Hola, gracias por volver a batir el record de leídas el Domingo, ya nos estamos saliendo de los gráficos. Es curioso cómo ha ido creciendo el ritmo de lectura, los angustiosos primeros capítulos tuvieron su público, pero lo que realmente ha tenido éxito ha sido el Caskett tanto el lado romántico como en estado salvaje, jejeje. A ver si toman nota Marlowe, Miller y Bowman. Os dejo leyendo, así sabréis que opción ganó...


Ahora mismo tenía tal necesidad de desfogarse que lo tenía agarrado por las solapas del albornoz e inmovilizado abrazándolo con las piernas como si fuera una competición de judo. Le besaba profundamente, buscando su lengua y la humedad de su boca con ansia. Él, mareado por el placer y la falta de oxígeno, se dejó llevar pensando en que su intento de tener un encuentro sensual y juguetón en el diván se había convertido en una especie de batalla orgásmica.

Haciendo un esfuerzo sobre humano, Castle consiguió dirigir su mano derecha por la ingle de Kate, que lo notó y gimió de placer al sentir sus dedos acariciándole su sensible anatomía. Pero inmediatamente le agarró el brazo con la mano y lo sacó de entre los dos, un tanto enfadada.

Rick sabía de sobra que lo que pasaba es que no quería que utilizara las manos, lo quería a él, pero de momento era lo que le podía ofrecer. Intentó ganar tiempo, le siguió el juego y se echó encima de ella como si llevara intención de complacerla. Se lanzó a besarle el cuello y el escote y mientras la tenía entretenida, le acarició los muslos y las nalgas y disimuladamente dirigió su mano hacia zonas más íntimas.

Kate gimió de placer y se quejó enfadada a partes iguales. Volvió a cogerle del brazo y tiró de él, pero esta vez Castle no cedió a su petición. Acariciar su delicada, húmeda e hinchada feminidad le estaba enviando a su cerebro las señales adecuadas para conseguir encenderse él mismo.

Castle respiró profundamente disfrutando del cuello de Beckett en sus labios y de sus resbaladizos pliegues en su mano, que movió sabiamente hasta llegar a encontrar ese pequeño tesoro que guardaba ella celosamente. Cuando Kate sintió las yemas de sus dedos juguetear con su clítoris cesó en su empeño de apartarle el brazo y se dejó hacer.

Rick, aliviado por el cambio de actitud de Kate, siguió empapándose de ella, complaciéndola y deleitándose. Supo que lo estaba haciendo bien cuando ella empezó a mover sus caderas sensualmente, buscando sus caricias con más ahínco. El mismo movimiento estaba animando a su pequeño amigo a unirse a la fiesta.

No obstante, embriagado por la situación prefirió no cambiar de táctica. Castle movió sus dedos buscándola y le resultó fácil deslizar un par de ellos dentro de ella. El calor de su carne y los instintivos movimientos de su musculatura interna, le hicieron sentirse bien recibido y siguió estimulándola de esa manera.

Para Castle, era una experiencia asombrosa el poder sentir oír y ver todas las reacciones de Kate sin estar hipnotizado por sus propias sensaciones. La fuerza con que Beckett se agarraba a la felpa del albornoz era impresionante, se alegró de llevarlo puesto cuando notó cómo le clavaba las uñas en la espalda y arañaba la prenda.

Observaba su boca entreabierta y jadeante que a veces se mordía el labio, coincidiendo con sus gemidos más profundos. Se pedía en sus grandes ojos, a veces cerrados pero casi siempre buscando los suyos, que ahora mismo le estaban devolviendo la mirada lujuriosa que ella estaba buscando.

Ella le sonrió, cerró los ojos y movió su cadera para dejarse llevar.

De repente, sin que él hiciese nada especial, Castle sintió sus dedos atrapados dentro de ella. No probó a sacarlos pero hubiese apostado a que no hubiese podido. Beckett se retorció abriendo la boca y movió una de sus manos para ponerla encima de la de él y asegurarse que no se movía.

Entonces Rick lo sintió de una manera que nunca antes había experimentado. Sintió cómo las rápidas y fuertes contracciones de la vagina le succionaba los dedos, como queriendo quedárselos para siempre consigo. Se asustó. Se maravilló. Sintió su propio pene a punto de agujerear la tela del albornoz queriendo disfrutar de aquello. Oyó el largo y liberador suspiro de Kate, poco más fuerte que una respiración normal.

¿Cómo era posible que no se hubiera percatado de la belleza y complejidad de los orgasmos de Kate hasta ahora? ¿Eso mismo pasaba cuando él la penetraba? Él estaba tan absorto en sus propias sensaciones que no había llegado a darse cuenta ni de la mitad de las cosas, pero no le extrañaba que su subconsciente pensase a todas horas en poseerla.

Entonces ella abrió los ojos y le miró. Él, seguramente con cara de tonto, estaba paralizado. "Ahora tú" le susurró ella.

Él, con sumo cuidado, movió la mano para recuperarla. No quería caer en el tópico, pero la sentía dolorida. Se secó con un pañuelo de papel que ella le ofreció. Él no pudo reprimirse sus dudas.

