capítulo dedicado a mis fieles 'rewievers' y a todos los que os animéis a dejar un review en este capítulo, aunque sea la primera vez :)
recomendado releer antes el capítulo anterior...
Castle se concentró en repasar mentalmente la lista de los presidentes de Estados Unidos para no sucumbir a la eyaculación precoz que llamaba a su puerta cuando estaba tan excitado y tan necesitado de sexo como lo estaba ahora.
Su Kate no se lo estaba poniendo nada fácil: sentada encima suyo, moviendo las caderas como una diosa, poniendo caritas y gemiditos que a él le encantaban, aunque sabía de sobra que Kate le estaba echando un poco de teatro al asunto para complacerle. La enérgica y dulce caricia que le estaba regalando a su miembro era para escribir un libro entero sobre ello. Tal vez lo hiciera algún día.
Estaba concentrado en respirar por la nariz y en apretar los labios para que no se le escapara la horquilla. Y estaba siendo condenadamente difícil. Necesitaba abrir la boca para coger aire, resoplar, gemir, para decir su nombre entrecortado por la respiración y sobre todo para besarla, lamerla, morderla...
Y para colmo estaba atado con las muñecas por encima de su cabeza, lo que dificultaba más su respiración. Pero lo peor de todo era la imperiosa necesidad de utilizar sus manos para acariciarla, explorarla, estimularla, y no poder hacerlo. Empezó a tirar deseando de verdad que estuviese mal atado y poder liberarse, pero Beckett era muy buena haciendo nudos.
Kate se quedó parada encima suyo y respiró profundamente un par de veces. Gracias a Dios, así él podría 'calmarse'.
Entonces su musa cambió un poco la inclinación de sus caderas y el ritmo de sus movimientos. Cerró los ojos y agachó la cabeza. Ahora Beckett estaba complaciéndose a sí misma. A su ritmo. A su gusto. El pelo le tapaba la cara, de tal manera que el escritor sólo podía ver su boca abierta y jadeante con su labio inferior enrojecido e hinchado por sus propios mordiscos.
Castle sabía perfectamente que ahora ella no estaba fingiendo. Era el momento mágico de Kate, en el que se concentraba en todas las sensaciones que estaba experimentando su cuerpo justo antes de explotar en un orgasmo. Y él no se lo quería perder, quería formar parte de ello, quería abrazarla, quería sentirla con todo su ser. Lo necesitaba. Sabía que no podría llegar a su propio clímax de otra manera.
Sintió cómo el sensual baile de Kate se estaba concentrando en sentir su erección en todos los recovecos de su celestial anatomía femenina. Un gemido ronco de ella le dio la pista a Castle de que había llegado a un punto de no retorno, que ya no la pararía nadie hasta conseguir lo que su cuerpo le pedía, así que se arriesgó lanzando con un soplido a un lado la horquilla que le quedaba.
- ¡Des... ¡Desátame! - Rick jadeó repetidamente para aliviar parte de su agobio pero con nuevo oxígeno su cuerpo enseguida le pidió más acción.
Beckett estaba en otro mundo y Castle dudó siquiera de que le pudiera oír.
- ¡Desá...tame! ¡P... fffavor!
El escritor, desesperado por sentirla, levantó de un impulso su trasero intentando llamar su atención. Castle sintió las fuertes manos de Kate apoyándose en su tórax para no caerse y también sintió una oleada de intenso placer que era el primer aviso de su propio cuerpo, acercándose peligrosamente al orgasmo.
Rick tuvo que sufrir la tensión de sus músculos sin poder agarrarse a nada. Tiró de sus manos atadas lo que le resultó doloroso para su convaleciente cuerpo. Ahora mantenía su ojos cerrados porque ya no podía soportar la situación, si estallaba su orgasmo pensaba que se descoyuntaría tirando de sus ataduras y si no estallaba pensaba que se moriría de un infarto.
- ¡POR FAVOR, KATE!
Su último intento a la desesperada fue acompañado de un gemido que hizo brotar un par de lágrimas de sus ojos. Volvió a levantar su trasero con rabia por no poder disfrutar como él quería de ella, y entonces Kate salió despedida hacia delante, aterrizando con sus pechos encima de su cara. Sorprendido abrió los ojos.
Temía haberla asustado, temía haberle hecho daño. Le miró a la cara y sólo vio sus brillantes ojos llenos de lujuria y deseo aún insatisfecho. Entonces y sólo entonces Kate tiró con fuerza de un cabo que había dejado asomando al hacer el nudo y lo liberó. Era increíble cómo le conocía, sabía la forma exacta de excitarlo y llevarlo al límite de la razón.
Castle sintió sus brazos ligeros y de un sólo movimiento la abrazó con decisión he hizo rodar sus cuerpos para acabar encima de ella. Se sentía feliz de poder hundir su cara en su cuello, inhalando el aroma de su piel. Y era aún mejor el poder abrir la boca y devorarla mientras ella se agarraba con fuerza a su espalda.
Pero lo que realmente quería en ese momento era hundirse en sus profundidades así que sin perder más tiempo la buscó y embistió, lenta pero profundamente, hasta que Kate soltó todo el aire de sus pulmones en un agudo gemido mientras cerraba una de sus manos agarrando el pelo de su nuca.
Castle rugió para acompañarla, aunque su sonido quedara ahogado por encontrarse firmemente abrazado a ella y arañándole, con los dientes, el delicioso saliente que formaba la clavícula cerca de su cuello. Echó hacia atrás su embestida muy lentamente, pero cuando casi estaba fuera de ella, Kate le clavó rápidamente los dedos de una mano en una de sus nalgas impidiéndole continuar. Momento en el que a Rick su cuerpo le obsequió con un segundo aviso de su inminente clímax. Por acto reflejo volvió a embestirla con tal fuerza que ambos se desplazaron un par de palmos resbalando sobre las sábanas de satén que vestían la cama.
Ambos gritaron de placer al unísono, pero ya ninguno de los dos era consciente de sus actos. Ya sólo mandaban sus instintos primarios.
El ritmo y la fuerza de las embestidas de Castle marcaban el compás del baile al que Kate se había unido, rodeándole con brazos y piernas, decidida a dejarse llevar a donde la bestia interior de Rick quisiera.
Sus acalorados y sudorosos cuerpos se movían como si fuera un sólo ser y a pesar de la fiereza de sus movimientos era un espectáculo bello, como una maquinaria trabajando a máxima potencia. Sus gemidos y gritos habían dejado de ser humanos, eran sólo una válvula de escape instintiva ante las oleadas de placer que experimentaban en sus cuerpos, que de otra manera hubiesen llegado a estallar literalmente.
Hubo ruidos de golpes, tela rasgándose, más golpes, pero ninguno de los dos llegó a oír nada.
Y sólo cuando Castle sintió a Kate sucumbir entre sus brazos acompañando su orgasmo con sus gemidos más guturales y primarios, su cerebro dio el permiso para acompañarla con unas últimas embestidas que por primera vez en muchos días lo llevaron al paraíso en el que quería estar el resto de su vida.
ea, espero que os hayáis quedado a gusto, jejeje. Para el siguiente tampoco hay salto temporal, para quien se lo esté preguntando, jejeje.
