿Estás seguro de ello? Me debes demasiado Arik, tanto que ni en tu vida entera podrás pagármelo.

El alemán no continuó discutiendo, prefirió callarse. Tal vez debió haberse quedado en aquel campo de exterminio para correr la misma suerte que sus compañeros: morir bajo el sol tras un arduo trabajo.

-Supongo que después de todo solo sirvo para los juegos de azar. -Dirigió una mirada hacia Viveka.- Bueno, y ya ni siquiera para eso.

De nuevo tomó el pomo de la puerta para marcharse, pero la alemana, más calmada, se acercó a él para mirarle a los ojos.

-¿Dónde estaba? -Preguntó ella.

-En el centro, en una tienda de Jacques Grief.

-¿Jacques Grief? Eso es una firma demasiado cara como para que mi sobrina pueda permitirse apenas un vestido.

-Bueno, -El judío se rascó la nuca.-, digamos que estaba muy bien acompañada.

-¿Cómo que bien acompañada? -Preguntó Viveka, preocupada; le preocupaba más el hecho de que la chica estuviese bien acompañada como decía el judío a que estuviese sola.

-Había un hombre con ella. Tenía porte de soldado, pero no me fijé en él.

Claro que no se fijó en él. Estaba totalmente concienciado en recorrer con la mirada cada una de las curvas de la sobrina de su cliente. Que ni era cliente ni nada, simplemente alguien a quien le hacía un favor por su propio bien.

-¿Un soldado? ¿Estás seguro que no recuerdas nada de él?

El chico pensó por un momento en el rostro del muchacho, recordando algo muy característico en Garry.

-Tenía los ojos grises.

Grises, un simple color con el que Viveka vió claro el paradero de su sobrina.

-Aigner...

Fue lo último que susurró la alemana antes de poner rumbo con los nuevos e improvisados integrantes de la Rosa Blanca.


Ninguno de los dos tenía la necesidad de parar.

El agotamiento no parecía existir para ellos.

Y aunque las gotas de sudor formasen pequeños charcos en la cama, ellos cada vez querían más el uno del otro. ¿Y qué importaba si ventanas y cortinas se encontraban de par en par?

Bueno, tal vez si que importaba un poco.

Porque cuatro miradas fisgonas decidieron observar qué ocurría en el interior de la vivienda en el momento menos oportuno.

Mary, como le había demostrado al soldado al desvestirle estaba dispuesta a mandar esa noche.

Con Garry tumbado boca arriba en la cama y con su virilidad más que dispuesta a entrar en acción, Mary se sentó sobre él.

-¿Disfrutando de las vistas? -Preguntó ella, sonriéndole al soldado con picardía.

-Algo así. -Respondió él, tomando de las caderas la chica.- Vamos Mary, no me hagas esperar.

Mary se mordió el labio en el momento en el que sus intimidades se unieron para hacerse solo una. Garry le ayudó sujetándola por las caderas, para que no sufriera ningún daño.

De ninguna manera, el trato de Weissbeck podía compararse al que la chica recibía por parte de Garry.

Cuando Viveka comprobó que demonios estaba haciendo su sobrina, palideció y prefirió cubrirse los ojos para no mirar.

-Esto no puede estar pasando... -Susurró para sí misma.

-¿Ves? Dije que estaba bien acompañada. -Afirmó Arik, por lo que recibió una mirada poco agradable tanto de la dama de amarillo como del ruso.

-Lo siento. -Dijo el judío.

Irenka no dijo nada, y el ruso se limitó a imitarle.

Mientras, los jadeos y gemidos de la pareja eran escuchados por la Rosa Blanca.

No sabían si interrumpirlos o simplemente dejar que acabasen.

Viveka solo quería despertar de ese mal sueño. Esperaba haberse quedado dormida en mitad de la ópera, con su sobrina al lado disfrutando de la obra.

Por otro lado, Mary no quería despertar si aquello se trataba de un sueño. Quería seguir disfrutando de Garry.

Una vez más, Mary cayó rendida en la cama, abrazándose al pecho de Garry.

-Se acabó. Ya he tenido suficiente espectáculo. -Dijo Viveka, bajando de la alambrada que había oficiado como palco.

Apenas tres minutos después, unos fuertes estruendos en la puerta alertaron a la pareja, que descansaban abrazados mutuamente.

Garry, rápidamente se vistió como pudo, y Mary hizo lo mismo, algo más lenta, pues ella tenía más prendas que colocar, entre ellas una camisa y una falda que Garry le había regalado.

Finalmente, a Garry solo le dió tiempo a ponerse los pantalones para antender a la incesante llamada de la puerta.

Por Dios, ya casi era media noche. ¿Por qué molestar a esas horas?

Garry giró el pomo, llevándose una sorpresa al ver a aquella mujer con la que tuvo una fuerte discusión no hace mucho tiempo.

-¿Qué hace usted aquí? -Preguntó Garry bajando algo la mirada, ya que la mujer era como dos cabezas más baja que él.

-¿Dónde está? -Cuestionó ella, mirándole con rabia a los ojos. ¿Cómo se había atrevido ese chico a deshonrar a su sobrina?

Lástima que Viveka no supiese la identidad del hombre que verdaderamente había deshonrado a Mary.

-¿Dónde está quién? -Respondió Garry con otra pregunta.

Maldita sea, Viveka no estaba para perder el tiempo.

Apartando al chico de un empujón, buscó habitación por habitación el paradero de su sobrina.

-¿A dónde cree que va? -Preguntó Garry yendo tras ella.- ¿Quién le ha dado el derecho para entrar en mi casa?

Viveka se giró, señalando al chico con el dedo índice, estaba muy enfadada con el soldado. Con él, y aún más con su sobrina.

-¿Y quién te ha dado a tí el derecho para llevar a mi sobrina a tu apartamento sin permiso o aviso alguno para intimar con ella? -Gritó, continuando su camino.

-¿S-Sobrina?

Garry siguió a la mujer, frenando en seco cuando la dama de amarillo miraba fijamente a su sobrina semidesnuda.

-Creía que no eres capaz de caer tan bajo, Mary. Menuda decepción.