- Kate... ¿siempre es así para ti? - susurró.

Ella aún jadeante y mareada se tomó unos segundos para hablar.

- ¿Así? - preguntó confusa.

- Tus orgasmos. Con mi... conmigo. Porque yo no los siento.

Kate se enterneció pensando en la inseguridad de Rick a estas alturas.

- No he fingido ningún orgasmo contigo, si es eso lo que te preocupa.

- Umh. - dijo seriamente Rick.

- ¿No me crees?- preguntó ella sonriendo y levantando las cejas.

- Yo... no te he notado nunca con mi... con mi pene igual que ahora. - dijo él compungido.

Ella le cogió el cinturón del albornoz y se lo desató.

- Pero eso es lo lógico, cariño. - le dijo en un tono de lo más comprensivo.

- Umh? - dudó él.

Kate le abrió el albornoz.

- Tu amiguito se es taaan grande y taaan duro - dijo ella enfatizando los adjetivos cómicamente

- Umh. - dijo él sonriendo.

- ¿Cómo quieres que mi amiguita lo estruje igual que a tus dedos? - dijo ella toda modosita.

Le agarró con la mano como queriendo hacer una demostración.

- Umm-mm-mmh. - dijo él suspirando de placer.

- No te creas que tu amiguito se va a librar. - le dijo seductoramente.

- Ummh-hum-hum-hum - rió él maléficamente.

Entonces Castle se apartó el albornoz ondeándolo como si fuera una capa de un superhéroe y se abalanzó sobre ella dispuesto a finalizar la batalla tal y como Kate deseaba.

Beckett volvió a hacerle la llave de judo y en cuanto el amiguito de Rick fue atrapado por la amiguita de Kate, el escritor sintió el primer aviso.

- Ay-madre-ay-madre-ay-madre-que-me-voy-me-voy-me-voy - susurró cómicamente intentando contenerse.

La detective observó su lucha y se mordió el labio inferior maliciosamente. Ella contrajo su musculatura interna con todas sus fuerzas emitiendo un gemido provocado por el placer de sentirse llena de él.

- Oooh-OOOOOOOOOH-OOOOOOOOOJJJJJMMMM - Castle, desesperado, hundió su cara en el respaldo inclinado del diván mientras sus manos, apoyadas en el asiento, agarraban el tapizado con fuerza. Segundo aviso.

Kate, encantada de hacerle sufrir, acercó sus labios a su oído y en un tono de lo más jadeante, sensual y provocador le dijo:

- ¡Venga Castle! ¡De un disparo! ¡Hazme tuya! ¡Riégame!

Entonces en el cerebro de Castle se formó una frase que fue "No me digas guarradas porque me voy ya mismo" pero que jamás llegó a pronunciar porque otra parte de su cerebro le mandó retroceder sus caderas (lo poco que le dejó ella, que lo tenía firmemente atrapado) y embestir con tal fuerza que con el impulso izó a Kate por el respaldo del diván, cuyas patas deslizaron dejando unos buenos rayones en el caro suelo enmoquetado de la suite.

Beckett aguantó la respiración agarrada a él, mareada de placer y pensando que Castle iba a lograr volcar el diván. Pero era un buen mueble, que aguantó que Rick se pusiese de rodillas sobre el asiento y que embistiera a Kate un par de veces más llegándola a subir hasta más allá del borde del respaldo con la sola fuerza de su vigor sexual.

La cara de Kate era un poema de placer y entrega. Le hubiese dado igual caerse y romperse un hueso con tal de que Castle se desfogara a gusto. La cara de Rick era de total lujuria animal, que en cuanto consiguió llegar al orgasmo con una última embestida cambió a la de un hombre enamorado, enormemente agradecido y agotado como nunca había estado.

Ambos resbalaron por el respaldo del diván, abrazados y jadeando, terminando en el asiento.

Tuvieron que pasar varios minutos sin moverse hasta que uno de ellos habló. Fue Castle, por supuesto:

- Kate - jadeó - ¿Estás bien?

Ella se rió.

- Tranquilo, no me has roto nada.

- Y... ¿te has quedado bien? ¿no quieres más? - preguntó preocupado.

- ¿Más? - ella volvió a reír - No. Creo que tengo para un buen rato.

- ¡Uf, menos mal! Porque ya no puedo ni con mi alma.- respiró aliviado mientras se acurrucaba más cómodamente en su regazo.

Tras unos minutos remoloneando en el diván ambos empezaron a caer en una placentera siesta.

- Mmmmm... pruebas de embarazo... tengo que pedir... - Rick balbuceaba medio dormido.

- Shhhhh. Ahora no, cariño. Ahora duerme. - le arrulló Kate acariciándole la cabeza amorosamente.


Os invito a que busquéis en la web del four season hotel de nueva york, la suite Ty Warner Penthouse, si no lo habéis hecho ya, y veáis las fotos, para que os ambientéis. Seguro que ahora veis el diván con otros ojos, jejeje.