Cuando Castle volvió a ser consciente de sí mismo, se encontraba con los ojos cerrados y felizmente abrazado a Kate. Descansando su cabeza en su tórax y sintiendo cómo subía y bajaba su improvisada almohada con cada respiración de ella. Aún estaba mareado de placer por su reciente batalla sexual, como bien atestiguaba su cuerpo empadado en sudor, pegado aún al de Kate y... ¡Oh, sí! Aún estaba dentro de ella, ya 'descargado', pero seguía dentro.

No se movió ni un milímetro, ni siquiera abrió los ojos. Se dispuso a conciliar una reparadora sistecita pero entonces sintió que sus rodillas estaban apoyadas sobre una superficie muy dura. Abrió un ojo, enfocó y entonces lo vio claro. Levantó la cabeza de su dulce y cómoda ubicación y buscó los ojos de Kate.

Su Kate también somnolienta se movió imperceptiblemente cuando él se incorporó ligeramente y, volviendo a su propia consciencia abrió un poco los ojos y sonrió al verlo observándola con esa carita de preocupación que ponía.

- ¿Kate...? - susurró él.

Beckett no dijo nada, pero se espabiló lo suficiente como para mirarle a los ojos y responderle un '¿qué?' con la mirada.

- ¿Sabes tú cómo hemos acabado en el suelo? - susurró Castle mirando a su alrededor.

Kate entonces se espabiló del todo y apoyó los codos para levantar parte de su tronco, estó pilló de improviso a Rick, que se encontró con los pechos de ella a pocos centímetros de su nariz. La detective observó y ciertamente, no era sólo que estuvieran en el suelo, sino que estaban bastante alejados de la cama, que dicho sea de paso estaba deshecha y las sábanas y almohadas estaban esparcidas por los suelos como si hubiese pasado un tornado.

- Supongo que nos caeríamos - dijo ella levantando las cejas y mirándole como si realmente no tuviese importancia.

Rick estaba embelesado mirando sus pezones como un gato cuando observa una pecera decidiendo la víctima que va a pescar. Ella se rió ante su reacción y sus pechos temblaron apetitosamente. Había una parte del cerebro de Castle que estaba intentando volver a izar la bandera, pero sabía de sobra que era demasiado pronto para él, así que muy a su pesar se movió cuidadosamente para salir de ella.

Kate suspiró al sentir ese último roce en su sexo. Él se dio cuenta y en vez de levantarse se sentó al lado suyo en el suelo.

- Si te has quedado con ganas de más te puedo hacer una visita especial...- dijo haciendo caminar a sus dedos índice y corazón a lo largo de su muslo.

Ella sonrió, le cogió la mano y la besó.

- Aunque adoro tus visitas especiales, prefiero esperarte a ti. - se inclinó y le besó en los labios.

- Mmmmm... viciosilla, me entran ganas de comerte...

Se volvió a inclinar y se besaron más. Sus estómagos rugieron del hambre y ambos rieron.


Castle se preguntó si podía existir una manera más sexy de mojar trozos de fruta en yogur y llevárselos a la boca. Posiblemente no, sobre todo lo de limpiarse la gotita que escurre del labio y chuparse el dedo. Oh, Dios mío. Beckett degustaba su manjar -porque no se podía decir de otra manera- mientras miraba por el ventanal del comedor de la suit. Él engullía su hamburguesa con queso esperando que pronto le diese las energías que su cuerpo necesitaba.

Estaban sentados el uno frente al otro en torno a una mesa de superficie transparente que le permitía contemplar sus largas piernas, sensualmente cruzadas, a través del cristal y era una pena que Kate se hubiese vestido con su camisa lavanda a rayas porque sino la estaría contemplando en toda su gloria. Él por su parte había optado por el socorrido y clásico albornoz blanco de hotel que dejaba todo a la imaginación.

Entonces cayó en la cuenta.

- ¿Beckett?

Ella le miró mientras se chupaba un dedo con una inocencia tan perfecta que hubiese merecido un Oscar. Él tragó saliva.

- Eeeh... ¡Qué me he dado cuenta que este es oficialmente nuestro banquete de bodas!- dijo haciendo un circulito con el dedo índice señalando la mesa.

-Ajá...- dijo ella intentando seguirle.

-¡Y no hay banquete de bodas sin un brindis por los novios!- dijo rescatando la botella de champán de la cubitera.

-Y que vamos a hacer...- comentó ella observándole preparar las dos copas -... llamar por teléfono a Alexis y a mi padre para que nos bendigan?

- Oh, bueno, no. No creo que les gustara vernos como si acabáramos de salir de la cama... o de la bañera... o levantarnos del suelo... Ya me entiendes.

Ella sonrió mientras cogía la copa llena de champán que él le ofrecía galantemente.

- ¿Entonces?

- Entonces... yo voy a improvisar unas palabras- dijo el escritor alzando su copa.

- O.K.- dijo ella acompañándole el gesto con curiosidad.

- Katherine hace años que te conozco y pienso que no podrías haber escogido mejor. Rick Castle es un hombre que te hará feliz de muchas y variadas maneras...- la cara de pícaro lo delató.

Ella rió ante el 'tono' de su discursito.

- No te rías, mujer, va en serio... Te hará feliz por la mañana, por la tarde, por la noche, a la madrugada, en habitaciones de hotel, en casa, en su otra casa, en la ducha, en el Ferrari... en la mesa de pocker, en la bodega, en las escaleras...

- ¡Já! No prometas cosas que no puedas cumplir, fantasma.- le advirtió Kate.

- ¡Lo pienso cumplir!... encima de tu Harley... contra la pizarra de los crímenes... sobre tu escritorio... en la sala de interrogatorios... ...en los columpios... y... bueno, de momento vale.

Él sonrió con los ojos chispeantes como un niño travieso y esperó que ella chocara.

- Yo quería decir algo en serio- dijo la detective gravemente.

Él se tornó serio esperando algo importante.

- Júrame que hoy no es el día en el que limpian los cristales- comentó guasona señalando a un lado.

Rick miró hacia la gran ventana del comedor. Francamente no tenía ni idea, pero pensó que ser limpiacristales del Four Seasons debía ser un trabajo francamente interesante.

- No. Hoy no.- dijo convencido negando teatralmente con la cabeza.

- Ok. Chinchín.

Ambos chocaron finalmente sus copas y bebieron.

Mejor dicho, Rick bebió un trago y Kate apenas se mojó los labios. Ella apartó la copa y se quedó mirándole a los ojos como esperando que no se hubiese dado cuenta del gesto. Y justamente eso fue lo que la delató.

- ¿Ocurre algo, Kate? - le preguntó el escritor extrañado.