Kate vivió los primeros minutos de su improvisada boda como flotando en una nube. Sabía que el cura estaría contando cosas interesantes sobre el matrimonio, pero no estaban llegando a sus oídos.
Toda su atención estaba en observar a un sonriente Castle, en frente suyo, con ambas manos entrelazadas sintiendo su calor. También sentía sus propias mejillas ardiendo y su corazón palpitar a un ritmo vertiginoso. No eran nervios, era emoción desbordada por casarse por fin con su amigo y compañero durante los últimos seis años.
¡Por fin!
Un momento. El cura había dicho algo y se le había quedado mirando, ella estaba completamente absorta en sus emociones. Castle también le miraba cariñosamente.
- Perdón, euh... me he perdido...¿qué? - dijo en voz baja sintiendo sus mejillas arder más aún, pensando en que el cura se iba a dar cuenta de que ella en realidad no era... muy católica.
- Tus votos matrimoniales, hija mía. - le comentó el cura.
- ¡Oh! - Kate puso la cara de sorpresa propia de alguien que se había olvidado ya del asuntillo de abrir tu corazón delante de los asistentes.
- Ya empiezo yo primero, se puede hacer eso, no? - dijo Rick viendo que ella estaba acalorada y bloqueada.
El cura asintió brevemente. Castle sonrió, se puso bien recto y apretó las manos de Kate con más firmeza, ella le miró a los ojos con toda la atención del mundo. Él se aclaró la voz y habló alto y claro:
- Me caso contigo, Kate, sabiendo que por fin lo hago con la persona adecuada. Porque me comprendes, me respetas y no siempre me tomas en serio, lo cual es bueno, porque puedo llegar a ser muy pesado.- dijo dirigiéndose a los invitados, que rieron discretamente, mientas Martha asentía con la cabeza dándole la razón.
- Sabes que podrás contar conmigo para siempre, y que te acompañaré al fin del mundo si hace falta. Siempre que estemos juntos, no me importará nada más. Pero procuraremos evitar las fábricas abandonadas, los sótanos con tigres, las zonas radioactivas y la mafia rusa. Aunque fue divertido. - Kate sonrió ante las típicas tonterías de Castle, que sin duda estaban siendo improvisadas para relajarla.
El escritor esperó hasta que el ambiente se hubo calmado para continuar:
- Se cómo funciona esto del matrimonio, Kate, al principio todo son arco-iris, pero llegará un día en el que te preguntarás qué hace una mujer tan extraordinaria como tú con un payaso como yo. - Sus palabras, pronunciadas con seriedad, difuminaron las sonrisa de la detective - Ese día, Kate, quiero que dejes lo que estés haciendo, me cojas de una oreja y me sientes en una silla, y que hablemos. Y que no paremos de hablar hasta arreglarlo, porque te quiero y eso no va a cambiar nunca.
A Kate le temblaron las piernas y se agarró más fuerte a sus manos, quedándose boquiabierta y emocionada por su discurso. Castle subió un dedo pidiendo permiso al cura y a los invitados para saltarse el protocolo. Dio un paso al frente y abrazó a Kate que se asió con fuerza a él. Rick secó una pequeña lágrima de la mejilla de ella. Siguió hablando sin dejar de abrazarla:
- Y por último quería decir que no dejaré nunca de ser romántico contigo y no dejaré que nos aburramos el uno del otro. Pero no protestes si en nuestro décimo aniversario aparezco disfrazado de Indiana Jones a lomos de un caballo dispuesto a secuestrarte. - Rick sonrió y levantó las cejas varias veces mientras ella volvía a mostrar sus blancos dientes en una amplia sonrisa.
La detective se apartó hacia atrás y ambos se volvieron a colocar en sus posiciones protocolarias, cogidos de las manos. Ahora le tocaba hablar a ella. El cura le indicó que podía empezar. A Kate le ponía nerviosa tener que pronunciar sus votos, pero se dio cuenta que sus nervios se disiparon en cuanto se concentró en mirar los profundos ojos de Castle. Habló alto y claro:
- Yo, Katherine Beckett, me caso contigo, Richard Edgar Castle, sintiéndome apoyada, querida, valorada,... - suspiró - ... y sabiendo que tú me conoces mejor que nadie, porque has tenido la paciencia y la perseverancia de lograr recomponer todas las piezas de mi persona, completando la mujer que puedes ver hoy ante ti, y que te ama como nunca pensó que amaría a un hombre.
El escritor, sonriente, hizo mención de volverse a saltar el protocolo, pero ella le puso suavemente la mano en el pecho. No había acabado.
- Y también me caso contigo, Richard Alexander Rodgers, porque... - ella mantuvo su mano en el pecho, él se puso serio al oír su nombre de nacimiento - ... eres un hombre bueno, cariñoso, familiar y humano, que me ha enseñado que compartiendo nuestras vulnerabilidades ambos nos hacemos más fuertes. Y por eso te prometo compartir el resto de mi vida contigo para llegar a ser invencibles.
Ahora sí que lo dejó acercarse y se abrazaron dulcemente ante la emocionada mirada de todos.
- Y no tienes ni idea de lo que tengo yo en mente para nuestro décimo aniversario. - le dijo al oído.
El resto de la ceremonia se pasó volando, o eso le pareció a Kate, que en un momento dado vio a Alexis acercarse con los anillos. Con temblorosas manos se los pusieron diciendo unas pocas palabras protocolarias que después de los votos que se habían pronunciado, a Kate le pareció que sobraban.
Ella se quedó contemplando el brillo de la alianza en el dedo de Castle, que no dejaba de mover su pulgar acariciándole los nudillos y cada vez que levantaba su mirada ahí estaban sus ojos azules, contemplándola con amor. Y ella volvía a mirar hacia abajo para contemplar las alianzas. No terminaba de creérselo.
Y el cura pidió que se besaran.
Ellos obedecieron de buena gana.
¡Por fin!
¡Por fin se habían casado!
Los asistentes rieron y tuvieron que carraspear cuando el beso empezó a eternizarse. Tanto ella como Castle los ignoraron durante unos segundos más. Sus cuerpos les pedían a gritos un momento de intimidad que se estaba haciendo esperar desde hacía días.
