Ryan dirigió a Castle hasta dejarlo suavemente en el suelo. Se quedó tumbado. Beckett se reclinó sobre él, sacó una navaja de su chaleco antibalas y cortó hábilmente las cuerdas. El escritor suspiró aliviado al sentirse libre por fin, hizo un imaginario ángel en el suelo, como hacen los críos en la nieve. Observó a Kate guardándose seriamente la navaja y observándole de arriba a abajo. Espo y Ryan se llevaron a Tyson y su compinche dejándolos solos.
-¡Ey! - dijo él.
Ella le miró a la cara. Castle pudo ver en sus grandes ojos, apenas maquillados hoy, todas las emociones malas contenidas de Kate. Podía ver reflejado en sus ojeras todo el dolor y cansancio por el que había pasado. Podía ver por la fiereza con que los mantenía abiertos, toda la rabia que había acumulado. Notó como su mirada se estaba tornando más vidriosa por momentos.
- Ya ha pasado todo, Kate. - dijo sonriéndole pícaramente.
Entonces ella no pudo contenerse más, frunció el ceño y se lanzó a su cuello. Castle se incorporó un poco para abrazarla. Y Kate lloró en silencio, lloró de alegría, aferrándose a él con fuerza.
Poco le importaba el olor a orín y vómito, poco le importaba que la boda se hubiese ido al garete. Ahora sólo quería abrazarlo fuerte, hasta que no pudiesen respirar. Aflojó un poco, le volvió a mirar a la cara, tenía un chichón en la cabeza, encima de la cicatriz de la frente, estaba manchado de sangre, pero no veía mas heridas. Estaba sucio, estaba sudoroso, estaba hecho un asco.
Y le besó. Se fundió con él con más ganas que nunca. Le acarició la cabeza con las yemas de los dedos. Su boca seguía siendo dulce, lamió sus rincones con ganas. Castle emitió unos quejidos cuando ella rozó las heridas.
- Perdona. - dijo ella apartándose asustada.
- Mmmmm - dijo él atrayéndola hacia él para seguir con la pequeña 'tortura'.
- Oh, vamos Castle, te tendría que ver un médico. - le interrumpió ella volviéndose a separar.
La mirada del escritor fue directa hacia su entrepierna. Beckett, extrañada, lo siguió con la mirada y ambos contemplaron cómo 'la torre del castillo' se unía a la fiesta. Beckett no pudo hacer otra cosa más que reírse.
- Compréndelo... se esperaba una noche de bodas... épica. - dijo él.
- Bueno, no creo que haya daños graves ahí abajo, pero convendría que te vieran el chichón de la cabeza.
- ¿La cabeza? Uy, espera que te cuente, Beckett, ha sido impresionante, estuve a punto de escaparme...
Kate meneó la cabeza riéndose. Le volvió a besar.
En ese momento de intimidad, ambos oyeron algo de jaleo allá fuera. Oyeron varias voces gritando seguido de varios disparos. Kate miró horrorizada a Castle, que le hizo una señal con la cabeza para ponerse a cubierto.
Beckett le ayudó a moverse hasta que ambos se escondieron detrás del panel de mandos. Ella desenfundó su arma y se quedó a su lado protegiéndolo. Se mantuvieron en silencio con sus agitadas respiraciones como único sonido de fondo. El escritor se quedó observando a su musa: tan seria, tan profesional.
- Sabía que no te conseguiría engañar. No a tí, Kate. - susurró el escritor, ella le miró de reojo.
Beckett le miró de reojo sin dejar de sostener su pistola en posición Weaver.
- Lo hizo, Castle. - dijo conteniendo las lágrimas.
- ¿Qué? - preguntó sorprendido.
- Nos engañó. A todos. Te... te enterramos. - dijo Kate quebrándosele la voz.
- Pero entonces... ¿cómo me habéis encontrado?
Se quedó callada y ensimismada unos segundos, como intentando reunir las fuerzas necesarias que había perdido con todo este horrible asunto.
- El incendio que destrozó el salón-azotea fue un extraño accidente. Había un tipo de acelerantes que también encontraron en el salpicadero de tu Mercedes. Y resultó que ese tipo de aditivo se utilizaba en mataderos, para quemar los restos óseos del ganado. - le explicó.
- Mmmm... ¡que lista eres! - le susurró él. Le sonrió, pero ella frunció el ceño.
- No fui yo. Fue Gates.
El escritor calló extrañado. Ella continuó hablando.
- Fue la única persona que tuvo la serenidad suficiente como para seguir las pistas... - Beckett calló durante unos segundos- Nosotros no pudimos. Yo... yo estaba...
La detective, embargada por la emoción, no pudo continuar su explicación. Castle le acarició el hombro para reconfortarla.
- No era tu batalla. También tienes que dejar 'jugar' a los demás, Kate.
La sonrisa en la cara de Castle llenó el corazón de Kate del calor y la serenidad que necesitaba en ese momento.
La puerta de la salida de emergencia se abrió con un estruendo, la detective se giró y apuntó, pero se relajó al ver que era Esposito.
- ¿Qué ha pasado, Espo? - le preguntó extrañada.
El policía calmó su agitada respiración antes de responder.
- Han escapado.
- ¿Cómo? - preguntaron Rick y Kate al unísono.
- La 'doctora amor'... tenía escondida un arma. Han huido en un coche patrulla.
La cara de decepción en todos ellos recorriéndose con la mirada, sólo fue rota por un apretón que dio Kate a Castle en el antebrazo mirándole a los ojos con alivio, indicándole que lo único importante en este momento era que él estaba vivo.
- Bueno, no llegarán muy lejos. - dijo finalmente la detective en voz alta.
Hola, soy la autora, ya sé que estáis esperando los capítulos 'calientes', je je. Llegarán, pero pido un poco de paciencia... Por otra parte, me encantaría leer vuestras opiniones sobre este fanfic.
