Era un día claro y luminoso, casi veraniego. Mucha gente iba por la calle en mangas de camisa.
La detective Beckett miró hacia el cielo y respiró profundamente. A pesar del buen tiempo, ella aún llevaba vaqueros y una cazadora de cuero negro sobre la camisa blanca: su cómodo equipo de policía para ocultar su placa y su pistola.
Era una neoyorkina más en la agitada isla de Manhattan, sentada en las escaleras en frente del Hospital donde el amor de su vida se había estado recuperando un par de días. Hoy le daban el alta. Se estaba tomando unos minutos para saborear el momento. Pensar que hoy era el primer día 'normal' después de todo este infierno que había vivido la hacía sentirse completamente feliz.
Un día normal.
Tyson había huído, cierto, pero no le impedía disfrutar de este momento. Volvería a intentarlo y cometería un error. Como le pasó a Bracken. Y ella estaría allí también, para arrestarlo y hacer justicia. Es lo mínimo que podía hacer por Castle.
Sonrió al pensar que ese día estaba cada vez más cerca y se levantó dispuesta a disfrutar de su día normal.
- ¿Cómo que ya se ha ido? - preguntó Beckett incrédula a la enfermera jefe de traumatología. Al parecer Castle ya había sido dado de alta y el tiempo le había faltado para largarse del Hospital.
- Sí, hace como una hora, pero comentó que usted vendría, y que se enfadaría. - Kate pasó de fruncir el ceño a levantar las cejas intentando disimular. La enfermera sonrió ante su reacción.
- Y me pidió que le diese esto... - dijo entregándole un sobre cerrado.
Beckett, un tanto fastidiada, aceptó el sobre en el que estaba escrito 'Kate' del puño y letra de Rick.
La detective salió del Hospital dando grandes pasos, con su melena al viento, obedeciendo la misteriosa nota que le había dejado Castle. ¿Que diese la vuelta a la manzana? ¿Que el olor a café la guiaría? ¿Que el cielo se abriría mostrando al salvador?
No estaba de humor para adivinanzas apocalípticas. Ella se había levantado con la idea de tener un día normal con Castle a su lado y resulta que al escritor le había dado por chafarle el plan.
Caminó por la calle 59 en sentido contrario al tráfico camino a la avenida Columbus, tuvo cuidado de esquivar una ambulancia que entraba por la puerta de urgencias en ese momento. Al finalizar la vuelta a la manzana vio un Starbucks en la acera de enfrente así que cruzó con el ceño fruncido.
Al pasar frente a la puerta oyó que alguien la llamaba por su apellido. Era una sonriente mujer ataviada con el característico delantal verde de la cadena de cafeterías. Para su sorpresa la empleada le ofreció un super café humeante informándole de que ya estaba pagado.
Kate lo cogió extrañada, estaba calentito y olía a vainilla. 'Gracias' fue lo único que acertó a decir antes de que la empleada volviese al local toda sonriente. Ella supuso que Castle le habría tenido que dar una muy buena propina para que hiciera este circo.
'¿Y ahora qué?' pensó. Miró a su alrededor en la concurrida acera y decidió darle un sorbo al café, eso siempre la ponía de buen humor, y realmente lo necesitaba.
Inclinó la cabeza para beber y entonces vio el llamativo mural en la fachada de una iglesia: Dios abriendo el reino de los cielos a los hombres. Un pensamiento pasó fugazmente por su mente.
- Oh, Dios mío, no habrá sido capaz...?
Antes de acabar la frase, Kate subía diligentemente la escalera que conducía a la puerta principal de la iglesia de San Pablo Apóstol.
El interior de la nave principal era inmensa y estaba espectacularmente decorada y conservada. Unas lámparas colgantes llamaron su atención, pero se dio cuenta de que la preciosa iluminación provenía de la propia luz del sol atravesando las grandes vidrieras neo-góticas.
Boquiabierta como estaba caminó por el pasillo su café en la mano dejando a ambos lados bancos de madera vacíos. Se paró cuando llegó a mitad de la nave porque parecía que el sacerdote estaba preparando algo en el altar y no quería molestar.
- Kate.
La detective se sobresaltó pero enseguida reconoció la voz que había sonado a sus espaldas.
- Castle. - dijo antes de volverse.
La detective se giró y se sorprendió al ver a su hombre con un traje oscuro y la camisa lavanda a rayas verticales que tanto le gustaba a ella. Aún se le notaba el chichón en la cabeza, y tenía heridas superficiales curándose por toda la cara, pero su sincera sonrisa con ojos chispeantes brillaba por encima de todo.
- ¿Castle? - le preguntó ella viendo que el escritor se recreaba contemplándola de arriba a abajo.
- Estás preciosa. - dijo después de tomarse su tiempo. Ella sonrió completamente derretida.
Rick dio un par de pasos para ponerse a su altura y le ofreció el brazo. El movimiento dejó ver su muñeca vendada. Ella le cogió del brazo con ternura y le preguntó al oído:
- Cariño, ¿no iremos a...? - no acabó la frase porque empezó a sonar un gran órgano de iglesia.
Castle la miró y asintió con la cabeza. La cara de Kate cambió de sorprendida a esbozar una radiante sonrisa mientras caminaban lentamente hacia el altar.
Vio a su padre sentado en primera fila, junto a Martha y Alexis, que discretamente se acercó para cogerle el café del Starbucks. Vio a Lanie, Espo, Ryan y Jenny en el banco del otro lado. No había más gente.
Se pararon en frente del cura, que guiño un ojo a Castle, cosa que no le pilló por sorpresa a Kate, que ya había deducido que oficiar una boda una mañana entre semana era un favor muy especial.
Ellos se colocaron el uno frente al otro, se cogieron de las manos y, se miraron a los ojos. Entonces Kate pensó que sí, que no le importaba quedarse sin su día 'normal' si lo que tenía a cambio era el día de su boda.
