- Átame.

Castle se lo ordenó con seriedad, aunque levantaba las cejas cómicamente mientras jugueteaba con la cinta de seda, tensándola y mordiéndola delante de la cara de Kate.

Habían salido de la bañera precipitadamente y sin secar la humedad de sus cuerpos se habían lanzado sobre la enorme cama dispuestos a presentar batalla en un terreno más cómodo.

Beckett, sonrió observándolo hacer el tonto, como casi siempre que se la quería llevar al huerto.

- También tienes un trauma a superar ¿verdad? - le comentó ella de cachondeo.

- Uno muy grande... ahí abajo... - dijo mirándose de reojo la entrepierna.

Kate rió y se lanzó a darle un buen morreo, porque no podía aguantarse las ganas de comérselo cuando se ponía tan mono. Sus cuerpos mojados resbalaban entre sí, lo que lo hacía aún más difícil y excitante. Le agarró con fuerza clavándole las yemas de los dedos en la espalda y sus piernas se enredaron haciendo un complicado trenzado.

Cuando sus bocas húmedas se exploraron mutuamente llegando al punto en que sus mentes evocaban otras humedades más abajo, Kate separó sus labios y fue recorriendo la barbilla y el cuello con besos. Castle, al tener la boca libre, volvió a hablar:

- Átame... por favor...

Kate aminoró la marcha y le miró a los ojos. Él le ofreció la cinta de seda y ella la cogió. A continuación Rick juntó sus muñecas delante de la cara de Kate como si le fuesen a esposar. Se había quitado las vendas ya antes de meterse a la bañera. Ella observó las quemaduras del roce de las cuerdas, aún recientes. Se inclinó y le besó las muñecas con ternura, suavemente.

- ¿Seguro que es lo que quieres? - le susurró ella volviéndose a incorporar.

Él sonrió y asintió con la cabeza. Por supuesto que no era la primera vez que jugaban a esto, pero después de lo ocurrido la sensibilidad estaba a flor de piel. Ella se dispuso a atarlo, pero cuando empezó a vendarle una de las muñecas se paró y suspiró.

- No... no puedo, cariño. - dijo cabizbaja.

Fue en este momento cuando Castle se dio cuenta de cuánto había sufrido Kate con el tema. Beckett era fuerte, pero quizás ahora necesitaba esta terapia más que él mismo.

- Kate... - ella levantó la cabeza estableciendo contacto visual.

- No pienses que me estás atando literalmente, es... una metáfora de cómo he vivido todos estos años antes de estar juntos... - los ojos de Beckett cambiaron de tristes a tiernos -... en los que te tenía cerca pero no podía tocarte... - dijo recorriendo suavemente su espalda con las yemas de sus dedos, ella no apartó sus ojos de los de él.

Cuando terminó la espalda siguió dibujando el contorno de sus curvas hasta que llegó a zonas inhóspitas, Kate respiró profundamente cuando recorrió muy superficialmente sus partes más íntimas. Él le susurró al oído:

- No podía tenerte, Kate, y eso me volvía loco, ¿a ti no te pasaba lo mismo?.

Con un suave movimiento la tumbó boca arriba y lamió sus húmedos pechos sin rozarle los pezones, que se hincharon y endurecieron esperando su lengua, que no llegó nunca. Ahora era ella quien se estaba volviendo loca.

- Quiero volver a sentir esa locura... Kate... - ahora sí atrapó a uno de los pezones con sus labios y le provocó un gemido.

Entonces Castle, sabiéndose maestro de las palabras, dejó de estimularla y le ofreció la cinta de seda otra vez. Ahora Beckett le ataría las muñecas, ansiosa por dar rienda suelta a su locura mutua.


- Creo que me puedo soltar. - dijo Castle tirando un poco del experto nudo que le había hecho Kate.

Ella, a cuatro patas sobre él, se acercó al cabecero con diligencia y tiró concienzudamente de la cinta.

- Estás perfectamente atad... - Kate se quedó sin palabras al sentir los labios de él juguetear en la cara interna de su muslo y suspiró cuando él movió la cabeza hasta llegar peligrosamente cerca de su sexo. Estuvo tentada en moverse lo justo para que él le obsequiara con...

- ¡No! - dijo apartándose con decisión.

El escritor sonrió traviesamente mientras se deleitaba la vista con el bamboleo de los pechos de la detective. Beckett, jadeando acercó su boca a la suya haciendo mención de besarle, pero no lo hizo.

- Si tú estás atado, yo soy quien manda. - le dijo mirándole a los ojos muy seriamente.

A continuación volvió a hacer el gesto de besarle, pero se apartó en el último instante volviéndolo a dejar con la miel en los labios. Castle se quejó y puso cara de cachorro a lo que ella respondió con una sonrisa de chica mala.

Kate se sentó a horcajadas sobre su tórax, ofreciéndole una espectacular vista de sus pechos, y subió los brazos con elegancia para soltarse las tres horquillas de su pelo, recogido para el baño, una a una. Y una a una las colocó entre los labios del escritor, advirtiéndole sensualmente:

- Si abres la boca y se te caen... me iré y te dejaré a medias.

Castle apretó los labios obedientemente y se quedó con la boca cerrada, una ceja levantada, preocupado y excitado pensando en si Kate de verdad sería capaz de dejarle ahí atado con una erección épica.

La detective dio un pequeño saltito hacia atrás y se sentó en su estómago. Rick soltó aire por la boca y una horquilla salió disparada. Inmediatamente puso cara de inocente mirándole a los ojos.

- Que poco aguante... - le dijo ella burlándose.

Kate se movió un poco más hacia atrás hasta que Rick pudo sentir su erección rozando sus nalgas. Ella se inclinó hacia delante y le acarició los pectorales con energía, a continuación lamió y jugueteó con sus pezones hasta que oyó a Castle articular un cómico 'mMMMMmmmmMMMmm' como respuesta. Entonces ella le acarició las costillas muy suavemente provocándole cosquillas.

Otra horquilla salió por los aires. Él la miró preocupado, ella le miró autoritariamente. Ya sólo le quedaba una horquilla. Kate hizo mención de levantarse. Rick negó enérgicamente con la cabeza señalando con la mirada la horquilla que le quedaba en la comisura de los labios.

Beckett sonrió, se mordió el labio inferior y al volverse a sentar se ayudó con una mano para deslizar la 'necesitada' erección de Castle dentro de ella. El suspiro de placer que profirió la detective fue acompañado por un 'MmMmMmMm' de Rick aguantando la horquilla como un campeón.


Nota de la autora: Sí, yo también me estoy preguntado lo mismo ¿cómo Beckett puede hacerse un moño con sólo tres horquillas? ¡Ah! ¿No era eso lo que os preguntábais? jejeje. Por cierto, que no hay salto temporal, que en el siguiente capítulo hay tomate también.